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Mi nombre es Vinne, Tharrus Vinne. Antiguo capitán del disuelto pelotón Vinne, de la 4ª compañía del 712º de Granaderos Nametherianos.

Khopesh fue un desastre. La mayoría de mi ya reducido pelotón cayó en combate, y exceptuándonos al cuadro de mando y a mí, los supervivientes fueron transferidos al SICOM para realizar maniobras especiales y unirse después a sus filas.

El asesino infiltrado en el regimiento resultó ser uno de los miembros más recientes de mi pelotón, y perdí a varios buenos hombres por su culpa. La Inquisición estuvo a punto de abrirnos una investigación, pero el Emperador quiso que el general Di Sera testificase en nuestro favor y nos salvara de la hoguera al comisario Arridae, al teniente Namhein y a mí.

Tras la pesadilla de Khopesh, el mando del regimiento nos reubicó al cuadro de oficiales del pelotón Vinne, y acabamos en el 2º pelotón de la 3ª compañía, la apodada Los Inmortales.

La 3ª compañía era la más veterana del regimiento, y su nombre venía dado por el récord de supervivencia en batalla que ostentaban sus miembros. 

Los Inmortales acababan de perder a uno de sus oficiales al mando y a uno de sus líder de escuadra, de manera que teníamos puestos que ocupar y funciones que desempeñar. Desconfiaban de los ajenos a su compañía, y ahí nos incluíamos nosotros.

Pero estábamos destinados a grandes cosas. Todos.

Capítulo unoEditar

- ¡Aquí Eco cuatro, los tenemos en la cola!

- Recibido, Eco cuatro. Procediendo a atacar.

- ¡No! ¡Debéis escoltar al transporte! Intentaremos librarnos de ellos.

- Recibido. Buena suerte, cabo. 

El Avenger hizo una acrobacia y pasó a escasos metros de un edificio gravemente vulnerado por los efectos del combate. Al seguirlo, uno de los guerreros tiránidos alados chocó contra el rococemento de la estructura y quedó aplastado contra él. Los otros cinco siguieron su persecución, disparando bolas de ácido por sus armas-apéndice, vulnerando el blindaje del caza, que humeaba por la corrosión que acosaba las placas de ceramita del aparato.

- ¡Estabiliza, estabiliza!- Exclamó su artillero- Voy a intentar abatir a los que pueda.

- ¡No! Imitan nuestra velocidad de alguna forma, ¿No lo has visto?- Apretó los dientes- Si mantengo la velocidad y nos quedamos quietos...seremos un blanco fácil.

- ¡Sólo dos segundos, Mikhal! Mataré a uno o lo intentaré. No perdemos nada- Dejó de disparar la ametralladora pesada y sustituyó su cinta de munición- Estamos muertos de todas formas.

Mikhal se mordió el labio inferior y asintió. Hizo un tirabuzón para intentar perder a las bestias aladas, y al ver que no surtió efecto y a su alrededor seguían volando las descargas de ácido, estabilizó su rumbo y velocidad, dando un blanco fácil a los tiránidos, pero dando una gran oportunidad a su artillero de poder acertar a sus perseguidores. 

Tak se concentró en la cruceta roja que las lentes de sus gafas proyectaban directamente en su retina, y que estaba calibrada para que sirviera como mira de la ametralladora pesada que estaba en la parte trasera de la cabina. Amartilló el arma y encaró a uno de los guerreros tiránidos en un sólo segundo, y en el siguiente lo abatió con una descarga de disparos de gran calibre que penetró su caparazón y lo atravesó de lado a lado, rompiendo sus huesos, haciendo estallar su caja torácica y arrancando de cuajo una de sus alas. El alienígena cayó en picado sangrando abundantemente de sus muchas heridas y rugiendo con una rabia animal. Y mientras tanto, Mikhal había vuelto a acelerar y a hacer maniobras evasivas para esquivar los disparos de ácido.

- Buen disparo- Felicitó a su artillero.

- No cantes victoria tan pronto- Respondió él mientras volvía a disparar, intentando acabar con otro más. Las balas impactaban ocasionalmente en sus caparazones y herían a las criaturas, pero por desgracia  eran muy resistentes- Aún quedan cuatro.

Mikhal asintió y se dirigió a toda velocidad hacia un rascacielos humeante.

Se le había ocurrido algo. Algo genial. 

El caza dio un bandazo cuando una bola de ácido impactó en uno de sus rotores laterales, pero por suerte no llegó a dañarlo seriamente. El piloto apretó los dientes, rezando para que no le acertasen más disparos y procedió a ejecutar su ingeniosa maniobra. Se acercó al gigantesco edificio por la izquierda y lo rodeó lentamente, esperando a que los Tiránidos lo rodeasen también por el mismo lado.

Lo hicieron.

Aceleró y dio una vuelta completa al rascacielos, cogiendo por la retaguardia a los guerreros alados. 

- ¡Tragad plomo, cabrones!- Gritó a pleno pulmón mientras activaba el cañón de asalto frontal del Avenger. Los cañones empezaron a rotar cada vez con más velocidad, y en un segundo una cascada de grandes proyectiles explosivos se dirigió hacia los xenos.

Dos de ellos cayeron rápida y limpiamente, con las alas y los torsos destrozados, dejando una estela de icor verde mientras caían a plomo hacia el suelo. Mikhal llevó su dedo índice hacia el gatillo secundario de su palanca de disparo mientras no levantaba el pulgar del gatillo principal, que disparaba el cañón de asalto. Dos rayos azulados que brillaban con gran fuerza salieron del cañón láser que había bajo cada ala y desintegraron a un tercer guerrero tiránido. Otra andada del cañón de asalto mutiló el ala derecha del último alienígena, que dio violentos bandazos en el aire, sin poder controlar su rumbo. De repente, antes de que Mikhal lo pasara de largo para dejar que se estrellase contra el rascacielos por su cuenta, el tiránido agarró con una de sus extremidades garrudas el ala derecha del Avenger, que se desestabilizó durante dos segundos.

- ¡Mik! ¿Qué ha sido eso?- Chilló Tak.

- ¡No lo sé!- Y súbitamente el costado derecho de la cabina estalló, llenando el aire de fragmentos de cristal antibala. Mikhal se percató de que el último xeno se había subido a su caza, y estaba dispuesto a acabar con él aunque fuera con sus garras. Por toda respuesta, gritó- ¡Sangre del Emperador!

El Tiránido gruñó, babeante y elevó sus dos brazos superiores para acabar con el piloto. Pero el miedo y la sorpresa actuaron en él, que desenfundó con gran rapidez su pistola automática y la disparó contra el cráneo del polizón mientras blasfemaba a voz en grito. Los casquillos de bala perforante volaron por doquier e inundaron la cabina hasta que, con un chasquido, el último y humeante cartucho salió del arma. 

-¡Mik! ¿Qué cojones pasa?

Mikhal tragó saliva y miró a la bestia. La parte frontal de su cara que no estaba protegida por la larga placa ósea de su frente había quedado reducida a una pulpa verduzca e informe. El cadáver del xeno quedó anclado al ala del caza mediante las largas garras de sus patas.

- ¡Mik!

- Ya está, Tak- Jadeó- No me lo creo ni yo.

- ¿Estás bien?

- He estado mejor...Por El Emperador, necesito un cigarrillo.

Con un suave giro de volante, colocó de lado el caza y se dirigió hacia el rascacielos de nuevo. El gigantesco cuerpo de la criatura tiránida se meneaba hacia atrás por la velocidad del Avenger. Mikhal aceleró y pasó a un metro escaso del edificio, destrozando el cadáver del guerrero tiránido al chocar contra el rococemento del rascacielos, que quedó manchado de icor, carne pulposa y trozos de quitina. Las patas seguían enganchadas al ala derecha del Avenger, y se movían junto al caza.

Mikhal sonrió para sí. Una victoria en medio de todo aquel caos.

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- Nos acercamos a la ubicación de Delta siete, capitán- Dijo el piloto a través de los altavoces de la cabina, que sonaron con un tono metálico en el compartimento de carga.

- Recibido- Respondí. Hice señas a los dos soldados que manejaban las ametralladoras rotatorias que flanqueaban ambos lados de la puerta lateral de la nave de carga, que era tan larga que los separaba casi cuatro metros al uno del otro. Asintieron y se prepararon. Los cañones de las armas comenzaron a girar lentamente con un suave zumbido de su maquinaria interior.

Los soldados de las ametralladoras eran de mi pelotón, de mi escuadra de mando, para ser exactos. Uno de ellos era el cabo Iskias, el técnico de comunicaciones de la escuadra. Su expediente no dejaba demasiado claro el porqué de su ingreso en la 3ª compañía, pero podía asegurar con total seguridad que era excelente en su trabajo y que no se le daba nada mal combatir. El muchacho era joven (debería rondar los veintitrés años) y de estatura media, el pelo castaño claro y rizado, corto para que no le molestase. Su rostro, pálido y bien formado, reflejaba su juventud, pero también las penalidades por las que había pasado, que por experiencia propia sé que no habían sido pocas.

En la otra ametralladora, la de la izquierda, se hallaba Bandher. Por supuesto, no era el Bandher de mi antiguo pelotón, sino uno de sus familiares (Bandher había nacido dentro del regimiento, al igual que sus hermanos) Sin embargo, ambos tenían multitud de factores comunes. Por enumerar unos pocos, ambos eran soldados excepcionales, poseían unos cuerpos trabajados y de buen ver, tenían la cabeza rapada y poseían una gran pericia con las armas, fueran del tipo que fueran. Eso sí, había una diferencia bastante importante entre ambos.

Maia Bandher era una mujer.

Al igual que su hermano, era alta (rondaría el metro ochenta) y frecuentaba el gimnasio durante un par de horas siempre que le era posible. Era profesional y poseía una mentalidad íntegramente marcial, y, al igual que la inmensa mayoría de los habitantes de Namether, matizada por ideas progresistas e innovadoras. En la cabeza rapada podía atisbarse una sombra castaña, y sus ojos, normalmente entrecerrados y de iris morados al igual que todos los cadianos estaban  fijos en esos momentos en la ciudad que sobrevolábamos, que estaba devastada por el ataque de los Tiránidos. 

Maia me miró durante un segundo para atraer mi atención e hizo una señal con la cabeza en dirección a un edificio negro de oficinas exageradamente alto. Asentí. Delta siete estaba en la azotea, combatiendo contra los tiránidos que reptaban por las paredes del edificio para asaltarlos por todos sus flancos. 

Nuestra misión era sencilla en la parte teórica, pero en la práctica había resultado un verdadero desafío. Debíamos evacuar a los elementos de la 3ª compañía que quedaron atrapados en la ciudad mientras la defendían del ataque tiránido. Una parte del pelotón había sido destinado a esta tarea, divididos en equipos de seis en naves de carga Anchora, largas y anchas naves cilíndricas sin alas ni más armamento que las ametralladoras rotativas que flanqueaban la puerta de acceso, que se encontraba en el lado derecho. No estaban diseñadas para el combate, pero contaban con un blindaje más que aceptable y podían transportar hasta treinta soldados en ellas. Cada Anchora estaba escoltada por un escuadrón de tres cazas Avenger para defenderla de los tiránidos voladores y para brindar cierto apoyo a las tropas a evacuar mientras no podían defenderse. 

Nosotros habíamos perdido uno de nuestros cazas escolta en combate, y otro más se había desviado para librarnos de media docena de guerreros tiránidos alados. No habíamos vuelto a saber nada de él.

Gruñí, inquieto. Odiaba perder hombres, aunque no formaran parte de mi compañía. 

Comenzamos a oír los disparos de Delta siete, que estaban formando en corro en el centro de la azotea del edificio, disparando con sus rifles láser a todo lo que se movía. Los tiránidos trepaban por las paredes exteriores del rascacielos y saltaban a la azotea para ser rápidamente rechazados por ráfagas de láser y granadas de fragmentación.

- ¡Eh! ¡Aquí, en el tejado!- La voz del sargento Tresser de la escuadra Delta del séptimo pelotón sonó en mi comunicador privado.

- Recibido, Tresser, vamos hacia tu posición mantenedlos a raya un poco más.

Apagué el aparato y me sujeté con más fuerza al asa metálica que caía del techo de la Anchora cuando la nave comenzó a virar y bajar lenta y pesadamente hacia la azotea. Iskias y Maia dispararon las ametralladoras contra los cientos de gantes y guerreros tiránidos que inundaban los muros exteriores del edificio. Las balas de gran calibre llovieron sobre las criaturas de la Mente Enjambre, destrozándolas sin piedad y dejando que sus cadáveres despedazados cayeran al vacío al dejar de sujetarse al rococemento. Los casquillos vacíos caían a raudales desde la Anchora y dejaban débiles estelas de humo.

- ¿Tienen heridos?- Me preguntó el médico de la escuadra, Tholl, desde el otro extremo del compartimento de carga.

- No parecen tenerlos- Le respondí- De momento.

Él asintió y se volvió para vendar las heridas del torso de un soldado que habíamos evacuado unos minutos atrás. Tholl era alto y llevaba una recortada barba rubia, al igual que su pelo, rodeado de una cinta de tela negra. El Nartheicum que llevaba en el antebrazo izquierdo estaba ligeramente mellado y lleno de manchas de sangre, y la multitud de portaequipos que llevaba en su peto y cinturón estaban abiertos, con tiras de vendas o botes de analgésicos asomando por ellos. 

- ¡Treinta segundos para destino!- Dijo el piloto.

El Anchora dio una lenta vuelta al edificio, con las ametralladoras rotativas disparando sin pausa sobre la  rampante marea tiránida, que ahora también estaba siendo atacada por los Avenger y sus cañones de asalto. 

- ¡Disparad a los que estén más cerca de la azotea!- Ordené a Bandher y a Iskias, que obedecieron rápidamente y fijaron nuevos objetivos.

Tras el lento rodeo, el Anchora se situó sobre el centro de la formación, con las ametralladoras barriendo a los tiránidos que se acercaban demasiado al flanco derecho de los Inmortales. Desenfundé mi revólver de su funda en mi vientre y apunté a la maraña de quitina marrón y piel grisácea. Disparé una vez, dos, tres, y así hasta acabar los ocho tiros del cargador. Todos los disparos dieron en sus dianas, y todas ellas perecieron bajo las puntas blindadas de las balas de alta penetración. Enfundé de nuevo el arma e hice señas a uno de los soldados que habíamos rescatado para que lanzase la escala de cuerda a las tropas de abajo. Él obedeció rápidamente tras asentir y aseguró uno de los extremos de la escalinata al suelo de la Anchora mediante un par de salientes metálicos con cierres de accionamiento manual que encajaban en las argollas metálicas de los extremos de la escalera. 

En cuanto la escalinata estuvo desplegada, el primero de los Inmortales comenzó a retroceder lentamente hasta situarse en el centro de la formación, donde asió la escala y comenzó a subir por ella hasta que llegó al Anchora, que volaba a unos escasos ocho metros de la azotea. Él me saludó, se situó cerca de mí y disparó su rifle láser en ráfagas largas contra los alienígenas.

La formación fue haciéndose más pequeña y juntándose más cada vez que un guardia subía a la nave de carga. Los Avenger hicieron un par de pasadas en la azotea para contener a los xenos, que seguían apareciendo sin cesar por doquier. Cuando el último Inmortal se quedó solo en la azotea, agarró la escala y el Anchora comenzó a elevarse, levantándolo del suelo y librándole de las garras de los tiránidos mientras subía hacia el compartimento de carga. 

Los soldados recién rescatados nos dieron las gracias y se dispusieron a ocupar sus asientos. Estaban terriblemente exhaustos, peor no veía ni miedo ni desesperación en sus rostros. Sonreí. No por nada eran Inmortales. 

Aproveché la pausa para recargar mi revólver mientras, a nuestra espalda, los dos Avenger de nuestra escolta disparaban sus cañones láser hacia el rascacielos, cuyas plantas superiores comenzaron a desmoronarse...junto a todos los tiránidos que estaban sobre ellas. 

- Bien hecho, pilotos- Les felicité.

- Llevaban un rato pidiéndolo a gritos- Bromeó uno de ellos.

Iskias lanzó una maldición y se pasó una mano por el pelo rizado, húmedo de sudor. 

- Ya casi no me queda munición, capitán. Espero que no tenga intención de seguir con esto mucho más tiempo.

Bandher asintió. Ella estaba igual.

- No os preocupéis- Añadí, mirando primero a Iskias y luego a Bandher (estaba entre los dos)- Klee ya no detecta más supervivientes en este área- Miré hacia atrás, hacia los casi treinta soldados que habíamos rescatado. Algunos estaban sentados mirando al suelo, demasiado cansados como para hacer algo más. Otros atendían a sus heridos junto a Tholl- Y ya casi estamos llenos. No podemos arriesgarnos a seguir dando vueltas por aquí con toda esta gente con nosotros. 

Iskias asintió.

- Detecto una última escuadra, capitán- Keel me agarró la manga de la chaqueta- Hacia el norte, a dos minutos, creo que están en un cuartel del Arbites.

Keel era el psíquico del pelotón, tal como lo había sido Kyle en mi antigua unidad. Era (al igual que todos los psíquicos del regimiento) un telépata, y su función era más táctica y comunicativa que ofensiva. Era demasiado joven a mi parecer, pues acababa de cumplir los diecisiete tan sólo unas semanas atrás. Era alto y delgado, con el pelo castaño oscuro en largas rastas y los ojos del mismo color. Su gabardina de psíquico carecía de mangas y los implantes neuronales que tenía en ambas sienes quedaban casi ocultas por sus rastas. Debido a la relativa aceptación de la que gozaban los psíquicos (sólo los autorizados) en Namether, Keel no tenía problema para mezclarse con la tropa, y era habitual que se viera envuelto en sus comunes peleas o riñas. Sin embargo, de ser necesario, Keel demostraba una gran sagacidad y agilidad mental.

- Tendremos que bajar mucho para llegar hasta ahí. Es muy arriesgado- Respondió Bandher.

Me encogí de hombros.

- Las órdenes son las órdenes, cabo- Asentí a Keel para darle las gracias y me llevé un dedo al comunicador de mi oreja derecha- Piloto, hay un último grupo. A dos minutos aproximadamente hacia el Norte. En un cuartel del Arbites.

- Recibido, capitán- Respondió él- Estamos casi llenos ya, espero que sea el último grupo.

- No se preocupe, es el último.

- Recibido- Y cortó la transimisión.

Bajé la mano y me quedé mirando hacia la jungla de rococemento, acero y cristal que se extendía bajo nosotros durante kilómetros y kilómetros. Columnas de humo se elevaban desde todos sitios, muchos edificios eran pasto de las llamas, y los destellos de los disparos de las baterías antiaéreas y de los combates aéreos iluminaban el cielo nocturno. Divisé también un enorme biotitán siendo acosado por nuestra aviación a lo lejos. Muy lejos, por suerte para mí. En el distrito industrial los combates se sucedían con infinita violencia. Las columnas blindadas avanzaban sin pausa flanqueadas por compañías de infantería. Los distritos residenciales hacía horas que habían sido tomados por los tiránidos, como todo el este y el sur de la ciudad. 

Las fuerzas Imperiales defensoras y sus refuerzos se habían replegado hacia el centro de la gigantesca ciudad, hacia la monumental plaza del palacio del gobernador planetario, donde habían montado una defensa exageradamente capaz, que tenía órdenes de aguantar hasta que la flota de evacuación llegase. Personalmente, ya había visto otras veces lo que los tiránidos pueden hacer, y sabía que podía dudar de cualquier defensa que pudiéramos preparar.

El Anchora comenzó a bajar lentamente, con los dos cazas Avenger volando a unos cuantos metros a derecha e izquierda de la nave. Miré más abajo. Esa zona era un desierto. Los edifcios ardían o se caían a pedazos, pero no había rastro de tiránidos por ningún lado. Miré a Keel y le hice un gesto para que me prestase atención:

- ¿Detectas algo?

Él asintió.

- Están dentro de los edifcios. No puedo contarlos, pero son cientos.

Hice una mueca de asco y le di las gracias. Para asegurarme, pulsé un botón de mi brazal derecho y éste desplegó una delgada pantalla integrada en la prenda. El radar detectaba objetivos por todos lados. Era probable que estuvieran emboscados para sorprendernos. Sabían que íbamos a evacuar a esos soldados, y nos estaban esperando. Lo sabía, tenía una corazonada. 

No eran bestias estúpidas, por desgracia, y bien que lo sabíamos.

Un cercano rugido me pilló por sorpresa y di medio paso hacia atrás involuntariamente. Cerca de una docena de gantes alados, gárgolas, habían surgido en tropel de un edificio residencial a pocos metros del Anchora (que seguía descendiendo) y volaban hacia nostros con rapidez mientras disparaban sus bio-rifles. Su munición (pequeños clavos de aspecto óseo no mayores que una bala de fusil) chocaron contra el grueso blindaje de la nave mientras Iskias y Bandher redirigían las ametralladoras contra ellos. 

- Por si no tuviéramos suficiente con los que andan...-Gruñó Bandher mientras los cañones de su ametralladora comenzaban a girar con un zumbido- ¡Ahora los putos bichos vuelan!

Mientras desenfundaba mi revólver de nuevo, mis dos subordinador abrieron fuego indiscriminadamente contra el relativamente pequeño enjambre que se nos acercaba. Algunos de los soldados  que habíamos rescatado se acercaron también a la puerta lateral para unir sus rifles láser a la defensa. El fuego combinado no tardó en derribarlos a todos, pero uno sobrevivió a la matanza y llegó al Anchora. Al principio pensamos que se había chocado contra el casco (a escasos centímetros del lado derecho), pero de repente apareció delante de Iskias, chillando, con las fauces abiertas de par en par. La apestosa saliva le manchó el peto y la cara, y retrocedió del susto, con un breve grito de sorpresa. Antes de que nadie reaccionara, yo ya había apuntado a la criatura con mi revólver, y un segundo antes de que Iskias le asestara un puñetazo al alienígena, le volé la cabeza de un disparo. El cuerpo decapitado se soltó del casco del Anchora y cayó a plomo hacia el laberinto de edificios en el que poco a poco nos estábamos adentrando.

- Guau- Dijo Iskias, mirándome mientras enfundaba el humeante arma- Eso ha estado cerca, capitán. Gracias por al ayuda.

Asentí a modo de respuesta y miré hacia la izquierda mientras los guardias que habían acudido a ayudarnos volvían a sus tareas. Podía divisar el cuartel del Arbites. Era un edificio imponente, de varios metros de altura y otros tantos de largo, con gruesos muros de rococemento pintados de negro y ventanas con persianas blindadas. Me sorprendió aún más ver el gigantesco cuerpo de un cárnifex muerto en la acera de enfrente, a unos escasos quince metros del cuartel. Tenía el caparazón repleto de agujeros del tamaño de mi puño, y le faltaba la mitad de la cabeza, que se hallaba esparcida en forma de pulpa verdosa sobre los cadáveres de una docena de gantes que estaban cerca de él. 

En lo alto del cuartel había un grupo de aproximadamente diez hombres (no pude contarlos bien, pues estaba bastante lejos), dos de ellos tras sendos cañones automáticos. Al vernos, uno de ellos lanzó una bengala naranja al aire, y ordené a Bandher que lanzara otra para que supieran que les habíamos visto. El resplandor anaranjado de la explosión iluminó brevemente los edificios circundantes, y pude vislumbrar brevemente figuras que se movieron rápidamente en su interior.

- Se están moviendo- Anunció Keel, inquieto.

- Sí- Respondí- Debemos sacarles de ahí lo más rápido posible. 

De hecho, los soldados se pusieron inmediatamente en guardia y comenzaron a abrir fuego con sus armas contra los edificios circundantes, de los que empezaron a manar gantes sin parar, con figuras más grandes (guerreros tiránidos) a su retaguardia, disparando sus pavorosos cañones venenosos. Los disparos corrosivos de las bio-armas comenzaron a derretir poco a poco la pintura del cuartel del Arbites, y poco después, el rococemento tras el que los Inmortales se cubrían.

- ¡Aquí el sargento Draker! ¡O llegáis rápido o estamos muertos!- El mensaje resonó en mi comunicador y en los del resto de mi escuadra.

Activé mi micrófono y respondí al sargento Draker.

- Llegaremos, sargento, no se preocupe- Agaché la cabeza por instinto cuando uno de nuestros Avenger pasó a toda velocidad delante mío, persiguiendo a varias gárgolas- Maldición. Nosotros también tendremos problemas si estamos mucho tiempo aquí, ¡Prepare a sus hombres para una extracción inmediata, sargento!

- ¡Recibido, corto!

El piloto habló mientras Iskias y Bandher comenzaban a abrir fuego contra el avance tiránido.

- ¡Capitán, nos estamos arriesgando demasiado!

- No podemos dejarles aquí, piloto. 

- ¡A nosotros también nos están atacando!

- ¡Entonces que se preparen para las represalias! Aterrice en la azotea del cuartel y despegue todo lo rápido que pueda.

Hubo silencio durante un segundo.

- Comprendido.

Mientras me fijaba en la cortina de fuego láser que la escuadra del sargento Draker estaba desplegando, el sonido de las ametralladoras dejó de tronar en mis oídos.

- ¡No me quedan balas!- Exclamó Bandher, y, después, maldijo en voz alta.

- ¡Puta madre, a mí tampoco!- Gritó poco después Iskias. 

