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El Conflicto de Erubia fue un intento de conquista del mundo agrícola de Erubia, en el sub-sector Cynus, por parte del Imperio Tau en el 960M41.

Comienza la invasión: 3 de Junio de 960M41Editar

Planeta to wapo ahui

Erubia vista desde el espacio

El 3 de Junio de 960M41, el mismo año en el que se inició la Guerra de Namether, una flota de invasión tau atacó el mundo agrícola de Erubia, en el sub-sector Cynus del sector Namether. La presencia de la Flota Imperial en el mundo era mínima, reducida a los transportes estelares que llevaban los productos de Erubia al resto del sub-sector y un puñado de naves escolta, por lo que los alienígenas no tuvieron problema alguno en establecer la flota de invasión sobre el planeta y mandar a las tropas de tierra a la superficie.

La Casta del Fuego aseguró rápidamente una serie de zonas estratégicas donde la Casta de la Tierra construyó las bases y estaciones que los xenos necesitarían durante la invasión. Las tropas locales, una milicia reclutada directamente entre los ciudadanos y poco acostumbrada a la acción, no pudo responder bien a estos ataques, y allá donde intentaban defenderse de los tau acababan derrotadas y capturadas.

Esta milicia, bajo el mando del famoso comandante Lucian Eleque (ascendido simbólicamente a coronel cuando se le otorgó el mando de la milicia erubiana), veterano de la cruenta guerra de Khopesh IV, contaba con pocos hombres, aunque bien entrenados, ya que sus instructores y parte de los oficiales eran veteranos de la Guardia Imperial que habían luchado junto a Eleque en Khopesh IV.

Sin embargo, eran unidades de infantería ligera, y su equipamiento se reducía a rifles láser y
  • Ametralladora pesada modelo Septima. Armamento más común entre los equipos de apoyo.
  • Mortero modelo Septima M38. Una pieza clave en las estrategias de la milicia.
  • Cañón automático modelo Septima M39. Desplegado mayormente como arma defensiva.
  • Cañón láser modelo Septima. La milicia contaba con pocas de estas letales armas.
ametralladoras ligeras y lanzacohetes modelo Septima mk2 desplegados a nivel de apoyo de pelotón. Contaban con un reducido número de equipos entrenados en el manejo de armas pesadas, cuyo armamento lo constituía una pequeña cantidad de ametralladoras pesadas y morteros, y aún en menor número, cañones automáticos y cañónes láser. 

Eleque sabía que él y sus tropas no podían plantar cara al invasor en un combate abierto, por lo que abogó sabiamente por hostigar al enemigo con sabotajes y emboscadas, llevando a cabo de esta manera una guerra de guerrillas a la que la Casta de Fuego no podía responder bien. A pesar de los titánicos esfuerzos de Eleque y sus hombres, el avance tau no se detuvo, simplemente fue ralentizado.

El comandante Shas'O'Oi'Doran'Nan'Or'es'Mont'yr, oficial al mando de la fuerza de invasión tau y una de las mayores personalidades de la Guerra de Namether, formó equipos XV8 Crisis para detectar y cazar a las tropas de la milicia que emboscaban a los convoyes y saboteaban las bases. A pesar de que logró cierto éxito (los milicianos no solían contar con suficiente potencia de fuego para hacer frente a las veloces y letales armaduras de combate), los erubianos aprendieron rápidamente a eludir los radares y los filtros de visión de las armaduras de combate, e incluso a huir de ellas o dañarlas para poder acabar con ellas o retirarse a salvo. 

Emboscada Ceres 1

Pictocaptura tomada el 2 de Agosto de 960M41 durante una emboscada erubiana a una patrulla tau.

Mientras la invasión avanzaba, lenta pero imparable, los erubianos contactaron con Diarbur, el mundo más cercano, e informaron de la invasión y pidieron refuerzos. Aunque tuvieron suerte y la flota de liberación se puso en marcha rápidamente, tardaría casi dos meses en llegar. Al saber esto, muchos de los milicianos sucumbieron al pánico y a la desesperación, pero Eleque, valiéndose de su carisma y de su reputación como comandante experimentado y hábil, los tranquilizó.

Los dos siguientes meses se convirtieron en un infierno para las patrullas de la Casta de Fuego y para los pequeños puestos avanzados: los hombres de Eleque se estaban conviertiendo en verdaderos guerrilleros, y los tau apenas podían responder a sus emboscadas. Eleque reunió, mientras tanto, a un reducido número de soldados que contaban con gran puntería y creó formidables equipos de francotiradores, los cuales pasaron a convetrirse en el apoyo más temido para las emboscadas erubianas. Uno de estos equipos confirmó la muerte del Filoardiente Shas'nel'Oi'Doran'Lhe, uno de los oficiales más eficaces de O'Nan.

Emboscada Ceres 2

Pictocaptura tomada durante una emboscada erubiana a un convoy de blindados tau, datada del 28 de Julio de 960M41.

