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La cruzada de Ganímedes, también conocido como la Campaña de Ganímedes o Herejía de Ganímedes. 

Falta del diezmo Editar

El sistema de Ganímedes se componía de dos planetas, Ganímedes, mundo colmena que daba nombre al sistema solar y luego Calisto, mundo feudal. A pesar de ser un Sistema Solar totalmente controlado por el Imperio, las comunicaciones con este se habian silenciado durante las tres ultimas décadas ya que las tormentas de Disformidad que se creaban en los sistemas solares cercanos creaban grandes ecos, por lo que el contacto con el Administratum era poco viable.

Los Señores del sistema solar de Ganímedes decidieron dejar de pagar el diezmo, por el temor de que el sistema  fuese asaltado por una Partida de Guerra del Caos o, peor aún, tragado por la Disformidad se preparó el reclutamiento de ocho regimientos adicionales y su adiestramiento. 

Cuando pasaron dos años sin pagar el diezmo el Administratum mandó las naves negras de la Inquisición, al mando de ellas se encontraba la Lady Inquisidora Himalia y, entre sus fuerzas, se encontraban Hermanas de Batalla y tropas de asalto de la Guardia Imperial. Su misión era investigar las causas de la interrupción del pago al Imperio y aplicar a justicia del Emperador si la herejia habia arraigado en el Sistema.

El gran errorEditar

Tras la llegada de las naves inquisitoriales, no tardaron menos de dos horas para que las armas orbitales de Calisto abriesen fuego contra la armada imperial y las naves de la Inquisición, volviendose Calisto el principal objetivo de las Fuerzas Inquisitoriales y los regimientos de Ganímedes. 

Se desplegaron los doce regimientos que protegían el mundo de Ganímedes para socabar la rebelión de los herejes de Calisto. El primer ataque fue, principalmente para la formación de la cabeza de playa con la ayuda de las hermanas de batalla y los FDP locales. Las fuerzas Inquistoriales comenzaron a desembarcar poco despues en el mundo feudal y los cruentos combates en la superficie planetaria acabaron con las escasas posiciones de Defensa Orbital y las fuerzas de Calisto se vieron rapidamente superadas.

Con el despliegue de nueve de los doce regimientos en tierra la guerra estaba ganada, sin embargo, la Armada Imperial que fue desplegada del Sistema Solar sufrio un ataque sorpresa de los Portadores de la palabra que salieron de la disformidad como un rayo de muerte.  Con los nueves regimientos en Calisto y sin posibilidad de poder retirarse la mayoria de los guardias hicieron un trato desesperado con el Caos para salvar sus vidas antes de un ultimatun Inquisitorial, lanzando estos un Exterminatos subre el planeta.

Cuando el mundo fue devastado la mayoria de los efectivos de los regimientos de la guardia ya estaban a bordo de las naves de los Portadores de la Palabra y, en menos de una semana ya se habían desplegado en Ganímedes, donde los Inquisidores habia montado una defensa apresurada, al mismo tiempo que bandas de piratas al servicio de los Dioses Oscuros y los cruceros de los Portadores de la palabra luchaban contra las naves negras de la Inquisición en el frio espacio.

La ingente cantidad de enemigos, y el despliegue de estos en la Superficie de Ganímedes en una Horda imparable que amenazaba con rebasar las posiciones defensivas de la Inquisición ponian en jaque a las fuerzas de los leales.

Protocolo Astartes.Editar

Los Inquisidores, al carecer de cualquier apoyo interior mandaron mensajes de socorro a los capítulos Astartes mas cercanos posibles, ya que el despliegue de un regimiento de la Guardia Imperial sería demasiado lento como para una estracción de total emergencia.

Los Arcángeles Rojos, que cayeron de los cielos para defender Ganímedes liderados por el capitán Gabriel Tormentaroja. Los Lobos Espaciales, liderados por Torin el Viajero, que ayudaron a los Cruceros Imperiales en la guerra en el exterior del planeta, y por ultimo pero no menos importante los Caballeros Grises que vinieron al rescate inmediato de los Inquisidores. 

El despliegue táctico consistía principalmente del apoyo de los Arcángeles Rojos en tierra, ayudando a la desmoralizada Guardia Imperial y apoyando las desgastadas posiciones de las Hermanas de Batalla. Los Lobos Espaciales en cambio tuvieron que lidiar con los Cruceros del Caos, siendo estos el principal problema para el Sistema Solar ya que cortaban cualquier intento de hacer llegar refuerzos leales a la superficie planetaria. Los Caballeros Grises, en cambio solo protegieron la ciudadela central, lugar donde mas tarde evacuaron a los Inquisidores.

Aún tras la retirada de la Inquisición por parte de los Caballeros Grises, Gabriel siguió apoyando a las tropas en tierra a pesar de la aterradora presencia de demonios entre las lineas enemigas debido a los blasfemos rituales y sacrificios de los Portadores de la Palabra. Cuando la situación mas desesperada parecía las cápsulas de desembarco de los Lobos Espaciales vinieron a apoyar a los Arcángeles, pues habían sido hermanos de armas en otras ocasiones. 

