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Capítulo Uno: Contrato de los altos fondosEditar

Stayt había sido siempre conocido como el hombre mas temido de los bajos fondos, se dedicaba a todo tipo de actividades ilícitas, desde los simples trapicheos de drogas hasta pequeñas actividades esclavistas y el contrabando de armas de las FDP.


Pero ahora estaba en su casa, viendo con uno de sus subordinados una nota que llevaba semanas atormentándole, dado que nunca había estado tan cerca de morir como cuando el puñal que iba unido a la nota casi le daba en la cabeza.

-Esto es una mierda.-Comentó el subordinado, un matón voluminoso que vestía una chaqueta negra de cuero y que portaba sobre su cabeza una cresta de un verde chillón.-Seguro que el mensaje solo era para asustarle jefe.

-Cállate Spon, recuerda que fue la primera vez desde que era un gilipollas como tú que estaba tan cerca de palmarla.-Dijo, mirando la fecha escrita en el papel con la sangr de alguien, posiblemente de alguno de sus camellos.

La fecha de ese día, la fecha de hoy.

Spon salió cogiendo su escopeta al salir de la habitación, dispuesto a montar guardia junto al resto de matones por toda la casa hasta que se supiera si era verdad.


Stayt suspiró y se sentó en su mullida silla, que esparció una pequeña nube de polvo mientras veía salir a su matón.


Pasaron las horas y nada parecía haber cambiado, el capo criminal estaba a punto de llamar a uno de sus subordinados cuando una sensación extraña se apoderó de él, bajó la mirada cuando notó como un hilo de sangre surgía de su boca para poder contemplar como una hoja casi invisible a su ojo surgía de su estómago, que rezumaba su sangre por todo su mullido sillón y su suelo de madera importada para conseguir parecer alguien mas culto que un vulgar matón con poco mas que un poco de astucia n los negocios.

-Debiste haberte suicidado.-Escuchó decir a su espalda de forma siniestra.-Ahora tendré que estar trece días limpiando mi hoja de tu asquerosa sangre.-Escuchó mientras la hoja desaparecía de él, dejándolo sin habla por el dolor, que le hizo morir momentos despues.

El Espectro se había llevado a otra víctima.


Hocktor estaba en su apartamento, anteriormente pertenciente a un grupo mercenario que había hecho un soberbio trabajo insonorizándolo y aislándolopara poder estar en él indefinidamente.

Una pena que no llegaran a disfrutarlo.

Dejó su gabardina en un perchero, para luego dejar su equipo sobre la mesa y deirigirse al comunicador de encargos que los mercenarios habían instalado y que ahora utilizaba para sí.

-Parece que en este mundo solo me da trabajo la escoria.-Musitó mientras veía las tres decenas de encargosde asesinatos que los señores del crimen del planeta le intentaban encomendar, para acabar en la única interesante: Un encargo del mismísimo gobernador del planeta.





La zona noble de la capital, no había lugar en elq ue un asesino se sintiera mas extraño y cómodo que en el hogar de las mentiras compulsivas y las traiciones, pero eso era de día, en las noches se respiraba una sensación rara, en la que una inseguridad infundada se apoderaba de las calles.

El Espectro miraba con los aumentadores de los ojos visores de su máscara, viendo a las casi tres escuadras de FDPs que patrullaban las diferentes zonas del inmenso palacio, portando los uniformes distintivos de la guardia del gobernador.

-Esto será fácil.-Musitó en silencio mientras comenzaba a correr desde la azotea de un edificio próximo, para saltar y aterrizar rodando sobre el siguiente sinhacer el mas mínimo ruido, viendo sin ser descubierto una de las escenas decadentes de toda nobleza planetaria.

Un noble intentando acostarse con una sirvienta, que parecía resistirse a sus encantos. Caminó en silencio mientras se preparaba para saltar, viendo de refilón en el último momento como la bella criada, o eso parecía, le dedicaba al asesino una mirada extraña, que parecía mas propia de alguien que tenía el poder de una situación y no el de alguin de su rango.

Ignoró esto mientras caía desde el edificio, para acabar agarrado malamente en un cable eléctrico, que balanceó aprovechando el impulso de su caida para poder acabar sobre este.

Caminaba en silencio, haciendo equilibrios ahora sobre el patio mal iluminado por las farolas decorativas, bajo las que habían parejas de guardias armados con rifles automáticos muy decorados para ocultar posiblemente su mala calidad. Uno de ellos miró hacia arriba durante un rato, para luego volver a una charla insulsa cons u compañero, ignorando al asesino que había estado donde él miraba momentos antes.

Hocktor saltó hacia un balcón sin vigilar de forma elegante, para acabar delante del gobernador, su contratista.

El gobernador abrió la ventana que daba al balcón, haciendo un educado ademán de entrar, que El Espectro aceptó.