Mientras la flota de liberación se acercaba, las emboscadas, las operaciones de sabotaje y las intensas pero breves escaramuzas entre rastreadores y milicianos se recrudecieron hasta tal punto que los tau llegaron a perder algunos territorios. Sin embargo, algunas de las bases ocultas de la milicia erubiana fueron descubiertas y aniquiladas en ese período de tiempo (y también posteriormente)



Llega la flota de liberación, 5 de Agosto de 960M41Editar

El 5 de Agosto de 960M41 el coronel Eleque recibió una transmisión del Lord General Al-Khael: la flota de liberación había llegado.

Tau en er suelo illo

Patrulla tau en la superficie de Erubia. Eposz, hemisfero sur, 3 de Agosto de 960M41.

Sin embargo, la Casta del Aire estaba preparada para la posible llegada de refuerzos imperiales y plantó cara a la flota de liberación. La subsiguiente batalla espacial supuso la destrucción de algunas de las naves de la Flota Imperial, y otras fueron tan dañadas que se vieron obligadas a retirarse de Erubia. A pesar de las pérdidas, la flota de liberación superaba ampliamente en número y potencia de fuego a las naves tau en órbita sobre el mundo agrícola, y las pusieron en fuga tras una violenta aunque breve batalla en la que los imperiales lograron acabar con un diez por ciento de la flota tau. A pesar de haber resultado victoriosos, los imperiales habían pagado un precio muy alto por la retirada de la Casta del Aire.

Las tropas desplegadas en Erubia resultaron ser menos de las que se esperaban originalmente, ya que algunos de los transportes fueron forzados a retirarse debido a los daños sufridos. Sin embargo, y a pesar de todo, los refuerzos imperiales lograron conquistar algunas posiciones tau durante los primeros días tras el desembarco, aunque las fuerzas alienígenas plantaron una férrea resistencia.

Tras la construcción de una serie de bases y fortalezas por todo el planeta, los refuerzos imperiales entablaron contacto con los milicianos, que compartieron con ellos información tanto del enemigo como de las tácticas que habían usado para combatirlos desde su llegada. Por su parte, la flota de liberación había llevado a los erubianos suministros de gran importancia: armas pesadas, piezas de artillería autopropulsada y oficiales veteranos, tácticos y consejeros para la cadena de mando del coronel Eleque.

Se desencadena el infierno, 13 de Septiembre de 960M41Editar

Durante los meses siguientes a la llegada de los refuerzos imperiales, los tau se vieron obligados a luchar sin apoyo exterior alguno, ya que su flota había sido dispersa. Al igual que habían hecho los erubianos, adoptaron tácticas de guerrilla y optaron por establecerse en bases ocultas dada su repentina desventaja. O'Nan dejó de lado los equipos de armaduras de combate y los vehículos de combate, usándolos solamente cuando la situación lo requería estrictamente, y en su lugar empezó a emplear de manera casi exclusiva a la infantería en sus estrategias.

Los guerreros de la Casta de Fuego se adaptaron con eficiencia a estas tácticas, pero los rastreadores, que llevaban adaptándose a los erubianos desde que llegaron, se convirtieron en la verdadera pesadilla de las tropas imperiales. Sus emboscadas devastaban los convoyes y aniquilaban patrullas en un abrir y cerrar de ojos, y se mimetizaban con el terreno hasta tal punto que los soldados de la Guardia Imperial tenían que retirarse de la zona al ser incapaces de detectar a sus atacantes. Se desarrolló un intenso conflicto entre milicianos y rastreadores, que se cazaban los unos a los otros al mismo tiempo que emboscaban al enemigo.
Pazfinder

Servo-retrato conceptual de un rastreador tau durante el Conflicto de Erubia.

Como medida desesperada, dado que se les estaban acabando los suministros, O'Nan envió equipos de rastreadores de élite para sabotear algunas de las principales bases imperiales para lograr cierta ventaja táctica. Los rastreadores de élite llevaron a cabo su misión con éxito, y cuatro grandes bases imperiales quedaron reducidas a escombros de la noche a la mañana. Más tarde se descubrió que los rastreadores habían empleado bombas de inducción de gran potencia para destrozar los puntos de apoyo principales de los bastiones.

Tras este golpe, algunas de las tropas imperiales sufrieron una preocupante escasez de suministros básicos, quedando vulnerables para los ataques tau. O'Nan lanzó entonces docenas de ataques a campamentos y puestos avanzados imperiales. Con esto logró destruir o conquistar gran parte de estas posiciones, aunque los imperiales lograron defenderse de los xenos en algunos de sus acuartelamientos.

En vista de su éxito, O'Nan repitió el proceso con otras grandes fortalezas imperiales, pero éstos ya estaban preparados y alertados, y con la ayuda de los milicianos lograron detectar a la mayoría de estos equipos y ponerlos en fuga. El índice de bajas entre los rastreadores durante la misión fue mínimo, tal fue su adaptación a Erubia y la maestría que poseían para este tipo de tácticas.