EL principal objetivo era la total retirada de las fuerzas de las Hermanas de Batalla y la Guardia Imperial, ya que con sus fuerzas actuales no disponían la potencia de fuego para contrarrestar el asalto de los caídos y condenados, sin contar con el apoyo de las fuerzas enemigas de los Portadores de la Palabra que convertía aquella batalla en casi practicamente insalvable para los leales. 

A pesar de que los Marines del Caos hicieron brechas en las murallas defensivas, los astartes leales luchaban por cada centímetro de terreno, sin dejar de lanzar sus letanías de odio usando sus bolter para llevar la Ira del Emperador a los enemigos de la humanidad. El Capitan Tormentaroja y el Señor Lobo Torin, junto con una pequeña fuerza de Caballeros Grises restantes al mando del Dreadnought Vanus, y sus propias tropas resistian en la brecha del muro aniquilando a los herejes y luchando como nadie lo habia hecho desde los tiempos de la Herejia.

Sin embargo, por noble y honorífica que fuese la defensa de los leales estaban destinados a la derrota, pues los herejes superaban diez a uno. Gabriel, en vista de tan desesperada situación y viendo que sus fuerzas no soportarían mucho masel terrible asalto, se vió obligado a usar una antigua reliquia, rescatada de los Mil Hijos antes de su caída. El Pergamino de Phentex, un objeto arcano que canalizaba la disformidad y la expulsaba del plano físico creando ademas una gran explosión psíquica que mataba todo lo que hubiera recibido el toque del Caos.

El Venerable Dreadnought Bibliotecario, Makharius el Eterno junto con varias Bibliotecarios del capitulo de los Arcángeles Rojos activaron los poderes de la reliquia y, tras su uso pocos sirvientes del Caos quedaron capaces para continuar con la ofensiva. Sus fuerzas se redugeron en segundos al 15% de su capacidad total. tanto en la tierra como en el espacio.

A pesar de esta medida, la Inquisición aprovecho tal artimaña para abrir fuego Exterminatus contra todos los planetas del sector Ganímedes, obligando a la total retirada de los Arcángeles Rojos y los Lobos espaciales. Las fuerzas de las Sororitas y la Guardia Imperial ya habian sido evacuadas, aunque sus efectivos habian sido reducidos drásticamente por los heréticos a menos del 75%.

La guerra parecía terminada, pero cosas peores estaban en camino.....

Señal ErroneaEditar

Tras dos días de la batalla perdida en Ganímedes, Gabriel Tormentaroja junto los escasos supervivientes de su compañía, a penas el 50% de su Fuerza de Combate inicial, se encontraban en su crucero. Junto a ellos, los escoltaban la 11º y 12º Compañias de Reservas, que llegaron con un día de retraso a la batalla de Ganímedes, encontrándose en un sistema muerto donde ya no quedaba nada que salvar salvo a sus propios hermanos heridos.

Los Lobos Espaciales ya habían partido a las afueras del sistema solar un día antes, pues se había creado una gran hostilidad entre los dos capítulos por el uso del pergamino perteneciente al enemigo jurado de los Hijos de Russ. Los Mil Hijos. 

Gabriel se encontraba en la cubierta de mando, rodeado de tecnomarines y adeptos que se encargaban del funcionamiento de las actividades de la nave. Por su cabeza solo pasaban los rostros de sus hermanos caídos durante la batalla y, lo que fue aún peor para el, la mirada de decepción de su hermano de armas Torin. Fue sacado de sus pensamientos por una alarma procedente de la interfaz que producia una señal de socorro procedente de un mundo imperial que fue devastado por una invasión orka unas décadas antes.

La llamada tenia su origen en una nave de la Flota Imperial que fue obligada a un aterrizaje forzoso al planeta después de una retirada apresurada del sector Ganímedes. El joven Capitán, que no quería tener más muertes sobre su conciencia, decidió ir al rescate de los tripulantes junto con algunos de los mas veteranos Arcángeles de la compañía, ya que la mayoría de marines habían recibido graves heridas en el campo de batalla en Ganímedes y aun estaban siendo atendidos. Junto a dos Thunderawk, Gabriel se apresuró para el rescate de los humanos.

En otra nave, una señal distinta llegaba. El crucero personal de Torin el Viajero, donde Aldrej, uno de sus mas veteranos Sacerdotes Rúnicos, le dijo que una gran amenaza se cernía en un planeta no muy lejano. Se trataba de una gran concentración de psíquicos, y lo peor de todo, es que muchos de ellos tenían mas de diez mil años.

Si se trataba de los Mil Hijos, y Torin tenía que acabar con la amenaza que acechaba al imperio contra la cual los grandes cazadores lobos llevaban miles de años luchando. A pesar de que los gritos de batalla sonaban por los pasillos del crucero y que los temibles guerreros lobo se preparaban para dar muerte a su enemigo jurado, aún quedaban horas hasta que el crucero llegase a una posición adecuada para que los Thunderawk se desplegasen. Pero el astrópata de la nave detecto algo mas: Arcángeles Rojos.

