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Prólogo:Editar

-Formando parte de un regimiento penal, cuya misión fue solo la de morir a manos de unos Marines Espaciales del Caos; Zephirus Spei consiguió él solo frenar a los Marines del Caos. Fue encontrado malherido, y poco después perdió el conocimiento.- Leía el coronel Desippo delante de todos sus oficiales.- Vaya, parece que ese tal Zephirus es un tipo con suerte.- Dijo, esta vez dirigiéndose a sus subordinados.

-Señor, creo que deberíamos admitirlo en el regimiento. Daría un ejemplo de redención a ojos del Emperador. Además, ese chico parece ser un buen soldado.- Saltó el sargento mayor Vloss, de los comandos.

-Estoy con Vloss.- Sostuvo Iñoplio, teniente de un pelotón de asalto.- Señor, no podemos permitirnos perder a un soldado como ese. Nuestros hombres son fuertes y valientes, eso no lo pongo en duda, pero ese Zephirus parece tener el don de la guerra.

-A eso es lo que voy.- Comentó el coronel.- Considero apropiado que se le exente de todos los cargos contra el Emperador y...

-Señor, permítame interrumpirle pero ¿qué hizo exactamente?- Comentó Vloss.

-Ah, sí.-En coronel buscó entre sus desordenados papeles- Un momento...vale, aquí está. Uhm...ajám...ya veo...vale, por lo visto se cargó una soldadora o algo por el estilo y lo juzgaron en uno de esos juicios exentos de inocencia.

-¿Cómo?- Saltó Vloss de nuevo- ¿Qué es eso de "juicios exentos de inocencia"?

-Significa que el desgraciado que sea juzgado no tendrá posibilidad de salir inocente.- Inquirió lñoplio.

-Exacto sargento. Bueno, a lo que iba. No fue condenado por matar a nadie, así que creo que deberíamos admitirlo en el regimiento como soldado completo. ¿De acuerdo todos?

-¡Sí!- Dijeron todos al unísono.

- ¿Alguna objeción a que el teniente Vloss sea superior inmediato de Spei.

-¡No!- Gritaron todos, al contrario que Vloss, que objetó.

-Pues ya está todo dicho, siguiente asunto.

Parte primera: Escá, Páramo y MetroEditar

El 24º Regimiento de Plustínica, destinado por completo a Ardenus, una gran luna que orbita pesadamente alrededor de Vuellus IV, del subsector Vuellus. Lo que podría considerarse como un lugar idílico, lleno de praderas, suaves montañas y plácidos mares, ahora es en parte una tierra yerma debido a la guerra provocada por  los numerosos cultos que surgieron a raíz de la predicación de "La sangre negra", un grupúsculo de sectarios caóticos.

-Una cosa llevó a la otra y de repente estalló una guerra entre los inútiles de los pueblerinos y estos chalados caóticos. Y como los regimentos de la luna y del subsector en general son malos como poco, cayeron en cuestión de semanas a manos de los caóticos. Y gracias a ellos tenemos rondando por aquí a Marines Espaciales malvados.- Explicó Vloss.

-Bendito Emperador...tendría que haberme dejado morir.- Ironizó Zephirus.

-No te creas, estar al servicio del sargento no es para tanto, solo te manda a desactivar bombas con una varilla de metal y unos alicates.- Bromeó Wers, uno de los compañeros de Zephirus que, a sus dieciséis años, había entrado en la primera escuadra de comandos, al mando del laureado sargento Endraia Vloss. Cuando todos terminaron de reir, Vloss cambió de tema.

-Cambiando de tercio, decir tiene que tendremos que aterrizar en la retaguardia enemiga; no vayáis a exponeros demasiado, esa fortaleza está muy bien defendida.- Habían sido informados mucho tiempo antes; su misión sería sabotear unas instalaciones de "La Sangre Negra", o como les llamaban los soldados, los sindientes. Nadie sabía de dónde había salido ese nombre tan feo, pero era el nombre que todos usaban. Zephirus pensó que sería por la extraña costumbre que tenían de quitarse el colmillo superior derecho usando solo un cuchillo. Parecía que guardaba cierta lógica.- La escuadra Escá se encargará de inutilizar el suministro eléctrico, y la Páramo de distraer y eliminar a los centinelas. Nuestra misión será la de sabotear las instalaciones hasta donde podamos, los sindientes esperan refuerzos.