Apreté los dientes. Esto era un problema. Uno de los Avenger pasó rugiendo de nuevo justo enfrente de mí y fue a estrellarse contra uno de los edificios de los cuales los tiránidos salían. El caza estalló violentamente, reventando la estructura en medio de una lluvia de cascotes humeantes y trozos de carne quitinosa en llamas. 

- ¡Es enorme!- Chilló el piloto que quedaba vivo a través del canal de comunicación- ¡Y está justo detrás de nosotros!

- ¿El qué? ¿Qué pasa?- Exclamé yo, mientras sacaba mi pistola láser de su funda en mi cintura y me preparaba para aterrizar en la azotea del cuartel.

- ¡Un tiránido volador!- Respondió él. Oí pasar su caza por encima del Anchora y los disparos de su cañón de asalto iluminaron durante una fracción de segundo el almacén de carga antes de que el Avenger pasara de largo- ¡Tenemos que salir de aquí ya!

- ¡Ya casi estamos, no pienso retirarme ahora!

- Que el Emperador nos proteja- Murmuró el piloto del caza antes de cerrar el canal.

Recé entre dientes una oración de protección y elevé mi brazo derecho, que sostenía mi pistola láser pesada, con la que empecé a disparar a los tiránidos en un futil intento de echar una mano. Los gantes comenzaron a invadir la azotea, y el Anchora aterrizó justo a tiempo, pues cuando empezamos a elevarnos los alienígenas invadieron la posición que habían ocupado segundos antes los Inmortales. Uno de ellos saltó hacia la nave y se encaramó al suelo con sus largas y afiladas garras marrones. Lo tenía justo enfrente. Le pisé la cabeza con fuerza, y su mandíbula se golpeó con la ceramita del suelo, pero tomó impulso repentinamente y acabé en el suelo, con la criatura saltando sobre mí.

Tanteé con nerviosismo mi cadera en busca de la funda de mi sable de energía, pero antes de que el hormagante llegase a mí, estalló, manchándome de icor y pedacitos de carne gris humeante. Oí el tintineo de un cartucho metálico al caer al suelo y rodar hasta caer por la puerta y miré a mi izquierda. Ahí esaba Thales, el comisario del pelotón, enfundando su pistola bólter y tendiéndome una mano.

Thales Arridae había formado parte de mi antiguo pelotón. Era un hombre de ascendencia cadiana, alto, ancho de hombros y de fuertes brazos, con el pelo castaño oscuro extremadamete corto oculto casi siempre por su gorra negra de comisario. Era la persona más tenaz que había conocido, y nos habíamos hecho muy buenos amigos en todos estos años que llevábamos combatiendo juntos.

Agarré su mano mientras le agradecía en voz baja que me hubiera salvado la vida. Él se encogió de hombros y me dio una palmada amistosa en el brazo derecho.

- Has demostrado de nuevo que tienes un par, Vinne. 

- ¿Han llegado todos?- Le pregunté. Él asintió y me señaló a los recién rescatados Inmortales, que comenzaban a aborcharse sus cinturones de seguridad. El sargento Draken me hizo un saludo y me dio las gracias. Le devolví el saludo y activé mi comunicador- Piloto, sáquenos de aquí lo más rápido que pueda.

Su voz sonó crispada.

- ¡Tenemos algo enorme detrás, capitán! ¡No podemos librarnos de él!- El Anchora dio un brusco bandazo cuando un proyectil ácido le alcanzó.

Gruñí y activé el canal del escuadrón Avenger de escolta.

- ¡Piloto! ¿Qué es exactamente esa cosa?

Sonó estática durante un segundo, y luego su voz.

- ¡No lo sé!

- Aguante, veré si puedo hacer algo.

Cerré el canal y aparté a Iskias de su puesto sin demasiada brusquedad. Me asomé y me quedé paralizado al mirar hacia la parte trasera de la nave de carga. 

Era gigantesco, no sabía siquiera como podía volar.

Se parecía a un cárnifex, sin duda alguna, pero no tenía patas, sino que más bien (dejando de lado su caparazón espinado y su cara) parecía una enorme serpiente con alas exageradamente grandes y un largo bio-cañón en el costado derecho. 

Retrocedí cuando un nuevo disparo salió de su bio-arma y pasó a escasos metros de la nave de carga. Mientras tanto, el Avenger disparaba contra él, sin mucho efecto, ya que se veía obligado a esquivar continuamente las minas espora que salían de su caparazón. 

- ¿Qué es?- Preguntaron varios de los soldados allí presentes, incluídos Keel e Iskias.

Abrí la boca para decir algo, la cerré al darme cuenta de que no sabía qué decir y miré a un soldado de Delta Siete que mantenía entre sus manos un lanzagranadas automático.

- Préstame tu lanzagranadas, soldado- Le pedí.

Él me miró extrañado, pero me lo tendió igual, advirtiéndome de que estaba cargado con munición perforante. Asentí. Eso es justo lo que necesitaba.

Me asomé de nuevo por el costado derecho de la puerta, y mientras sostenía en mi mano izquierda el arma y con la derecha me agarraba a la pared del Anchora, me dí cuenta de que cada vez íbamos más alto, y que nos dirigíamos hacia la plaza del palacio del gobernador planetario. Tragué saliva y extendí el brazo izquierdo, apuntando a la gigantesca bestia con el lanzagranadas. Retiré el seguro con el dedo pulgar y acaricié el gatillo con el índice, apuntando. La criatura seguía ahí, batiendos sus enormes alas meintras se nos acercaba.

Apreté un poco el gatillo....y la gargantuesca amenaza estalló en pedazos.

Parpadeé, sorprendido. Ni siquiera había disparado. 

- ¿Qué demonios?- Murmuró el piloto del Avenger.

- Capitán, se acerca algo a gran velocidad- Anunció Keel.

Volví a asomarme, con el lanzagranadas preparado. De la humeante neblina verde que era ahora aquel tiránido surgió una figrua alada. Pero, por suerte, no era un tiránido. Era un caza Avenger con los cañones láser humeantes, el mismo que perdimos tiempo atrás al desviarse del rumbo para atraer a unos guerreros tiránidos alados que nos perseguían. Estaba en un pésimo estado: tenía varios impactos de ácido, de los cuales surgían delgadas columnas de humo, la cabina tenía los cristales rotos, y un par de grandes extremidades de aspecto tiránido colgaban de su ala derecha. Aún así, alcanzó al otro Avenger y volvieron a formar dando vueltas alrededor de la Anchora. Saludé al piloto y al artillero cuando pasaron cerca de la puerta de acceso. El piloto me devolvió el saludo, pero el artillero no me vio.

- Joder- Dejó caer Iskias en voz baja- Qué duros son los cabrones. 

- Y que lo digas- Corroboró Bandher, apoyada sobre la ametralladora descargada, con los brazos cruzados sobre su carcasa.

Volví a ocupar mi puesto en el centro de la puerta y agarré el asa colgante con la mano izquierda. Con la derecha activé por enésima vez mi comunicador.

- Piloto- Dije- Sáquenos de aquí, ya hemos acabado.

- Por fin.

- Y que lo diga.

Tardamos siete minutos en llegar a las cercanías de la plaza del palacio del gobernador planetario. Divisamos los focos de alta intensidad, las baterías antiaéreas y los búnkeres de rococemento de la 7ª compañía, flanqueados por tanques de batalla Helhest.

- Espera- Musitó Iskias mientras sobrevolábamos un bulevard a unos escasos quinientos metros de la plaza- ¿No oís eso?

Miramos hacia abajo y vimos a un Helhest salir a toda velocidad de una calle en dirección a las defensas de la plaza. Tenía la torreta vuelta hacia atrás, disparando a algo. Su bólter tormenta coaxial disparaba frenéticamente, sin cesar. El tanque giró con brusquedad y sus seis orugas se resintieron, dejando marca en el pavimentado suelo y haciendo saltar las baldosas de mármol a su paso. 

Los tanques de batalla Helhest contaban con tres orugas a cada lado, una delante, otra detras y en el medio de éstas, per sin estar pegado al vehículo, otra más algo más pequeña. Su blindaje era ligeramente superior al del Leman Russ, y si bien carecía de barquillas de armas laterales, tenía una torreta de bólter pesado doble en el frente, sobre el chasis, justo al lado del asiento del conductor. Su cañón principal, liso y casi rectangular del todo, disparaba proyectiles de fragmentación o perforantes. Los de fragmentación eran prácticamente los que el cañón de batalla del Leman Russ estándar disparaba, y los perforantes eran proyectiles acabados en punta con propulsión propia, comparables a la munición del cañón Vanquisher. El Helhest era el sustituto del Leman Russ en algunos regimientos Nametherianos, como por ejemplo, el nuestro.

Unos fuertes pisotones nos hicieron mirar de nuevo a la boca de la calle por la cual había salido el tanque a semejante velocidad, y de ella surgió un cárnifex a gran velocidad, con las garras delanteras en alto, persiguiendo al Helhest, que acabó apisonado bajo las pezuñas y las muchas toneladas de la criatura mientras una verdadera marea de gantes y guerreros tiránidos comenzaba a salir de las calles y a correr en dirección a la plaza. 

- Sagrado Emperador- Alcancé a murmurar.

Todos mirábamos aterrorizados la escena. Eran incontables y salían de todas partes: de los edificios, de las alcantarillas, de las calles...

Oimos gritos y órdenes en las posiciones de la 7ª compañía, y un diluvio de rayos láser, balas de bólter pesado y obuses de fragmentación se abatió sobre los xenos, que ni mucho menos frenaron su avance, a pesar de perder tropas a un ritmo escalofriante. Sin embargo, su número no se reducía, sino que aumentaba cada segundo que pasaba. Tres carniféxes más aparecieron a través de un edificio de pisos, derribándolo, seguidos de montones de hormagantes que correteaban bajo sus enormes pies. 

- Joder...y no me queda munición- Se desesperó Iskias mientras miraba el fatídico panorama. 

Los Helhest disparaban un obús tras otro, matando cada uno a docenas de enemigos, y sus torretas de bólter pesado doble barrían la primera línea tiránida sin piedad, despedazando a una bestia tras otra, pero sin poder retrasar o frenar su avance.

Las tropas de infantería que se guarecían en los búnkeres y tras las barricadas soltaban letales andanadas con sus rifles láser y ametralladoras, e incluso con algunos lanzagranadas. Los bólteres pesados emplazados en los búnkeres disparaban sin pausa, encasquillándose a veces por eso, aunque sus artilleros arreglaban con celeridad el problema.

Varios Inmortales se apresuraron a situarse tras la puerta de acceso lateral del Anchora y dispararon sus rifles láser hacia el tsunami de quitina y garras que comenzaba a asolar las primeras posiciones de la defensa Imperial. 

Cuando los hormagantes comenzaron a brotar de las ventanas y puertas de los búnkeres a decenas y el avance tiránido alcanzó la línea de tanques Helhest que se situaba detrás, las fuerzas de la 7ª compañía se retiraron a toda prisa sin dejar de disparar para cubrir sus espaldas. Eran posiciones que no podían defender, era absurdo quedarse. Era un suicidio. Hacían bien en retirarse hacia la segunda (y última) línea de defensa.

Los tanques de batalla iban marcha atrás mientras disparaban para cubrir la retirada de las tropas de infantería, que habían dejado cargas con temporizador en las barricadas y los búnkeres para poder llevarse a todos los alienígenas que pudieran. Sin embargo, no todos consiguieron escapar. Aparte de los pobres desgraciados de la primera línea de búnkeres y barricadas, muchas guarniciones de los búnkeres de más atrás no pudieron salir a tiempo de las estructuras defensivas. Las paredes de rococemento reforzado se conviertieron en sus tumbas. Torcí el gesto, no quería ni imaginar el horror que debía ser aquello. Mi comunicador se activó.

- ¡Capitán, solicitamos permiso para atacar!- Imploraron los pilotos de los Avenger.

- Concedido- Respondí. Es lo menos que podía hacer- Dadles duro.

Miré a mi izquierda. Bandher lloraba de rabia e impotencia, al igual que muchos otros pasajeros de la nave de carga. Me volví hacia Keel. Su rostro estaba blanco.

- Keel, ¿Hay algo vivo ahí abajo? Humano.

Él tragó saliva y negó con la cabeza.

- Nada que pueda sobrevivir más de unos minutos.

- Mierda- Mascullé.

Íbamos en dirección al palacio del gobernador...al igual que el enjambre. Delante del gran palacio y en los inmensos jardines de éste se encontraba una multitud de búnkeres protegidos por alambre de espino y torretas Tarántula, flanqueadas por posiciones de bólter pesado e incluso algunos cañones láser. El jardín estaba repleto de tanques Helhest y equipos de mortero, así como tiendas para los heridos y almacenes de munición. 

Los carros de combate avanzaron hacia los búnkeres y elevaron un poco sus cañones. Dispararon todos a una, y aquel sonido estremeció todas nuestras almas. Un diluvio de obuses cayó sobre los tiránidos, y enormes y violentas explosiones al rojo vivo asolaron a los xenos. Miembros amputados y trozos de quitina unidas a algunos pedazos de carne ensangrentada volaron por doquier. Mientras tanto, los supervivientes de la primera posición habían llegado a la línea de búnkeres...o al menos los que no habían sido alcanzados por las cuchillas de quitina y los cañones venenosos en su huida.

Los Helhest siguieron disparando al estrecho paso que formaba la única calle que daba al palacio del gobernador planetario, que, como mucho, tendría veinte metros de lado a lado. Algunas explosiones derribaban edifcios enteros y hacían llover sus escombros sobre los xenos, otras impactaban directamente sobre ellos. Durante un segundo, me fijé en uno de los Helhest, que había encarado a un cárnifex. Su cañón se movó hacia atrás al disparar, y el grande y humeante casquillo vacío del obús antiblindaje que acababa de disparar salió por la parte trasera de la torreta y rodó por el suelo. El proyectil hizo trizas la cabeza del cárnifex, arrojando icor y trozos de cráneo a su alrededor.

- Pequeñas victorias- Pensé. Y después miré a la carga tiránida, que seguía bajo fuego- Sólo necesitamos un millón más para que se conviertan en una victoria de verdad.

Los dos Avenger de nuestra escolta pasaron zumbando por encima del Anchora y comenzaron a bombardear sin miramientos a los tiránidos con sus cañones de asalto. Oí un sonido de hélices a mi izquierda y me asomé por un costado de la puerta de la nave de carga. Un gran escuadrón de tres filas de diez cañoneras Fury se dirigía hacia el palacio del gobernador planetario. No pasó mucho tiempo antes de que sus bólteres pesados y lanzacohetes abrieran fuego. Fue impresionante y aterrador al mismo tiempo. Noventa bólteres pesados disparando a la vez, y treinta descargas de cohetes de fragmentación atacaron al enjambre xeno, y junto al fuego de los defensores el ataque alienígena perdió fuelle poco a poco, y, de golpe, cesó. Ya no salían gantes de las alcantarillas, las calles o las casas destrozadas. No había guerreros tiránidos disparando sus cañones venenosos ni carniféxes cargando con sus caparazones repletos de quemaduras y golpes. 

Se hizo el silencio. Un silencio aterrador a su manera, pero que consiguió aliviarnos un poco a todos. Tan sólo se oían los motores de las Fury, los Avenger y el Anchora, y el débil repiquiteo de una lluvia que comenzaba a caer en esos instantes, y que rápidamente se conviertió en un chaparrón como pocos. 

- Cuántos...-Consiguió articular Arridae- ¿Cuántos habrán muerto?

- Mínimo ochenta- Respondí, con un hilo de voz- Los que no consiguieron salir de los búnkeres y los que fueron cazados en su retirada. 

- ¿Y como máximo?- Preguntó pausadamente Iskias, mirando la matanza con aire ido.

Negué con la cabeza lentamente.

- No quiero ni pensarlo- Activé el comunicador- Piloto, sáquenos de aquí. Acelere. Haga lo que sea. No quiero seguir viendo esto.

- Yo...tampoco, señor- Musitó mientras la nave de carga aumentaba su velocidad poco a poco y los Avenger volvían a situarse a nuestra cola.

Los combates seguían por otros puntos de la ciudad, y recé para que no fueran tan encarnizados como ese que acababa de presenciar. Sabía que sí que lo eran.

- Acabo de interceptar un mensaje del escuadrón de Marauders Hyperion, capitán- Dijo Keel de repente- Parece ser que han acabado con el bio-titán.

Fruncí el ceño, asombrado. Un suave murmullo de aprobación recorrió a la tropa.

- ¿Cómo? Sólo con su armamento no podían con él.

Se encogió de hombros.

- Parece ser que lo llevaron hasta los pozos de ácido del distrito industrial mientras lo atacaban con todo lo que tenían- Explicó- Cuando quiso darse cuenta de que sus patas se estaban derritiendo, fue demasiado tarde.

- Magnífico- Observé.

Él asintió.

No habían podido derrotarlo con su armamento, así que se las ingeniaron para acabar con él de otra manera. Ese era el espíritu de los regimientos Nametherianos. Si tu enemigo no perece bajo tus armas, consigue más potencia de fuego, vuelve sus propias armas contra él  o aprovecha tu entorno para debilitarlo o eliminarlo definitivamente Habían tenido suerte de que los pozos de ácido del distrito industrial fueran tan colosales, pero esa es una variable que siempre es bienvenida.

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Aquella noche la 7ª compañía había sufrido ciento veinticinco bajas en esa defensa. Nosotros habíamos sufrido muchas menos, apenas veinte en total en las operaciones de defensa de la ciudad y en otras ofensivas. La capital planetaria era el último bastión Imperial en el hemisferio norte. Y la habíamos perdido.

Pero la habíamos pavimentado con sus cadáveres.

Capítulo dosEditar

Tras aquel desastre nos habíamos retirado a una de nuestras bases de operaciones del hemisferio sur, desde donde esperábamos poder defendernos con eficacia e iniciar la reconquista del planeta. 

Al llegar a la base nos ocupamos de llevar a los heridos al hospital de campaña, y después di permiso al pelotón para que fueran a los barracones. Yo tuve que estar varias horas atendiendo a informes de los oficiales de otros pelotones y elaborando el mío propio. Namhein y Bandher se ofrecieron para acabarlo ellos, de manera que yo pudiera descansar, pero decliné educadamente la oferta.

Acabé con el papeleo tres horas después, a las ocho antes del mediodía, y a esa hora fue a la que me acosté, destrozado tanto física como mentalmente, pues tantos informes que leer, hacer y enviar eran casi peor para la mente que los cuatro días que había pasado combatiendo sin pausa en La Capital. Ordené que no se me despertara a menos que fuera algo importante, y pude dormir sin interrupción hasta las seis de la tarde, hora en la que la manilla de la puerta de mi habitación se giró, abriéndola, y yo me desperté. Cuando llevas tantos años combatiendo el sueño se te vuelve mucho más ligero.

- Capitán- Canturreó en voz baja una voz femenina cuando la puerta se hubo cerrado de nuevo- Le traigo el desayuno.

Era Tama Slavis, sargento de una de las escuadras de mi pelotón y cocinera oficial del mismo. Rara vez se tomaba algo en serio, lo cual para mí no es un defecto en sí, pues ayuda a mantener la moral de la escuadra. A pesar de ello, era una líder competentecon una gran habilidad para el combate. Había ingresado en la 3ª compañía tras ser condecorada repetidas veces al servicio distinguido, y fue puesta al mando de su escuadra cuando su anterior oficial al mando desapareció en combate hace unos meses. Era popular entre la tropa, y sabía como controlar la situación sin perder los nervios. Además, siempre se las apañaba para conseguir ingredientes de primera calidad para sus platos.

Tama avanzó hacia mi cama (que no era especialmente grande ni cómoda) y se sentó en un costado de ella, a mi izquierda. Saqué la mano de la almohada, donde guardaba mi revólver por si me hacía falta en cualquier momento y bostecé mientras buscaba el botón que levantaba las persianas, aunque algo de luz se filtraba por los huecos entre las placas de metal que cubrían la ventana.

- ¿Está mejor, capitán?- Preguntó ella mientras las persianas comenzaban a levantarse y la luz anaranjada de la tarde inundaba la habitación- Vino hecho polvo.

Me senté en la cama, apoyando la espalda en la pared y me froté los ojos con la mano derecha mientars comenzaba a despejarme poco a poco. Un intenso dolor muscular por todo el cuerpo comenzó a aguijonearme.

- Buenos días, Tam- Tenía bastante confianza y cercanía con ella, así que en privado la llamaba como lo hacía el resto del pelotón- Sigo hecho polvo, pero no creo que esté bien seguir en la cama mucho más. ¿Qué me has traído hoy?

- Se me acabó la sopa de vegetales que había preparado en la cantina...así que le he traído algo de pescado.

Aquello último lo dijo con un tono juguetón, pero aún no estaba lo suficientemente despierto como para darme cuenta. 

- Ya sabes que prefiero ir a desayunar a la cantina- Respondí, somnoliento- Pero por hoy, pase, me viene bien.

Dejé de frotarme los ojos y la miré, esperando que me ofreciera una bandeja. Entonces me di cuenta de que iba vestida con su delantal de cocina. Sólo con él, quiero decir. Entreví sus generosos pechos tras el delantal blanco. Ella me miró y sonrió al percatarse de que me había dado cuenta de su desnudez.

- ¿Tam? ¿Qué es esto?- Pregunté, sin saber como reaccionar. Ella solía traerme el desayuno en días como aquel en los que había estado gran parte de la noche ocupándome del papeleo. Solía insinuárseme, pero de una manera muy sutil, no de esa manera- ¿Has venido así hasta aquí?

Tam rió y se inclinó lentamente hacia mí.

- Le dije que le había traído pescado, ¿No? No he mentido. 

- Ese es el problema- Repliqué- Te estás pasando, te puedes meter en un buen lío por esto. Raya en la insubordinación- Y entonces capté lo del pescado- ¡Y eso ha sido excesivamente procaz! Eres mejor que eso, sargento.

Ella entrecerró los ojos y se acercó más a mí:

- ¿Sería capaz de acusarme de insubordinación, capitán?- Preguntó con cierto tono desafiante, aunque sin mala intención aparente- ¿A mí, que he luchado tantas veces junto a usted y que mantengo la moral de la tropa alta con mis platos?

- Yo no he dicho nada de acusarte de insubordinación- Posé mis manos sobre sus hombros y la aparté- Voy a la cantina a comer algo, después tengo que pasar revista al pelotón y no es agradable hacerlo con el estómago vacío.

- Yo ya le he traído comida, capitán- Rió Tam, volviendo a inclinarse hacia mí.

- Pero yo necesito una comida que me aporte nutrientes y grasas, no fluidos femeninos.

Aquello le resultó particularmente gracioso. Me alivió en cierto sentido, no parecía ir tan en serio como había pensado en un principio. Probablemente solo quisiera tontear un poco para pasar el rato, y, de paso, intentar salirse con la suya. Pero al fin y al cabo era mi subordinada, y le sacaba lo menos diez años, de manera que una relación así no estaría bien vista, y eso podía perjudicarnos a los dos, y probablemente al resto del pelotón. 

Y no es que Tama no fuera atractiva físicamente (de hecho, aunque no me guste reconocerlo, se me hacía sumamente complicado resistirme a sus encantos), para nada. Tenía treinta años recién cumplidos, era una mujer alta y en forma, de largas piernas y formas voluptuosas. Su pelo, negro y tan largo que le llegaba a la cintura, estaba recogido en una delgada coleta y era del mismo color que sus ojos. 

Ella respondió a mi respuesta cuando acabó de reír:

- Eh, si se esmera y lo hace bien al menos podría beber.

Torcí el gesto. ``Tam, te estás pasando´´

- Tam, voy a la cantina, sal de mi habitación.

Ella se encogió de hombros, se levantó y caminó hacia la puerta, asegurándose de que me fijase en su retaguardia, que, dicho sea ya de paso, era formidable.

- Como quiera. Usted se lo pierde, capitán- Dijo mientras abría la puerta y se disponía a irse. Antes de salir me miró por encima del hombro, divertida- ¿Está seguro de que no quiere reconsiderarlo?

Suspiré.

- Sobreviva al siguiente combate y me plantearé reconsiderar su...propuesta, sargento.

Asintió y cerró la puerta. Oí silbidos afuera y algún que otro piropo subido de tono (identifiqué inmediatamente al dueño de aquella voz, era Iskias) Suspiré de nuevo.

Así era mi pelotón.

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Abrí la puerta doble de la cantina y entré en ella. En seguida me llegó el olor de la sopa de verduras de la que me había hablado Tama. Me había puesto la camisa de tirantes gris del uniforme de descanso, que su sumaba a las botas y a los pantalones de combate naranjas, con los que había estado durmiendo.

Divisé a Tama en las cocinas, leyendo, ya que la cantina estaba casi vacía y no tenía trabajo. Y sí, estaba vestida. Me acerqué a ella, me apoyé en el mostrador y la avisé con un gesto. Ella levantó con desinterés la mirada del manual de equipamiento que estaba ojeando, lo dejó sobre la mesa que tenía al lado y se me acercó.

- ¿Ha hecho los ejercicios diarios obligatorios, sargento?- Bromeé.

Se encogió de hombros. 

- Iba a hacerlos, pero usted no me dejó- Contraatacó.

- Eso ha sido un golpe bajo.

- Y esto también- Añadió- La cocina está cerrada hasta las nueve. Debería haber aprovechado lo que le llevé.

