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Maquinas de guerraEditar

El soldado se tiró al suelo, cayendo contra las ruinas y camuflando  el sonido de su armadura antifrag al chocar contra las piedras gracias a las explosiones que se escuchaban en toda la ciudad. Otros seis sujetos buscaron la cobertura, ya fuese agachándose tras unas ruinas o tumbándose entre ellas. Las armaduras podían variar, algunas eran simples petos antifrag de mientras que otros sujetos llevaban una armadura completa, lo único que llevaban todas en común era la presencia de las estrellas del caos. 

A unos metros de ellos un grupo de civiles se movía lentamente junto arbitres y soldados de la guardia imperial local. Los renegados apuntaron sus rifles automáticos contra ellos, pero sin llegar a abrir fuego, localizando objetivos y esperando si estos iban a hacer algo. Cuando uno de los civiles cayó por accidente al tropezar todos los del grupo pararon para ver que pasaba, momento en el que bajaron la guardia. 

-¡Matadlos!.- Chilló uno de los renegados que tras ello empezó a abrir fuego contra el grupo de supervivientes imperiales, seguidamente el resto de renegados empezaron a abrir fuego abatiendo la mayoría de civiles, a excepción de los arbitres y guardias que salieron corriendo buscando cobertura en el lado opuesto de donde venían los proyectiles. Los disparos debido a la distancia entre los herejes y imperiales solían fallar o impactar contra el suelo o las paredes, en su defecto algunas balas consiguieron mellar la armadura de uno de los arbitres.

Dos de los renegados que mantenían posición en el flanco izquierdo empezaron a acortar terreno corriendo a lo que parecía ser una gran cantidad de chatarra acumulada. El resto de la escuadra de renegados, que eran ocho sin contar a los que avanzaban empezaron a mantener un fuego continuo contra la posición donde los dos guardias imperiales y el arbitres se escondían. 

-¿Lo tienes?, a mi solo me queda uno.-  Dijo el renegado apurado, comprobando sus bolsillos en busca de granadas. Su voz se distorsionó algo y parecía mas ahogada por culpa de la mascara de gas.

-Tengo dos, mas que suficiente para asaltar la posición.- Los dos que permanecían agachados atrás de la acumulación de chatarra oxidada. 

La pareja de herejes prepararon las granadas, aún con las anillas puestas para destruir la posición enemiga. Contaron lentamente hasta cinco, y cuando el contador terminó ambos lanzaron una granada cada uno, que llegaron a la posición enemiga y tras unos segundos, de esta una nube de sangre, órganos, carne picada y polvo salió disparada hacia arriba. Los herejes que disparaban alzaron sus armas y sus gritos a modo de celebración, los corderos del emperador de nuevo eran destrozados.  Tan pronto como pudieron la unidad de volvió a replegar donde los primeros imperiales fueron abatidos, hubo mala suerte pues los disparos fueron certeros y no quedó ningún superviviente que torturar y hacer sus últimos minutos de vida un infierno donde el dolor sería el menor de sus preocupaciones. 

El oficial de la unidad felicitó a los dos granaderos por un trabajo tan logrado y dedicado. Entre risas de satisfacción y celebración la escuadra prosiguió con su objetivo: Acabar y esclavizar a la escoria imperial que intenta escapar.  Aunque hasta ahora mas bien habían estado masacrando a las pocas posiciones defensivas que desesperadamente se fortificaban donde podían, había que reconocer que era de lo mas sencillo masacrar a esa basura. Los minutos pasaron de mientras la escuadra andaba por las calles, pero algo les llamó mucho la atención: Uno de sus camaradas, mutilado totalmente y farfullando tras su mascara de gas, las lentes de esta estaban empapadas en sangre por lo que le negaban la visibilidad al herético. Era una imagen muy curiosa, de hecho impresionó a los herejes que fueron corriendo y gritando blasfemias dirigidas a los que habrían provocado esto. Cuando apenas estaban a unos vente metros de la posición del malherido el que encabezaba a los heréticos cayó de espaldas cuando un tiro atravesó su cabeza, seguido de el otros dos heréticos cayeron tras una mansalva de proyectiles sólidos que provenían del primer piso de un edificio medio destruido.

El resto de supervivientes, siete heréticos se dividieron para el flanco izquierdo y derecho saliendo así de la carretera, antes de que llegasen a la cobertura uno de ellos fue derribado cuando varios disparos dieron contra el, partiendo su pierna en dos.-¡Munición cazadora!.- Gritó uno de los herejes al descubrir que los asaltantes desconocidos usaban munición anti-infantería. Cuando los dos grupos de heréticos llegaron a las ruinas que usaron como cobertura empezaron a disparar de forma desordenada contra el edificio de donde venía los disparos. A pesar de esto los que guarnecían el edificio demostraron ser grandes tiradores cuando el flanco derecho de los herejes fue totalmente destruido, esto gracias al disparo de una granada propulsada.  Un total de tres heréticos quedaban resguardados atrás de las ruinas de lo que antaño fue un vehículo, a pesar de ello disparos precisos daban contra el vehículo, destruyendo y penetrando el blindaje de hierro.  La potencia de la munición y del arma que lo dispara se demostró que era muy alta cuando una bala destrozó la cabeza de uno de los hereticos que se asomó, dejando de el tan solo una "Y" de carne y sangre.

Los otros dos heréticos salieron de su posición para salir corriendo intentando retirarse, pero el sonido del rifle se escuchó nuevamente dos veces, el cultista mas alejado cayó al suelo con la espalda y el pecho totalmente abiertos, en cambio el mas atrasado perdió el brazo entero del disparo, perdiendo también parte del hombro cayendo desangrado y entre chillidos. 

-Joder, eres muy buena tiradora Heidales.- Dije de mientras miraba por los prismáticos a los renegados que yacían muertos. Guardé los prismáticos en una de las múltiples cartucheras de mi chaleco anti-frag ligero. -Para ser una monada saber apuntar.- Dije bromeando.Ella que estaba pendiente a la mirilla del rifle pesado RA-140 se giró para verme, rodó un poco en el suelo, lo suficiente para apartarse del rifle y quedando boca arriba, usó sus dos brazos cruzados a modo de almohada y cruzó sus piernas.

-Agradece que no estés al otro lado de la mirilla.- Dijo ella, tras una sonrisa.

De mientras que ella se entretenía mirando al techo de la habitación, yo proseguí observando la carretera con los prismáticos. Desde hace semanas esta había sido nuestra rutina, desde el juego el mando era algo estúpido mandar a su mejor tiradora y a un  veterano tan solo a proteger una calle. 