-¡Treinta segundos!- Gritó el piloto, informando del tiempo que quedaba para que los tripulantes saltaran.

-¡Bien, ya sabéis chicos, que el Emperador os bendiga y que vuestros disparos sean certeros y juiciosos! ¡Ahora saltad!

Vloss fue el primero en lanzarse al vacío. Los demás le siguieron, Zephirus sería el último en saltar. Cuando lo hizo, siendo esta su primera vez real de salto, se sintió desorbitado, su corazón parecía explotar y sus piernas no le respondían. A pesar de todo el equipo, sentía frío en las manos, la cabeza y el pecho. Descendía a una velocidad increíble, hacia esa fortaleza, esa base en mitad de una de las cordilleras más altas de Ardenus. La nieve caía más lenta que él, las condiciones de salto no eran nunca las más adecuadas, pero los comandos de Plunística eran conocidos como "Los héroes locos", o más informalmente, "Los pelotas cuadradas"; y ahora debían hacer honor a su nombre. Las luces de aquella fortaleza relucían en mitad de la montaña, eso hasta más o menos la mitad del descenso de Zephirus, cuando la escuadra Escá cumplió con su deber; toda la base se quedó a oscuras y según informes, se tardarían unos diez minutos en habilitar un sistema de emergencia. Todo iba según lo planeado.

-¡Spei!- Escuchó Zephirus por su comunicador, era Vloss.- ¡Muévete un poco hacia la derecha y activa los retrorreactores ya!

Como era el novato, convenía que descendiera más lentamente, ya que no estaba acostumbrado a las fuerzas que ejercían los retrorreactores de descenso, una de las joyas adquiridas del regimiento. Todas menos la de Zephirus; cuando activó la salida de combustible para frenar el descenso, el inyector inferior derecho comenzó a fallar, llevándolo inevitablemente hacia la izquierda descontroladamente.

-¡Señor!- Reportó Zephirus, totalmente nervioso.- ¡El inyector, el inyector se ha roto!

-¿Cómo que se ha roto? ¡Explícate!- Gritaba Vloss, entrecortado.

-¡Parece que el inyector derecho no funciona, estoy dando vueltas sin…dando vueltas sin control!

-¡Maldita sea Spei, eres un puto manos rotas! Bien, prueba a bajar la velocidad de frenada y a…- Las comunicaciones con el resto se cortaron, ya que lo que antes era una caída inofensiva de nieve, ahora era una tormenta invernal.  Durante la caída, Zephirus pareció haber perdido el conocimiento y haberlo recuperado poco después varias veces.  Cuando vio lo cerca que estaba ya el suelo, pensó en su corta vida y lo poco que había hecho. Pero el Emperador no deseó que él se convirtiera en una masa sanguinolenta en mitad de la nieve debido al impacto y el inyector defectuoso comenzó a funcionar de nuevo. Por desgracia para él funcionó más de la cuenta y no iba concorde a los demás, así que en cuanto llegó al suelo rodó por la nieve hasta frenar, dando en el camino unas cuatro vueltas de campana. Cuando por fin paró, milagrosamente no estaba herido sino que solo tenía un leve entumecimiento en  las piernas.

Miró su retrorreactor; estaba completamente roto y humeante; ya no sería más que un peso inútil, así que decidió dejarlo por ahí tirado. Cuando ya se deshizo de él, miró a su alrededor, estaba dentro de las instalaciones, había caído en una zona dedicada a los vehículos aéreos de aterrizaje vertical. Cuando pudo darse cuenta, tres luces que no dejaban de moverse se acercaban a él. No eran de la escuadra Páramo ni de la Escá; los comandos llevaban visores nocturnos, no luces. Entonces cayó en que su equipo también contaba con uno de estos visores, así que bajó las gafas de visión nocturna y las encendió. Entre tanto espectro de color verde, pudo divisar a tres sujetos, probablemente de los sindientes. Iban pobremente armados con armas de fabricación casera; pero podrían suponer un problema.

-¡Uno de esos desgraciados tiene que haber caído por aquí, he visto el fuego de sus reactores!- Oyó gritar a uno de los tres sindientes.