- Tam- Repliqué, casi ofendido- No puedes hacer eso.

- Soy la jefa de cocinas, sí puedo.

- Y yo el jefe del pelotón, y como tal, te ordeno que me dés algo de comer. No puedo trabajar con el estómago vacío.

Ella protestó por lo bajó, sacó una barrita energética y un refresco de un armario metálico y me los dio.

- Ahí tiene.

Lo cogí antes de que le diera por reconsiderar su acción.

- Espero que estés de broma.

- La cocina está cerrada- Zanjó, y volvió a su lectura.

Miré a mi alrededor, avergonzado. Humillado por una de mis subordinadas, patético. Llegaba a tener buenas amistades con mis hombres, así que no me gustaba castigarles. Esto no solía ser un problema, pues nadie me faltaba al respeto, pero Tama sabía que si la ponía bajo arresto por insubordinación, la tropa se lo tomaría mal, ya que si por alguna razón teníamos buena comida, era por Tama y sus contactos.

- ¡Eh, capitán!- Exlcamó alguien en las mesas que había detrás de mí, a unos diez metros.

Me volví. Iskias, Tholl y Keel estaban sentados, devorando sus respectivas raciones mientras charlaban animosamente. Tholl e Iskias llevaban las armaduras de caparazón negras puestas, que contrastaban mucho con el uniforme naranja del regimiento, mientras que Keel iba con su larga gabardina cruzada de psíquico. Me hicieron señas para que me sentase con ellos, y como no había nadie más en toda la cantina, accedí. Me senté al lado de Keel, que estaba enfrente de los otros dos. Los tres miraron mi reducido almuerzo y me plantearon una silenciosa pregunta elevando al unísono una de sus cejas.

- No está bien pasarse- Mentí mientras desenvolvía la barrita energética- Con esto me vale.

Ellos se encogieron y volvieron a sus platos de sopa. 

- Total- Dijo de repente Iskias, continuando si antigua conversación- Que los cabrones nos tenían pillados por las pelotas. La base estaba a tomar por saco y el apoyo aéreo y las evacuaciones iban a tardar horas en llegar, así que agarramos todas las ametralladoras que pudimos y llenamos hasta el último centímetro libre de los búnkeres con ellas. Los bólteres pesados no recuerdo dónde los pusimos...

- En los muros- Saltó Tholl.

- No, en los muros estábamos nosotros.

- Y los bólteres pesados.

- No, hazme caso.

- ¿De qué sitio estabas hablando?

Iskias entrecerró los ojos, pensando, y tomó un sorbo de sopa. Negó con la cabeza y chasqueó la lengua.

- Ni me acuerdo. Bah, que le den por culo- Devolvió un codazo a Tholl y me miró- Eh, capitán, usted seguro que se sabe alguna buena.

Dejé de beber de la lata de refresco y le miré con una ceja levantada.

- ¿A qué viene eso?- Pregunté.

- Bueno, usted casi nos dobla en edad, seguro que tiene un montón de batallitas y tal que contar.

- Eh, no soy tan viejo, cabo- Me defendí- Y sí, sí que he vivido muchas batallas, y no se crea que es algo agradable de recordar.

Tholl asintió.

- Exacto, capitán. Lo que pasa es que este imbécil se lo toma todo a risa.

- Y tú te lo tomas todo demasiado en serio- Rió Keel, que hasta entonces había estado callado.

Iskias asintió, apoyando al psíquico. 

- El cabo Tholl es realista- Intervine, antes de que aquello pudiera ir a más- E Iskias hace bien en tomarse las cosas así. Es mucho mejor para él, creánme.

- Tiene razón- Dijo Keel- Y el que no se lo crea que mire a Tholl.

Iskias y él rieron con ganas. Tholl sonrió un poco.

Estuvimos en la cantina media hora más, hablando sobre diversos temas que poco tenían que ver con asuntos militares, y, después, ellos se fueron a los búnkeres exteriores a montar guardia. Yo les acompañé, pues debía revisar las defensas y el estado de las tropas ahí destacadas. 

El pequeño búnker de rococemento que Tholl, Iskias y Keel tenían asignado para defender era más un puesto de observación que un emplazamiento defensivo. Contaba tan sólo con una ametralladora pesada en el centro de la tronera, pero dentro había varias radios y radares, e incluso una caja con tres prismáticos. Una de las radios tenía un transmisor conectado, y Keel se sentó en frente en una silla de campaña. Iskias se puso tras la ametralladora, a la que le habían pegado un pequeño foco en un costado, y se apoyó en ella. Tholl se sentó a su lado en otro silla de campaña y cogió su rifle láser, que estaba apoyado contra la pared.

Tholl era un excelente tirador, y había solicitado vairas veces un rifle láser largo al Monitorum, pero sin resultados, de manera que se las había arreglado para que su rifle pudiera servir de rifle de francotirador. Le había puesto una larga mira telescópica y un bípode plegable, y también había sustituido la boca estándar del cañón por otra de forma cilíndrica y algo más gruesa y larga. De esta manera podía aprovechar sus dotes de tirador, pero seguía enviando solcitudes al Monitorum para conseguir su láser largo.

- ¿Han detectado algún movimiento?- Pregunté.

Keel negó con la cabeza y siguió dibujando en su libreta.

- No, capitán. Esto está desierto. Estamos bastante lejos del continente Norte y los Tiránidos.

- Y si vienen estamos jodidos- Saltó Iskias, bostezando- No me veo cargándome a todos esos bichos con esto- Señaló con la barbilla a la ametralladora pesada- Pero alguno caería.

Tholl, que estaba limpiando su rifle, le miró un segundo y volvió a su tarea.

- Puede. Pero luego están las posiciones de artillería y los otros búnkeres, Isk, y esos sí que tienen armamento.

- Pues me alegro por ellos, pero los que estamos en esta caja con tan sólo una ametralladora somos nosotros.

Keel y Tholl gruñeron, dándole la razón. Pasé unos minutos más ahí, hablando con ellos, y después continué mi ruta de inspección, que esta vez me llevó a otro búnker (y éste no era de observación) en el cual estaba destacada la escuadra del sargento Dawson, de mi pelotón.

Este búnker en concreto tenía unos diez metros de largo, y casi cinco de alto. Sobre él había una torreta automática Tarántula, cuyo generador de energía estaba pegado a la pared trasera de la estructura, justo al lado de la puerta de acceso, de cuyo dintel de rococemento pendían varios colgantes de vudúes con forma de gante. 

- ¿Dawson?- Dije al entrar.

El interior era exageradamente cálido, y, de hecho, la mayoría de los soldados se habían quitado la coraza de caparazón e incluso las camisas de tirantes, y jugaban a las cartas en una mesa redonda de madera situada en una esquina del búnker o montaban guardia tras los cuatro bólteres pesados de las troneras. Dawson estaba comprobando su placa de datos en el centro del búnker. Me miró al oirme y me dedicó un saludo militar, después guardó el aparato y se dirigió a mí.

Joe ``Grox´´ Dawson era un hombre alto y musculoso, de pelo rubio y corto y con un extraño bigote que bajaba desde su nariz hasta la altura de al barbilla, pero sin tener perilla. Tenía los ojos azules, y por lo general los cubría con unas gafas de sol de lente grande como las que usaban en los campos de cultivo de su planeta natal. Era normal verle con su sombrero de vaquero puesto, como también era habitual encontrarle con un cigarro en la boca. Era un hombre de maneras un tanto toscas, pero lideraba bien a su escuadra y era un animal en el campo de batalla (de ahí su apodo)

- Capitán- Saludó- ¿Qué le trae por aquí? Oí que estaba hecho mierda, tirado en la cama.

- No haga caso, sargento- Sacudí la mano que me tendió- Estoy al ciento diez por ciento. Venía a echar un vistazo a las defensas de la base ocupadas por el pelotón. Ya sabe, pura rutina.

Él asintió, se quitó el sombrero y se rascó la cabeza con sus grandes manos.

- Entiendo. Aquí todo está en orden, capitán- Echó una mirada furtiva a su derecha, donde había una puerta metálica entreabierta- Los hombres de Kitar se han instalado en el búnker de observación anexo- Se me acercó un poco para hablarme al oído- Si le soy sincero, me están volviendo loco con sus vudúes y todos esos rollos.

Asentí, sabía a qué se refería. El sargento Kitar y su escuadra eran el equipo de francotiradores del pelotón, y todos ellos habían sido cazadores en un mundo salvaje. Tenían costumbres tribales, hablaban el Gótico Bajo con no mucha soltura y ponían nerviosos a los otros soldados con sus tatuajes tribales y su apariencia oscura, pero, diablos, eran los mejores exploradores y francotiradores que he conocido.

- Iré a echar un vistazo, sargento. Avíseme inmediatamente si detectan algo- Le dije mientras me dirigía hacia el búnker anexo.

- Sí, señor- Respondió antes de volverse para hablar con su técnico de comunicaciones. 

Saludé al soldado Trakkar antes de abrir la puerta y entrar en el puesto de observación del sargento Kitar. La puerta se desplazó con un leve rechinar de bisagras sin engrasar y me encontré con la escuadra del sargento Kitar sentada en el suelo mientras limpiaban y desmontaban sus rifles de francotirador. A excepción de la soldado Sicra, que, tras el parapeto del búnker, escrutaba el horizonte con un magnocular decorado con runas azules, del mismo color que los retorcidos tatuajes que cubrían sus brazos, manos y el lado derecho de su cuello y cara.

Kitar, que estaba tallando runas en la caracasa de su rifle, elevó la mirada y se levantó rápidamente al verme. Su largo pelo marrón oscuro saltó sobre sus hombros por lo repentino del movimiento, y su desgastada capa de camaleonina, que entonces había adquirido un color gris hormigón, onduló.

- Capitán- Dijo con su marcado acento mientras saludaba- Es un honor tenerle por aquí.

- Visita rutinaria, no puedo inventarme los informes- Bromeé mientras me fijaba en los muchos muñecos de vudú clavados a la pared y atravesados por multitud de agujas de hueso- ¿Todo bien, sargento?

A nuestros pies, los otros tres soldados de su escuadra que limpiaban y revisaban sus armas continuaban con su trabajo en silencio y a un ritmo más que aceptable. Él asintió.

- Todo bien, capitán. No vemos movimiento.

- Excelente. Esté preparado, lo más probable es que dentro de poco se nos echen encima.

- Entiendo, capitán, estamos preparados para lo que sea. Y, por cierto- Continuó- He oído algo de los hombres del capitán Horen. Probablemente sean rumores, pero quién sabe.

- Vaya al grano, sargento- Dije. Aunque no lo quisiera, los muñecos de vudú y todos esos tatuajes azules me estaban poniendo nervioso.

- He oído que van a exterminar el planeta. Este, quiero decir- Comentó con su voz rasposa y susurrante- Hemos perdido contacto con otras bases del hemisferio sur, y he visto pictocapturas orbitales. Los Tiránidos están ocupando todo el planeta a una velocidad pasmosa para ser un tentáculo perdido de una flota enjambre.

No me sorprendió, era cuestión de tiempo. Pero no esperaba que fuese tan pronto.

- Iré a hablar con la comandante, gracias por la información, Kitar. Al fin y al cabo, todos sabíamos que esto pasaría- Me despedí de él y me dispuse a salir.

- Que los espíritus le guarden, capitán- Dijo antes de que me fuera.

- Prefiero que me protega El Emperador, sargento-Bromeé- Pero gracias.

- El Emperador siempre protege, no es necesario mentarlo- Añadió mientras salía del puesto de observación.

Me despedí de Dawson al salir de su búnker y contacté por un canal privado con la comandante Prashak, que estaba al mando de la 3ª compañía. Tardó varios segundos en responder.

- Tharrus- Dijo a través del comunicador- ¿Qué quieres? Estaba ocupada.

- Lo siento, comandante, pero he oído un rumor preocupante. Doy por hecho que usted ya lo ha oído también, pero necesito comprobar su veracidad lo antes posible.

- ¿Lo del avance Tiránido? Es cierto- Respondió, tajante.

Tardé unos segundos. Lo peor acababa de ser confirmado.

- ¿Y?- Dije, notándome la garganta seca de repente.

- Cómo que ¿Y?- Se extrañó ella.

- Perdón, comandante. Quiero decir, ¿Tenemos un plan de acción?

Prashak suspiró.

- No seas tan formal en privado. Me enerva.

- De acuerdo- Respondí- ¿Tenemos una idea del siguiente paso o algo? Porque no considero muy inteligente esperar aquí a que los putos bichos se nos echen encima y nos coman a todos.

- Eso está mejor- Dijo con ironía tras una breve risa- Mira, Tharrus, he estado hablando en privado con los otros capitanes, ahora te tocaba a ti. Dentro de media hora llegarán los cargueros de la Armada Imperial para llevar al regimiento de vuelva al crucero de transporte. 

- ¿Y qué pasa con el planeta? Un bombardeo orbital, supongo.

Prashak rió.

- ¡Si sólo les esperase eso! Jodidas cucarachas, en una hora me van a dar hasta pena.

- Ojalá no quede ni uno- Correspondí- Informaré a mis hombres del plan. Gracias por al información, comandante.

- De nada, Tharrus- Suspiró ella. Oí un chasquido de fondo y murmuró algo sobre ``un puto tornillo´´- Que metan su equipaje en uno de los Anchoras inmediatamente, van a despegar en cinco minutos para llevar a la flota el equipo y la munición que no vayamos a usar ahora. Que no se preocupen, se les devolverán sus efectos personales en cuanto lleguemos al crucero de transporte.

- Sí, señora. Corto.

Cerré el canal y abrí uno nuevo dirigido a todo el pelotón.

- Bien, muchachos, escuchadme todos- Empecé- Llevad todo vuestro equipaje al Anchora del teniente Srat lo más rápido posible. Avisadme en cuanto lo hagáis, he de comentaros una cosa.

- ¿Abandonamos los puestos de guardia, señor?- Preguntó el cabo Pratt, extrañado.

- ¡Calla, chico, y obedece al capitán!- Le reprendió Dawson.

``Ya empezamos´´

- ¡No tienes derecho a hablar así a uno de mis hombres, paleto!- Le gritó Tama.

- ¡A callar, cocinera!

A su discusión se les unieron dos o tres más, hasta que, un minuto después, el sargento Krell puso orden con su voz suave e intimidante.

- Dejáos de hostias. Todos. Cumplamos las órdenes y sigamos a lo nuestro.

Hubo un intercambio de disculpas a regañadientes y todos se pusieron a cumplir mi orden con su habitual rapidez y efectividad. Ocupé los tres minutos y medio que tardaron en cargar y dejar su equipaje en el Anchora en hacer lo propio con lo mío. Me reuní con ellos en el Anchora del teniente Srat, y en seguida comenzaron a preguntarme sobre lo que debía contarles. Les dije que ocuparan de nuevo sus puestos, y entonces les explicaría. No podía arriesgarme a dejar las defensas desocupadas sabiendo que los Tiránidos podían caernos encima en cualquier momento.

Poco después de que los Anchora despegasen hacia la flota, Tama confirmó que acababa de llegar a su puesto con su escuadra. Ella era la última, ya estaban todos en posición.

- Bien, pelotón. Les resumiré la situación- Comencé- Los Tiránidos se están extendiendo mucho más rápido de lo que esperábamos, así que nos van a sacar en media hora a todos de este planeta antes de bombardearlo para que los bichos no salgan de aquí. ¿Preguntas?

Hubo un lío en las comunicaciones, y finalmente la voz del cabo Pratt se dejó oír sobre el resto.

- ¿Porqué no se nos ha explicado esto antes?- Exigió saber, visiblemente enfadado.

- ¡Eso digo yo!- Exclamó Tama.

- Vale, vale, tranquilidad- Dijo Iskias, alargando las aes de los dos ``vale´´- Seguro que hay un buen motivo para que no se nos haya comunicado hasta ahora. O eso espero.

- Pues les seré sincero- Respondí- Yo me acabo de enterar ahora, así que dejad de gritar y protestar y volved a vuestros puestos hasta que llegue la evacuación.

Me quedé con las ganas de añadir algún insulto general, pero decidí en el último segundo que más me valía cesar mi mensaje ahí.

- Bien dicho, capitán- Dejó caer Dawson antes de cerrar el canal- ¡A ganarse el desayuno, chicos!

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Los Tiránidos llegaron un cuarto de hora más tarde, pero nosotros ya estábamos preparados.

Lo primero que oímos fue el sonido de miles de pezuñas repiqueteando contra el suelo, y poco después comenzamos a poder oír sus rugidos y chillidos. Dos minutos después, comenzamos a verles frente a la nube de polvo que estaban levantando.

Miles de gantes corrían a los pies de los Carniféxes y los Tervigones. Cientos de pequeñas formas voladoras (gárgolas, supuse) volaban por encima de la horda. Progenies de vanguardia de guerreros Tiránidos iban tras los miles de gantes y las decenas de miles de pequeños devoradores que reptaban a sus pies. Al aumentar el zoom de mis prismáticos divisé también varias formas semi-invisibles que estaban peligrosamente cerca de la base, mucho más próximas que la horda de detrás.

- Atención, defensas oeste- Dije por el comunicador a las escuadras de Dawson y Kitar- Tenéis líctores, repito, tenéis líctores. No estarán a más de cien metros, avisad a los que tengáis en las posiciones cercanas y cargáoslos ya. 

- ¡Diablos, capitán!- Exclamó Dawson poco antes de ordenar con rapidez a su técnico de comunicaciones que informase a los búnkeres y posiciones del sector oeste- ¡No sé cómo nuestros radares no los han detectado! Buen ojo, vaquero.

Había tenido suerte, pero me ahorré la confesión. Nunca venía mal que la tropa tuviera en alta estima a su superior.

- Yo ya los había visto- Susurró la rasposa voz de Kitar- Estaba esperando a que todos estuvieran a tiro- Se oyeron varios chasquidos metálicos- Enviémosles con sus ancestros.

Cinco sonoros disparos retumbaron en su búnker de observación, y cinco nubes de icor surgieron de la nada. Tres de los líctores habían recibido los disparos en el pecho o el estómago, y los proyectiles los habían perforado. Los dos restantes perdieron una de sus piernas, para luego ser rematados por sendos disparos. La escuadra de Kitar continuó disparando a los apenas visibles líctores, que habían comenzado a tomar velocidad y se estaban acercando demasiado a las posiciones del oeste.

- ¡Maldita sea!- Exclamó Dawson. Tanto su escuadra como las que ocupaban los búnkeres cercanos al suyo habían comenzado a disparar- ¡No consigo verlos! ¡Trakkar, tráeme los prismáticos térmicos, que se preparen!

- Utilizad granadas y barridos amplios. En cuanto empiecen a sangrar veréis donde están, y entonces dadles con todo- Ordené mientras las baterías de Basilisk comenzaban a bombardear a la horda tiránida y los cañones antiaéreos disparaban contra los enjambres voladores, que se habían adelantado al grueso de la fuerza alienígena.

Un grupo de seis soldados pasó corriendo a mi derecha mientras yo me dirigía a una de las torres de observación para poder tener una vista mejor de la situación. Ellos siguieron corriendo hasta que, de golpe, se detuvieron tras el búnker de Dawson, amartillando sus rifles láser y gritando, dando la alerta. Me volví de golpe, desenfundando mi pistola láser.

Uno de los líctores había pasado por encima de la estructura defensiva mediante sus largas garras, y, entonces visible, saltó sobre el grupo de soldados, despedazando a uno y lanzando al suelo a otro. Otro líctor más trepó por el mismo sitio, y entre los dos acorralaron a los soldados, que disparaban sus rifles láser contra los xenos. Las descargas láser consiguieron herir a uno de ellos antes de que rematase al que había tirado al suelo previamente, y el otro líctor que acababa de llegar partió por la mitad a un tercer guardia. La mitad superior de su cuerpo dio varias vueltas en el aire y cayó de espaldas unos metros más atrás, mientras que su parte inferior se movió espasmódicamente un par de pasos y luego se desmoronó de golpe.

Para entonces, yo ya había desenfundado mi pistola láser, retirado su seguro y apuntado a la cabeza del primer xeno. Disparé una vez. El rayo láser chocó contra la quitina de su cabeza, y apenas se percató del ataque. Disparé dos veces más, y la quitina y el hueso cedieron. Un cuarto disparo destrozó su cerebro, y la criatura se tambaleó con violencia y chocó contra las paredes del búnker. Los soldados que habían sobrevivido aprovecharon la coyuntura para escaparse del otro xeno, que se disponía a efectuar otro ataque, pero súbitamente su pecho estalló en mil pedazos, y cuando el cuerpo cayó de bruces pude divisar a Dawson con su escopeta recortada en su mano derecha, humeando por sus dos cañones.

Me hizo un gesto mientras recargaba el arma y yo asentí, pero inmediatamente me vi obligado a disparar de nuevo: otros dos líctores saltaron por encima de las defensas. Dawson disparó al más cercano y le destrozó un brazo a la altura del hombro, pero no lo derribó, ni mucho menos. Pegó un grito mientras enfundaba el arma descargada y se descolgaba el rifle láser de la espalda. Casi al instante, el soldado Trakkar salió del búnker a toda prisa, con una mano sobre su chambergo gris para que no volase y sosteniendo con la otra su ametralladora ligera. Soltó una exclamación soez al ver a los dos alienígenas saltar desde los búnkeres al suelo (proceso en el cual derribaron a dos soldados que habían acudido a combatirlos) y apuntó con su robusta arma al líctor que había sido herido por Dawson. El xeno acababa de estampar contra el suelo al sargento, que peleaba con las mandíbulas del enorme tiránido para que no le arrancara la cabeza de un mordisco. Trakar apretó el gatillo, y una lluvia de proyectiles explosivos trazaron una estela anaranjada y comenzaron a atravesar la quitina del líctor, que actuó rápidamente y dejó a Dawson para saltar hacia Trakkar, que echó a correr con celeridad, viendo la que se le venía encima.

El otro asaltante acababa de hacer trizas a un guardia, pero otros cuatro se ocuparon de él con sus rifles láser y un lanzallamas. Si bien no lo mataron, consiguieron herirlo y dejar su caparazón ardiendo por secciones, pero el xeno se escabulló y se lanzó hacia mi posición con agilidad. Apenas pude reaccionar a tiempo. El líctor era demasiado rápido, demasiado ágil. Me dio tiempo a disparar una sola vez, y fallé debido a la gran velocidad del xeno. Me atacó a una velocidad vertiginosa con una de sus garras, que desgarró mi peto y me lanzó al suelo. La prenda de armadura, hecha trizas, se cayó a pedazos mientras caía hacia el arenoso suelo. Dawson, que acababa de recuperarse del ataque de la criatura, gritó mi nombre entre improperios y disparó a la espalda quitinosa del líctor con su rifle láser, pero sin apenas efecto. 

Mi atacante acercó los tentáculos de sus mandíbulas a mi cara, moviéndolos frenéticamente y babeando icor corrosivo. Empujé la gruesa testa con la mano izquierda apoyada en su frente, alejándolo de mí mientras buscaba mi cuchillo a tientas. La criatura empujaba con mucha más fuerza que yo, pero conseguí mantener sus mandíbulas a raya hasta que encontré mi cuchillo en la funda de mi bota derecha. Con un grito, clavé el arma en el ojo derecho de la bestia, que rugió y retrocedió. No logré penetrar su cráneo del todo, pero había conseguido lo que quería: alejarlo de mí.

Recogí mi pistola láser y desenfundé el revólver con la otra mano. Tras tantos años de combate e intensa práctica, había conseguido cierta habilidad con mi mano izquierda, de manera que pude guiar los disparos de las dos pistolas sin problemas hacia el líctor, que volvía a la cara con el cuchillo aún incrustado en su cabeza. La mayoría de los disparos no hicieron mella en su caparazón, pero logré herirlo en algunas zonas blandas, si bien no pude evitar que me lanzara al aire con las garras de sus hombros. Caí desde siete metros, aún aturdido mientras desenfundaba y activaba mi sable de energía, que relampaguéo y se incrustó en la parte de arriba de la cabeza del tiránido antes de que me rematase con sus afiladas garras. Caí al suelo con fuerza junto al cadáver del líctor.

Divisé a Trakkar disparando a su perseguidor, pero súbitamente sus garras garfio salieron disparadas de su torso y quedaron enganchadas en el peto de Trakkar, que gritó y agarró los tentáculos para sacarse los pinchos de la coraza, que había quedado prácticamente destrozada por el impacto. El líctor comenzó a acercar poco a poco al soldado hacia sí mientras preparaba un letal golpe de sus garras, sin embargo, antes de que Dawson llegase o de que yo pudiera disparar al alienígena, éste recibió un tremendo impacto en el pecho y casi quedó partido por la mitad. Mientras el cuerpo caía, hecho un guiñapo, Trakkar se deshizo de su peto y se alejó del cadáver xeno. Divisé a la autora del disparo a la salida dle búnker de Dawson. La soldado Sicra, de la escuadra de Kitar, sostenía su humeante fusil mientras me hacía señas. Le respondí con un gesto del pulgar y volvió a su puesto de observación. Dawson me tendió una mano para que me levantase. 