Tras hacer nuestro turno que abarcaba desde la mañana a parte de la tarde salimos de la habitación, recorriendo algunos pasillos y escaleras hasta llegar al sótano del edificio. Tan solo llegar pudimos observar como el resto de la escuadra estaba durmiendo o ocupados con los sistemas de radio y de vigilancia. 

-Sargento Cash, hemos terminado ya la ronda. Hoy hemos acabo con catorce heréticos.- Dije yo de mientras Heidales dejaba su rifle apoyado contra la pared y, tras eso, se sentó en un colchón viejo.

-Corrige Brian, yo los he matado.- Contestó ella en un tono gracioso. Yo simplemente suspiré y procedía sentarme en mi colchón correspondiente. 

-Un trabajo excelente, pero pronto vais a tener que hacer mas que pegar unos tiros. El mando nos ha afirmado que hasta hoy tan solo venían fuerzas exploradoras enemigas, comprobando el terreno. Ellos afirman que esta semana vendrá la vanguardia herética.- Cuando el sargento dijo eso me quedé casi sin poder respirar,¿como lo podía decir tal cual?. Santo Emperador.-Obviamente el mando desplegará refuerzos. Les he podido sacar algo, y por lo que tengo entendido nos darán apoyo de varios equipos de armas pesadas, por lo que no tendremos que preocuparnos si nos atacan vehículos. Dos escuadras de infantería vendrán como apoyo adicional, su llegada será seguramente a lo largo de la tarde de mañana. Ahora descansad, será un día duro.-Tras terminar de hablar el sargento volvió  a sus labores en la radio junto al operador. 

Yo por mi parte me quité el casco de combate y tras el me quité el pasamontañas, dejando ambos al lado de mi cama. Tras ello me quité el chaleco de blindaje, esta estaba compuesta por placas metálicas que defendían muy bien de un proyectil sólido o incluso de un disparo láser. El color del chaleco era de un tono verde oliva, por lo que conjuntaban con nuestros pantalones de combate con un camuflaje entre verde oliva y algunos tonos verdes mas fuertes. La camiseta del uniforme era completamente verde, de un tono mas claro, entre los soldados de Godma podía variar pues algunos llevaban la versión corta o otros simplemente la remangaban hasta los codos. 

Cerré los ojos, y para cuando los volví a abrir pude ver un jaleo montado en la sala. Los soldados que anoche parecían estar aburridos ahora llevaban cajas de munición de un lado a otro, el sargento daba ordenes por radio al resto de la escuadra que se había dividido por todo el edificio, yendo a las posiciones fortificadas por sacos de arena y ametralladoras. 

Tan rápido como pude me puse el chaleco de combate, amarrando las correas y cerrando las cartucheras donde guardaba la munición de mi carabina láser, un modelo MK4.  Me coloqué el pasamontañas tan rápido como pude y tras el el casco de combate, agarré mi carabia que yacía apoyada en la pared y me dirigí a la escaleras, subiéndolas para salir del sótano. 

La sala principal del edificio era grande pero casi vacía, antaño había sido un cuartel de una especie de milicia de un noble, por lo que nos fue fácil acceder a equipo defensivo como las armas automatizadas que colocamos en algunas ventanas, a parte de esa tecnología que fue fácil de piratear nuestra escuadra se hizo con algunas ametralladoras de granadas que colocaron en el primer piso, por lo que en el peor de los casos podríamos defendernos de vehículos pesados. 

Esperé al pie de las escaleras que llevaba a la primera planta, ya que dos soldados bajaban cargando una caja de municiones que iba ir muy bien para los seis soldados apostados en la sala principal. Cuendo estos consiguieron bajar subí tan rápido al primer para para luego posicionarme en el pasillo, lugar donde parte de la pared había desaparecido semanas atrás por el castigo de la artillería que semanas atrás destrozó gran parte del sector residencial, ultimo punto defensivo antes de llegar al espacio puerto. 

Me coloqué detrás de unos sacos de arena, a mi izquierda se encontraba Heidales que apuntaba con el  RA-140, a mi derecha dos soldados se ocupaban de una ametralladora pesada colocada en los sacos, esta tenía un cañón largo y algo fino, pero el calibre 7,62 hacía destrozos en la infantería ligera y a la hora de suprimir.  Uno de ellos se ocupaba de disparar el arma de mientras que el otro se ocupaba de ella a la hora de cargarla. 

-Joder Brian, un poco más y empezamos sin ti.- Dijo Yargas de mientras se pasaba por encima de sus hombros una cintura de balas, seguramente algo de munición extra para la ametralladora. 

-Podríais haberme despertado, hubiese sido mas fácil...-Murmuré de mientras quitaba el seguro a la carabina y la ponía en modo automático, tras ello puse un cargador ampliado, con 50 proyectiles. 

-Bueno, lo mas seguro es que a partir de hoy durmamos para siempre.- Dijo el encargado de la ametralladora quien parecía ser uno de la sexta división, por lo que desconocía su nombre. 

El ruido provocado por el motor de la chimera modelo Krasny, que había sustituido su arma principal multiláser por un cañón láser se esncondía de forma baga entre las ruinas,  parte delante del vehículo había sido tapado entre bolsas de arena y tablones de madera, dándole cierta protección. En la parte delantera de la chimera había dos armas que salían del casco de la chimera, uno en cada extremo y se trataban de bolteres pesados. El interior de la chimera al ser mas ancho que un modelo estandar permite al piloto tomar una de las armas a modo de apoyo,  por lo que resultaría una buena jugada contra la vanguardia heretica. 

Volví a ojear la carretera, era el lugar donde la infantería mecanizada enemiga tenía estipulada avanzar, y aunque contaban tan solo con unas chimeras y las escuadras de granadero era muy posible que hubiese presencia de Astartes traidores, cosa que incomodaba a los enviados a defender esta posición.  Me agazape entre los sacos de arena, escuchando como mi respiración a cada segundo que pasaba era mas fuerte y prolongada, entonces es cuando doblando la esquina de la calle apareció el primer vehículo enemigo, una maldita chimera decorada con los cuerpos de civiles y miembros de la guardia local. 

En el piso de abajo algunos miembros de la compañía empezaron a ocupar sus posiciones defensivas, yendo a las ametralladoras pesadas y armas anti-vehículo como los lanzagranadas, pero aún el teniente no había dado ordenes de abrir fuego. La chimera siguió avanzando por la calle y a segundos después otra apareció de la esquina, aunque esta algo mas dañada y con signos de haber combatido. 