En ese momento, buscó donde esconderse, y encontró unas cajas cuadradas metálicas. Allí fue corriendo, temeroso de que lo avistaran los tres hombres con linternas. Ellos se acercaron a donde había dejado el retrorreactor, y empezaron a inspeccionarlo. En ese momento, Zephirus sacó su rifle de proyectil sólido modelo Qualitas (que era mucho más ligero y manejable que el resto de armas principales de las que disponía el regimiento) y disparó, no sin antes haberlo pensado una, dos, y tres veces. Su disparo se escuchó como un pequeño suspiro, justo antes de caer el primero de los tres que allí se encontraban. Rápidamente, apuntó a un segundo y con los nervios le apuntó a la rodilla, dejándolo inválido y tirado en el suelo. El tercero se puso a correr, dejándolo de espaldas. Fueron necesarios tres disparos para hacerlo caer.

Ahora solo quedaba el que había sido herido en la rodilla. Éste sí sabía dónde estaba Zephirus, y se encontraba tirado en el suelo apuntando sin dejar de moverse hacia Zephirus. No podía usar una granada o algo parecido, ya que sería descubierta su posición exacta.

Se decidió a salir por encima de la caja y disparar desde allí, el otro no se lo esperaría. Pero justo cuando salió, su enemigo ya había muerto, y era imposible que fuese por desangro. Zephirus miró a todos lados, pero con la tormenta que se estaba desatando no logró ver mucho más lejos que lo que vería sin su visor. El intercomunicador de su oreja derecha empezó a soltar sonidos.

-…cuadra…cá…pa…do?- La señal era demasiado baja para poder oír algo.

- ¡Aquí Zephirus Spei, de la escuadra Metro! He sido desviado de mi rumbo al aterrizar.

-…phirus?...Sal…damos…verte.- La señal era cada vez más fuerte, pero no dejaba de ser mala.

Zephirus decidió salir de su parapeto y estar a la vista de quien quiera que le estuviera llamando. Desde el este, vio venir a cuatro individuos, todos equipados igual que él, exceptuando el hecho de que ellos llevaran sus retrorreactores intactos y una franja de color azul en el lateral izquierdo del casco (la de Zephirus era de color amarillo). Eran los miembros de la escuadra Escá.

-¡Spei!- Gritó por el comunicador Handr Experides, alias Janex. Ambos se habían hecho amigos en el poco tiempo que Zephirus estuvo de entrenamiento, ya que aprendía sorprendentemente rápido;  como dijo el teniente Iñoplio hace tiempo, Zephirus tenía el don de la guerra.- ¿Qué diablos haces aquí? Tú deberías estar con tu escuadra, en la entrada norte.

-Un inyector se me rompió y acabé aquí. He eliminado a dos blancos; y al parecer vosotros acabasteis con el que YO herí.

-No te hagas el duro Spei.- Comentó Taedor, un tipo bastante alto para ser un humano, al parecer de Zephirus. Por lo visto obtuvo una condecoración por ser el campeón de artes marciales mixtas del regimiento, así que Zephirus sabía que no podía meterse mucho con él, para su desgracia, era el graciosillo del grupo.

-Déjalo Taedor. Spei, tendremos que ir contigo. Por lo visto nos hemos quedado sin trabajo y tendremos que ayudar a la Metro en su cometido. – Sostuvo Amihil, un hombre con clara vocación de mando. – Lo malo es que…

-Lo malo es que no tenemos ni zorra de dónde ir. Perdón por interrumpirte pero estarías tres horas hablando.- Saltó Taedor de nuevo; ya que Amihil era conocido por ser un parlanchín de cuidado.

-Bueno, sabemos que tenemos que cargarnos a esos tíos cuanto antes, ¿no? ¿Pues a qué esperamos?- Interrumpió Janex, ansioso por combatir. Aunque no tan joven como Zephirus, había logrado ser un comando de gran calidad en cuestión de tres años, a sus veinte ya había estado en siete misiones de gran relevancia. Su juventud se hacía notar en su impaciencia.

-Esperamos a que Spei nos diga a dónde ir.- Comentó Grospell, el hombre que faltaba por intervenir en la conversación. Era uno de esos hombres gustosos de combatir en primera línea pero con nefastas dotes de mando, le gustaba ser comandado. Su ya avanzada edad, sumada a sus feas cicatrices, dejaba claro que era una máquina de matar silenciosa e imparable, y que había visto cosas que nadie debía ver.

-¿Yo?- Preguntó Zephirus, sorprendido de que cuatro veteranos se pongan a las órdenes de un imberbe chico de dieciséis años.- ¿Por qué?