Las baterías de artillería y antiaéreas seguían tocando su atronadora melodía, y las armas pesadas emplazadas en los búnkeres tableteaban sin cesar. Un enorme tiránido volador apareció súbitamente a doscientos metros de la base y fue hecho trizas por los cañones láser antiaéreos Ícaro y las torretas Hydra. El gigantesco cuerpo, humeante y destrozado, cayó en picado y rodó por el suelo hasta quedar a unos escasos cincuenta metros de uno de los búnkeres de defensa.

- Esto es una mierda- Me dijo Dawson una vez me hube levantado- ¿Dónde están los transportes?

Miré al cielo. Aún no los veía, pero sabía que ya habían despegado.

- Llegarán en pocos minutos, no desesperes.

- No desespero, capitán, pero como esos bichos lleguen hasta aquí la van a montar gorda. 

Asentí.

- Cuando lleguen, estaremos fuera de su alcance, sargento, se lo aseguro.

- Más nos vale- Dijo mientras miraba a la marea tiránida con su magnocular- Mire esto.

Me dio el magnocular y miré a través de él. Los tiránidos no parecían sufrir bajas. Cada vez había más y más, nunca se acababan.

- Estaremos fuera antes de que lleguen, lo dicho, sargento. Simplemente necesitamos que la artillería continúe...- El suelo bajo nuestros pies comenzó a temblar, cada vez con más intensidad, hasta que perdí el equilibrio y tuve que apoyarme en mi sable de energía para no caerme. Miré a Dawson, ambos sabíamos lo que aquello significaba.

- ¡Trygon!- Bramó él mientras rodaba hacia un lado y se alejaba todo lo posible de aquella zona. Yo lo imité, y me libré de las grandes fauces de la criatura por poco.

La tierra estalló con violencia, y del suelo surgió una enorme figura blindada por capas y capas de quitina. Sus garras eran tan pavorosas que tuve que hacer grandes esfuerzos para no mirarlas, y sus gigantescas mandíbulas goteaban icor ácido y estaban tan repletas de dientes y colmillos que parecía que estaban apiñados unos encima de otros. El Trygon arrancó de una dentellada una torre de comunicación y partió por la mitad al cabo Klun de un solo tajo. Para cuando Dawson y yo conseguimos reaccionar, el engendro había matado a otros dos soldados y se disponía a destrozar un búnker. 

Al unísono, Dawson y yo lanzamos sendas granadas antiblindaje contra el caparazón del vientre del Trygon, más débil que el del resto del cuerpo. Dos explosiones gemelas reventaron el vientre del gigante, y de ahí manó una cascada de icor y vísceras. Sin embargo, seguía vivo, aunque conseguimos pararlo antes de que destruyese el búnker. Rugió, se revolvió y nos miró, levantando sus garras para descargar el golpe final. Busqué otra granada, pero casi en el mismo momento en el que la encontré, oí un lejano sonido que aumentaba de volumen a cada segundo...venía desde arriba.

Una masa metálica mucho más grande que yo estaba cayendo sobre el Trygon, frenando su caída con tres paracaídas gravíticos situados en sus piernas y la parte baja de la cabina. De repente, los paracaídas gravíticos cesaron de brillar y funcionar, y el bípode cayó a plomo sobre el Trygon, aplastando su cabeza y parte de su cuerpo bajo su peso. El Trygon que estaba a punto de matarnos quedó reducido a una pulpa marrón y gris que rezumaba icor. 

El bípode se desplegó sobre sus patas, que estaban articuladas y dispuestas en forma de ``>´´. Distinguí también dos brazos mecánicos acabados en cañones Punisher que surgían de la mitad horizontal de su cabina. Sobre sus ``hombros´´ había sendos tubos metálicos pintados de negro con una raya amarilla en la parte trasera: misiles cazador-asesino. La parte alta del frontal era una cristalera anaranjada de material antibala, y la mitad inferior era una placa de blindaje del mismo color que el resto del bípode, gris oscuro, casi negro. Parecía un Sentinel, y a la vez no lo era, pues tenía más placas de blindaje, siendo así más robusto.

Lo reconocí al instante: un Hecatónquiro, una versión de combate y apoyo del Sentinel que estaba en período de pruebas, y lo estaría por mucho tiempo más, pues el Adeptus Mechanicus no estaba muy de acuerdo con este tipo de mejoras. De todas formas, el mando se las había apañado para conseguir que varios Manufactorums de Capital lo produjeran en secreto para que en unos años sustituyeran a los Sentinel.

El Hecatónquiro se volvió hacia los tiránidos voladores, que comenzaban a acercarse más de lo necesario, y comenzó a barrer el enjambre de lado a lado con sus cañones Punisher. La tremendamente alta cadencia de fuego de los Punisher hizo mella en los cientos de gárgolas y guerreros tiránidos alados, y cayeron por docenas cuando otros dos bípodes recién llegados se unieron al ataque. Me distraje de aquel espectáculo cuando recibí una llamada de Prashak.

- ¿Comandante?

- ¿Han llegado los Hecatónquiros, Tharrus?

- Acaban de hacerlo.

- Excelente. Los han desplegado desde órbita para darnos apoyo hasta que lleguen las naves de evacuación, apártate de su camino y vuelve a tu puesto.

- Ya estoy en mi puesto- Repliqué- ¿Cuando llegará la flota de evacuación? ¡Cada vez están más cerca!

- En nada, tú sólo...espera- Habló a alguien que tenía cerca- ¿Detectas eso? ¿Qué demonios es?- Hubo una pausa y volvió a hablar- Tharrus, saca a todos de ahí, ¡Que vayan al centro de mando, todos!

Me apresuré a comunicárselo a Dawson, él asintió y avisó al resto del pelotón por el comunicador. También se lo comunicó a los otros capitanes.

- ¿Qué es, comandante?- Eché a correr hacia el centro de mando, que estaba en el centro de al base. Los Hecatónquiros, que ahora eran seis, nos cubrían.

- ¿Recuerdas la Península Quemada?

- Sí- Respondí. 

- Pues son esos putos bichos que vomitan gantes.

- Joder- Mascullé. 

- Tengo cosas que hacer y una sorpresita que dejarles a los tiránidos, corto y cierro- Y cerró el canal.

Guardé el comunicador y seguí corriendo. Bandher, Iskias y Tholl llegaron a mi altura con Keel pisándoles los talones, resoplando. 

- ¿Qué pasa, capitán?- Preguntó Tholl.

- ¿Recuerdas la Península Quemada?- Dije, sin más. 

No necesitaron más pistas. 

- ¡Su puta madre!- Exclamó Iskias.

- Y sus putos muertos- Añadió Keel.

- Que esperemos sean muchos- Completó Bandher.

El puesto de mando, un búnker de tamaño considerable, había sido rápidamente rodeado de barricadas y posiciones de armamento pesado por los hombres de Prashak, que ocupaban parte de las barricadas y estaban tras la mayoría de las ametralladoras pesadas y lanzagranadas pesados que se habían colocado sobre trípodes para conseguir algo más de potencia de fuego.

- ¡Krell, Tama, situaos en las barricadas del oeste con Kitar y los hombres del capitán Shrak!- Comencé a repartir órdenes mientras llegábamos al búnker de mando. Los hecatónquiros ya estaban retrocediendo frente a los cientos de gantes que se les echaban encima, y que morían a decenas con cada ráfaga de los cañones Punisher- ¡El resto, conmigo en las del norte, y todos listos para abrir fuego al mínimo movimiento!

Nos pusimos a cubierto rápidamente y preparamos las armas. Iskias no se lo pensó dos veces y se puso tras una ametralladora pesada. Bandher, Tholl y Keel, con Arridae, se pusieron junto a mí. En escasos segundos, los doscientos integrantes de la 3ª compañía estaban atrincherados y con las armas listas, dispuestos en círculo alrededor del centro de mando. Los hecatónquiros se colocaron tras las barricadas, con los cañones punisher girando y humeando, calientes.

- ¿Veis algo?- Murmuró Tholl.

- Yo siento a muchos de ellos cerca- Contestó Keel, con un hilo de voz.

Empezamos a oír el repiqueteo de sus pezuñas de repente...y comenzaron a salir de todas partes. 

- ¡Ahí están, dadles con todo! ¡Matad a los putos bichos, muchachos!- Arengó Bandher mientras disparaba su rifle láser.

- Me gusta esa frase- Bromeé- ¿De qué santo es, cabo?

Ella sonrió, con los dientes apretados.

- De Santa Bandher, patrona de los hijos de puta duros de pelar.

- ¡Amén!- Corroboró Iskias, disparando la ametralladora pesada, barriendo su línea de visión sin separar los dedos índice de los dos gatillos del arma.

Oímos unos gritos detrás de nosotros, y un rechinar metálico acompañado del característico rugido de los motores de un Helhest, que se situó tras nosotros y comenzó a disparar los dos bólteres pesados de su torreta secundaria contra la marea tiránida. El bólter de asalto coaxial lanzaba ráfagas de munición explosiva en los intervalos en los que se cargaba el cañón principal, que mataba a docenas de gantes cada vez que disparaba.

Sobre nosotros, las naves de evacuación comenzaron a hacerse visibles. Estarían en un minuto como mucho. 

Los tiránidos no dejaban de aparecer, pero morían a cientos por cada segundo que pasaba. Las baterías antiaéreas automatizadas y las torretas Tarántula estaban causando verdaderos estragos en sus filas, y las descargas de los rifles láser, las lenguas de fuego de los lanzallamas, los abrasadores disparos de plasma y el conjunto del resto de nuestro armamento era suficiente para frenarlos a unos metros de nuestras posiciones.

Un cárnifex surgió de entre los almacenes de provisiones, mandando sus pedazos por los aires, y cargó contra nosotros, pero acabó destrozado por los disparos de cañón láser del escuadrón de apoyo del sargento Kalen. Las defensas automatizadas comenzaron a dejar de disparar una a una al ser desactivadas a golpe de garra por las gárgolas, que se cernían sobre nosotros como un enjambre de abejas del tamaño de un hombre. A pesar de que las Tarántula y las otras defensas automáticas dejaron de dispararles, varias ráfagas de láser comenzaron a dirigirse hacia los xenos voladores, y un par de equipos de lanzallamas se subieron a la azotea del centro de mando para rociar de fuego a las gárgolas, que caían rápidamente en picado al suelo chillando, envueltas en llamas.

Nuestras fuerzas aéreas estaban de camino a la flota de transporte, por lo que no pudimos contar con ella. Pero no nos hizo falta. Las naves de carga llegaron flanqueadas por cañoneras Wyvern, que eran versiones artilladas de las Anchora, contando así con cuatro torretas laterales de doble cañón láser y varias troneras a cada lado con ametralladoras pesadas operadas por artilleros desde dentro del compartimento de carga, que estaba destinado a alojar a la munición y a los operadores de las armas laterales.

Una tormenta de láser y balas del .50 sacudió a los tiránidos y los barrió a casi todos en escasos segundos...pero volvieron a aparecer más. Las Anchora se mantuvieron a cinco metros del suelo, con los artilleros de sus ametralladoras rotativas cubriendo a los soldados que subían al transporte por todas y cada una de las cuatro escalinatas que cada Anchora había desplegado.

Envié a Bandher, a Keel, a Tholl y a Iskias a los transportes. Arridae y yo mantuvimos la posición junto a Dawson y la mayoría de la escuadra, cubriendo al resto. Agarré los mangos de la ametralladora pesada doble y encaré al primer alienígena que tuvo la mala suerte de ponérseme a tiro. Apreté los gatillos, y el gante quedó reducido a puré de quitina. Mantuve los dedos sobre los gatillos y moví el arma de lado a lado, ayudado de vez en cuando por alguna ráfaga láser venida de arriba o una descarga de proyectiles del .50 que pulverizaban a su objetivo. 

Una gárgola se lanzó en picado sobre mí, con las garras preparadas y disparando su lanzadardos. Los pequeños proyectiles rebotaron en mi armadura, pero un par consiguieron rasgar el uniforme y hacerme unos cortes bastante profundos en el brazo derecho. Advertí la presencia del tiránido al recibir los disparos y desvié el fuego hacia él. Las balas trazadoras arrancaron sus alas y su brazo izquierdo, y abrieron de par en par su caja torácica, mandando órganos sangrantes en todas direcciones. 

- ¡Vinne!- Me llamó Arridae mientras retrocedía poco a poco, disparando su pistola bólter- ¡Vamos al transporte, que somos los últimos!

Miré a mi alrededor. Prashak y sus hombres estaban saliendo del centro de mando, y los últimos Inmortales se estaban retirando hacia los Anchora, que estaban llenos a rebosar. Asentí, bloqueé los gatillos y eché a correr junto a él y Dawson hacia el transporte más cercano. Bandher, Iskias, Tholl y Keel estaban en él, cubriéndonos junto al resto de la tripulación. Varias espinas volaron a nuestro alrededor, y alcanzaron a Arridae en una pierna, que dio un traspié y gruñó de dolor, pero se la arrancó y continuó corriendo. Mientras tanto, Prashak y su guardaespaldas estaban subiendo a uno de los Anchoras.

Me dí la vuelta para disparar con mi pistola láser a un gante que me estaba pisando los talones, pero Tholl se ocupó de él antes que yo. El Anchora comenzó a elevarse, y saltamos. Yo agarré sin problemas la escalinata, y Dawson hizo lo propio, pero Arridae, con su pierna herida, tuvo sus dificultades, si bien consiguió finalmente subir a la nave.

- Atención, compañía- Habló Prashak por el microcromunicador- Preparaos para los fuegos artificiales.

Ese día, ardió un planeta y millones de tiránidos se carbonizaron con él. 

No había estado tan mal.

Capítulo tresEditar

El soldado de primera clase Fitzgerald se despertó al notar los rayos de sol en su cara. Abrió los ojos perezosamente mientras buscaba el botón que tenía al lado de su cama y que activaba los motores de las persianas, que las subirían para que la luz del sol inundase toda la pequeña habitación de rococemento. Se sentó en la cama, aún despejándose, y miró el reloj digital que había colgado en la pared tres años antes, cuando fue destinado al puesto 3/76. Eran las ocho y tres minutos de la mañana. Bostezó y se levantó lo más rápido que pudo.

No le gustaba levantarse tan tarde.

Se puso el uniforme marrón y se ajustó las correas del chaleco antifrag negro, que era del mismo color que el casco y las botas de combate. Se aseguró de que los portacargadores y portaequipos color arena de su chaleco estuvieran bien sujetos y cerrados, enfundó su pistola en la pistolera que llevaba en el muslo derecho y descolgó el rifle automático de la pared. Abrió la puerta de conglomerado de la habitación del barracón y se dirigió afuera, a la cantina, para ser exactos, que quedaba cerca de los barracones, a unos escasos quince metros a la derecha.

Se subió la palestina gris hasta la nariz y se caló las gafas de combate naranjas para protegerse del frío matutino del desierto. La puerta de la cantina estaba cerrada, pero pudo ver a través de las largas ventanas de su costado que había gente dentro. Entró, pues, a la cantina, con el rifle colgado al hombro y divisó al cabo Prather sentado en la mesa de su escuadra. Prather era el experto en demoliciones de su unidad, un hombre alto y musculoso con una gran pericia con las cargas explosivas y las escopetas. Prather, que a ratos comía a ratos limpiaba su robusta pistola pesada, le hizo señas para que se sentase con él.

Fitzgerald asintió mientras se subía las gafas hasta la frente del casco y se bajaba la palestina hasta la barbilla, al mismo tiempo que se dirigía a la poco diversa barra de comidas para coger una lata de refresco y un par de tostadas frías. Se sentó enfrente de Prather y comenzó a despachar su parco desayuno.

- Qué, ¿Cómo va eso?- Preguntó Prather sin separar la vista del cañón de su pistola, ya que lo estaba limpiando con un cepillo tubular.

- Odio levantarme tan temprano- Fitzgerald dio un bocado a una de las secas tostadas- ¿Ha salido ya la patrulla de reconocimiento? La cabo Fai me debía un paquete de cigarrillos.

Prather negó con la cabeza.

- Pues ya han salido. 

Fitzgerald gruñó.

- La muy puta se ha librado otra vez.

Prather rió y despachó su taza de cafeína.

- Pilla, anda- Dijo, tendiéndole un par de varas de Ilho- Quítate el mono.

- Como no me lo quite el plomo, no me lo quita nadie- Cogió los cigarrillos y se los puso tras la cinta de goma negra de las gafas- Gracias.

- Nada, hermano, a mí me sobran. ¿Has oído lo del puesto 5/65? Esos cabrones se los han cargado a todos.

Fitzgerald asintió y acabó su segunda y última tostada.

- El 5/65 no tenía ni murallas, pero sí que tenía unos cuantos pozos de tirador y su buen medio centenar de soldados destacados ahí. Los rebeldes se están poniendo serios, ¿Eh?- Dio un sorbo al refresco- O nos los cargamos a todos ya o vamos a tener problemas.

Unos pasos rápidos y fuertes sonaron tras él, y poco después oyeron como la puerta de cristal se cerraba sola. 

- Ya los tenemos- Masculló por lo bajo Prather mientras centraba la vista en el sargento Kinal, el líder de su escuadra, que acababa de entrar en la cantina.

- Arriba, muchachos- Dijo, posando una mano en el hombro de Fitzgerald- Hemos perdido el contacto con el puesto 10/89, y tenemos que ir a echar un vistazo.

- Sí, señor- Respondieron Prather y Fitzgerald al unísono mientras se levantaban.

Los tres salieron de la cantina a paso rápido y se reunieron en los hangares de la base con los otros siete componentes de la escuadra. El soldado Kret estaba terminando de soldar una placa de refuerzo sobre una de las seis gigantescas ruedas de un Chimera.

- ¡Atención, escuadra!- Comenzó Kinal- Estamos en misión de reconocimiento, ¿Entendido? El puesto 10/89 ha perdido las comunicaciones. Es probable que no sea nada importante, quizá algún efecto de una tormenta de arena o cualquier otra bobada, pero con todos estos últimos ataques rebeldes, debemos asegurarnos. ¿Tenéis el equipo listo?

Los otros nueve soldados asintieron. Kinal hizo el mismo gesto y activó su comunicador.

- Mando, aquí el sargento Kinal del 4º pelotón. Comenzamos la misión, repito, comenzamos la misión- Estuvo unos segundos en silencio, escuchando a la voz al otro lado de la línea y finalmente colgó tras añadir un ``entendido, corto``- Bien, muchachos, vamos a ello. Al Chimera.

El transporte abandonó la base avanzada 3/76 y estuvo una hora y media cruzando el desierto hasta que llegó a las cercanías del puesto 10/89, donde el piloto paró el vehículo para que la escuadra del sargento Kinal pudiera acercarse sin llamar la atención en el caso de que los rebeldes hubieran ocupado la base. Los diez soldados bajaron del vehículo y avanzaron con sigilo por las calientes dunas hasta situarse en un risco desde el que se podía divisar el puesto 10/89. Kinal ordenó a su escuadra que se detuviera en las rocas y sacó sus prismáticos.

- No veo a nadie. No hay movimiento- Dijo mientras escrutaba la base con los prismáticos. Otros tres miembros de su escuadra hacían lo mismo- Esto no tiene buena pinta, chicos. Mirad, los suministros están sin recoger, y creo que los desplegaron por paracaídas gravítico poco antes de que perdieran el contacto con nosotros.

- Tiene razón, sargento- Murmuró el soldado Jkale- Deberíamos ir a echar un vistazo.

Kinal asintió y guardó sus prismáticos. Se descolgó el rifle, retiró el seguro y lo cogió cruzado sobre el pecho, con el cañón apuntando hacia abajo.

- Iremos en grupos de dos- Dibujó un cuadrado en la arena con su cuchillo- Prather y Fitzgerald iréis con Jkale y Kret por el lado sur. Tanale y Krasak iréis por el este, Lianus y Teco por el oeste, y Sibos y yo entraremos por el norte. Mantendremos contacto continuo por radio, pero no hagáis ruido, no sabemos lo que nos espera. No disparéis a menos que veáis una amenaza, y si es así, comunicadlo antes de disparar.

Fitzgerald miró a Prather, ambos asintieron y retiraron los seguros de sus armas. A la señal de Kinal, las cinco parejas se pusieron en movimiento. Jkale y Kret se mantuvieron a diez metros de Fitzgerald y Prather, y se dirigieron al lado sur de la base, lado en el cual estaba la entrada a la misma. Se detuvieron antes de llegar al ver en la arena las huellas recientes de varias botas y la estela de unas orugas.

- ¿De qué son?- Preguntó Prather.

- Son demasiado pequeñas para ser de un Leman Russ, pero nuestros Chimeras tienen ruedas- Evaluó Kret en calidad de ingeniero de la escuadra- No descarto que sean de un Centaur, pero los rebeldes no tienen de esos. A menos que lo hayan robado, los únicos que tienen Centaurs son los del 76º, y creo que los del 21º, pero están en la otra puta punta del continente...que tampoco nos pilla tan lejos.

- Entonces- Dijo Fitzgerald, expectante y hablando por el resto- ¿Qué es?

- Deben ser de un Centaur- Se mordió el labio inferior- Lo han debido de robar, los cabrones. Si nos encontramos con él, cuidado, los del 76º les añaden una ametralladora pesada más aparte de la del co-piloto.

- Menuda mierda- Sentenció Prather- ¿Y las huellas qué? Deben ser treinta, o así.

- Eso mismo- Correspondió Jkale- Tendremos muchos problemas si siguen en la base.

Fitzgerald se levantó un poco el casco para rascarse la nuca.

- Bueno, da igual. Vamos en silencio y con cuidado. Venga.

Los cuatro soldados avanzaron con cautela hasta llegar a la entrada de la base, donde se detuvieron para escanear la zona. Jkale sacó el áuspex de la escuadra y lo activó.

- No detecto signos vitales. Es probable que se hayan ido. Y que los del puesto estén muertos.

Asintieron y entraron, cubiréndose tras los barracones, que estaban cerca de la entrada. Fitzgerald descubrió varios cartuchos de rifle automático. Recogió uno, lo examinó y se dio cuenta de que era la munición estándar que utilizaban las tropas Imperiales de aquel mundo, Tronia. Era la munición de considerable calibre del fusil automático modelo Agripinaa que ellos mismos usaban. Aquello no les dio un buen presentimiento. 

Cambiaron de cobertura, ésta vez moviéndose hasta estar tras una de las torres de vigilancia de madera del puesto. Encontraron más cartuchos y unas manchas de sangre. 

- Aquí debió empezar el combate- Susurró Jkale- Mirad ahí enfrente, a unos quince metros, en medio de lasdos filas de barracones. 

- Un cadáver, y es de los nuestros- Confirmó Kret- No, hay más. Tres, y más a lo lejos creo que veo otros.

Prather señaló los barracones que estaban tras la torre.

- Vamos ahí. Kret, Jkale, cubridnos.

Los dos soldados asintieron y tomaron posiciones de disparo mientras Fitzgerald y Prather corrían hasta llegar a los barracones, donde se detuvieron para desplazarse a su parte trasera. Encontraron varios cadáveres, tres de ellos de su regimiento, y otros tres desconocidos...pero no eran rebeldes.

- Eh, Fitz, ¿Y éstos?- Prather se agachó cerca de uno de los cadáveres que no reconocían y examinó su uniforme- Mira el chaleco, y el casco. Son de aquí, de Tronia. Pero el uniforme lo han tintado de carmesí...y mira estas marcas- Prather señaló un símbolo circular en su rifle y en el lado derecho de su chaleco antifrag, agujereado por varios disparos- No es Imperial...o al menos ya no.

- ¿Estás pensando en lo mismo que yo?- Murmuró con nerviosismo Fitzgerald.

Prather asintió, se levantó y le dio una patada en la cabeza al cuerpo.

- Sí, los tau han llegado aquí...pero, ¿Cómo cojones lo han hecho? Pensé que estaban a dos mundos de distancia, en la frontera. 

- ¡Y lo están! Aún no han pasado de Taerya, pero han debido de apañárselas de alguna forma para corromper a estos hombres- Miró las chapas de identificación del cadáver- Es del 76º, y dudo mucho que sólo este grupo se haya pasado al otro lado. Prat, ¿Cuántos regimientos más...?

Él negó con la cabeza.

- Y yo qué sé. Una cosa es segura, los putos xenos tienen agentes en Tronia, y los están usando para corromper a las tropas, debemos comunicárselo al centro de mando.

Fitzgerald asintió y llamó a Jkale y a Ket, que se acercaron en silencio y se quedaron lívidos y mudos cuando Prather les explicó lo que habían descubierto. Mientras, Fitzgerald había enviado un mensaje encriptado al Mando Supremo de Tronia, y después al resto de la escuadra. Ket se arrodilló al lado de uno de los Gue'vesa abatidos para examinar su casco, un modelo idéntico al que usaban los guerreros del fuego. Rebuscó en su interior y se dio por vencido al ver que una bala había destrozado la pequeña unidad de memoria del casco, donde estaban guardadas las grabaciones y transmisiones recientes.

- ¿Cuántos creéis que nos han traicionado?- Tartamudeó con nerviosismo Jkale.

Prather y Fitzgerald negaron con la cabeza. Era imposible saberlo. Recibieron una transmisión del sargento Kinal pocos segundos después de acabar de revisar los interiores de los barracones, donde sólo encontraron cadáveres de su propio regimiento, recientes, la mayoría ni siquiera llevaba puesta sus chalecos y cascos de antifrag.