Un proyectil láser de color amarillo, grueso y brillante impactó contra la chimera que encabezaba la avanzadilla enemiga, el disparo procedía desde el Krasny que había disparado su arma principal. La chimera derrapó hacia la izquierda chocando contra las ruinas de un edificio y quedando casi de lado, el disparo había destrozado las orugas del vehículo además de atravesar el vehículo. La puerta de atrás del transporte se abrió, un humo negro salió indicando que el arma láser había conseguido acabar con el cableado de las armas láser laterales dle vehículo, inutilizando y prendiendo en llamas el motor del vehículo. Los pocos soldados que parecían haber sobrevivido, un total de seis empezaron a correr hacia el otro lado de la calle  pero esto se vio interrumpido cuando uno de mis compañeros disparó una ráfaga de  disparos con la ametralladora, acabando con dos de los herejes, seguidamente un disparo con el RA de Heidales acabó contra otro enemigo, haciendo que este ultimo le estallase el hombro y parte del pecho. La chimera que venía atrás empezó a disparar su arma principal, dos bolteres de asalto en dirección a la sala principal del edificio, de donde empezaron a proceder algunos gritos de dolor pero el disparo de un lanzagranadas que impactó contra el casco delantero de la chimera demostró que aún quedaban supervivientes, seguida de esta los supervivientes empezaron a abrir fuego con los bolteres pesados y ametralladoras castigando de forma dura el blindaje de la chimera que empezó a acelerar en un burdo intento de chocar contra el edificio, este se vio facilmente detenido cuando el disparo del cañón láser procedente del Krasny  penetró el lateral del vehículo, pasando por orugas y blindaje hasta llegar al interior del vehículo, estallandolo cuando el láser impactó contra las cajas de munición del interior. 

Superviviente a cualquier precioEditar

Anrok corría, viendo a través de su máscara la calle destrozada que tenía ante sí, fruto de los combates entre las FDPs cuando la mitad aprovecharon la invasión para independizar el planeta del Imperio bajo el mando de vete a saber que comandante, o eso escuchó en los discursos por las pantallas informativas, que normalmente se tiraban veintitres horas diarias rezando a Su Divina Majestad a todo volumen.

-¡Roy, aguanta!-Escuchó desde una especie de madriguera hecha de escombros apilados sobre lo que había sido un chimera, preparó su rifle automático, en el que metió un caargador nuevo de balas perforantes, tras lo que procedió a acercarse silenciosamente al lugar desde la fachada de un edifico dañado por los bombardeos continuos.

-No te preocupes, solo es un rasguño, sabes que esos invasores no son nada peor de lo que conocemos.-Contestó un hombre de voz entrecortada.

El mercenario caminó lentamente, para acabr poniéndose en posición de ataque mientras apuntaba con su arma al interior del chimera, para ver a un hombre y una mujer vestidos con ropas simples, el hombre, vestido con un traje común en los distritos marginales como ese, parecía fuerte, que además se sumaba a lo amenazador que parecía con su cabeza rapada y las cicatrices de su rostro, aunque quizá fuese por las luces rojas de emergencia que había en el interior del chimera.

Tenía una herida en el estómago, que era taponada por una mujer de piel clara y mirada intensa, que vestía el uniforme de la banda de los Escorpiones Púrpuras, que consistía en unos vaqueros roídos sobre los que había una camiseta blanca y una chaqueta oscura con el emblema de un escorpión púrpura, indicando que era miembro de la banda del mismo nombre.

-¿Quienes sois?-Preguntó el mercenario, que entró en el chimera con un par de pasos firmes, sin dejar de apuntar a los desconocidos.

-Soy Aira, este es mi hermano, roy.-Dijo la mujer a modo de presentacion, mirando hacia Anrok, dejándole ver  que tenía un pelo largo con la mitaz izquierda de su flequillo rapado al dos, en contraste con el resto de su cabellera.-¿Y tu quién coño eres?

-No importa.-Dijo mientras guardaba su arma moviéndola con la correa que los mantenía unidos hasta ponerla en una posición que le permitiera tenerla a mano y poder moverse a la vez.-Parece que tu hermano está herido.

El mercenario lo confirmó al poder acercarse un poco para ver la herida sangrante, casi invisible a causa de las luces rojas, para luego buscar entre algunos compartimentos cerrados del habitáculo.

-¿Qué buscas?-Pregunto Aira.

-Vendas y antibióticos, se supone que esto es un vehículo militar, asi que sería normal que tuviesen algún botiquín.-Contestó el mercenario, que abrió un compartimento lleno de cosas aparentemente inútiles, que sacó minuciosamente, hasta encontrar una caja en la que, bajo un emblema imperial que destacaba ponía

con letras claras Botiquín de Primeros Auxilios.

Abrió el Botiquín en una silla acoplada a la pared, para abrirlo con un clack metálico y descubrir una selección de vendas, desinfectantes y antibióticos, además de unos cuantos frascos de tranquilizantes con inyectores racionalizadores.

Arrojó un pequeño frasco de desinfectantes y un rollo de vendas a la mujer, que  inmediatamente aplicó a Roy, que se quejó doloridamente mientras se aplicaba el tratamiento.

-Cuando termines inyéctale un antibiótico.-Dijo mientras dejaba preparado dentro del botiquin los objetos que creía que el tipo iba a necesitar.-Si puede caminar sácalo de aquí, y llévate los tranquilizantes.-Comentó mientras salía del vehículo.

-Gracias.-Escuchó a sus espaldas por parte de la mujer, sin saber que el mercenario había conseguido sacar de los compartimentos una pistola láser y un par de cargadores para esta.


Avanzó por la misma calle, escalando un montículo de escombros que casi la bloqueaba hasta ver una encrucijada de calles en cuyo centro había una estatua del gobernador planetario, el cabrón que casi se rinde cuando los invasores llegaron, bajo esta pudo ver a un grupo de personas vestidas con ropas claras y que parecían armadas, junto a ellas habían otras dde ropas mas gruesas, que parecían ser uniformes.

El mercenario sacó de un bolsillo un catalejo digital, que encendió mientras miraba a los desconocidos, reconociendo rápidamente a los de colores claros como una de las bandas de mercenarios de la zona, los Hijos de Acero, uno de los grupos paramilitares mas peligrosos de esa parte de la megaciudad, estaban hablando con lo que parecían ser FDPs armados con los rífles láser de mierda que suelen portar, ajustó la mira para ver como en la hombrera visible de dos de los cuatro soldados había una estrella de ocho puntas sobre su tachado símbolo de regimiento.