-Como podrás ver, ya no somos ocho, sino cuatro. Esos desgraciados sin dientes han matado a la mitad de los nuestros, incluyendo al sargento. Era el único que…- Dijo Amihil, justo antes de ser interrumpido de nuevo por Taedor.

-Que es el único tío de nuestra escuadra que sabe lo que están haciendo los otros exactamente. Queremos reunirnos con Vloss e integrarnos en la Metro, ya que la Escá no tiene nada que hacer.

-Bien…esto… ¿vamos?- Dijo Zephirus, temeroso de su recién adquirida responsabilidad.

Su primera misión sería llegar dentro de las instalaciones mismas, para deshabilitar la red de torretas automáticas que había alrededor y dentro de toda la base. Por ahora estaban desactivadas gracias a las acciones de la escuadra Escá, pero eso no duraría mucho; dos minutos de reloj exactamente si las cuentas de los de información no fallaban.

Corrieron como endemoniados, rifle en mano, hacia una de las puertas de entrada, concretamente en la puerta 27 F, una de las de emergencia, que solo abría para afuera. Unas cuantas cargas explosivas lo solucionaron. Dentro, largos pasillos se extendían hacia la derecha e izquierda.

La memoria de Zephirus les permitió ir directos hacia la sala de alumbrado de emergencia. Una vez allí, vieron a un pequeño grupo de sindientes. Todos contaron doce sindientes, cada uno ocupado en una tarea; sería una misión sencilla.

Con cuidado, Amihil lanzó una granada cegadora hacia el centro de la sala y todos se escondieron. Cuando escucharon la explosión, cada uno fue a por dos enemigos. No gastaron más de veinte disparos entre todos.

-Bien, ¿ahora qué?- Comentó Janex.

-Ahora creo que tendremos que desactivar esto, pero ni idea de cómo se hace.- Dijo Zephirus.- El encargado de esto en mi escuadra es Qetyr.

-Sí, excusas.- Saltó Taedor.

-Podríamos hacerlo de una forma más rápida.- Alegó Janex de nuevo.

-¿Cómo?- Se preguntaron todos.

-Así.- Cogió una granada y la activó, justo antes de arrojarla contra los mandos.- ¡Corred!

-¡Cerdo asqueroso!- Le gritó Grospell mientras corría hacia un lugar seguro.- ¡Eso se avisa!

Una vez todos se parapetaron, la granada explotó, dejando tras de sí un rastro de cables chisporroteantes y sucesivas explosiones de fuerza variable.

-Diez segundos para que se vuelvan a activar las torretas.- Comentó Amihil. Todos se quedaron quietos y callados, esperando a que pasaran esos diez segundos.

-¿Veis como no pasaba nada? ¡Soy un jodido genio!- Se enorgulleció Janex.

-¡Un jodido gilipollas es lo que eres! Podrías habernos matado a todos.- Le gritaron todos, más o menos con las mismas palabras. Una vez se calmaron los ánimos, todos respiraron profundamente.

-¿Qué ha sido eso?- Se preguntó Zephirus.

-¿A qué te refieres?- Dijo Taedor.- No oído nada.

-Silencio, puede que sean enemigos. – Ordenó Zephirus.- Iré a ver.

Zephirus cogió su rifle y le quitó el seguro. Salió de aquella sala con sumo cuidado. Oía pasos, cada vez más cerca, pero no veía nada ni a derecha ni a izquierda. De pronto, se oyó un ruido y algo se le cayó encima. No pudo hacer ningún movimiento.

-¡Mierda, si eres de los nuestros!- Le dijo alguien.- Venga arriba tío.

Zephirus, en el suelo, miró hacia arriba. Resultó ser uno de los integrantes de la escuadra Páramo (se sabía por su franja color rojo en el casco), concretamente se trataba del experto en demoliciones, Bumchak. Ese nombre no era sino su mote que él mismo se puso (decía que era el sonido de las explosiones; ni que decir tiene que le gustaba su trabajo).

-¿Qué diablos haces aquí? Vosotros no teníais por qué entrar en las instalaciones, sino quedaros fuera y…

-Uououou.- Le interrumpió.- Mira tío, estos sindientes de mierda se han cargado a toda mi puta escuadra. Andan buscándome por el exterior de la base, se estarán pelando de frío ¡Ja ja!