- Atención, escuadra- Habló Kinal- No hay nadie aquí, la base está desierta. He recibido un mensaje del Alto Mando, y debemos ir al puesto 6/13 para prestarles ayuda. Han avistado a la misma columna Gue'vesa que arrasó este puesto, y no son suficientes para defender sus posiciones por su cuenta. También han enviado al 6º pelotón, pero nosotros estamos más cerca, llegaremos antes.

Los soldados respondieron con una serie de confirmaciones por radio, y poco después, el Chimera, que se había quedado atrás, llegó y se colocó en el centro de la base para que la escuadra subiera en él. El puesto 6/13 estaba a sesenta kilómetros de su posición...y cuando llegaron, ya no había puesto 6/13.

Tan sólo quedaban en pie los esqueletos metálicos de las estructuras defensivas y los barracones, y la arena estaba negra y humeaba. Los cadáveres de los defensores apenas eran montones de cenizas y huesos que aún ardían débilmente. Las huellas ésta vez parecían ser el triple que en la base 10/89, y no había ni un Gue'vesa abatido, al menos, visible. No lo habían atacado como al puesto 10/89, lo habían destrozado y carbonizado totalmente.

- Es...horrible- Musitó Kinal al contemplar el panorama con su magnocular- ¿Qué clase de armas pueden hacer ese tipo de destrozos? ¡No hay huellas de vehículos pesados!

Jkale se asomó también por la escotilla del Chimera y miró a los escombros con sus prismáticos. En cuanto dejó de sentir escalofríos en la columna vertebral, habló:

- Parece causado por plasma, sargento. No me extrañaría que los xenos hubieran proporcionado armamento de plasma a estos traidores...

- Esto no pinta bien- Gruñó Kinal- Tenemos que avisar al Alto Mando de que son más y están mejor armados de lo que pensábamos. Si seguimos así, nos van a exter...

El sargento Kinal no pudo acabar la frase: un potente disparo arrancó la mitad superior de su cuerpo, que asomaba por la escotilla del Chimera, y lanzó sus despojos sobre la arena. Jkale gritó e intentó meterse en el Chimera, pero otro disparo del mismo arma destrozó su casco y su cráneo, y su masa encefálica y los restos de su cráneo quedaron proyectados sobre el chasis del Chimera. Un tercer y un cuarto disparo hicieron estallar el costado del vehículo, rompiendo la oruga derecha y matando en el acto al soldado Teco, cuya espalda y parte trasera de la cabeza simplemente desaparecieron. El resto de la escuadra y la tripulación del Chimera abandonaron el transporte, que estalló a los pocos segundos tras recibir otra andanada de impactos. La metralla resultante despedazó al cabo Lianus y dejó sin pierna al soldado Sibos, que cayó al suelo, gritando y maldiciendo mientras se desangraba. 

- ¿De dónde demonios han salido esos disparos?- Ladró Prather mientras apuntaba a todas partes con su escopeta.

- ¡No tengo ni idea!- Respondió el piloto del Chimera antes de ser partido en tres por un nuevo disparo.

- ¡Joder! ¡Móveos!- Kret echó a correr hacia los restos del vehículo para tomar cobertura. El resto lo imitaron, pero el artillero del Chimera fue segado por otra descarga azulada.

El maltrecho y ardiente blindaje del Chimera comenzó a temblar bajo nuevos impactos. Fitzgerald se percató de que venían de su izquierda, de entre las dunas y las rocas marrones que tenían a cincuenta metros. Se volvió para avisar a los otros seis soldados, y en ese justo momento Lianus murió, arrastrándose hacia ellos, sangrando tan profusamente por los muñones de sus piernas que había dejado un profundo charco de sangre caliente y espesa a su alrededor. Un nuevo disparo atravesó el Chimera y abrió un agujero en el pecho de Krasak del tamaño de su casco. 

- ¡Tenemos que salir de aquí!- Exclamó Tanale.

- ¿Y adónde coño vamos, listo?- Bramó Prather.

Fitzgerald se dispuso a hablar también, pero los disparos cesaron y oyeron una serie de gañidos y chasquidos, y varios pasos, pesados y rápidos, sonaron a sus espaldas, tras el humeante fuselaje del Chimera. Los tres soldados se asomaron y se toparon con tres enormes bestias que cargaban robustos cañones a sus espaldas y que eran montados por unos seres delgados y fibrosos de piel marrón...Kroots montados sobre Krootox.

- ¡Mierda! ¿Cómo han llegado aquí?- Tanale disparó su rifle de fusión, desintegrando la cabeza de un Krootox y haciendo desaparecer a su jinete de vientre para arriba.

Entonces Fitzgerald recordó un horrible detalle.

- ¡Los radares y satélites orbitales corren a cargo del 67º! ¡Los han encubierto!

Prather apretó los dientes y disparó su escopeta de combate en automático contra una docena de Kroot que había surgido de repente de la arena, a sus nueve. Los cartuchos del doce cayeron a la arena con rapidez, rebotando unos en otros mientras los perdigones desgarraban la dura piel de los alienígenas, de los cuales murieron tres antes de ponerse en marcha bajo media docena de disparos de la escopeta de Prather.

- ¡Traidores, hijos de puta!- Ladró mientras disparaba la escopeta moviéndola a derecha e izquierda para acertar a todos los xenos que podía- ¡El Emperador los maldiga!

Su cargador de veinte cartuchos se agotó y lo sustituyó todo lo rápido que pudo, pero para cuando lo consiguió, los siete Kroot restantes se les lanzaron encima. Uno de ellos degolló a Tanale poco después de que éste matase a otro Krootox, y Fitzgerald se ocupó de lanzar el cadáver de su compañero encima de los asaltantes...sin las anillas de sus granadas. Prather y él se lanzaron al suelo justo antes de que la subsiguiente explosión se llevase por delante al Krootox restante y a dos Kroot, pero también hirió en la pierna derecha a Prather. 

Con un gruñido de desorientación, Fitzgerald disparó su rifle automático hasta agotar las doce balas que le quedaban a su cargador de treinta y cinco disparos, abatiendo a dos Kroot más antes de que se lanzasen sobre él, pero acabó de nuevo en el suelo, con un xeno encima de él blandiendo un largo y afilado cuchillo que quedó atascado en su chaleco antifrag cuando intentó clavárselo en el pecho. Fitzgerald desenfundó su pistola mientras el alienígena intentaba sacar su cuchillo del peto del soldado y le disparó dos veces en el cuello, y otra más en la cara para asegurarse. Desde el suelo, consiguió arrancarle una mano a otro Kroot antes de que decapitase de una cuchillada a Prather, y la escopeta automática del mismo se hizo cargo de los tres xenos que quedaban con vida, que acaban de recobrarse de la conmoción de la honda expansiva de la granada.

Se levantaron, temblorosos por la adrenalina y con el estómago revuelto por el hediondo olor que salía de la piel de los Kroot. Se miraron mutuamente, sin poder creerse aún el hecho de haber sobrevivido a semejante emboscada. Fitzgerald no aguantó más los nervios y vomitó sobre la arena, empapada de sangre y trozos de carne. 

Al levantar la vista y ver las brillantes estelas azules de las cápsulas de desembarco disparadas por los destructores Mobula le volvieron a entrar las ganas de vomitar.

Nave de carga Ladón, dos días despuésEditar

Acababa de recibir mi nuevo peto de caparazón, y me lo estaba ajustando cuando el intercomunicador restalló con la voz del cabo Iskias.

- Capitán, se me ha encargado que le avise de una reunión de oficiales en la sala de holomapas.

- Gracias, cabo- Agradecí- ¿Cuándo es?

- Este...hace quince minutos. Lo siento, capitán, he estado algo liado y...

- Mierda- Mascullé mientras me quitaba el peto y me ponía la chaqueta del uniforme- Avise a la cabo Bandher de que su nueva petición de armamento ha sido aprobada, que pase a recoger lo que quiera que haya solicitado en dos horas al arsenal.

- Recibido- Oí como retransmitía el mensaje, pero sin usar el comunicador. Bandher debía andar por ahí- Ya se lo he dicho, capitán. Ah, la sargento Slavis me ha dicho que quería hablar con usted.

No pude evitar recordar la...curiosa actuación de Tama hace tres días.

- De acuerdo, cabo. Gracias. Tharrus, corto.

Colgué el auricular del comunicador y corrí hacia la sala de holomapas, esperando que no se hubiera hablado nada importante en mi ausencia. Para cuando llegué, la reunión había empezado hace veintitrés minutos.

- A buenas horas, Tharrus- Bromeó el general Di Sera cuando entré en la reunión.

- Perdón por la tardanza, un fallo en las comunicaciones- Me disculpé- ¿Me he perdido algo?

Di Sera negó con la cabeza.

- No. De hecho, ahora empieza lo importante.

Pulsó un botón de un mando a distancia y un proyector holográfico que estaba sobre el techo reprodujo una grabación en la que se veía en primer plano a un hombre de mediana edad vestido con un uniforme marrón y un chaleco antifrag negro repleto de portacargadores, granadas y bengalas. Llevaba una boina marrón con un simbolo que daba a entender que era un oficial de alta graduación. El hombre blandía un revólver plateado de cañón largo y grueso, y de fondo podían verse varias barricadas improvisadas con cajas de acero, sacos terreros y alambres de espino. Algunos soldados estaban tras ellas, disparando a un enemigo que no entraba en el enfoque de la cámara. En un momento dado, uno de los soldados desapareció de cintura para arriba al recibir un disparo que brillaba con un tono azul claro intimidante. Tuve un mal presentimiento.

- ¡Aquí el coronel Stahller del 37º regimiento de Tronia a cualquier fuerza Imperial cercana!- Gritaba mientras a su alrededor silbaban las balas y aquellos rayos azules letales- ¡Tronia está bajo ataque Tau, han destrozado nuestra flota y más de la mitad de los regimientos locales se han renegado! ¡Estamos incomunicados, sólo contamos con ésta oportunidad para enviar este mensaje! ¡Necesitamos ayuda inmediata!- Se dio la vuelta de golpe y disparó con su revólver antes de volverse hacia la cámara- ¡No podremos aguantar mucho más, necesitamos ayuda inmediata...

La grabación se cortó de golpe. Di Sera nos miró y levantó una ceja.

- Y bien, damas y caballeros, ¿Qué les parece? Una sorpresita de los caracoños.

- ¿Los Tau han pasado de Taerya?- Exclamó, alarmado el capitán Shrak.

Varias preguntas similares surgieron de entre el conjunto de oficiales allí reunidos. Prashak rió en silencio lo de ``caracoños´´.

- Calma, calma- Dijo Di Sera con las palmas en alto para demandar atención- Los Tau no han pasado de Taerya. Al parecer, un grupo de infiltrados han llegado a Tronia de una manera que desconocemos y han estado moviendo hilos para lograr la situación que acabamos de ver. Después, la flota llegó con refuerzos para incomunicar a las fuerzas Imperiales y apoyar a los insurrectos- Se encogió de hombros- Es peligroso, pero por fortuna no tiene mucho más misterio.

- No estaría mal que fuera más complicado y menos peligroso- Bromeó Prashak. Ella siempre mantenía la calma pasara lo que pasase. Era casi desafiante.

Di Sera habló de nuevo una vez el murmullo bajó otra vez:

- La flota irá a Tronia siguiendo el tratado de Ogygia, debemos apoyar a las tropas leales y rechazar a los insurgentes y a los alienígenas- Asintió- He dicho lo que ya sabían, lo sé, pero hay que dejar claras las cosas- Esperó a que las risas disimuladas cesaran y continuó- La flota ya ha puesto rumbo a Tronia. Estamos cerca, así que llegaremos en menos de tres días. Preparad a vuestros hombres y explicadles al situación. 

Y con un gesto de su mano, dio por finalizada la reuninón. 

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Llegamos a la órbita de Tronia el cuarto día, y para entoces, todo el regimiento estaba al corriente de la situación. Los otros regimientos que también viajaban con nosotros (los 8º y 21º regimientos regulares de Namether, el 32º blindado Namethiano y los formidables soldados del mundo letal C-1117) también sabían como estaba el panorama...y no les hacía ninguna gracia.

La situación era complicada, dada la incomunicación de los regimientos leales de Tronia y el estado en el que se encontraban, asediados por las fuerzas Tau, que los superaban en número y armamento. Una flota xeno a tener en cuenta impedía que cualquier refuerzo Imperial entrase en Tronia, y la escolta que la flota de transporte llevaba consigo no era nada del otro mundo. Ninguno sabíamos si las fragatas y cruceros Imperiales podrían acabar con las naves Tau de Tronia, pero jamás lo descubriríamos si no entrábamos en acción.

Había preparado a mi pelotón y lo había distribuido entre varios cargueros Anchora, al igual que el resto de fuerzas Imperiales, pues habíamos recibido órdenes de estar preparados para un despliegue inmediato. Habíamos cargado gran cantidad de equipo y armamento en las Anchora, junto a nosotros, y llevábamos además grandes mochilas donde guardar provisiones y munición, de manera que estábamos listos para sobrevivir una buena temporada sin líneas de suministros si las cosas se ponían feas. 

Iskias y Keel estaban visiblemente nerviosos, al igual que varios soldados del pelotón. Bandher se había puesto el casco y su máscara antigás pintada de rojo y blanco de tal manera que pareciera una boca repleta de colmillos, así que no podíamos ver su expresión, pero sabía que ella estaba inquieta también. Incluso a mí me temblaban ligeramente las manos. Arridae, sin embargo, estaba en su asiento estoico y serio, con la gorra negra de comisario bien colocada y sus armas enfundadas, ligeramente inclinado por la mochila, que impedía que pudiéramos sentarnos totalmente erguidos.

El hangar estaba repleto de naves de carga Anchora, naves de descenso Arvus cargadas con suministros y personal de apoyo, escuadrones escolta de cazas Avenger y alguna que otra cañonera Wyvern. También había un número considerable de Valkyrias y su variante Sky Talon, que transportaban vehículos, y conformaban el escuadrón de respuesta rápida terrestre, preparado para desplegarse si había problemas con posiciones antiaéreas o cualquier otro problema que pudiera crearnos la infantería enemiga y sus defensas terrestres.

También había una serie de enormes transportes súper-pesados que podían cargar un par de docenas enteros de Helhest o Basilisk, más los suministros, recambios y las municiones necesarios para que pudieran estar en funcionamiento durante un período de tiempo considerable sin precisar apoyo logístico. Por supuesto, las tripulaciones de los vehículos viajaban con ellos. 

El Mechanicum nos había cedido también los Hecatónquiros en pruebas, y se encontraban en una esquina del hangar, en tres filas de cuatro, con un equipo de dos o tres ingenieros haciendo apaños y reparaciones de última hora. Saber que contábamos con aquellos monstruos me aliviaba un poco. No sabía que podían hacer exactamente contra las armaduras de combate Tau, pero estaba ansioso por ver un combate entre aquellas dos máquinas de matar andantes. Tan sólo recordar a las docenas de gantes desaparecer bajo las descargas de los cañones Punisher de los hecatónquiros me hizo sufrir un escalofrío.

Dawson carraspeó para que prestásemos atención y señaló la pantala holográfica del interior del Anchora, que mostró una imagen de Tronia...y de las naves Tau en su órbita. Una alarma roja inundó el hangar de luz en intervalos intermitentes y su aullido inundó los oídos de todos los allí presentes. Por primera vez en todo su historial de servicio, la Ladón estaba en verdadero peligro, al igual que su carga.

El Anchora dio un bandazo en sus abrazaderas magnéticas cuando todo el supertransporte fue sacudido por las descargas de los acorazados de la Casta del Aire. Los rayos de inducción volaron en todas direcciones y comenzaron a estallar contra los escudos de vacío de las naves Imperiales, que devolvieron el fuego con todo su armamento. Los escuadrones de cazas de ambos bandos se encontraron entre ambas flotas, intentando llegar hasta las naves enemigas para atacar sus puntos vitales. Los torpedos y misiles estallaban junto a los cohetes de plasma y las ráfagas de inducción, y de los cazas eran tan sólo se veían las luces naranjas o azuladas de sus motores. 

Los escudos de vacío de una fragata Imperial fallaron y ésta fue partida por la mitad por dos descargas simultáneas de los cañones de babor de uno de los cruceros Tau. Los restos de la nave comenzaron a separase lentamente en la ingravidez del vacío, que hervía por los disparos de láser y plasma que lo cruzaban sin cesar. Toda la tripulación del Ladón aguantó la respiración al ver la fragata estallar a cámara lenta, lanzando a su alrededor lenguas de fuego y engullendo docenas de cazas de ambos bandos. 

Una serie de torpedos consiguió cruzar el espacio entre ambas flotas y llegar hasta uno de los cruceros Tau. Uno de los artefactos estalló debido a los disparos de las baterías defensivas de la nave, y otro más fue destruído antes de llegar por los escuadrones de drones-caza Tau, si bien varios de ellos desaparecieron con el torpedo. Finalmente, el torpedo restante se estrelló contra la proa del crucero Tau, hundiendo el blindaje frontal y achatando la nave mientras la enviaba dando vueltas lentamente hacia atrás. Para cuando estalló, el crucero xenos había dado tres vueltas completas. 

La represalia de la Casta del Aire fue abrumadora. Una nube de misiles de inducción se abatió durante varios minutos sobre la flota Imperial, mientras que una andanada tras otra de disparos de plasma castigaba sus escudos de vacío. Las baterías de defensa se volvían locas intentando atacar a todos los misiles de inducción, y muchas de ellas sufrieron cortocircuitos en sus sistemas de disparo automático y tuvieron que ser operadas por artilleros de la Armada Imperial, aunque tampoco ellos consiguieron grandes resultados. El diluvio de misiles y plasma fue rematado por una descarga común de las armas principales de los cruceros Tau. Una serie de rayos azulados cargados de energía atravesaron sin piedad de lado a lado a la mitad de las fragatas Imperiales, mientras que el resto fueron inutilizadas cuando los miles de misiles restantes atacaron sus puntos vitales una vez los escudos de vacío fueron desactivados. 

Hubo gritos de pánico en todo el hangar cuando éste se sacudió violentamente. Uno de los rayos había volatilizado casi por completo el lado izquierdo del supertransporte, haciendo desaparecer a las fuerzas del 21º regimiento regular y el 32º blindado en un hervidero de plasma y energía que los desintegró a todos y cada uno de ellos, así como a un número importante de tripulantes del Ladón. De repente, todo comenzó a inclinarse y a temblar con violencia. 

Estábamos cayendo sobre Tronia, con los motores destrozados y sin escudos. 

Los escuadrones de drones-caza y las baterías de armamento Tau castigaron a la Ladón hasta que estuvimos fuera de su alcance, casi dentro de la atomósfera de Tronia. Para cuando estuvimos a salvo de las descargas de inducción y los misiles nave-nave, la Ladón apenas podía mantener el rumbo con los propulsores auxiliares. Caíamos casi a plomo, aumentando cada vez más la velocidad mientras el hangar se inundaba cada vez más de gritos de pánico y órdenes de mantener la calma. 

- ¡Calma todo el mundo!- Exclamé, en vano. Nadie podía oírme entre el rechinar de la castigada estructura del supertransporte y los gritos de mis tropas.

Súbitamente, las naves comenzaron a salir en tropel del hangar, para desperdigarse en cuanto lo abandonaban e ingresaban en la atmósfera de Tronia. Nuestro Anchora no tardó mucho tiempo en hacer lo mismo, y salió del hangar junto a varios cazas Avenger y otros dos Anchora. 

Entonces vimos Tronia. 

Casi todo el planeta era un enorme desierto, y el resto, oceáno. No pude ver más, pues el proyector holográfico se apagó súbitamente al ser alcanzado el transporte por un disparo. Los cazas Tau nos estaban siguiendo. Oí los rugidos de varios Avenger que se volvían contra la retaguardia de la flota de transportes, acosada por drones-caza y bombarderos Tau monotripulante.

Ahora les tocaba a los pilotos de los Avenger.

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Mikhal observó como, a miles de metros a su derecha, la Ladón caía hacia el suelo con varias secciones envueltas en llamas. Aún salían algunas naves del hangar que tenía intacto, pero un enjambre de drones caza las estaba hostigando sin descanso.

- ¡Tak, contacta con los escuadrones de interceptores dos y tres!- Comunicó a su artillero- ¡Que vayan a ayudar a los que escapan de la Ladón!

- Recibido, transmitiendo- Tak tecleó la orden en el comunicador y la retransmitió a los seis Thunderbolt de los escuadrones de interceptores dos y tres. Llegaron en poco tiempo, y comenzaron a atravesar a los drones-caza con incesantes andanadas de cañón automático.

El Avenger de Mikhal hizo un tirabuzón y esquivó una serie de ráfagas de inducción mientras se acercaba a la fuerza de persecución Tau. Levantó la tapa del botón de disparo, situado en lo alto de la palanca de control derecha, y descargó una ráfaga larga de su cañón de asalto sobre los voladores enemigos, que esquivaron los proyectiles con fluidez y dispararon a un punto detrás de su aparato, probablemente a los otros once cazas Avenger que le seguían. La respuesta fue inmediata, y cuatro drones-caza estallaron al recibir los poderosos impactos de los cañones de asalto. 

- Separáos en grupos de tres- Ordenó Mikhal por el intercomunicador- Quiero que tres os desviéis para hostigarles por un flanco. El resto, conmigo, vamos a atacarles de frente.

Otra ráfaga de su cañón de asalto y una descarga de los cañones láser barrió a otros tres drones del aire, pero un disparo de inducción impactó en su ala izquierda y desestabilizó el aparato durante un par de segundos hasta que Mikhal consiguió enderezarlo de nuevo. Varios cohetes volaron hacia él y el Avenger que tenía a la derecha, pero una habilidosa serie de acrobacias despistaron a los sistemas de seguimiento de los proyectiles, que estallaron a unos metros de los cazas. 

Mientras las dos flotas de naves de combate se acercaban más y más, las andanadas de inducción y los misiles perseguidores eran respondidos por los aullares de los cañones de asalto y la imparable furia de los cañones láser, que eran capaces de llevarse varios drones-caza por delante de un solo disparo bien colocado. El escuadrón de flanqueo surgió entre disparos y acrobacias del lado derecho de la formación de drones, mientras refuerzos enemigos caían del cielo con los cañones de inducción lanzando una ráfaga tras otra.

Mikhal condujo su Avenger a través de la formación enemiga, disparando el cañón de asalto sin parar mientras Tak hacía lo propio con su ametralladora pesada. Los drones estallaban a su alrededor y le disparaban con sus cañones de inducción rotativos, pero pocos disparos le acertaban, dada la velocidad que llevaba y las acrobacias que efectuaba. 

Mientras los escuadrones de Avenger intercambiaban disparos con los drones-caza, la flota de transporte seguía su rumbo, acosada por algunos elementos de la aviación Tau.

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Cuando la puerta lateral del Anchora saltó por los aires y se alejó, liberada de sus grandes bisagras mecánicas, pudimos ver a la Ladón cayendo a cámara lenta, con incendios por doquier. Aún salían naves de su hangar, pero un escuadrón de drones caza y otro de cazas Thunderbolt mantenían un intenso combate acrobático justo en frente, y algunas de las naves que escapaban eran impactadas por el intercambio de fuego.

Un Valkyria que volaba a nuestro lado recibió varios impactos y se precipitó al vacío mientras sufría varias explosiones internas. Los ocupantes saltaron en paracaídas gravíticos, pero fueron atravesados por una lluvia de rayos de inducción azulados apenas salieron del compartimento de pasajeros. Me desabroché el cinturón de seguridad y corrí hasta el hueco que dejó la puerta al ser arrancada. Agarré uno de los bordes del fuselaje del Anchora y me asomé, mirando hacia la cola del transporte. Un furioso combate entre los cazas Avenger e infinidad de drones se estaba llevando a cabo en lo alto, pero aún así, nos estaban atacando los drones que se escapaban de la contienda. Un nuevo disparo de inducción pasó chisporroteando a escasos centímetros de mi cara, y me aparté instintivamente. Gruñí y le hice señas a Iskias para que me prestase atención.

- ¡Cabo, contacte con el resto de transportes!- Ordené mientras encendía el motor de la ametralladora rotativa del Anchora, cuyos cañones comenzaron a girar cada vez más rápido con un inquietante zumbido metálico- ¡Dígales que tenemos drones a la cola, que dirijan sus armas contra ellos o nos derribarán uno a uno!

Iskias asintió, encendió su comunicador, conectándolo a la radio que llevaba en la mochila y comenzó a dar el aviso. Mientras tanto, Tama se había levantado y colocado tras la otra ametralladora. Apretamos el gatillo casi a la vez, y una cascada de balas trazadoras inundó el aire, dejando delgadas estelas de humo a su paso y chocando contra el blindaje de nuestros perseguidores, que comenzaron a estallar cuando los otros Anchora e incluso una cañonera Wyvern unieron sus armas a la defensa.

Una cortina de proyectiles antiblindaje y descargas láser barrió casi de inmediato a la primera línea de máquinas tau, y para cuando el resto abrió fuego, la andanada conjunta ya había borrado a la mayoría de drones. La Wyvern deleceró hasta situarse en la retaguardia y se colocó de lado, presentando dos de sus torretas de cañones láser gemelos y las troneras de su flanco derecho, a través de las cuales comenzó a surgir una ráfaga tras otra de ametralladora pesada, barriendo del mapa a un dron tras otro, pero no dejaban de llegar. 