-Bienvenido asesino.-Dijo el gobernador, mostrando una grotesca sonrisa  en su rostro fuerte y marcado de alguien que no acostumbraba a sonreir.-Me alegra que parezca alguien......profesional.

-Gracias, mi señor.-Dijo el asesino, ocultando lo que le desagradaba estar frente al gobernador, que tenía un aspecto fuerte como el que podría tener un veterano de guerra o un guerrero glorioso, peroq ue sin embargo parecía bastante decadente.-Cumpliré su encargo con la máxima eficacia y discreción.-Anunció mientras hacía una educada reverencia, ocultando su cara de desagrado con su Máscara de la Muerte y su capucha negra.

Me alegro de ello.-Dijo con un tono seguro mientras se acercaba a una mesa, mientras tomaba una cara botella de licor y vertía parte de su contenido en un vaso.-Porque quiero que mates a mi hija.-Concluyó mientras bebía tranquilamente un trago.


Capítulo Dos: Un encargo cautivadorEditar

Hocktor caminaba de día por aquellos lujosos barrios, viendo a mujeres hermosas con trajes sencillamente bellos, se fijó en una que llevaba unos minutos mirándole, que se ruborizó levemente y se puso a charlar con otra mujer de alta alcurnia.

Sin su máscara debía ser algo atractivo, por lo menos eso le debió parecer a la noble de las mejillas sonrojadas.

Se giró nuevamente y miró el palacio del gobernador, aúun de día y con menos patrullas tenía un buen perímetro defensivo, aunque se extrañó al descubrir que la mujer salía de casa casi sin escolta, vistiendo un estido oscuro elegante y una especie de velo que imperdía al asesino ver a su víctima bien.

Odió esa estúpida costumbre de la familia del gobernador de tapar las caras de las mujeres cuando están en la calle.

-Vaya con Loika....-Murmuró una mujer a sus espaldas.-Parece que va otra vez a esas reuniones.

Hocktor se giró interesado, para ver a una pareja de mujeres nobles de buen ver, como parecía que les pasaba a todas las de la zona rica del planeta.

-No he podido evitar escuchar eso y me gustaría hablar con vosotras de ello mejor.-Comentó mientras pasaba su mano por el hombro de una de las muchachas, que se sonrojó y sonrió.

Podría disfrutar en ese trabajo despues de todo.




Hocktor salía de la casa por la ventana, dejando dormir a las dos preciosas muchachas, que se notaba no sabían mentir, dado que a los pocos minutos consiguió sacarles información tal como que la heredera al cargo de su padre tenía un ala privada en el palacio, cosa que facilitaba mucho las cosas al asesino, que se puso su máscara, sintiendo como los mecansmos del artefacto se modulaban para poder acomodarse a su rostro, creando una sensación horrendamente indescriptible en su portador, que cerró la ventana y saltó sobre una farola.

Las vistas eran bonitas, sobre todo las que incluían menor presencia de la guardia del gobernador.

Saltó de una farola a las mas próxima, casi cayendo al suelo un par de veces.

Hocktor saltó desde la última farola de la calle, sujetándose a un cable similar al que tomó la noche que recibió el contrato.

-Bien, ahora a comprobar la zona.-Se dijo a si mismo mientras caminaba por el cable hacia la azotea de un edificio.


Llegó momentos despues, para comprobar que no era la única persona allí.

Una pareja vestida con armaduras extrañas de aspecto militar estaban allí, portaban cascos completos, que dejaban destacar los ojos de sus portadores tras los cristales amarillentos que los protegían.

-Esto es una tontería.-Dijo uno de ellos, que se acercó al borde, tomando un rifle automático con silenciador.-No creo que debamos estar aquí tal y como están las cosas.

-Deja de decir estupideces, recuerda que el Lord comerciante Balarn nos ha prometido una gran suma si  conseguimos matar al gobernador y su familia.-Comentó el otro, que afilaba una espada recta, casi rectangular.-Recuerda que tenemos que identificar las defensas para poder preparar el ataque cuando volvamos acompañados.

-Si, señor.-Terminó de decir el otro, que se apoyó contra un cilindo de piedra y ladrillo finos que debían ser una chimenea.

Hocktor caminó silenciosamente, solo para ponerse desenfundar una de sus espadas de filo plegable, que se extendieron en su máxima expresión sin hacer ningún ruido.

Se acercó hacia el guardia del rifle, que estaba completamente distraido.

-¿Sabes?, Ron debería haber vuelto ya de la casa con algo de beber.-Comentó el de la chimenea.

Momento despues escuchó un ruido de algo cayendo a su espalda y el de un arma preparada para disparar, El Espectro miró un momento tras él, viendo a un tipo con un uniforme similar.

Debía ser ese idiota que llamaban Ron.