-Yo soy Zephirus, de la Metro. Estoy con los supervivientes de la Escá realizando la misión que se nos fue asignada a nuestra escuadra.

-¿Y dónde está la Metro?

-Ni idea, no puedo comunicarme con ellos por alguna razón. ¿Y de dónde carajo has salido tú?

-¡Ja! Soy un genio estratega, así que decidí entrarme en las instalaciones, pensé que por aquí no me buscarían. Y cuando me equivoqué en eso, me puse a arrastrarme por la ventilación, que está por suerte encima de los pasillos. Pensé que eras un sindientes, así que salté sobre ti.

-Sin rencores. Y ahora ven con nosotros, tenemos cosas de las que hablar.

Una vez juntos los integrantes de las tres escuadras, pensaron en qué hacer ahora. Se decidió seguir con lo que estaba planeado, cumplir con los objetivos asignados a la Metro que, gracias a Zephirus, conocían.

-Bien, ahora debemos subir al tejado del edificio D y cargarnos su antena principal de comunicaciones. Ese sería nuestro último objetivo, una vez cumplido tendremos que saltar hacia abajo por el valle hasta llegar abajo, donde nos recogerán. Pero eso ya lo sabemos todos. Bien, ¿cómo iremos al edificio D?

-Spei...tú no tienes el retrorreactor. No podrás saltar.- Comentó Janex.

-No tenéis por qué preocuparos por eso. He salido de cosas peores. ¿Os contaron cuando me cargué a…

-A decenas de marines del caos.- Dijeron todos al unísono.

-Pues eso, soy un hombre con recursos. Ya me las apañaré. Y ahora bien, ¿cómo vamos hacia allí?

-Andando.- Saltó Grospell el veterano.

-Este viejo está empezando a estar mal de la cabeza.

-No no no, puede que sea buena idea.- Inquirió Zephirus.- Pensad. La mitad de los efectivos está buscando a Bumchak. La otra mitad nos anda buscando a nosotros y a la Metro dentro de las mismas instalaciones. La Páramo ha hecho su trabajo y no quedan centinelas apenas en el exterior. Es de noche, están todas las luces apagadas y hay una tormenta de nieve. Podríamos intentarlo, podríamos ir andando tranquilamente por el exterior hacia el edificio D.

Todos lo vieron lógico, así que salieron de allí para dirigirse al edificio D, en la otra punta de las instalaciones. Tuvieron demasiada suerte, no hubo ningún impedimento hasta llegar allí.

Una vez en el edificio D, encontraron una leve resistencia armada, pero nada que no pudieran resolver sin bajas y en cuestión de segundos. Los comandos de Plunística son expertos en combate cerrado, y luchar dentro de los edificios es lo que mejor se les da, así que se desenvolvieron como una máquina perfectamente engrasada por aquel lugar.

Subieron cuatro pisos hasta llegar a la puerta que conducía a la terraza, y con ella, a la antena principal de comunicaciones. Al salir, vieron que la tormenta había cesado y estaba amaneciendo. Concretamente faltaría media hora para la salida del sol por el norte. La nieve abundaba, y ellos tenían que caminar torpemente. Los visores nocturnos ya no eran necesarios, así que se los quitaron. Tardarían unos segundos para que sus ojos se acostumbraran a la luz natural, los suficientes para que los restos de la escuadra Metro (dirigidos todavía por Vloss) se dieran cuenta de que Zephirus y los demás estaban allí.

-¡Spei!- Gritó Krattia, una de los miembros de la Metro.- ¿Dónde te has metido?

-Ya nos lo explicará después. Por ahora hay que cargarse esta maldita antena.- Dijo Vloss.- ¡Vosotros, los restos! Encargaos de los enganches derechos. Tendréis que volarlos con cargas sincronizadas con las nuestras. No queremos que esa maldita torre aplaste a ninguno de los nuestros.

Zephirus siguió a “los restos”, como los había llamado Vloss; ya que su escuadra estaba completa, la Metro no tenía ninguna baja. Cuando Bumchak había sincronizado la carga en la parte superior derecha (la antena estaba sujeta por gruesos cables a cada esquina), Zephirus pudo ver a lo lejos decenas de vehículos y de tropas a pie corriendo hacia el edificio D. Sin duda se trataban de sindientes.