Una serie de cohetes perseguidores hizo estallar los motores de un transporte pesado, que comenzó a perder estabilidad y cayó a plomo sobre un inmenso bosque que se extendía bajo nosotros. Me di cuenta de que transportaba vehículos de mi regimiento. Apreté los dientes, maldiciendo para mis adentros, y seguí disparando la ametralladora. Tama hacía lo mismo, pero ella no podía contener su ira y su impotencia y gritaba insultos a pleno pulmón, incluso por encima del ladrar de las ametralladoras y el sonido del viento. 

Otro transporte pesado, éste del 8º de infantería regular, resultó alcanzado en un costado por los cañones de inducción de un pequeño escuadrón de drones-caza que había logrado pasar del Wyven y del fuego defensivo del resto de transportes. Cuando los interceptores tau pasaron de largo para ser segundos más tarde cosidos a tiros en rápida sucesión, el transporte pesado dio una serie de bandazos y sufrió una explosión en el costado, precipitándose al vacío junto al otro carguero derribado.

La voz de un hombre sonó con fuerza súbitamente a través de los intercomunicadores:

- ¡Concentrad el fuego, maldita sea, no podemos permitirnos perder más transportes!

Sin embargo, y sin motivo aparente alguno, los drones comenzaron a retirarse a los pocos segundos. Había perdido de vista a los Avenger, y la Ladón estaba extremadamente lejos, apenas visible por las nubes y el humo de sus llamas. Se oyó repentinamente una serie de transmisiones provenientes de la cañonera Wyvern que cubría nuestra retaguardia, y al instante se cortaron cuando varios drones-caza se estrellaron contra ella para hacerla estallar. El resto siguieron subiendo hasta que se perdieron de vista.

- ¡Mierda!- Exclamó alguien por el intercomunicador- ¿Y ahora qué cojones hacemos?

Durante los siguientes tres minutos, los canales de comunicación fueron una absoluta locura. Aproveché para contar las naves supervivientes. Apenas ocho Anchora entre los de mi pelotón y los de la 4ª compañía del 8º regular  y un puñado de Valkyrias pertenecientes a los luchadores de jungla. El resto habían huído de la Ladón hacia un lado opuesto al nuestro. No pude evitar sentirme abrumado por la situación, pero me controlé rápido. No convenía desmoronarse delante de tus propios hombres. 

Una voz, firme y grave, algo ronca, tronó por el canal general, acallando al resto de quejas y maldiciones.

- Al habla el teniente Miller del 7º de luchadores de jungla- Hizo una pausa y comenzó a ladrar a un volumen exageradamente alto- ¡Dejáos de gilipolleces y pensad como verdaderos soldados! ¡Tenemos dos transportes pesados estrellados ahí abajo, en ese puto bosque gigantesco! ¿Vamos a dejar ahí los suministros y los vehículos que contienen?

- ¡No serán recuperables!- Replicó una mujer, probablemente del 8º regular, ya que no conocía su voz.

- ¡Por supuesto que lo son!- Bramó él. Vi como los Valkyrias se daban la vuelta y se dirigían a un enorme claro del cual se elevaban dos espesas y negras columnas de humo gemelas- ¡Esos cacharros lo aguantan todo, los vehículos y los suministros estarán intactos! Mis hombres y yo nos dirigimos hacia allí, el que quiera, que venga con nosotros, el que no, que le jodan.

Y la transmisión se cortó. A los pocos segundos, el capitán de uno de los pelotones del 8º regular, que parecía haber tomado el mando de la compañía al haber muerto su comandante, se mostró de acuerdo con el teniente Miller y las Anchora del 8º dieron la vuelta. Los transportes de mi pelotón ya estaban en rumbo hacia el claro cuando los del 8º comenzaron a girar.

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Los dos transportes pesados habían caído, en efecto, en el gigantesco claro que localicé durante el vuelo. Se habían estrellado contra el suelo y avanzado a través de la tierra varias decenas de metros antes de parar y quedar los dos casi juntos, en forma de ``T´´. Estaban medio enterrados y hechos un desastre, pero la mayoría de su carga (incluída la tripulación de los vehículos) había conseguido salir indemne, o casi. Había varios heridos leves, y los que habían muerto por el impacto o tras sufrir heridas demasiado graves representaban apenas un cuarto del total de los operadores de los vehículos transportados.

Cuando descendimos y desembarcamos a escasos metros de las naves accidentadas, encontramos a los ingenieros y a los pilotos sacando los suministros de los transportes pesados, que ardían en determinados puntos de su fuselaje y estaban en muy mal estado. Algunos, armados con carabinas láser de culata retráctil y cañón corto, formaban alrededor de la zona de impacto, vigilando las cercanías con los mismos magnoculares de los vehículos o simplemente con las miras de hierro de sus carabinas láser. Muchos tenían quemaduras o cortes en sus monos de combate.

La bienvenida no fue precisamente cálida. Un teniente tanquista del 8º regular, al parecer al mando de aquellos hombres, nos informó de la situación tanto a mí como a los otros dos oficiales del 8º regular y del 7º de luchadores de jungla. Nos habló de las bajas y de los daños en vehículos y suministros, que al parecer, no habían sido, por suerte, cuantiosos. Una vez nos dio la información, se apresuró a entrar en uno de los transportes pesados para seguir con la reparación de las orugas de un Chimera. Tardarían un par de horas en tener todos los vehículos a punto.

- Bien, y ahora, ¿Qué hacemos?- Inquirió el teniente Miller.

Millera era un hombre alto y fornido, con varias cicatrices en el cuello, la frente y los brazos. Tenía la cabeza rapada y un collar de identificación colgando del cuello. Llevaba el uniforme del 7º de luchadores de jungla, que consistía en unos pantalones de combate de color marrón verdoso y una camiseta de tirantes gris bajo un ligero chaleco portaequipo de cuero marrón. Las botas de combate, negras, tenían sobre ellas unas rastrojeras del mismo color que los pantalones. En la mochila de combate marrón, Miller llevaba sujeta una escopeta de corredera de culata y guardamanos de madera sintética, cuyo cañón, recámara y resto de piezas eran de un metal negro mate. Además, los soldados del 7º sujetaban varios portacargadores a sus cinturones de cuero, así como pistoleras, fundas para sus cuchillos de combate o cantimploras. 

- Esperaremos a que los vehículos estén reparados y nos pondremos en marcha- Respondí- No sabemos dónde estamos, pero este sitio me da mala espina, es un lugar perfecto para una emboscada.

- Eso ya lo sé- Asintió Miller- Digo de mientras los vehículos son reparados. Sugiero que mantengamos la posición. Ir de reconocimiento podría ser peligroso.

Esta vez tomó la palabra el capitán al mando de las fuerzas del 8º regular.

- Montaremos un perímetro defensivo y estaremos listos para cualquier cosa- Miró a Miller- El teniente lleva razón, lo mejor es que nos mantengamos unidos y no desperdiguemos fuerzas por la zona. Podrían hacernos falta en cualquier momento.

Asentimos y nos dirigimos hacia nuestras respectivas tropas para organizar el perímetro. Los hombres del 8º regular enviaron algunos médicos para hacerse cargo de los heridos, y con los escombros montaron varias barricadas al este de la zona. También cavaron varios hoyos en la tierra donde apostaron equipos de fuego de cinco hombres.

Miller y los del 7º de luchadores de jungla, que apenas llegaban a los cincuenta hombres, se situaron en el sur, vigilando la zona con prismáticos y magnoculares y con las armas listas. Por mi parte, me llevé a mi pelotón al oeste y lo repartí intenando abarcar el mayor espacio posible sin que una escuadra estuviera demasiado separada de otra. Las tropas del 8º regular, que eran muchas más, se repartieron también por el norte y entre las posiciones de los luchadores de jungla y mi pelotón. Nadie se situó a más de cincuenta metros de los transportes, que estaban a una escasa decena de metros de los cargueros derribados.

Pasó una hora sin que divisásemos a ningún enemigo en la zona, pero a partir de entonces, se comenzó a oír un inquietante sonido por toda la arboleda (los árboles, por cierto, eran enormes, alcanzando algunos los cincuenta metros de altura). Un sonido que recordaba a un chasquido, y que poco a poco se fue convirtiendo en un canturreo extraño que a todos nos resultaba familiar, pero que ninguno conseguíamos identificar. Los hombres comenzaron a ponerse nerviosos, y más de uno disparó hacia los árboles con la intención de hacer callar a aquellos pájaros, suponiendo que fuesen pájaros.

Media hora después, se desató el caos.

El canto aumentó de volumen y las copas de los árboles se revolvieron cuando de ellas surgió una andanada de disparos que hizo saltar por los aires a un grupo de soldados del 8º regular. Entonces de las ramas y copas de los árboles comenzaron a surgir infinidad de formas delgadas y altas, descolgándose y llegando al suelo a través de cuerdas. Cuando empezamos a disparar, los emboscadores ya corrían hacia nosotros, y apenas estaban a cien metros. 

- ¡Kroot!- Ladró Dawson mientras amartillaba su rifle láser y disparaba contra los xenos- ¡Acabad con todos ellos!

Su escuadra se puso en movimiento antes que nadie. Sus ametralladoras desplegaron los bípodes y se echaron cuerpo a tierra para llenar el aire de balas trazadoras que se abatían como una casacada sobre los Kroot. Las descargas de fusilería láser no tardaron en aparecer en escena, y una lluvia intermitente de rayos láser anaranjados comenzó a recorrer la carga de los xenos. 

Krell ordenó a su escuadra que se dispersase, con dos metros entre un miembro y otro, y dispararon una andanada tras otra de sus rifles láser y ametralladoras para ralentizar el avance de los Kroot, pero eran tantos que no consiguieron mucho. Los altos alienígenas seguían bajando de los árboles y corriendo hacia nosotros por todos lados. Se oían los disparos de los defensores otros tres lados.

Una posta impactó en el peto del cabo Tholl, apenas a un metro y medio a mi derecha, y lo derribó. Mientras volaba un par de metros hacia atrás y caía al suelo, Tholl expulsó explosivamente el aire que había estado guardando en sus pulmones. Se retorció en el suelo, gruñendo de dolor, antes de levantarse y volver a mi derecha, con el rifle láser preparado. 

- ¿Estás bien?- Preguntó en voz alta Iskias por encima del fragor del combate mientras disparaba su rifle láser en automático.

Tholl asintió y disparó un solo tiro, que le voló la cabeza limpiamente a un Kroot.

- Tengo rotas un par de costilas, creo- Disparó de nuevo tras apuntar con la mira telescópica del arma y derribó a otro xeno- Pero estoy bien.

Un hilillo de sangre le salía de las comisuras de la boca y teñía un poco de su barba rubia de rojo. Desvié la mirada para concentrarme en nuestros atacantes y disparé mi pistola láser. El primer disparo alcanzó en el pecho a un Kroot, que continuó corriendo a gran velocidad. El segundo y el tercero terminaron con él, y los dos siguientes abatieron a otro más. Apunté al pecho de otro más y lo abatí de un solo disparo. Cuando apunté de nuevo, oí la voz de Tama detrás de mí.

- ¡Capitán!- Corrían con su escuadra detrás, disparando sus armas en automático. Me lanzó un rifle láser con una bandolera de munición.

Asentí en señal de agradecimiento y amartillé el arma. Al poco de llegar a la Ladón le había ordenado que me solicitase un rifle láser, pero se me había olvidado pedírselo una vez lo hubo conseguido. Enfundé la pistola láser y encaré al xeno más cercano, que estaba a apenas seis metros. Disparé una ráfaga larga y los disparos le arrancaron el hombro derecho en medio de una nube de sangre y trozos de carne y destrozaron su caja torácica. Al caer, de bruces, desparramó su sangre por la hierba.

Apunté a través de la mira de combate del rifle y efectué otro disparo, ésta vez haciendo estallar el antebrazo de otro kroot más. Una ráfaga corta terminó con él, atravesando su pecho y saliendo por entre sus omoplatos con un crujido de huesos rotos.

Keel llegó corriendo y se situó a tres metros a mi izquierda, disparando su pistola láser rápidamente. Una granada de fragmentación hizo saltar por los aires a dos xenos, desmembrándolos y lanzando sus despojos por el aire. Al fondo, tras el avance Kroot, una nube de polvo y humo comenzó a ocultar los árboles. 

Oí una serie de palabras en un idioma extraño y Kitar y sus francotiradores aparecieron casi de la nada, con sus robustos fusiles de precisión en alto. Se arrodillaron y comenzaron a abrir fuego contra los Kroot, que ya estaban casi encima de nosotros. Antes de apartar la mirada de ellos, vi como la soldado Sicra partía por la mitad a un xeno de un solo disparo.

Encendí el comunicador con la mano izquierda mientras que con la derecha continuaba disparando el rifle láser desde al cadera. Un kroot saltó sobre un soldado del 8º regular y le arrancó media cara de un mordisco de sus poderosas fauces picudas.

- ¡Shafne!- Hablé a través del canal del pelotón- ¡Mueva a sus hombres a diez metros a mi izquierda, quiero que barran el frente con fuego de supresión!

- Recibido, capitán, estamos en marcha.

El escuadrón de armas pesadas se desplegó en la ubicación indicada y montó los bólteres pesados sobre sus robustos trípodes. Al cabo de unos pocos segundos, ya estaban descargando su munición sobre los kroot, que estallaban al ser impactados, perdían miembros de un solo disparo o eran partidos por la mitad. Las tres armas pesadas barrían la primera línea alienígena sin piedad.

- ¡Capitán, aquí!- Miré hacia atrás mientras recargaba el rifle láser y divisé a Bandher con un rifle de plasma en una mano y un lanzagranadas monotiro en la otra.Vaporizó a un kroot de cintura para arriba y me lanzó el lanzagranadas- ¡Deles duro!

Atrapé el arma al vuelo con la mano derecha y disparé casi sin apuntar. La granada estalló con violencia al chocar contra el suelo y mandó por los aires a tres xenos, esparciendo sus intestinos por los alrededores. Otros dos fueron desmembrados por la metralla, y un sexto quedó sin piernas, arrastrándose hacia nosotros. Un disparo de la pistola láser de Keel lo detuvo del todo. Arrojé a un lado el lanzagranadas, descargado y humeante, y retomé el rifle láser.

En la otra punta de nuestro lado, los kroot, libres del despiadado fuego de los bólteres pesados de Shafne y sus hombres, habían alcanzado nuestras líneas y se abalanzaban sobre mis hombres y los soldados del 8º regular, que se intentaban regarupar mientras lanzaban ráfagas láser sin descanso, abatiendo a un xeno tras otro, pero igualmente eran hostigados sin parar por los cuchillos y las bayonetas de los alienígenas, que se movían tan rápido y con tanta fluidez que había que disparar en automático para acertarles.

Sin embargo, entre la estampida kroot, los ingenieros de combate de Keff se mantenían en pie, en formación de cuña entre la marea de xenos. Disparaban sus carabinas láser en ráfagas cortas y controladas, con poco espacio de tiempo entre una y otra. Tanto los que pasaban de largo para atacar al resto de tropas como los que cargaban sobre ellos resultaban abatidos con rapidez. Las cortas descargas de láser arrancaban miembros y decapitaban xenos, o los atravesaban de lado a lado. Las granadas incendiarias convertían a los kroot en antorchas de dos metros que corrían varios metros antes de caer al suelo, muertos o retorciéndose en su agonía antes de convertirse en poco más que esqueletos ennegrecidos recubiertos de jirones de piel quemada y cuarteada.

- ¿Queréis acercaros?- Gritó Keff mientras blandía su cortador láser a la altura de la cadera. Súbitamente, un kroot saltó sobre él...y fue seccionado limpiamente por la mitad en pleno aire. Las dos mitades cayeron cada una por su lado, con las zonas del corte humeando, cauterizadas- ¡Pues hacedlo!

Los cortadores láser de la escuadra de ingenieros de combate partían a los kroot en pedazos en cuanto se acercaban a menos de dos metros de los hombres de Keff. Lo último que los alienígenas veían antes de quedar partidos en dos era un destello azulado que se extinguía al segundo de aparecer. Los que sobrevivían, quedaban sin piernas o algo peor, tirados en el suelo, arrastrándose, y no tardaban mucho en ser pisados por botas de combate que rompían sus tráqueas, dejándoles así ahogarse mientras agonizaban sobre la hierba teñida de rojo.

- ¡Tenemos problemas!- Exclamó Tama por el intercomunicador- ¡Han traído knarlocs!

En efecto, de entre la nube de polvo y humo que ocultaba los árboles surgieron varios kroots montados en aquellas pavorosas criaturas que eran usadas como monturas. Cuando mordían, sus picos eran capaces de partir a un hombre por la mitad tranquilamente, y sus patas, fuertes y recias, podían correr a velocidades increíbles, así como saltar largas distancias de una sola vez. Sus jinetes blandían largas astas acabadas en finas hojas metálicas extremadamente puntiagudas. La carga de caballería se llevó por delante a varios soldados del 8º regular, que eran atravesados por las lanzas de los jinetes o aplastados por las patas de los knarlocs mientras retrocedían lo más rápido que podían. 

- ¡Maia!- Gritó Iskias de repente, disparando contra los kroot, que aún surgían de entre el humo.

Un knarloc corría hacia Bandher, rugiendo. El jinete elevó la lanza, preparado para empalarla, pero desapareció en medio de una nube azulada. Otro disparo de rifle de plasma desintegró las patas traseras de la criatura por debajo de la rodilla. El knarloc cayó al suelo y se arrastró varios metros por el suelo debido a la velocidad que llevaba. La bestia se paró justo a los pies de la cabo Bandher, que se apresuró en disparar su pistola láser contra el cráneo del knarloc. Los disparos derritieron sus ojos y penetraron en su cráneo, destrozando su cerebro y haciendo que por las cuencas semi-vacías de los ojos y por su boca surgiera un chorro de fluido encefálico y sangre mezclada con pequeños trozos de carne humeante.

Shafne volvió rápidamente las armas pesadas de sus hombres contra los knarlocs, que representaban un peligro mucho mayor que el resto de kroots. Namhein se abrió paso entre los kroot junto a su escuadra y tomó una posición avanzada, haciendo saltar por los aires con los dos lanzagranadas automáticos de su escuadra a cualquier xeno que se acercase. Los rugidos del bólter del teniente Namhein se hacían oír sobre el resto de sonidos del combate, y sus disparos abatían a losalienígenas de un solo disparo. Sus hombres disparaban frenéticamente sus rifles láser mientras intentaban cubrirse de los disparos de los rifles kroot.

Entonces, mientras avanzaba junto a Iskias, Tholl y Bandher hacia la posición del teniente, me di cuenta de una cosa. No había krootox. Pero no podía pensar en esas nimiedades. 

Teníamos probablemente a más de un centenar de xenos corriendo hacia nosotros.

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El sargento Ryans abatió a su décimo o décimoquinto kroot de un disparo limpio a su cabeza grisácea. Había perdido la cuenta de los que llevaba, pero le daba igual, solo tenía que seguir matando e impedir que los alienígenas se los comieran. Sencillo en la teoría, jodidamente difícil en la práctica.

El soldado Szane gritó algo cuando un kroot se le lanzó encima y le tiró al suelo. Él itentó quitárselo de encima, pero el kroot era mucho más fuerte, y estaba armado. Szane había perdido su rifle mientras caía al suelo. El xeno alzó un cuchillo retorcido y manchado de sangre y aplastó la cara del soldado contra el suelo usando su otra mano. Szane buscaba a tientas su pistola, enfundada en su muslo derecho, pero no la podría encontrar a tiempo. Sin pensárselo dos veces, Ryans dejó de lado su rifle láser y se abalanzó sobre el kroot. Ambos cayeron al suelo y rodaron por la hierba, peleándose por el cuchillo del alienígena, si bien éste último contaba con la ventaja de su fuerza. 

- ¡Sargento, aléjelo de usted!- Gritó Szane, que ya había recuperado su fusil láser y apuntaba hacia el kroot.

Con un gruñido de esfuerzo, Ryans lanzó al kroot hacia atrás empujando con sus pies contra su vientre. El xeno le propinó un tremendo cuchillazo antes de separarse de él, pero tan sólo le hizo un corte no demasiado profundo en el pecho. 

- ¡Cómete esto, puto loro!- Gritó Szane antes de disparar tres veces seguidas al kroot en el pecho mientras estaba en el suelo.

El cadáver del alienígena se estremeció y tuvo varios espasmos cuando los rayos láser atravesaron su caja torácica e hicieron estallar su corazón y sus pulmones, enviando chorros de sangre por los agujeros que habían creado los disparos. Szane ayudó al sargento a levantarse, que le dio una palmada en la espalda en señal de agradecimiento y volvió a su posición, con el rifle láser compacto de culata y guardamanos de madera sintética puesto a punto. 

Una salva de postas barrió del mapa al soldado Leam, del que sólo quedó un montón de carne destrozada pegada a su esqueleto astillado. Ryans gruñó y localizó a los autores del disparo. Cuatro kroot, a diez metros, avanzando mientras disparaban. Los encaró con su rifle láser y disparó en automático, moviendo el arma de lado a lado para acertar a todos. La tremenda cadencia de fuego del arma, unida a su potencia de disparo, hizo desaparecer prácticamente a los xenos de cadera para arriba. Antes de que los cadáveres de torsos y caras destrozadas tocaran el suelo, Ryans ya había seleccionado un nuevo objetivo. Apretó el gatillo, pero el arma emitió un chasquido. Estaba vacía. Gritó una sarta de maldiciones mientras devolvía el cargador a su chaleco portaequipo e insertaba una célula de energía nueva en el arma. Para cuando quiso apuntar al kroot de nuevo, uno de sus hombres ya lo había abatido con su fusil láser de un disparo en el pecho que había salido por el omóplato izquierdo, destrozando de paso el hueso y quemando la carne.

Treinta metros a su derecha, el teniente Miller y su escuadra de mando mantenían su posición a duras penas frente al aparentemente imparable avance enemigo. Los soldados del 8º regular se habían atrincherado en sus barricadas y pozos de tirador, y abatían una verdadera cortina de fuego láser sobre los kroot, además de usar sus lanzagranadas para mantener a raya a los knarlocs. Miller había agotado todas sus granadas de fragmentación, y el resultado de su uso podía verse a escasos metros de su posición. Cuerpos destrozados tirados en el suelo en posturas imposibles, con sus miembros e intestinos desparramados a su alrededor en medio de una tierra cuya hierba había sido arrancada de cuajo por la fuerza de las explosiones, que además habían dejado pequeños cráteres en el suelo. Algunos fragmentos de metralla le habían acertado a él mismo, pero no eran más que pequeños cortes en sus brazos e incluso alguno en su cuello o sus piernas.

A ambos lados de él, sus hombres se afanaban en mantener a los alienígenas a distancia, tarea harto difícil dados su número y su velocidad. El cabo Staner ya apenas tenía combustible para su lanzallamas, y el soldado Drilo estaba agotando uno de los últimos cargadores de su ametralladora ligera, de cincuenta balas de fragmentación cada uno. Cada vez que acertaba a un kroot, éste caía al suelo rápidamente con la piel desgarrada y sangrando a borbotones por las espantosas heridas que causaba aquel arma de tremenda cadencia de fuego. 

Staner abrasó a casi una decena de kroots con su lanzallamas, que emitió un apagado gemido al quedarse sin combustible. Apretó los dientes, descolgándose la mochila de combustible y arrojándola junto al arma lejos de él. Después, sacó su rifle láser, que hasta entonces había permanecido sujeto a su cintura, y ráfaga tras ráfaga, agotó el cargador de sesenta disparos del arma. Mientras lo sustituía, Miller agotó el último que le quedaba y guardó el rifle láser para sacar su escopeta de la hebilla de sujección del lateral derecho de su mochila de combate.

El primer disparó hizo desaparecer la mayor parte de la cara del xeno que Miller tenía más cerca, y el segundo destrozó en el aire el vientre de otro que se abalanzó sobre él. Amartilló la escopeta para que el siguiente cartucho entrase en la recámara y apuntó a su siguiente objetivo. El cartucho de postas le arrancó el antebrazo izquierdo y desgarró su tronco, dejando a la vista sus costillas y parte de sus intestinos, todo en medio de una espesa nube de sangre que empapó la hierba a sus pies.

- ¡Maren, tenemos otra carga de knarlocs!- Avisó al escuadrón de armas pesadas de su pelotón a través del microcomunicador tras amartillar de nuevo la escopeta- ¡Asegúrate de darles duro!

A veinte metros, junto a las posiciones de los soldados que el  8º regular había enviado para reforzar la defensa, el sargento Maren acusó recibo con un gruñido y giró su ametralladora pesada. Sus hombres hicieron lo mismo con las otras dos ametralladoras del escuadrón de apoyo. Habían estado impidiendo que los xenos los flanqueasen, así que rezó para que los del 8º pudieran apañárselas solos en el flanco. Centró la mira de hierro de la ametralladora sobre una de las bestias montadas y apretó el gatillo doble del arma, que vomitó los casquillos vacíos por un costado mientras las balas de calibre 12 perforante destrozaban a la criatura, seccionando sus piernas y masacrando después tanto a la bestia como a su jinete. Cambió de objetivo e hizo estallar el cráneo de otro knarloc mientras sus hombres hacían lo propio con los que avanzaban junto al que Maren acababa de matar, que entonces sangraba a chorros, tirado en el suelo con sus sesos desparramados por la hierba junto a pedazos de cráneo y de carne.