Resulta que lo de la traición era verdad y no propaganda alarmista de los invasores.

Guardó el catalejo y avanzó intentando hacer el mínimo ruido posible conforme descendía evitando barras de hierro y demás objetos sobrsalientes, dado que no quería dañar su traje de combate, conseguido de un nicho olvidado de la mano del Emperador y que contenía cosas antiguas y muy avanzadas, posiblemente de la Era Oscura de la Tecnología, aunque lamentó tener que volarlo cuando saqueó todo lo que pudo, aunque bueno, nadie negó que fue una buena forma de morir, hasta se lo creyeron.

-Asi que quieres que tus amigos y tú os quedeís con esta parte de la ciudad,¿eh?-Dijo un soldado renegado, que ya fuese por la espada sierra que tenía apoyada contra el suelo y ambas manos o por los galones de su uniforme parecía el jefe.

-Así es, recuerda que cuando os rebelasteís tu y los soldados que iban con vosotros os salvamos el culo.-Contestó un hombre con una cutre armadura antifrag de mala calidad  y un casco metálico, ambos de color blanco.

Era el jefe de los Hijos de Acero.

El mercenario saltó desde el lugar malamente llamable cobertura hasta un coche volcado a modo de pared de metal, contra el que se apoyó mientras escuchaba a los ahora mas cercanos jefazos, que parecían algo cabreados, preparó su rifle automático y sacó una granada cegadora, que sostuvo con su mano zquierda para, estando en una esquina del muro improvisado, lanzarla rodando suavemente hasta que llegó de forma inadvertida a donde estaban ambos líderes junto a sus respectivas y próximas guardias.


Se hizo la luz y el sonido en un momento, dejando indefensos al total de los doce adversarios, que se revolvían quejumbrosamente, cagándose en la madre, el padre y el restod e familia de quien hubiese lanzado eso.

Anrok salió de su cobertura para disparar contra  un par de guardias de las FDP, acabando con uno e hiriendo a otro en el cuello, que lo dejó peor si cabe que el desgraciado del chimera, se giró hacia el grupo de mercenarios, siete contando al jefe, dos de los cuales disparaban al aire, todavía afectados, acabando sin darse cuenta con uno de los FDP traidores, que a su vez devolvieron el fuego, iniciando un borroso tiroteo de idiotas que le ahorraban a Anrok el trabajo y la munición.

-¡Parad de una puta vez, por los Dioses!-Bramó el líder de las FDP, para ver borrosamente como el líder de los mercenarios intentaba tomar su ejemplo, aunque un par de balas que atravesaron lo que cruelmente fue llamado casco se lo impidieron.

El mercenario vio con casi felicidad como con una simple granada cegadora  podías dejar tan desorientados y confusos a unos idiotas como aquellos, y con librarse de los que mas pronto reaccionaron, mejor todavía.

Pero Ankor no pudo disfrutar mucho del esectáculo, puesto que uno de los FDPs restantes miró en su dirección y disparó su rifle láser, fallando todos los tiros, pero creando un frente común a ambos grupos de asesinos.

-Esto me pasa por dejar que hagan entre sí lo que debería haber hecho.-Masculló para sí, saliendo de su cobertura lo suficiente como para disparar con su rifle automático contra los dos FDP restantes, viendo como los proyectiles perforantes quebraban esa tabla llamada armadura y se hundían el los torsos de sus dueños con una pequeña tormenta de sangre.

Se ocultó, viendo como una ráfaga, proveniente de los mercenarios restantes, unos cuatro, o tres, si no contaba al que tenía una herida en el brazo derecho no podía, despedaazaba un pequeño trozo de metal de su cobertura en la que momentos antes se había asomado.

Se preparó para continuar la reyerta mientras buscaba una granada de fragmentación, para verla en campo abierto, la muy cabrona no quería estar junto a él.

se levantó lo mejor que pudo cuando escuchó como se detenían los disparos, para asomarse y llevarse el mayor susto de su vida cuando evitó con un fortuito salto hacia atrás que el sargento herético lo decapitara con su espada sierra, que intentaba desgarrarlo con frenéticos bandazos chiriantes.

-¡Has derramado la sangre de mis hombres!-Gritaba como inmerso en furia asesina.-¡Ahora me toca a mi devolverte el favor!

El mercenario retrocedió hasta salirse de su cobertura, viendo a los mercenarios restantes destrozados por la espada sierra del sargento, que parecía estar como los del Barrio Verde antes de que las autoridades lo quemaran con sus ocupantes dentro.

El mercenario hizo una nota mental: Reparar los protectores sónicos que tenía en el bolsillo cuando saliese vivo, si salía.

Miró a su alrededor, para arrodillarse junto a la dramaturga granada de fragmentación que lo había abandonado y disparó contra la armadura del sargento, que parecía casi intacta, siendo capaz de aguantar bastantes impactos sin romperse, aunque un par de proyectiles se incrustaron y crearon pqueñas grietas.

Sonrió dentro de su máscara de gas, esa era la suya.

Tomó la granada del suelo y corrió, soldando su arma en el camino, para encontrarse con el sargento, que cargaba contra él dando bandazos con su arma durante los dosm etros que los separaban.

Se encontraron, el sargento dió un corte diagonal descendente hacia la izquierda, que el mercenario esquivó y aprovechó para golperale un par de puñetazos  y una patada en el costado izquierdo, viendo que se quejaba mientras dió un corte lateral, que Ankor evitó agachandose de una forma que fue mas fortuita que otra cosa, para segar con su pierna derecha las del renegado, haciéndolo caer, momento que aprovechó para pisar la mano que sostenía el arma, que intentaba levantar cuando eso ocurrió, tras lo que se apoyó casi completamente encima del sargento, que comenzaba a perder la razón todavía mas si cabe, llegando a gritar incoherencias que el mercenario simplemente ignoró mientras con su mano libre colaba entre su uniforme y la coraza pectoral una granada, para luego quitar la anilla en lo que rodaba hacia atrás, para acabar agachado de pie,levantándose y ocultándose tras el coche-muralla, escuchando una explosión nada mas hacerlo.

-Bien, y ahora.....-Dijo el mercenario para sí mientras volvía a recoger su rifle de asalto automático, con el que se llevó mejor que su hermano, y con casi cualquier ser vivo de la galaxia, o sin el casi, que estaba cerca de la masa sanguinolenta que era en otro tiempo el cariñoso Cabrón que quería acercarse tanto a él.