-¡Vienen sindientes! ¡Daos prisa!- Vociferó.- La Escá, que venga conmigo para entretener a los malos. ¡Que no entren en el edificio!

Todos obedecieron a su orden mientras Bumchak corría hacia la parte que quedaba.  Parapetados en unos conductos de ventilación que daban al exterior, los cinco hombres comenzaron a disparar para que no entraran sindientes. Ninguno entró hasta que un disparo perdido impactó en Janex. Éste perdió el equilibrio al momento. A partir de ahí, algunos sindientes comenzaron a entrar. Una ráfaga de ametralladora de un vehículo partió por la mitad la cabeza de Amihil.

-¡Todo listo!- Gritó Bumchak.- ¡Spei, los de tu escuadra van a saltar!- En ese momento, Zephirus miró hacia la puerta de las escaleras que daban a la terraza que previamente habían bloqueado, los sindientes entrarían en breve. Amanecería dentro de cuatro minutos.

Zephirus pensó rápido, tendría que cogerle el retrorreactor a Amihil y arrastrar a Janex y ponerle un estimulante para que al menos durara plenamente consciente y con apenas dolor durante el salto. Corrió hacia donde estaba Janex y, en cuestión de segundos, sacó una aguja hipodérmica de un bolsillo de su chaqueta. Se la inyectó y le dijo que corriera a la parte norte, por donde el sol ya estaba empezando a asomar entre las altas montañas.

-¡No pienso dejarte aquí solo! ¡Spei, te cubriré!- Dijo Janex, mientras se recomponía rápidamente a causa de la sobredosis de estimulantes. Luego se lamentaría de ellos, pero salvaron a más de uno.

-¡No! Me iré el último, todavía tengo que ponerme el retrorreactor de Amihil.- Sentenció.- ¡Ahora corre!

A regañadientes, Janex aceptó. Zephirus tardó unos dos minutos en ponerse el retrorreactor de Amihil, el tiempo necesario para que los sindientes abrieran la puerta y dispararan como dementes. Zephirus corrió como jamás lo hizo justo delante de los sindientes, teniendo al otro lado el entramado de cables que en cuestión de segundos empezarían a soltarse debido a las cargas, y no se equivocó. La carga de la parte superior derecha había explotado, seguida de la superior izquierda. Esto fue así para que los sindientes no pudieran subir, la antena caería justo delante de la última planta, donde se encontraban las escaleras. Por desgracia, también caería delante de Zephirus; en ese momento dio gracias al Emperador por haberse inyectado el contenido de la aguja de estimulantes de Amihil. Por fin llegó a la cornisa de la terraza, que daba al profundo valle entre las montañas. No se lo pensó. Saltó y amaneció. La antena sería destruida justo al amanecer, cortesía de Bumchak, un artista en lo suyo.

-¡Bendito Emperador!- Escuchó a Vloss por el comunicador, la antena resultaba ser lo que impedía las comunicaciones, y no la nieve.- ¡Zephirus, eres un jodido diablo con suerte! ¡Buen trabajo a todos!

A partir de ese momento, el joven de dieciséis años recibió el nombre de “El diablo de Ardenus” por sus dos acciones, la de los Marines del Caos y la destrucción parcial de las instalaciones de las montañas Calpastas. Todo ello le llevó a ser ascendido a sargento de su propia escuadra, nombre en clave “Escuadra Resto”.

Parte segunda: Rey del Waaagh!

-¡Spei! ¿Dónde carajo estás?- Dijo Janex por el comunicador.

-¡Idiota, tienes que llamarme sargento!- Le contestó éste, indignado.

-¡Y una mierda! Y ahora dime dónde coño andas.

-¡Ya mismo llegamos!- Su respiración se escuchaba fuertemente, debido a que él estaba corriendo.

Zephirus ahora es el sargento de la "Escuadra Resto"; la primera escuadra de comandos del  24º Regimiento de Plustínica; por tanto, es sargento mayor. El ascenso se debió a las numerosas acciones en combate durante la guerra en Ardenus, que se saldó con una aplastante victoria imperial sobre las hordas del Caos. El Diablo de Ardenus siguió combatiendo allá donde su regimiento lo llevara, siendo así posible que adquiriera experiencia en muchos entornos de combate y capacitándole para que a los 24 años escribiera Necesidades de guerra: La batalla como debe de ser, un libro de tácticas para comandos recogido a lo largo de casi diez años de carrera (que ya es demasiado para un comando de la Guardia Imperial). Es tal el éxito del libro que ha sido llevado a numerosas Scholas Progenium para ser estudiado en profundidad por nuevos alumnos.