A estas alturas, las fuerzas de la Guardia Imperial habían descubierto y eliminado algunos de los escondites y bases de O'Nan, pero las tornas volvieron a cambiar tan rápido como lo habían hecho algunos meses atrás: la flota de invasión tau, reforzada y en mayor número, volvió para acabar con la flota de liberación imperial y tomar Erubia de una vez por todas. Era el 13 de Septiembre del año 960M41.

Ambas flotas, imperial y tau, se enzarzaron en un combate largo y duro del que ambos bandos salieron muy dañados, aunque no hubo un ganador claro. Mientras tanto, en la superficie de Erubia, los tau habían recibido suministros y refuerzos a través de las naves de desembarco Orca que la flota traía consigo. 

Las batallas en tierra se hicieron mucho más fuertes y frecuentes.

El movimiento final, 14 de Septiembre de 960M41Editar

Guerrero tau erubia

Guerrero tau durante el Conflicto de Erubia. Nótese la personalización de su equipo, generalizada en las fuerzas tau para adaptarse al entorno boscoso de Erubia. Nótese la pistola láser que tiene enfundada en un muslo, probablemente un trofeo de guerra.

Tras la llegada de la flota tau, ambos bandos supieron que aquel era el empuje final, el que determinaría quién ganaría y quién moriría.

En la superficie de Erubia, tanto imperiales como tau empezaron a trazar planes y estrategias, y a lanzar un ataque tras otro, compitiendo por conquistar más territorios el uno que el otro y lograr así la victoria, no había otra manera de acabar con la lucha. 

En la órbita, la batalla espacial estaba siendo larga, dura y extremadamente dañina tanto para la Armada Imperial como para la flota de invasión tau. Los muertos se contaban por docenas de miles, y ambas flotas habían perdido buena parte de sus naves.

Pasaron dos días hasta que los combates en tierra decidieran un ganador. El coronel Eleque había rastreado y localizado varias bases tau mientras la Guardia Imperial y la Casta de Fuego batallaban la una contra la otra, y procedió a incomunicarlas y destruirlas una a una hasta que, cuando O'Nan recibió la información y se percató de las pérdidas, fue demasiado tarde.

La milicia erubiana, a pesar de estar bajo el constante acecho de los letales y sigilosos rastreadores, logró marcar un punto vital a favor del Imperio, y las tropas terrestres tau no tuvieron más remedio que realizar una retirada rápida para no resultar eliminadas.

La flota de invasión tau se retiró con los supervivientes, lo que otorgó un respiro a las fuerzas imperiales para reabastecerse y reponer las pérdidas. Tras esto, Eleque fue ascendido a general, y la milicia erubiana fue organizada en regimientos de la Guardia Imperial, y algunos de ellos fueron enviados a otras zonas de guerra en el sector, donde su habilidad para la guerra de guerrillas resultó de gran utilidad (e incluso decisiva, en algunos casos)

Dos meses después, una nueva flota de invasión tau, reforzada y más numerosa, atacó Erubia de nuevo, que sufrió el asedio alienígena durante años. El control de la órbita erubiana cambiaba de unas manos a otras constantemente, y Erubia ha sido determinada como una de las zonas de guerra más reñidas e importantes. 

El Alto Mando Nametheriano ha marcado el mundo agrícola como una de las prioridades de la reconquista.

Citas y testimoniosEditar

Los cabrones tienen unas armas imponentes, unas armaduras que más de uno querríamos tener y sus tácticas son eficientes y astutas. Pero no tienen muy buena puntería. Excepto los rastreadores, por supuesto. Esos desgraciados se adaptaron al entorno y a nuestras estrategias a toda velocidad, y donde ponían el ojo, ponían la bala. O el pulso de inducción, mejor dicho. Si hubieran sido balas, quizá todo hubiera ido un poco mejor.

Testimonio del soldado Litte, 56ª compañía de la milicia erubiana.


Usaban capas de camaleonina para acecharnos, trampas de todo tipo y se habían adaptado increíblemente rápido. Llegó un punto en el que, o nos adaptábamos nosotros y evolucionábamos, o los rastreadores nos aniquilarían en cuanto tuvieran oportunidad de ello.

Capitán O'Del, de la milicia erubiana, sobre los rastreadores del ejército tau.


Estábamos dirigiéndonos hacia los transportes para continuar la patrulla en el sector Sierra, cuando uno de mis hombres fue marcado de repente por un haz de luz roja. Un segundo después, un destello azul lo borró del mapa. Sabíamos que eran los rastreadores, y perdimos prácticamente toda esperanza, aunque les plantamos cara. De no haber sido por la patrulla de milicianos que los había estado acechando, no estaría aquí frente a ustedes.

Testimonio del tanhi (sargento) El-Eder, del 87º Diarburano.