De repente, su cargador cayó al suelo con el brazo amputado a la altura del codo, gritando y gruñendo mientras se sujetaba el sangrante muñón. Maren ordenó a otro de sus hombres que se ocupara de sus heridas y siguió barriendo la zona con su ametralladora pesada, montada sobre un trípode metálico desplegable. 

Aún quedaban sabe El Emperador cuántos xenos que masacrar.

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Supe dónde estaban los krootrox al oír un ladrido bestial y ver como surgían de entre el humo. Sus jinetes dispararon los cañones montados sobre los lomos de las bestias, y sus pesados proyectiles se abatieron sobre nosotros, matando a uno de los hombres de Keff y destrozando el escudo defensivo del bólter pesado de Shafne. 

- ¡Namhein, ocúpate de los krootox!- Exclamé a través del intercomunicador, con la cabeza agachada.

No recibí ninguna respuesta, pero los lanzagranadas de la escuadra del teniente comenzaron a bombardear a la docena de krootox que se nos lanzaban encima. Los explosivos de fragmentación desgarraban a algunos de los jinetes y destripaban a sus monturas, pero la mayor parte de la metralla se quedaba incrustada en su dura piel sin causar daño alguno, si bien muchos de los kroot que los montaban acababan muertos por los fragmentos de metal. 

Muchos rifles láser también se centraron en ellos, pero éstos les causaban menos daño, y tan sólo lograban abatir a los jinetes de vez en cuando o ralentizar a los krootox. Shafne y su escuadrón de apoyo seguían concentrados en mantener a raya a la carga kroot, y parte de las tropas del 8º regular habían vuelto su fuego contra los krootox, de manera que dejaron su flanco con menos protección. Ordené por gestos a Kitar que se apresurara a apoyarlos. Él asintió y tanto sus hombres como él echaron a correr para cambiar de posición. Los ladridos de sus rifles no se hicieron esperar.

Noté un golpe en el pecho y me vi de repente en el suelo con un kroot encima. Mi rifle láser estaba en el suelo, y Tholl e Iskias estaban demasiado ocupados manteniendo a raya a los alienígenas como para darse cuenta de mi situación. Por suerte, Bandher había visto al xeno saltar sobre mí, y mientras intentaba mantener su cara alejada de mí, pues intentaba morderme (y sabía de sobra que me arrancaría media cabeza si lo hacía), Bandher le propinó una tremenda patada en el estómago y lo alejó de mí con otro golpe. El xeno rodó hacia la izquierda por el golpe, y justo cuando plegó las piernas para tomar impulso y levantarse, Bandher le pisó la cara con fuerza contra el suelo. Se oyó un crujido y el alienígena chasqueó su pico mientras arañaba las botas de la cabo para librarse de ella. Bandher le dio un pisotón tras otro hasta que un crujido mayor se oyó y un chorro de sangre manó por el pico del xeno, que empezó a sufrir violentos espasmos. Antes de separarse del cadáver, Bandher le dio una última patada en el cráneo. 

- Gracias, cabo- Jadeé. 

- Vivo para servir- Respondió, y acto seguido, desintegró el torso de un kroot con su rifle de plasma.

Espalda con espalda, los cuatro combatimos sin descanso durante los siguientes siete minutos hasta que vimos un grupo de xenos batirse en retirada y quedar calcinados por una larga lengua de fuego. Entonces divisamos a Arridae blandiendo un lanzallamas pesado cuyo tubo de alimentación se alargaba dos metros hasta quedar conectado a una pesada y voluminosa mochila que Keel portaba, metro y medio detrás del comisario, agarrando con una mano uno de los asas de la mochila y con la otra disparando su pistola láser.

- ¡Sed purgados por el fuego sagrado, engendros xenos!- Gritaba Arridae mientras calcinaba un grupo tras otro de kroots con largas llamaradas de fuego anaranjado que reducía a los alienígenas a poco más que estructuras óseas negras que humeaban profusamente.

Arridae siguió avanzando, incinerando alienígenas sin pausa, con Keel corriendo detrás, maldiciendo en voz alta y disparando su pistola láser. Animados por aquella visión, tanto los hombres de mi pelotón como los soldados del 8º regular abandonaron sus posiciones y comenzaron a avanzar justo detrás del comisario, aniquilándolo todo a su paso.

- ¡Vamos!- Eché a andar yo también junto al resto de mi escuadra de mando, barriendo con fuego láser y de plasma a todo lo que se nos ponía a tiro, a pesar de que apenas nos quedaban municiones.

Los kroot, incapaces de seguir avanzando y con sus krootox y knarlocs muertos, optaron por retirarse a toda velocidad, comunicándose entre ellos mediante chasquidos de sus picos y gañidos apagados. Los perseguimos hasta quedar a pocos metros de la línea de árboles, temiendo que fuera una trampa. 

Mientras disparábamos a los rezagados y Arridae prendía fuego a los árboles por los que trepaban a gran velocidad para escapar, un rechinar de orugas y una serie de rugidos de motor nos llegó de atrás, y cuatro Helhest se dirigieron hacia nosotros. Nos retiramos antes de que empezaran a bombardear el bosque con sus bólteres pesados y cañones de batalla, temiendo que pudiéramos ser afectados por la metralla de las explosiones.

- ¡Se retiran, se retiran!- Exclamaba el teniente Miller por el comunicador. De fondo, se oían los vítores de sus hombres y el tableteo de varias armas automáticas.

- Aquí lo mismo- Correspondió el capitán del 8º- Dejad a vuestros hombres montando guardia por si vienen y reunámonos frente a los cargueros. Hay mucho de qué hablar.

- Entendido- Confirmé. Di la orden al pelotón de que mantuvieran la posición tras los Helhest y me dirigí al lugar indicado, donde se encontraban tanto el capitán del 8º como la comisaria de su unidad y su escuadra de mando, así como Miller y dos de sus hombres, que estaban llegando. Estaban recubiertos de polvo y sangre.

Antes de que yo llegase junto a ellos, oímos un silbido en lo alto, y un disco carmesí del tamaño de un tronco humano cayó del cielo y quedó clavado en el suelo.

- ¿Qué demonios?- Exclamó Miller, apuntando con su pistola al disco metálico.

- Mirad las marcas- La comisaria señaló unos símbolos tallados en ambos lados del disco- Es tau, sin duda alguna.

- Sigo sin saber qué es- Miller le dio una patada, que sonó como una campana. De repente, quizá por el golpe, el disco empezó a brillar con un tono azulado por sus costados y se levantó poco a poco sobre el suelo.

- Cuidado, podría ser una bomba- Sugirió alguien.

- No lo creo. Sus bombas tienen otra forma...y no las tiran desde la órbita- Evalué, mirando hacia arriba, pero no veía más que el cielo azul surcado de líneas de fuego. Cuando hablé, el disco ya había alcanzado el medio metro del altura sobre el suelo.

Por el lado que apuntaba hacia arriba, comenzaron a oirse una serie de pitidos, y una figura de la altura de un hombre comenzó a ser proyectada tras titilar unas cuantas veces. Era un Tau, y a juzgar por su túnica e insignias, uno importante. El holograma del tau nos miró a todos, nos dedicó una respetuosa reverencia y habló, con un tono sosegado y conciliador:

- Estimados Gue'la, no cabe duda de vuestra valentía, pero solo estáis retrasando nuestra inevitable victoria- Hizo un gesto con una mano y el proyector mostró otro holograma, justo a su derecha, que mostraba imágenes de tropas Gue'vesa enzarzadas en intensos tiroteos con las tropas locales, entre otras imágenes que daban a entender que los tau estaban conquistando Tronia sin oposición alguna. Todos sabíamos que era mentira- Aproximadamente un cincuenta por ciento de las tropas locales han abrazado el Bien Supremo. Estáis en inferioridad númerica, sin posibilidad de recibir refuerzos y rodeados por todos los frentes. No sigáis luchando, será vuestra perdición.

Nos miramos entre nosotros una vez el diplomático tau acabó de hablar. El oficial del 8º regular estaba lívido y temblaba levemente, pero, por el contrario, la comisaria de su pelotón parecía estar más roja de ira a cada segundo que pasaba. Miller y sus hombres, por su parte, miraban al holograma con los brazos cruzados y una expresión de odio en sus ojos. El proyector seguía mostrando imágenes de Gue'vesa eliminando tropas leales mientras avanzaban inexorablemente, bombardeos de inducción a ciudades habitadas, emboscadas kroot y basura propagandística xeno similar. 

- Espero su respuesta- Dijo el tau, al ver que no decíamos nada, antes de desaparecer.

- Tócame los cojones- Gruñó miller antes de pisar el disco con fuerza, haciendo así que chocase con un sonoro golpe. Acto seguido, le descerrajó todo el cargador de su pistola. El proyector holográfico chispeó y sus luces se apagaron- Propaganda alienígena, hay que joderse.

De repente, el capitán del 8º se llevó las manos a la cabeza, totalmente pálido y tembloroso. Cayó de rodillas y empezó a gritar:

- ¡El tau tiene razón, no podemos vencer! ¡Todo el plan se ha ido al garete, estamos sin refuerzos, sin saber donde demonios nos encontramos y totalmente rodeados! 

- Capitán, tranquilícese- Intervino la comisaria- Le recuerdo que la cobardía es un delito castigado.

Miller se adelantó un poco, extendiendo una mano con gesto tranquilizador.

- Bueno, bueno, tranquilidad. Es verdad que nada ha salido como estaba planeado, pero seguimos vivos, ¿No?

Entonces el capitán le miró con unos ojos enrojecidos y llenos de furia, con los dientes apretados y los músculos tensos. Se puso de pie de golpe y desenfundó su pistola láser.

- ¡Usted! ¡Todo es culpa suya!- Le disparó, atravesándole el hombro derecho y derribándole sobre el suelo, con la herida humeante. Miller rápidamente se llevó la mano al hombro, dolorido- ¡Si no hubiera venido aquí no habríamos perdido tropas!

- ¡Capitán, deponga el arma!- La comisaria dio un paso adelante, decidida. El oficial se volvió y le disparó a ella también, pero erró, y tan sólo le agujereó la gabardina de cuero negro que llevaba sobre una coraza metálica. 

El capitán se preparó para disparar otra vez, pero me lancé sobre él y le arrebaté el arma, golpeándole de paso con el hombro derecho en un costado de la cara. Él se tambaleó, y la comisaria le dio una tremenda patada en el estómago que lo derribó del todo. En el suelo, intentó levantarse, pero ella lo mantuvo tumbado pisando su pecho con una de sus botas de combate negras. Desenfundó una pistola bólter de carcasa negra y la amartilló casi en el mismo movimiento. El capitán gritaba y golpeaba su pierna para librarse de ella, pero la comisaria no cedió. 

- Capitán Thoreau, por el poder que El Imperio me concede en calidad de comisaria Imperial, le condeno a la pena capital por los delitos de cobardía y traición- Anunció solemnemente mientras él seguía gritando y pataleando, intentando librarse de ella.

La comisaria aflojó la presión de su bota contra el pecho del capitán Thoreau, que aprovechó para levantarse torpemente y salir corriendo. Sin embargo, tras cubrir unos cuantos metros, su cabeza estalló, y de ella tan sólo quedó la mandíbula inferior, empapada de sangre. El cadáver decapitado dio unos pasos más, tambaleándose y sufriendo espasmos, gesticulando frenéticamente con los brazos antes de caer de bruces contra el suelo.

Enfundó su pistola bólter y miró a uno de los soldados que habían llegado junto al capitán Thoreau y ella, que miraba atónito el cadáver de su antiguo oficial.

- Cabo, informe al resto de la compañía de que a partir de ahora yo estoy al mando en calidad de capitana-comisaria- Mientras el soldado saludaba y daba la información a través de su radio, la recién nombrada capitana-comisaria ayudó a Miller a levantarse y nos miró a ambos- Lamento que hayan tenido que presenciar este...patético espectáculo. Debemos salir de aquí, o podremos sufrir otra emboscada.

- Estoy con usted, capitana-comisaria- Asentí- Déjeme a mí los preparativos.

Ella inclinó la cabeza en señal de agradecimiento y se fue a reunir a sus hombres. Miller me dio un codazo.

- Buena retaguardia, ¿Eh?

Le miré y me encogí de hombros. 

- Prepararé los vehículos para la retirada, teniente, vaya a preparar a sus hombres.

Miller se quedó asintiendo mientras miraba a los enormes árboles que nos rodeaban. Me dio una palmada en un brazo y se fue con su escuadra de mando. Al pasar junto al cadáver de Thoreau, le dio una patada. 

- Cabo- Contacté con Iskias por el canal del pelotón- Hable con los ingenieros, que instalen lanzallamas en los afustes de las torretas de los Helhest y los Chimera, y que si tienen alguna pala excavadora que se las acoplen también. Vamos a salir de este puto bosque por las bravas, y quiero incendiarlo todo por si algún kroot se esconde en las copas de los árboles.

- Recibido, capitán- Hubo una pausa mientras retransmitía mi orden a los ingenieros- Tardarán un rato. Por cierto, hemos oído un disparo...¿Ha pasado algo?

- El capitán al mando de la compañía del 8º ha sido ejecutado- Aclaré, sin rodeos- Perdió los nervios frente a un holograma propagandístico tau...no preguntes.

Iskias calló unos segundos.

- Entendido, capitán. Gracias por la respuesta.

Colgué el microcomunicador y miré al cielo, azul y surcado de lado a lado por la espesa estela de humo y fuego de la Ladón. Debíamos salir de ahí rápido y encontrar a las tropas locales o al resto de nuestros regimientos.

O si no, estaríamos condenados.

Capítulo cuatroEditar

Tras salir de aquel gigantesco bosque, que ardió hasta las raíces, pasamos los tres siguientes meses en la gran ciudad de Kharon, cooperando con las tropas locales y lanzando ataques relámpago sobre las posiciones enemigas. 

Ninguno pudimos contactar con nuestros regimientos, las comunicaciones simplemente no funcionaban fuera de nuestro hemisferio. Se especulaba sobre inhibidores en la órbita que bloqueaban las transmisiones dirigidas al hemisferio norte que no fueran tau, antenas de impulsos electromagnéticos que actuaban como barrera aislante e incluso algunos creían que todo el hemisferio y sus tropas se habían pasado al Bien Supremo. Por suerte o por desgracia, nadie podía confirmar o desmentir estas suposiciones. No eran más que eso, suposiciones.

Aquel día, probablemente uno de los pocos en los que mi pelotón no había sido asignado a ningún tipo de misión, me había dedicado hasta el mediodía a organizar y limpiar mi equipo, llevar a la lavandería mis dos uniformes de combate, que apestaban a sudor y estaban empapados de barro, sangre seca y cubiertos de polvo, y aprovechar para hablar con algunos miembros del pelotón para ver como estaba la moral. Se nos había instalado a la compañía del 8º regular, al pelotón del teniente Miller y al mío en las afueras de la ciudad, en un distrito industrial abandonado, excelente para almacenar suministros y guardar nuestros vehículos en las fábricas y lonjas abandonadas.

Me encontré con Miller en las inmediaciones de los barracones de su pelotón, frente a un largo poste de madera acabado en una figura metálica que representaba al Águila Bicéfala, de cuyas alas pendían sendos sellos de pureza. Estaba izando una bandera gris con el símbolo de su regimiento pintado a mano en el centro. Cuando acabó, saludó al estilo militar al improvisado estandarte y luego me saludó a mí de una manera algo más informal.

- Qué, capitán, ¿Haciendo la ronda?- Preguntó tras estrecharme la mano.

- Voy a echar un vistazo, aprovechando que tengo el día ``libre´´- Respondí- Uno de mis sargentos se ha ofrecido a redactar los informes, así que podré relajarme un poco antes de que mañana nos lancen de cabeza al infierno de nuevo.

Miller se cruzó de brazos y adoptó una expresión seria.

- Pues váyase preparando, capitán- Dijo- Porque he oído que se está preparando algo grande. Algo que probablemente decida nuestro destino en este hemisferio.

Levanté una ceja.

- ¿Sí?

Miller asintió.

- La capital de este región, capitán. Tomada por los tau, tela de grande y muy fortificada. Los locales están intentando reunir fuerzas para atacarla, y algo me dice que todas estas misiones de emboscada y ataque a convoyes enemigos tienen algo que ver con todo esto.

- Entiendo. Ahora que lo dices, sí que tiene sentido.

El teniente asintió de nuevo y se despidió de mí, alegando que debía ir a pasar revista a sus tropas. Me despedí también y me dirigí a las naves abandonadas donde guardábamos los vehículos y donde habíamos instalado también nuestros barracones. Me encontré con Iskias y el cabo Tholl hablando con dos soldados del 8º regular, sentados sobre unas cajas de munición y jugando a las cartas. Al fondo, un sacerdote predicaba la palabra del Emperador con voz solemne.

- ¡Eh, capitán!- Me llamó Iskias- ¿Le hace una partida?

El resto me miraron e hicieron señas para que me uniera. Accedí con un encogimiento de hombros y me senté junto a Tholl en un taburete de campaña desplegable. Iskias repartió las cartas mientras Tholl continuaba una conversación que habían estado teniendo antes de que me invitaran a unirme.

- Lo dicho, desde cualquier distancia. Cuando había ferias en mi pueblo, los de las casetas de tiro me daban aposta la escopeta más desviada- Rieron- Pero fue cuestión de un par de disparos encontrar el punto hacia el cual se desviaban para compensarlo y seguir arruinándoles- Más risas.

Habló entonces una de las dos soldados del 8º regular, una mujer de pelo blanco de tan rubio, liso y por los hombros, con unos llamativos ojos azul eléctrico.

- Yo iba de caza con mi padre. Mi familia desciende de las tropas vostroyanas que colonizaron Nieria, así que mantenemos ese tipo de costumbres. 

Tholl sonrió y se encogió de hombros.

- Bueno, es una manera de empezar a disparar más decente que la mía- Bromeó- ¿Y qué cazabais?

La partida comenzó. Mi mano era horrible, de manera que preferí prestar más atención a la conversación que al juego.

- Donde mi familia vivía había un bosque. Lobos, osos, ciervos...esas cosas- Respondió ella, sin separar  la vista de sus cartas.

Tholl parecía hundido de repente.

- Bueno...lo máximo que maté cuando era pequeño fue un pájaro con un tiragomas.

Iskias rió a mandíbula batiente.

- ¡Algo es algo!- Le dio una palmada en la espalda- Humillado por una dama, ¿Eh, tío?

El otro soldado del 8º sonrió. Era un hombre joven, con el pelo gris recogido en una coleta y los ojos de un azul grisáceo apagado y casi ausente. Era prácticamente tan pálido como la otra soldado, y uno de sus brazos era un susituto mecánico. 

- Voy con los ases- Iskias soltó una risita y desplegó sus cartas sobre la mesa.

Miré mis cartas durante un segundo y aparté la mirada, asqueado, colocándolas después contra la mesa, boca abajo.

- Yo paso.

El soldado del 8º también colocó sus cartas boca abajo.

- Yo también.

Tholl gruñó y le dio un paquete de cigarrillos a Iskias.

- Yo me retiro, ya no me queda nada más que apostar- Dijo antes de levantarse, despedirse de nosotros con pereza, y echar a andar hacia los barracones.

- Yo creo que dejaré de jugar por hoy- Añadió la soldado del 8º regular- Tampoco me queda mucho más que apostar.

Tanto ella como el otro soldado le entregaron sendos paquetes de cigarrillos, que supuse, eran lo apostado. Yo me sentí afortunado de no haberme enterado de que había que apostar. Los dos soldados se levantaron de la mesa y se despidieron de Iskias y yo.

- Bueno, cabo, ha sido un placer- Él le chocó esas cinco a Iskias. Ella asintió y le estrechó la mano.

- Lo mismo digo, Danher- Respondió el cabo mientras se guardaba los paquetes de Ilho en los bolsillos de su pantalón.

Me quedé petrificado un segundo. ¿Había dicho Danher?

- ¿Danher?- Balbucí, levantándome de golpe, tirando al suelo la silla.

Él me miró un segundo, desconcertado, y asintió, tendiéndome una mano y esbozando una sonrisa.

- Soldado Oleg Danher- Dijo.

- Capitán Tharrus Vinne- Correspondí a su gesto-  ¿Tiene un hermano por casualidad, soldado?

Oleg frunció el ceño, pensando, y asintió.

- Sí. En un regimiento penal. Llevo años sin saber de él.

- Entonces le alegrará saber que salió vivo del regimiento penal y que entró en mi regimiento- Revelé.

Abrió los ojos como platos y movió la boca varias veces seguidas, intentando hablar, pero no sabía qué decir.

- ¿Tristán está vivo?- Preguntó, atropelladamente.

Me encogí de hombros.

- La última vez que lo ví, sí. Pero me temo que no sigue en el 712º. Le trasladaron al SICOM hace tiempo.

Su expresión fue pura sorpresa.

- ¡El SICOM! ¡Mi hermano en el SICOM!- Exclamó, riendo- Dios Emperador, eso tengo que verlo.

El soldado Oleg se forzó a sí mismo a tranquilizarse y me miró, sonriente.

- Muchas gracias por la información, capitán- Hizo un gesto, señalado hacia atrás con el pulgar derecho- He de irme, espero que  coincidamos en alguna misión.

- Si es usted como su hermano, yo también lo espero- Bromeé.

Él rió y se despidió de mí con otro apretón de manos. Mientras se alejaba, pude oír como conversaba a gran rapidez con la otra soldado acerca de lo que le acababa de contar. No sabía que Danher tenía un hermano, fue interesante averigüarlo de aquella manera.

++++++++++++++++++++++++++++++++++

El cañón automático barrió las ruinas en busca de nuestras vidas. Las columnas y restos de paredes reventaban cuando los proyectiles impactaban contra ellos, y una lluvia de cascotes y esquirlas de rococemento se abatió sobre nosotros. 

- ¡De vuelta al infierno!- Exclamó Miller por la radio- ¿Eh, capitán? ¡Cuánta razón!

Suspiré y me eché cuerpo a tierra cuando otra andanada del arma pesada comenzó a morder nuestra cobertura. Y pensar que el día anterior había sido pacífico...Activé el microcomunicador y contacté con Miller.

- Teniente, lleve a sus hombres hacia su flanco izquierdo por las ruinas de la biblioteca, nosotros atraeremos el fuego.

- Recibido, capitán- Contestó, y se dirigió a sus hombres- ¡En marcha, muchachos, hora de repartir estopa!

Ví durante unos pocos segundos como Miller y la escuadra de ocho hombres que había llevado consigo se alejaba y perdía entre las ruinas mientras el cañón automático seguía castigando nuestra posición. Recé por el éxito de aquel plan. Un griterío a mi derecha me sacó de mis pensamientos.

- ¡Es culpa del psíquico!- Ladraba el cabo Al-qhadan, señalando a Keel- ¡Lo habrán detectado a él!

- ¡Jodido monstruo mutante!- Exclamó otra voz, ésta femenina. Miré furibundo en su dirección, pero no supe quién lo había dicho.

Keel estaba lívido y gesticulaba frenéticamente, intentando contestar a semejantes acusaciones. Bien era cierto que los psíquicos sancionados gozaban de cierta aceptación social...pero aquel privilegio se les acababa a la mínima. Al fin y al cabo eran psíquicos, aquel era su eterno sino.

Keel intentó hablar, pero no pudo. Su cabeza estalló cuando el cañón automático lo acertó, y un segundo disparo partió su cuerpo por la mitad mientras caía al suelo, sufriendo violentísimos espasmos en todas y cada una de las partes de su cuerpo.

Iskias y Tholl miraron durante un par de segundos el cuerpo partido en dos, empapado en su propia sangre y retorciéndose en el suelo. Sus caras lo decían todo. Ambos habían sido buenos amigos de Keel durante bastante tiempo. Desviaron la mirada de nuevo mientras musitaban oraciones de protección y de respeto al alma del recién fallecido psíquico. Hice lo mismo, se lo merecía. 

No tardamos más de cinco segundos en volver a la realidad y continuar con el tiroteo. Bandher soltó una maldición a grito pelado cuando una bala le atravesó de lado a lado la parte baja del muslo de su pierna izquierda. Perdió el equilibrio y quedó de rodillas en el suelo, soltando una soez tras otra mientras Tholl se apresuraba a acercarse a ella y coser los agujeros de entrada y salida, a través de los cuales la sangre manaba con fuerza.

Hice un gesto a Iskias, que asintió y lanzó una granada de fragmentación por encima de nuestra cobertura. El explosivo estalló con violencia, pero el cañón automático siguió con su letal tableteo, al igual que los rifles de los Gue'vesa. Iskias me miró y se encogió de hombros. Sólo nos quedaba esperar a que el equipo de Miller no fuera detectado y pudiera acabar con los traidores. 

Bandher comenzó a insultar a voz en grito a los Gue'vesa cuando Tholl empezó a suturar el agujero de salida de la bala, que había desgarrado más carne que el de entrada y era más complicado de coser. Al-qhadan le tendió una gasa para que la mordiera y pudiera así soportar el dolor algo mejor. Bandher la aceptó, dio las gracias con un asentimiento de cabeza y se retiró la máscara antigás para morder la gasa. Se siguieron oyendo sus gruñidos, aunque algo amortiguados.