Fue ascendido a Sargento Mayor debido a la muerte de su predecesor, Endraia Vloss, en una misión para sabotear un sistema eléctrico orko. La operación "Chispazo", como se llamó, estuvo repleta de bajas insustituibles, como la del veterano Grospell y de Krattia, de la Metro. 

Una cuarta parte del regimiento se encuentra ahora destinado al planeta más lejano del sistema Dretskaviya; impronunciable para los pluníisticos, que lo llaman el "Sistema Consonante", por el elevado número de este tipo de letras que contiene su nombre. El planeta, Dretskaviya Cpatsonissa; llamado por los plunísticos "El pedrusco". Dicho planeta, como todos los que están lejos de su sol, son tierras estériles y carentes de utilidad; salvo la mineral. Es una de las minas de Prometheum más rentables de todo su sector, así que el Imperio defenderá sus intereses con uñas y dientes. Y entre todo ese conflicto de intereses, allí debende estar la única escuadra de comandos destinada en "El pedrusco"; la Resto. 

-¡Zephirus joder, nos están dando pero bien, no dejan de venir!- Volvió a repetir Janex.

Desde una pared de la gran galería se provocó una explosión, para luego darse una serie de disparos. Janex respró aliviado, ya que Zephirus había llegado.

-¡Janex, quiero un cruce de fuego incesante, cuando terminemos te informaré!

Los enemigos, una partida de Orkos, asaltaban continuamente todas las minas del planeta, y en concreto fue en la mina del Sagrado Valor N.º 4 cuandos e enfrentaron al regimiento, que se encontraba instalado en sus factorías de refinamiento de Prometheum. En ese severo descuido, se inició una guerra de guerrillas por todas las instalaciones que parecía inacabable; llevaban ya tres semanas de batalla. Quien había sido hasta entonces el comandante, el Teniente Greew, había muerto en una refriega en los niveles inferiores a causa de la explosión de un producto químico; dejando el mando al incompetente comisario Adcumm, que era muy bueno cumpliendo la labor para la que había estudiado (si asesinar a los suyos se puede considerar una labor digna de ello).

La escuadra Resto hasta entonces había obrado, gracias a la operatividad de su sargento, independiente de los soldados regulares, pero Adcumm necesitaba su ayuda para poder equilibrar la balanza a su favor. En esta ocasión, la Resto tendría que volar por los aires una zona llena de reservas de Prometheum para abrir una brecha hacia el exterior lo suficientemente grande como para despresurizar toda la planta norte, lugar donde los alienígenas se han hecho fuertes.

-Ya está, no parece que queden supervivientes.- Comentó Zephirus por el comunicador.

-Por mi lado tampoco. Spei, ven tú a nuestra posición, es más fácil de defender.

-¡Y una mierda! Yo soy el sargento y soy yo quién da las órdenes. 

Janex se había convertido en un segundo al mando del sargento; ya que prácticamente compartían edad, y por tanto, trayectoria. Era de los pocos que se atrevía a discutir las hazañas de Zephirus. 

-Vale, ahora sigamos todos juntos.- comunicó el sargento Zephirus.- Nuestro objetivo será difícil de abatir.

Ese día habían recibido noticias de que el Kaudillo de turno, cuyo nombre no consta en ningún archivo, rondaba cerca, por lo que debían hacerles frente. Lo malo es que la tarea de los comandos no es específicamente la de asesinato; pero tendrían que hacer la función de sicarios hasta nueva orden de Adcumm.

Las tropas avanzaron por los humenates pasillos con sumo sigilo, intentando no alertar a las patrullas de pielesverdes que poblarían todo el sector. De vez en cuando, y sin causar alboroto debido a su armamento diseñado para el sigilo más absoluto, eliminaban a un par de objetivos distraídos de su cargo, lo que era bastante normal teniendo en cuenta la naturaleza de estos repulsivos xenos.

Llegaron, tras unas cuantas refriegas, a gran puente colgante que atravesaba de lado a lado un hangar de dimensiones titánicas. Sus visores les indicaban que la presencia de enemigos allí era alta, así que debían andar con cuidado.