-¡Genial!-Dijo una voz femenina a su espalda, que reconoció como la de Aira, que resultó ser pelirroja, tanía un rifle láser que habría cogido del chimera, junto a él estaba su hermano Roy, que sonreía tambaleante, pese a utilizar una barra de metal como bastón, que permitió al mercenario ver que su herida ya vendada estaba tras una pistola láser en su funda.


Los tres se reunieron en la plaza, donde el mercenario estaba sentado en un bloque de piedra caído de la estatua, mirando a la pareja.

-Entonces......¿Quereís acomañarme?-Dijo el mercenario mientras examinaba al duo de pandilleros, que asentían.

-Si, porque este sitio está condenado, ya lo dijeron por las pantallas, por los altavoces, lo dijeron los soldados, lo dijo el soldado renegado que apuñalé, todo el mundo que conozco.-Respondió el hombre con un tono humorístico, que se frenó ante la impasiva mirada de la máscara de Anrok.

-Entiendo, yo también capté el mensaje.-Dijo mientras se levantaba.-Pero con lo peligroso que es todo necesito que si me acompaña gente, sea gente que sepa trabajar, defenderse y hacer las cosas como necesito que se hagan.-Terminó de decir mientras sacaba el cargador vacío de su rifle automático y metía uno nuevo con munición estandar, para luego mirar nuevamente a la pareja.-Y bien,¿qué sabeis hacer?

-Yo......se piratear cerraduras electrónicas.-Dijo la mujer con un tono algo temeroso, posiblemente porque sabía que su hermano podría ser abandonado por el hombre que tenían delante.

-Yo soy un buen guerrero, era encargado de seguridad en la Zona Rota.-Dijo, remarcando aquél puto infierno mal construido en el que las FDPs solo enviaban a soldados curtidos por su peligrosidad.

El mercenario miró a la pareja, tras lo que avanzó dejando atrás a la pareja, que no sabían si seguirlo o no.

-¿Venís o no?-Preguntó el mercenario cuando les llevaba casi diez meros de ventaja.-Recordad, ahora sosi parte de mi equipo, quiero que hagaís todo lo que sea preciso para que salgamos de aquí.-Dijo con un tono algo lúgubre.-Todo.....¿Queda claro?

No esperó respuesta, sabía que iban a decir que si, aunque lo mas seguro es que no sobrevivieran para toda la mierda que estaba acumulándose en la puta ciudad.




El trío caminaba tranquilamentepor una amplia calle, evitando de cuando en cuando algunos escombros o vehículos abandonados, hasta que escucharon un ruido, momento en el que se ocultaron tras un coche mal aparcado por culpa de una columna, el mercenario recordó cuando una multa por vete a saber que gilipollez era lo peroq ue pasaba en un sitio tranquilo, si viesen ese coche ahora.......

-Necesitamos que venga alguien a quien matar, esto es muy aburrido, escuchó decir a un hombre junto al sonido de pasos.

-Si, ya que solo folla el sargento con la puta esa que capturó necesitamos entretenernos, contestó otra voz masculina, perteneciente ahora que veía a un FDP renegado, que todavía lucía el símbolo de las fuerzas a las que antes servían, hizo una seña a Adia, que preparó su rifle láser desde la parte trasera del vehículo mientras Ankor hacía lo propio desde la parte superior del vehículo, contra la que se había apoyado.

La pareja de soldados renegados pasó junto al vehículo mientras continuaban quejándose de la vida de soldados de mierda que tenían y que deberían anunciar en los panfletos de reclutamiento.

-Ahora.-Dijo el mercenario, que le voló la cabeza al soldado mas cercano, que cayó limpiamente, la mujer aprovechó que el soldado restante se volvía contra su compañero, para derribarlo con una larga ráfaga de fuego láser, que dejó muchas marcas humeantes tanto en la piel como en las protecciones del soldado caído.

El mercenario se acercó a examinarlos, para alegrarse de que sus uniformes estuviesen practicamente intactos.

-Vosotros.-Dijo el mercenario mientras señalaba a la pareja.-Quiero que os pongais los petos y los cinturones, con eso igual aguantaís algo mas de lo que podría esperarse.-Dijo, haciendo señas a Roy para que les quitase la ropa, viendo como ponía una cara ofendida.

-¿Por qué quieres que medio desnude a estos tipos?Estan muertos.-Dijo con una leve cara de desagrado.

-Sé lo que había en la Zona Rota antes del bombardeo masivo, asi que no te quejes, seguro que has hecho cosas peores.-Dijo mientras se levantaba.-Además, no querrás que tu hermanita vea medio desnudos a dos cadáveres,¿verdad?

El hombre ladeó la cabeza, captando el mensaje mientras se agachaba y miraba a los pobres desgraciados que perdían la vida y medio uniforme el mismo día.

Y no cojas las protecciones con los símbolos, creeran que eres leal.-Dijo el mercenario, que se apoyó contra el coche tranquilamente.



Al cabo de casi media hora salieron de allí caminando tranquilamente, para ver lo que debió ser un campamento de las FDPs montado en lo que era una plaza, en el que se podian ver varios sacos terreros y otras barricadas, tanto planeadas como improvisadas, en entre las que se podían ver a varios soldados patrullando sus perímetros.

-Parece que solo trabajan como soldados cuando reniegan del Imperio.-Comentó el mercenario con un tono sarcástico mientras sacaba su catalejo, haciendo señas a sus compañeros para que se ocultaran con los rifles preparados.

A través de los aumentos pudo ver que había casi veinte soldados entre los cinco que había en las barricadas y los que charlaban y hacían vete a saber qué.

Pero fijó su mirada en lo que parecían ser unos sietoe u ocho postes de madera, cemento, metal o a saber que material, aunque le pareció mas interesante ver lo que había unido a ellos.

Guardias, tanto hombres como mujeres, solo tenían puestas sus ropas son ninguna protección o blindaje, vio que había tres sentados con marcas evidentes de disparos en el vientre y cabeza, si es que a la mierda deformada que tenía sobre los hombros se podía llamar cabeza.

-Atentos.-Dijo con una voz neutra mientras veía a tres prisioneros moverse levemente, iindicando que seguían vivos.-Quiero que armeís jaleo por aquí, tenemos que hacer que esos cabrones salgan.-Tras lo que guardó su catalejo y preparó su rifle automático,  a punto de disparar contra las posiciones enemigas, cuando vio que otros lo hicieron por él.