Tan rápido como pudo pidió una audiencia con el Señor Lobo Torin, con el que discutió sobre la presencia de dos naves Arcángeles Rojos que acudían directamente al planeta y sus intenciones. No eran las naves suficientes como para dirigir una ofensiva  y resultaba muy inusual que un capitán de toda una compañía fuese a dirigir una misión de Vanguardia o exploración. Torin, aunque le dolia en el alma, se temía lo peor tras el uso del pergamino por parte de su hermano de armas. 

La Thunderhawk de del capitán descendió, dejando a la escuadra de mando y a Gabriel Tormentaroja en el lugar. La otra Thunderhawk descendió solo a unos metros de ellos, haciendo desembarcar al resto de la guardia personal del Señor de los Arcángeles. Las Thunderhawk volvieron a despegar para hacer una misión de reconocimiento en busca de actividad humana en la gran densidad de ruinas donde se encontraban actualmente los Arcángeles Rojos. 

Ninguno de los mensajes enviados por los Thunderhawk a los cruceros tenían respuesta. Una estraña señal contrarrestaba los mensajes de los Arcángeles Rojos. No pasó mucho tiempo hasta que el verdadero enemigo apareció, mostrandose en forma de los guerreros de la Legión Aplha. Principalmente fueron unos Motoristas del Caos los que emprendieron el primer ataque, obligando a Gabriel junto sus tropas desplegadas guarnecerse en un edificio, pues el fuego de los bolter concentrado suprimía a los Arcángeles Rojos al estar al descubierto. 

En otro lugar, un astartes se deleitaba con lo que estaba ocurriendo ya que todo formaba parte de su plan. Este astartes estaba en el punto mas elevado de la colmena destruida, en el viejo y ruinoso edificio que perteneció hace mucho a los gobernadores de este mundo.

El guerrero medía mucho mas que un astartes normal, midiendo algo más de tres metros. Su servoarmadura que poseía los esquemas de la legión alpha, dejaba salir de entre las pequeñas grietas de la armadura pura energía de la disformidad ya que realmente la servoarmadura basaba su poder en canalizar esa misma energia.

Sobre sus hombros una piel, posiblemente de alguna gran bestia de la disformidad, cubría su espalda. Tenía servocascos de marines leales colgando a los lados de la capa. Sangrientos trofeos de guerra que pertenecian a Novamarines caidos. Apoyando el filo de su espada contra el suelo de mientras torcía algo el arma, ya que la longitud de esta rondaba el 1,75m desprendiendo una poderosa energía demoníaca. Su nombre era Svartsot, señor de la partida de guerra de los Condenados, descendientes de la Legión Aplha que compartían el mismo esquema de colores y su estrategia era similar usando el engaño y el desconcierto como armas.

Pasaron unas horas hasta que los Lobos Espaciales llegaron, desplegaron a varios Thunderhawk donde el capitán Torin encabezaba el asalto. No pasó unos minutos tras entrar en atmósfera fueron atacados por armas defensivas tales como vehículos Hydra de la guardia imperial o equipos de aniquiladores, que, curiosamente, llevaban esquemas de los Arcángeles Rojos.

Los Lobos Espaciales negaron sus primeros pensamientos y pensaron que se trataban de tropas dedicadas al Dios de la sangre, por eso la similitud del esquema, pero, en cambio, fueron atacados por otras cañoneras Thunderhawk que llevaban los signos y el esquema de la 3ª Compañía de los Arcángeles Rojos.

Una de las naves de los Lobos Espaciales recibio un impacto por el disparo de una de las cañoneras, cayendo en picado contra las ruinas. Torin, tras el impacto moral de ver a los que creia sus hermanos haber traicionado el Imperio dió ordenes a todas las naves de abrir fuego. No había gritos de batalla ni de gloria, solo silencio pues era una deshonra revivir las acciones que ocasionaron la Herejía de Horus.

Hermano contra hermano, los Lobos Espaciales abrieron fuego haciendo caer a ambas cañoneras de los Falsos Arcángeles Rojos. A pesar de haber derribado las cañoneras, las tropas de tierra seguían abriendo fuego. Se trataban de hereticos de la guardia imperial del sector de Ganímedes, que se vieron obligados a aceptar los pactos de los herejes para poder escapar del exterminatus que acabó con la vida de todo el sector. Las principales armas de fuego se trataban de cañones láser y cañones automáticos manteniendo una linea de fuego continua obligando a los Lobos Espaciales a tener que maniobrar y no poder aterrizar.

En el edificio donde se guarnecía el capitán Gabriel junto a sus Arcángeles Rojos estaba siendo atacado sin tregua por los legionarios, a pesar de lo cual los Arcangeles resistian con valor. Cuando el ataque remitio, Gabriel pudo ver en el cielo como los Lobos Espaciales batallaban con los falsos Arcángeles Rojos, creando un momento de desesperación para Gabriel y su compañera Zarpas que no podían contactar con el capitán Torin.