Eran soldados renegados, vestían con ropas peores que las de los del planeta, por lo que posiblemente eran los temidos invasores, que habían atacado a los primeros centinelas, que apenas pudieron devolver el fuego, pero dieron tiempo a los demás a prepararse, iniciando un tiroteo intenso entre las coberturas que ofrecía el campamento.

-Roy, quiero que tu hermana y tu os prepareís para lo peor.-Dijo mientras caminaba hacia el conflicto.-Porque si no lo haceís, cuando vuelva con esos prisioneros los que ganen nos van a petar el culo,¿entendido?-Dijo, casi bramando de forma militar eso último, tras lo que comenzó a correr, siempre de cobertura en cobertura, que una cosa era hacerse el héroe y otra ser medio gilipollas.



Avanzó por la carretera plagada de escombros y posiciones de tiro abandonadas hace tiempo para llegar a una barricada, justo a espaldas de un invasor que disparaba su rifle automático contra algún cabrón sin posibilidades, puesto que el rifle automático que llevaba parecía de muy buena calidad para lo que esos cabrones caóticos solían llevar, o eso tenía entendido en los anuncios motivacionales a las tropas que salían cada dos por tres en los altavoces.............hasta que el edifico de emisiones radiofónicas fue tomado por rebeldes.

Un par de ráfagas surcaron el aire sobre el escondite de Ankor, sobre el que vio caer el cadaver de un invasor con varios impactos en su armadura antifrag, algunos de los cuales eran agujeros que sangraban profusamente.

-¡Acabad con esos falsos creyentes!-Gritó alguien mas adelante, tras lo que avanzó hasta la siguiente barricada, formada por un pequeño muro del parque y unos cuantos sacos terreros, tras lo que preparó nuevamente su rifle de asalto.

Salió de su cobertura un momento, para comprobar para su alivio que solo quedaban tres de los ocho invasores y cinco FDPs, que parecían muy tocados, tras estos estaban los prisioneros, ahora eran uno menos, puesto que parecía que una explosión de granada mató a uno de ellos.

Corrió sin parar pero intentando ser sigiloso hasta posicionarse junto a una tienda de campaña utilizada por un soldado como cobrertura.

Apuntó al soldado, situado a casi tres meros y disparó una ráfaga, para luego mirar el patio mejor, viendo que dos FDPs habían caído y que uno de los invasores también.

Alzó su arma y disparó, acabando con otro de los FDP, oculto tras una esquina, para luego tomar su cobertura cuando los invasores restantes comenzaron a dispararle.

Contestó con impreciso fuego de su rifle mientras buscaba desesperado al último FDP, el oficial de la zona, si su intuición no le fallaba, y no supo si alegrarse o no cuando lo vio agujereado sobre una fuente seca utilizada como cobertura improvisada. Disparó saltando hacia un par de sacos terreros puestos  de forma improvisada, para poder ver así a los dos hijos de puta que intentaban freirlo a balazos, uno estaba herido en el hombro, pero apuntaba bastante bien, el otro estaba recargando su arma.

Y ambos, para la felicidad del mercenario, estaban sin cobertura.

Eso de que el caos hiciese a los idiotas creerse además superiores era bueno para su presupuesto de munición.

Disparó contra el herido, atravesando su mellada armadura y acabando con él, para luego disparar contra el otro, que intentaba cubrirse en vano cuando un casi fortuito disparo impactó contra su cabeza desprotegida, que cayó sobr el casco que debió haber perdido.

Benditas pérdidas.

Se levantó y recargó su arma, esta vez con munición perforante, para luego dirigirse hacia lo que quedaba del grupo de prisioneros, viendo a un hombre de aspecto fuerte que tenía una pequeña herida en el brazo derecho, y a una mujer rubia, que tenía la mirada caída, para alzarla, viendo al mercenario, que dio un respingo cuando la reconoció.

-Alana....-Musitó con un tono neutro mientras guardaba su arma y desataba a uno de los res prisioneros supervivientes.-¿No se suponía que habías muerto en el nicho?

-Se supone.-Contestó.-Pero la próxima vez no abandones a los tuyos tan a la ligera.-Terminó de decir casi con odio cuando sentía que el mercenario soltaba sus ataduras mientras el soldado rescatado hacía lo propio con su compañero.

El mercenario se levantó, viendo la escena, tras lo que hizo una señal agitando sus brazos, para ver como en lo alto de la colina sobre la que estaba esa mierda de calle se acercaban Adia y Roy.

-Oid, si veís equipo utilizable y armas en el campamento tomadlo, mis.........compañeros y yo montaremos guardia aquí, es la única zona defendible mientras os equipaís de una forma medio decente.-Terminó de decir mientras se apoyaba en uno de los postes de prisioneros mietnras los soldados buscaban hombreras y otras piezas de equipo lo mas intactas posibles, tanto sueltas como portadas por los cadáveres.

-parece que tienes amigos.-Comentó Alana con un tono suspicaz.-A ver cuanto te duran.-Comentó mientras se internaba en una tienda de campaña.

Cuando la lluvia se convierte en sangre.Editar

La escuadra puño de plata se encontraba resguardada en un bunker en la segunda "línea de defensa" de las fuerzas de defensa planetaria, las cuales saturadas por los renegados aguantaban como podían las posiciones. Kendrix sargento de aquella escuadra y uno de los mejores de su promoción permanecía en aquel bunker solamente con su escuadra, sosteniendo su espada sierra con las dos manos y con la pistola automática enfundada observaba el panorama, con una sonrisa malévola que dejaba intrigados a los miembros de su escuadra.

-Sargento Kendrix: ¡Debemos irnos! ¿Cuanta distancia tenemos de aquí al espaciopuerto? 

-Cabo Ankitson: Unos veinte kilómetros, pero Sargento tenemos que quedarnos en esta posición ¡Es una orden del Mando!

-Sargento Kendrix: ¡Al cuerno el Mando! ¡Están sumidos bajo la debilidad! ¡Nos dejaran morir aquí mientras ellos disfrutan de nuestras hazañas! ¡Ahora mismo deben de estar regocijándose entre sus riquezas! ¡Si queremos vivir tenemos que salir de este maldito agujero! ¡El Poder verdadero está tras esas puertas con nuevos señores! 

-Cabo Ankitson: Sé que el gobernador militante ha sido acusado varias veces de robo y malversación de fondos pero...

-Sargento Kendrix: ¡Nada! ¡Cabo únase a mi! ¡Sigame hasta la gloria y el nuevo poder! ¡Usted desea volver a pilotar cazas como hacía años atrás! ¡Usted odia permanecer en tierra tragando barro y sangre como si fuera carne de cañón!

-Cabo Ankitson: Tiene razón, El Emperador no nos protege, si nos quedamos aquí solo seremos pasto de las cucarachas después de se masacrados.

-Sargento Kendrix: ¡Exacto! ¡El Emperador no es más que un cadáver! ¡No nos protege! ¡¡Pero yo sé quien nos protege!! ¡¡Los Dioses!! ¡¡El Caos es la Autentica respuesta!!

Los tres miembros restantes de la escuadra no sabían que hacer con las palabras sin sentido para ellos de el sargento y el cabo, hasta que el más joven de ellos Terlok se acercó al sargento e intento calmarlo.

-Recluta Terlock: Sargento cálmese está seguro aquí El Emperador nos prote... -Antes de que terminara la frase fue asesinado a sangre fría por su sargento con la pistola automática.

Los dos soldados restantes se pusieron en guardia mientras gritaban horrorizados, uno de ellos murió con un disparo directo a la cabeza que realizó el cabo Ankitson, el otro soldado soltó su rifle láser y gritó al sargento.

-Recluta Paterson: ¡¡Alto!! ¡¡El Emperador es débil!! ¡¡Gloria al Caos!!

-Sargento Kendrix: Paterson, recoja su rifle, y abra la marcha hacía el Espacio puerto quiero comprobar su lealtad a los Dioses ¡¡Gloria al Caos!!

Los tres miembros de la antigua y destacada escuadra de puños de plata salió del bunker con sus armaduras antifrag pintadas con la sangre de sus antiguos compañeros al igual que equipados con más armas, munición y granadas. Kendrix quería ir al espacio puerto y así se iba a hacer.

Con el ruido de disparos y explosiones de fondo, Kendrix y sus compañeros avanzaron por las calles con sigilo viendo como huían los ciudadanos del planeta e incluso viendo como los arbites los guiaban hasta lugares "seguros" un joven oficial de la guardia estaba supervisando sobre unos sacos de arena como evacuaban a los ciudadanos mientras era acompañado por cinco hombres, el oficial condecorado con varias medallas, parecía ser un mandado del mando para satisfacer y apaciguar a los ciudadanos y guardias desesperados, muchos de ellos habían perdido la fe en el Emperador, además de que varios de ellos estaban cansados del maltrato propinado por las fuerzas del Emperador; fuerzas que en una época les daban esperanza ahora les dan desesperación, muchos de los guardias de aquella escolta estaban inquietos. 

Los tres renegados avanzaron entre los edificios en ruinas hasta flanquear la posición del oficial que ahora estaba solo con esos cinco hombres, los cuales tres miraban con odio al oficial, cada vez que el oficial decía un discurso "alentador en nombre del Emperador" se veían como uno de esos tres guardias negaba con la cabeza, el otro escupía y el tercero susurraba para si, mientras miraba nerviosamente para todos los lados, los dos guardias restantes permanecían impasibles. 

En un momento dado, uno de los inquietos guardias escupió a la cara al oficial, este indignado lo amenazó con su pistola bólter mientras lo sostenía por el cuello, los otros dos comenzaron a apuntar a los guardias recios que protegían al oficial.

-Sargento Kendrix: ¡Es nuestro momento! ¡Por el Caos!

Paterson y Ankitson con dos disparos certeros a pecho y cabeza acabaron con los escoltas del oficial, este sorprendido por aquel ataque desenfundó su espada sierra y acabó con el guardia que le escupió, pero Kendrix se acercó rápidamente y comenzaron a combatir. 

El oficial totalmente enfadado por aquella traición lanzó un tajo ascendente con su espada sierra pero fue bloqueado por Kendrix de manera rápida y tras esto le propinó un puñetazo que le dejó sangrando la nariz, el oficial avanzó para golpearlo, pero su plan falló Kendrix lo esquivó y le dio una patada haciéndolo caer, tras esto lo atravesó con la espada sierra salpicando de sangre todo su uniforme, su sonrisa de satisfacción era palpable.

Los dos soldados bajaron las armas y al ver que las armaduras de Paterson y Ankitson estaban cubiertas por sangre decidieron cubrir las suyas con la sangre del oficial, mientras que cortaban tiras de piel del oficial y se las ponían en la armadura. Kendrix como trofeos cortaba las manos de todo enemigo que mataba y las guardaba en una bolsa de tela. 

Los dos soldados se presentaron como Terrin y Herrin hermanos que habían vivido durante mucho tiempo solos e iniciaron su fe al Caos desde jóvenes. Seguirían a Kendrix hasta el Espaciopuerto y más allá...

Pelotón de Francotiradores sector Nova Secundus.

Alkgor Gottward líder del pelotón de francotiradores estaba en un edificio supervisando el avance enemigo, el y sus dos compañeros habían volado 20 cabezas heréticas hasta el momento y seguían en aumento, su segundo al mando el egocéntrico Zirk Alther el cual fue degradado dos rangos por desobediencia a uno de los nobles planetarios. Zirk estaba harto de la organización y la ineptitud del imperio de la humanidad, estaba harto de que tuvieran que inclinarse ante un cadáver, y lo que le enfadaba aún más era que su familia hubiera muerto por ser enviados a morir para proteger a un maldito sacerdote del Emperador. 

Zirk aprovechando que sus dos compañeros estaban tumbados disparando a los herejes, desenfundó su cuchillo de combate y su pistola automática, y mientras le clavó el cuchillo al cuello de Gottward y atravesó el cráneo de su otro compañero con la pistola; mientras Gottward agonizaba por la puñalada le quitó el cuchillo de la herida, escupió a la cara de su antiguo líder tomó todos los pertrechos, munición y armas necesarias, incluyendo el rifle de francotirador y se fue del edificio harto ya de tanta escoria imperial. Su primer paso sería matar al sacerdote luego averiguaría la manera de abandonar ese planeta asqueroso.

¿Família?Editar

Arkin abrió su cartera, y observó una foto: Su mujer, sus dos hijos y su hija, y sus nietos. Se preguntó donde y como estarían. La evacuación alló, sus nietos murieron en el accidente en el transporte. Él los había visto morir engullidos por las llamas. Solo pudo correr, correr hacia un edificio y esconderse hasta que ese grupo de degenerados pasase. Los observaba por la ventana, con un cuchillo con el que se había provisto en la cocina del piso en el que se refugiaba ahora escondido en el bolsillo izquierdo de sus pantalones. Arkin rastreó el piso en busca de armas, hasta encontrar una escopeta de correrdera y algo de munición en un armario.

-Esto ayudará bastante.- Pensó para sus adentros, mientras cogía el arma y la cargaba.

Tras bajar las escaleras, salió la calle agachado, donde usó las ruinas por la calle para moverse sin ser visto. Cruzó dos calles sin ser visto, cosa que agradeció. Cogió sus llaves del bolsillo izquierda de la chaqueta y abrió la puerta de abajo. Observó las paredes llenas de símbolos heréticos, sangre y restos humanos. Subió por las escaleras durante tres pisos, se acercó la puerta de la izquierda, introdujo su llave, preparó el arma, giró la llave, y empujó lentamente la puerta, haciendo asomar primero el cañón del arma, y luego su cuerpo. Observó que en el salón principal no había nadie, pero había mucha sangre. Cerró la puerta detrás suyo y empezó a andar, pero se aturó al oír voces. Volvió al recibidor corriendo a través del pasillo, tomó cobertura y escuchó lo que decían las voces.

-Ha llegado alguien a casa.- Dijo una voz masculina.

-Vamos a ver quien será.- Dijo una voz femenina.

El viejo tragó saliva al reconocer ambas voces, cogió bien su escopeta y salió de su cobertura corriendo. Al llegar al salón observó a un hombre y una mujer vestidos con ropa sencilla y con símbolos heréticos marcados en la frente.

-Nunca me has caído bien desde que te conocí.-Dijo Arkin mientras cargaba un cartucho en el arma-Y cuando te casaste con mi hija me caístes aún peor. Pero esto es intolerable. Convertir a mi hija en un cultista mas, y encima intentar matarme.-Arkins cargó un segundo cartucho en el arma-Has desestabilizado a mi família, y ese hecho és intolerable.

Arkin apuntó su escopeta al hombre, y disparó, reventandole el pecho. La mujer al lado del hombre se avalanzó desenfundando un cuchillo de cocina, pero fue bloqueada por un impacto de la culata en su estómago. Arkin aprovechó ese momento para golpearle con la culata en la nuca, dejandola inconsciente. Arkin andó hacia un armario, cogió unas cuerdas y las dejó en la mesa del comedor. Luego cogió a su hija, la sentó en la silla y le ató las manos, los pies y la ató a la silla. Fue hacia la cocina, cogió una botella de amasec, dos vasos y unos cuantos cubitos de hielo que puso en cada vaso. Puso los cubitos en los vasos, los cuales llevó a la mesa. Llenó el de su hija y lo dejó delante suyo, luego llenó el suyo y lo dejó delante de su silla. Se sentó, dejó su escopeta al lado, apoyada en la mesa y esperó a que su hija despertase.

Tras media hora

Los cubitos estaban a medio-deshacer, el hombre observaba los ojos de la mujer, que despertó abriendo sus ojos lentamente.

-¡Libérame, sucio esclavo del emperador!- Gritó la hija de Arkin.

-Hija, ahora mismo esas palabras te parecerán lo mas sábio que puedes decir, ahora, pero tu eres mi única familia de la cual sé que está viva. Vendrás conmigo y saldremos de este planeta juntos, sin importar como o en quien creamos. Cuando crezcas tendrás idea de lo que hablo.- Arkin cogió el cuchillo de su bolsillo, y cortó las cuerdas. Su hija lo observaba, y si las miradas matasen, Arkin ya estaría muerto. Pero a él le daba igual. Debían salir de ahí, y ella lo sabía. Quizá su padre fuese la única manera de propagar la liberación absoluta de las garras del Cadaver.

-Vamos, Loika, ve a ponerte ropa mas cómoda que esos harapos.- Dijo Arkin mientras andaba hacia su habitación con su escopeta en manos. Al llegar a su habitación se puso una camisa de manga corta de color negro con el dibujo de un puño blanco cerrado. Debajo del puño había escrito: "Escuadra Puño Blanco, Fuerzas de Defensa Planetaria de Dtersium Tercius".También se puso unos pantalones cómodos de un color gris oscuro y unas botas de color verde oliva. Cogió una pequeña mochila que se colgó en la esalda. Al salir de la habitación observó el comedor vacío. Al cabo de dos minutos su hija salió de la habitación con una camiseta de color azul brillante, unos pantalones cortos y bambas. Se había recogido el pelo hacia atrás en una coleta. El hombre se levantó lentamente, andó hacia su habitación otra vez, y volvió con una pistola entre manos, la cual dio a su hija.

-Esto te servirá hasta que encontremos algo mejor. Ahora sígueme, Loika.

Loika asentió, y caminó tras su padre con la pistola entre manos. La hija tenía la estrella del caos que se había hecho con un cuchillo en su piel en el brazo derecho, y la llevaba expuesta. Arkin sabía que su hija podría abrirse paso entre los cultistas, y él entre los imperiales. Quizá huir sería más fácil de lo que pensaba.

Tras salir del edificio, se miraron el uno al otro.

-Iremos a por un vehículo, luego iremos hacia el espaciopuerto y nos haremos con una nave. Iremos a Dtersium Secundus y nos haremos con un pequeño hogar. Ahora hay que pasar a través de varios gruos tanto de cultistas como leales. Nos cubirmos las espaldas el uno al otro y nos largamos de este infierno como si fuesemos jodidos fantasmas. Vamos, hacia el espaciopuerto. Atenta a las calles, las esquinas, las sombras y los ruidos. Quizá si matas lo suficiente puedes "caele bien" a tus "dioses".

Arkin se puso delante, con la escopeta lista. Loika lo seguía lentamente con la pistola entre sus manos. Podría matarle ahora mismo, pero, ¿entonces como iría su plan de fuga?. Mejor esperar...

Tras dos horas de viaje sin interruciones

Arkin y Loika entraron en un edificio, subieron dos pisos y entraron en una habitación para registrar en busca de alimentos. Tras encontrar varias latas de comida y botellas de bebida, oyeron voces en la calle. Observaron a través de la ventana como un grupo cultistas andaba y hablaban entre si sbre sus cosas. Arkin se giró y volvió a rebuscar, escuchando las voces alejarse hasta que oyó a Loika gritar.

-¡Hola, chicos!

Arkin suspiró, y oyó a los cultistas soltar multiple insultos contra Loika, su madre y él mismo. Se acercó a Loika, a la cual arrastró al interior.

Imagenes representativas, diseños  y demás.Editar

Tropas Godnas

Infantería de reconocimiento Godma