Súbitamente, el cabo Al-qhadan gritó algo y la pared tras la que se cubría estalló. Una lluvia de rococemento y esquirlas de roca se abatió sobre nosotros, y uno de los cascotes le dio al cabo en el lado derecho de la cara, dejándolo inconsciente y derribándolo al suelo. La soldado Ingre, que estaba al lado, cayó de rodillas, tapándose la cara con las manos para cubrirse, y algo la mandó varios metros hacia atrás de un golpe. 

- ¿Pero qué cojones?- Se me escapó. Apunté el rifle láser en aquella dirección, pero no vi nada. 

Disparé un par de veces, y las andanadas de láser se disiparon en el aire. No, no se disiparon, chocaron contra algo...algo invisible. Algo invisible que medía casi dos metros y que desactivó su generador de invisibilidad cuando estuvo encima nuestro. Una armadura de combate ligera tau quedó al descubierto. Estaba pintada de carmesí, con algunas zonas en gris oscuro.

Tholl, que acababa de terminar de coser la herida a Bandher, se puso en pie y disparó con su rifle láser al recién llegado, que a su vez respondió con una brutal cuchillada, valiéndose de una hoja de acero que le surgió de la muñeca izquierda. Tholl perdió el equilibrio y cayó hacia atrás, casi sobre Bandher. No estaba herido, pero su peto había quedado seriamente dañado. El infiltrado levantó su brazo derecho, al que estaba sujeto un cañón rotatorio de inducción. Oímos el zumbido de su motor interno al activarse, se oyó un estampido brutal...y el arma quedó destrozada.

- ¡Cómete ésta, cabrón!- Bandher empuñaba su enorme rifle de batalla pesado modelo Septima, de carcasa negra, alargada y casi rectangular. El arma pesaba cerca de diez kilos y tenía un retroceso enorme, paliado en parte por los complejos sistemas de amortiguación situados en su carcasa y culata, pero también era extraordinariamente preciso, y hacía uso del terrorífico calibre 12 perforante, capaz de volarle la cabeza a un hombre por encima de la mandíbula de un solo tiro.

La cabo disparó de nuevo. Su cuerpo se sacudió por el tremendo retroceso, y la bala atravesó la articulación del codo del brazo izquierdo del tau embutido en aquella armadura. El proyectil atravesó limpiamente la parte vulnerable y salió por la parte posterior, rompiéndole el brazo y haciendo que un chorro de sangre saliera por ambos agujeros, el de entrada y el de salida. El alienígena soltó un gañido de dolor y cayó de rodillas cuando otro disparo le voló la rodilla. El cañón de inducción cayó sobre el suelo, y él se llevó la mano a la cadera, donde guardaba una pistola de inducción. Apuntó a Bandher con rapidez y le descerrajó un potente disparo en el centro del pecho, que destrozó su peto de caparazón y la mandó al suelo, junto a Tholl, que rebuscaba frenéticamente en su cinturón en busca de su pistola.

- ¡Que el Emperador te maldiga, desgraciado!- Ingre volvió a ponerse en pie y disparó en automático al xeno, que volvió su pistola contra ella y le voló la mano derecha. Ingre gritó antes de que otro disparo le reventase la parte baja del peto y la enviase al suelo de nuevo, gimiendo.

Gruñí, ¡No había tiempo que perder! Me agaché lo más rápido que pude y recogí el rifle de batalla pesado de manos de Bandher, que se retorcía en el suelo. Pesaba bastante, tal y como esperaba. Amartillé el arma por si se había encasquillado y lo sostuve a la altura de al cintura, encarando al infiltrado. Me fijé en la pequeña pantalla que había sobre la zona del mango. Marcaba un número, el trece. Me quedaban trece disparos...más que suficiente.

Apreté el gatillo, y el arma casi se me escapó de las manos. El disparo pasó rozando su hombro derecho, haciendo saltar chispas al rozar con el blindaje. Apreté los dientes y sostuve el rifle más fuerte. Disparé de nuevo, e hice diana. La bala había alcanzado la juntura del cuello, y prácticamente había separado el casco del resto de la armadura. El tau se mantuvo unos segundos de rodillas antes de que Bandher lo mandara al suelo de una fuerte patada en el pecho. Se acercó a mí cojeando y le entregué el arma, humeante.

- Buen disparo, capitán- Me elogió. A continuación se puso de nuevo la máscara antigás y comentó en un tono bromista- Al final resulta que sabrá usted disparar como es debido y todo.

- Si no supiera disparar bien no estaría hablando con usted ahora mismo, cabo- Contesté. Sonreí y añadí- Ni tampoco lo hubiera estado para salvarle el culo.

Entonces me di cuenta de que el sonido del cañón automático enemigo había cesado, al igual que los disparos de rifle. Miller y sus hombres remataban a los heridos con sus cuchillos de combate de hoja negra antirefrectante. 

- Tened cuidado- Advirtió Iskias- Podría haber más cabrones como éste- Dio una patada a la armadura de combate.

Asentí e hice un gesto a Bandher. Ella se bajó la lente que tenía sobre la frente de su casco y se la colocó a la altura de los ojos.

- Tengo que hacerlo todo yo, ¿Eh?- Bromeó mientras miraba hacia todos lados con su lente térmica. Pasados unos segundos, la devolvió a su lugar original- No veo nada, capitán. Probablemente fuera un explorador extraviado, o quién sabe. Podría ser cualquier cosa.

Asentí y atraje la atención de Iskias con un gesto.

- Contacte con la base, cabo- Le ordené. Él se dispuso rápidamente a cumplir el encargo- Que la sargento Shafne venga con un transporte de tropas y personal médico. Que se traiga también a algunos hombres, vamos a seguir avanzando.

- Recibido, capitán- Contestó él- Ahora mismo se lo hago saber.

Me reuní con Miller y sus hombres en el búnker improvisado que los Gue'vesa habían usado para cortarnos el paso. Mientras tanto, Tholl se hacía cargo de la mano amputada de Ingre, que chillaba y se retorcía por el dolor. La estructura ni siquiera estaba acabada. Habían empleado palés de madera y escombros en su construcción, además, habían colocado varios sacos terreros para reforzar la posición, y emplazado el cañón automático sobre un trípode para aumentar su potencia de fuego.

- Buen trabajo, teniente- Le di una palmada en el hombro a Miller, que mascaba un chicle con pinta de ser extraordinariamente pastoso.

- Gracias, capitán- Dijo él mientras seguía masticando, con fuerza- No ha sido un desafío, si le digo la verdad. Sólo hubo que acercarse por un flanco sin montar demasiado ruido y acribillarlos antes de que pudieran reaccionar- Se encogió de hombros- No estoy muy orgulloso de esta chorrada, que digamos.

Asentí. Miller, al igual que los otros luchadores de jungla, era un perfeccionista, y le gustaban los desafíos. Los Gue'vesa habían estado demasiado ocupados disparándonos a nosotros como para darse cuenta de que el equipo de Miller los estaba flanqueando. Tenía razón, había sido fácil, pero seguía siendo un trabajo bien hecho. 

- Iré a echar un vistazo más adelante si no le importa, capitán- Señaló hacia las calles en ruinas- El muelle debería estar cerca, así que será mejor que nos cercioremos de que no hay más resistencia.

- Por supuesto, teniente. Manténgase en contacto conmigo.

El teniente asintió para confirmar la orden e hizo una señal a sus hombres, que se dividieron en grupos de dos y comenzaron a avanzar por los comercios destrozados y las calles repletas de cascotes y cráteres. No les llevó mucho tiempo desaparecer de mi campo de visión. 

Pasaron diez minutos hasta que el Chimera que solicité apareció por la carretera, apartando de sí los trozos de rococemento y las paredes derribadas con su pala excavadora. Ayudé a Iskias a subir al vehículo al cabo Al-qhadan, que aún seguía inconsciente, y después Arridae llevó sobre sus hombros a la soldado Ingre, que se había desmayado. Mientras tanto, la sargento Shafne bajaba del Chimera junto a los hombres que había traído, que casi eran una docena. Había equipado a los artilleros de su escuadrón de apoyo con lanzamisiles, y a sus cargadores con grandes y pesadas mochilas repletas de munición. Ella también portaba un lanzamisiles. Al fin y al cabo, prefería ocuparse en persona de las armas pesadas y los asuntos importantes.

- Sargento Shafne informando de su llegada, capitán- Saludó y se colgó el lanzamisiles al hombro.

Shafne era una mujer extremadamente alta. Me sacaba media cabeza, y era evidente que frecuentaba el gimnasio. Su musculatura, si bien no tan vistosa como la masculina, era una clara prueba de su fuerza física, aunque, por supuesto, nadie era lo suficientemente estúpido como para dudar de ella. Llevaba el pelo en rastas, algo no muy raro de ver en el regimiento, y era de un color grisáceo oscuro extraño. A pesar de su aspecto físico, imponente e incluso amenazador, poseía cierto atractivo que no lograba acabar de ubicar, y no había perdido toda su feminidad. Pero había un problema:

Shafne odiaba a la vida, y la vida la odiaba a ella. 

Irónicamente, aquel odio a la vida la había convertido en una de las mejores combatientes de toda la tercera compañía y, por ende, del regimiento. Simplemente se negaba a morir sin más y quedar en ridículo. Nadie sabía el porqué de aquel odio a la vida que la llenaba, pero tampoco preguntábamos, preferíamos no acabar en coma tras una paliza. 

Shafne era toda una especialista en armamento pesado de todo tipo, y cuando alguien quería algo de instrucción en artes marciales y combate mano a mano, solía recurrir a ella. Cuando no estaba en el gimnasio, estaba en la armería, limpiando y preparando su equipo, de manera que no era muy difícil encontrarla.

- Excelente, sargento- La saludé mientras los soldados que había traído tomaban posiciones. Arridae acababa de subir a Ingre en el Chimera- Esto no durará mucho más, pero esté alerta.

- Siempre lo estoy, capitán- Respondió antes de unirse a sus hombres en la retaguardia de la formación, el lanzamisiles al hombro.

Hice una señal al piloto del Chimera, que asomaba por la escotilla de la torreta.

- Lléveselos a la base, necesitan atención médica.

- ¿No necesitan apoyo?

Negué con la cabeza.

- Negativo- Señalé por encima del hombro a Shafne y sus hombres- Con ellos tenemos más que de sobra.

El piloto asintió e hizo un gesto a alguien dentro el vehículo, cuyos motores comenzaron a rugir con más fuerza. Unos segundos después, el transporte desapareció calle abajo. Me reuní con el resto de tropas y les ordené que se reagruparon. No tardaron mucho tiempo. Observé que Shafne había traído también al soldado Trakkar, al cabo Nemor, a la soldado Sakusan y al soldado Trenner, que se habían desplegado en uno de nuestros flancos, atentos a los edificios. A Trakkar lo habían levantado del catre tan apresuradamente que se había dejado su ametralladora en los barracones, así que Bandher le entregó el rifle láser y la munición de Al-qhadan, ya que él no lo iba a necesitar. 

- Bien, muchachos- Comencé- Avanzaremos hasta localizar el muelle, enviaremos picto-capturas a la base y nos retiraremos. Es probable que haya resistencia de camino, así que con cuidado.

Un murmullo de asentimiento recorrió a la tropa. Esperamos unos minutos hasta que Miller y sus hombres regresaron del reconocimiento. No habían encontrado resistencia, pero estaban bastante alterados.

- ¡Capitán!- Jadeó el teniente, que venía corriendo- Capitán, no hemos encontrado hostiles, pero los Gue'vesa han rellenado la mitad del canal que separa esta de la ciudad zona de la siguiente, y han montado estructuras defensivas sobre él.

- ¿Qué? ¿Con qué lo han rellenado? Son casi dos kilómetros de agua.

- Escombros, rocas, arena, un poco de todo- Contestó- Pero ese no es el problema. Hay nidos de ametralladoras, líneas de defensa con armamento automatizado, alambre de espino y cientos de Gue'vesa. Por todo el canal, apostaría que hay más de diez mil soldados enemigos.

Aquello era un problema. El canal de dos kilómetros de ancho separaba las afueras de la ciudad del centro, y era enorme. Si había aproximadamente diez mil Gue'vesa por todo el canal, tal y como había dicho Miller, era probable que las defensas no estuvieran muy juntas, o, de lo contrario, no podrían abarcar toda la zona. De todas formas, seguía siendo un problema, ya que se había preparado una ofensiva a través del canal para llegar a la zona central de la ciudad, y no se esperaba que hubiera defensas en medio del canal. Era un contratiempo a tener en cuenta.

- Bueno, debemos seguir avanzando y ya lo veremos. Tendremos que avisar a la base, pero no podemos retrasarnos, los otros grupos también estarán avanzando- A mi señal, comenzamos a avanzar por la calle mientras los hombres de Miller se adelantaban y nos cubrían los flancos.

La calle acabó varios cientos de metros más adelante, y desembocaba directamente en un paseo marítimo con una serie de muelles y puertos. Más adelante, hacia la mitad del canal, divisamos a las defensas enemigas. Tal y como Miller había dicho, habían rellenado la mitad del canal con escombros y arena, y habían construído búnkeres y barricadas encima. Los muelles y puertos habían sido bombardeados, y sus embarcaciones, destruídas, de manera que no podíamos cruzar hacia la otra orilla a menos que usásemos los Chimera o los transportes áereos, lo cual sería un suicidio, teniendo en cuenta la cantidad de armamento que los Gue'vesa poseían en el bloqueo. Solamente era posible una manera de acabar con sus posiciones: bombardearlas desde la distancia con la artillería. Sería una tarea larga y complicada, ya que no podíamos colocar a los Bombard en el paseo marítimo porque serían destrozados por los Gue'vesa, así que tendrían que ser desplegados en las calles, a cubierto de los disparos del enemigo. Sin embargo, de esta manera no se podrían tener mucha artillería en juego, debido al poco espacio que nos dejaban las calles.

- Cabo, contacte con la base- Ordené a Iskias mientras me apresuraba a tomar unas picto-capturas- Tienen que saber esto.

- Sí, señor. Menudo bloqueo, ¿Eh?

- Y que lo diga. Esto se va a complicar.

Shafne bajó los prismáticos con los que había estado observando el bloqueo.

- Es vulnerable- Añadió.

- Si las ametralladoras rotativas del quince, los cañones láser y los búnkeres de rococemento te parecen vulnerables, estoy de acuerdo contigo- Se burló Bandher, bajando ella también los prismáticos.

Shafne le dedicó una mirada asesina y le propinó un tremendo puñetazo que le descolocó el casco y dejó su máscara antigás colgando sobre su pecho. Bandher se tambaleó por el golpe e intentó contraatacar, pero Shafne descargó una fuerte patada sobre su peto y la mandó al suelo.

- Ahora, si me dejas explicarme, niñata, estaba a punto de decir que un suelo construído así de rápido y con esos materiales tiene debilidades estructurales.

Arqueé una ceja para invitarla a seguir hablando. Shafne tenía una especia de sexto sentido para ese tipo de cosas.

- Un equipo de demolición podría colarse hasta su posición buceando y derribar toda esa zona- Abarcó un área considerablemente extensa con un movimiento de mano- Aún no han colocado sónares, así que, si nos damos prisa, no debería ser muy complicado.

Aquel plan sonaba bien. No se me habría ocurrido, ni por asomo.

- Prosigue- Ordené, haciendo notar con sutileza mi interés en su idea.

- No hay  mucho más que explicar- Se encogió de hombros- La explosión podría derribar también las zonas adyacentes. Unos quinientos metros, trescientos como mínimo. Será más rápido repetir la operación unas cuantas veces que bombardear el bloqueo hasta que esté totalmente destruído. Y ahorraremos munición y combustible.

- Me quito el sombrero, sargento- La felicité- Volemos el bloqueo entonces- Iskias me pasó el auticular de su radio. El coronel Tranto del 37º Troniano, al mando de la base, estaba al otro lado- Coronel, ¿Ha recibido las picto-capturas?

- Sí- Contestó él. Había un gran revuelo de fondo- He suspendido el ataque y ordenado a la artillería que se ponga en marcha, más les vale retirarse de ahí.

- Le sugiero que espere a escuchar mi propuesta antes de iniciar el bombardeo, coronel, con todos mis respectos.

- ¿Propuesta? Prosiga, Vinne.

- Una de mis sargentos ha tenido una idea que creo podría funcionar. El material con el que han rellenado el canal aún está inestable, y unas cuantas cargas bien colocadas podrían hundir una sección considerable del bloqueo.

- Podría salir bien- Reconoció.

- Me gustaría hacerme cargo personalmente de la misión, señor.

- Por supuesto, Vinne. ¿Qué necesita?

Me volví hacia Shafne para que me dijera lo que necesitábamos, pero ella me arrebató el auricular en lugar de darme los datos.

- Necesitamos tres trajes de buceo, algo de cobertura artillera y todas las cargas de demolición que quepan dentro de las mochilas de los trajes de buceo.

Tranto transmitió el pedido a sus hombres y luego habló.

- Entendido. Lo tendrán ahí lo antes posible, suerte. Tranto, corto y cierro.

Shafne devolvió el auricular a Iskias y sonrió.

- Esto va a ser divertido.

+++++++++++++++++++++++++++++

Apenas veinte minutos después, tuvimos con nosotros un Chimera que transportaba el equipo solicitado y un Medusa que se apostó en el centro de la calle y abrió fuego contra el bloqueo. La bomba reventó la parte frontal de un búnker, enviando chorros de fuego y escoria humeante a su alrededor. Un instante después, se oyeron otros cinco disparos en las callesa dyacentes, con un espacio de un segundo entre uno y otro. Otras cinco explosiones sacudieron el bloqueo. La respuesta fue inmediata, y una lluvia de fuego se avalanzó sobre el paseo marítimo y los edificios que estaban tras él, algunos de los cuales comenzaron a desmoronarse bajo las andanadas de los cañones automáticos y los lanzamisiles.

En el Chimera viajaban dos soldados tronianos junto al cargamento, y ellos mismos nos entregaron los trajes de buceo y las mochilas impermeables repletas de cargas de demolición. Llevar todos aquellos explosivos a la espalda se me hacía extremadamente incómodo, pero había que cumplir la misión. Nos entregaron el equipo, nos dedicaron un apresurado saludo militar y volvieron al transporte para retirarse a gran velocidad de vuelta a la base. Estaba seguro de que no éramos los únicos que necesitábamos su ayuda.

Shafne no perdió tiempo en deshacerse de su armadura y uniforme y ponerse el mono de neopreno anticortes. En ningún momento le preocupó estar en ropa interior en medio de una zona de guerra y delante de medio pelotón. Yo también me apresuré a quitarme la armadura y el uniforme y vestirme con el traje de buceo mientras ella se ponía la máscara de buceo y las gafas verdes. Cuando estuvo lista, se volvió hacia Trakkar y le entregó el tercer mono de buceo, con su respectiva mochila cargada de explosivos. Él elevó una ceja.

- ¿Qué hace, sargento?- Preguntó, con desconfianza.

- Que te lo pongas- Lo apremió ella- Necesitamos otra espalda fuerte para llevar todas las cargas de demolición. 

Shafne recogió su pistola y se la sujetó al muslo derecho. El traje negro estaba tan ceñido a su musculatura que pareciera que se iba a romper en cualquier momento. Sacó la pistola láser de la canana, comprobó el cargador y la devolvió a la funda. Se ató las correas frontales de la mochila, que estaban a la altura del pecho y del vientre, y me hizo un gesto.

- Capitán, deberíamos pedir algo de apoyo para que cesase el fuego sobre el paseo marítimo, o nos harán pedazos antes de llegar al agua.

- Bien pensado, sargento- Me llevé una mano al microcomunicador, que colagaba a un lado de mi cuello- Aquí el capitán Vinne a todas las unidades de artillería Medusa de la zona. Necesitamos que concentren su fuego en las posiciones enemigas que disparan hacia el paseo marítimo.

- Aquí el sargento de artillería Skjar- Dijo una voz rasposa a través del canal- Órdenes recibidas, procedemos a cumplirlas.

El bombardeo pasó a situarse directamente sobre los búnkeres y las posiciones de artillería enemigas. El bloqueo se sacudía bajo la embestida de las bombas.

- Bien, muchachos- Me dirigí al resto de mis hombres, que esperaban ansiosos una orden- Tomad posiciones en los edificios y montad alguna barricada en la calle. Tenéis que defender el Medusa, no lo olvidéis- Ellos asintieron y comenzaron a empujar coches destrozados y bancos arrancados del suelo para crear cobertura, mientras otros entraban en los edificios. Me volví hacia Shafne y Trakkar- Vamos allá.

Había algo más de quinientos metros desde nuestra posición hasta el paseo marítimo, y teníamos que recorrerlos corriendo, así que llevábamos las aletas en las manos para que no estorbasen, y como la suela de neopreno del mono no amortiguaba los golpes especialmente bien, nos dolían los pies de pasar por encima de los escombros. Shafne ignoraba el dolor, directamente. De alguna manera, había desarrollado una especie de inmunidad a la inmensa mayoría de los dolores físicos que se podían padecer en un campo de batalla. 

A pesar del bombardeo de cobertura, una espesa cortina de disparos de fusilería ligera y alguna que otra andanada de cañón automático se abatía sobre el paseo marítimo. Corrimos lo más rápido que pudimos y saltamos hacia el agua, cristalina, mientras las balas silbaban a nuestro alrededor. Un proyectil me rozó el antebrazo derecho, desgarrando el neopreno y la piel por igual. Apreté los dientes para aguantar el dolor y me sumergí en el frío agua del canal. La sangre se arremolinó a mi alrededor a cámara lenta mientras me ponía las aletas, al igual que Shafne y Trakkar. Por encima de nuestras cabezas, el bombardeo insistía, con violencia.

Shafne nos hizo un gesto con el pulgar para indicarnos que debíamos continuar hacia el bloqueo. Trakkar y yo asentimos y nos sumergimos a mayor profundidad. Las explosiones sonaban ahogadas dentro del agua. Nadamos durante unos minutos hasta que divisamos los cimientos del bloqueo. Cimientos es un decir, pues aquello no era más que una aglomeración de escombros y toneladas de arena. 

A un segundo gesto de Shafne, abrimos nuestras mochilas y sacamos las dos pesadas cargas de demolición que había dentro. Agarramos cada una por el asa metálica que tenían en la parte de arriba y nos dejamos arrastrar hasta la base del bloqueo. Una vez afianzamos nuestros pies sobre la roca, ascendimos unos cuantos metros de pared de rococemento con arena pegoteada hasta que Shafne se paró y sacó un pico de su mochila, con el que comenzó a hacer un lugar para colocar las cargas de demolición.

Por encima de nosotros, un Valkyria enemigo pasó a vuelo raso sobre el agua, revolviéndola frenéticamente y dejando una espesa estela de espuma blanca. Antes de que abandonase mi campo de visión, una salva de misiles destrozó su cabina e hizo estallar el aparato, que se convirtió casi de inmediato en una bola de fuego. Sus pedazos, humeantes y ennegrecidos, se hundieron en el agua con lentitud casi hipnótica, levantando nubes de burbujas tras ellos.

Shafne había acabado el hueco en la pared, y no había tardado en rellenarlo con sus cargas explosivas y las de Trakkar. Nadó hacia mí, que aún estaba mirando los restos del Valkyria, y me arrancó, literalmente, las mías de las manos. Taponó el agujero con una pesada roca marina para concentrar el efecto de la explosión contra el bloqueo, y que no se fuese demasiada fuerza hacia afuera, y nos alejamos todo lo rápido que pudimos. 

Al llegar a tierra, nos arrastramos por la arena para que no nos detectaran los artilleros del bloqueo, nos deshicimos de de las aletas y de las mochilas y Shafne sacó el detonador de uno de sus bolsillos. Mientras tanto, yo contacté con Iskias.

- ¡Cabo, grabe el bloqueo y envíe la captura a la base! Quiero que vean esto.

- Recibido, capitán- De fondo, se oía el retumbar de los disparos del Medusa y los chasquidos de las andanadas de láser- Grabando.

Asentí a Shafne, y ella apretó el botón que detonaba las cargas. Durante un segundo no ocurrió nada, pero de repente el agua se agitó, y nos llegó un estampido apagado, violento. Una columna de fuego surgió de la base del bloqueo, que comenzó a derrumbarse. En medio de un diluvio de agua, arena y cascotes, una sección de aproximadamente kilómetros y medio se hundía poco a poco en el canal. Los búnkeres se partían por la mitad y sus ocupantes caían hacia las grietas que suracaban cada vez más el suelo, por el que surgía, voraz, el agua del canal. Otras secciones adyacentes también se derrumbaron momentos después cuando el agua anegó el bloqueo y sus estructuras defensivas, y arrastró a los Gue'vesa hacia el fondo del mar. 

Trakkar dejó escapar un silbido largo y grave, y Shafne asentía, ambos tumbados en la arena, agotados. Eso sí era un trabajo bien hecho.

Capítulo cincoEditar

Habían pasado tres días desde que echamos abajo el bloqueo a base de equipos de submarinistas con cargas de demolición. Después se había procedido a un avance masivo en transportes anfibios Chimera, apoyados por la artillería del 37º Troniano. Los ingenieros habían hecho puentes a través del canal para que los transportes de suministros, las columnas blindadas y el resto de la infantería pudiera pasar al segundo anillo de la ciudad, un paso más cerca de la fortaleza enemiga.

Tras esta acción, se nos había destacado durante unos días en la base principal, a las afueras de la ciudad, para reponer fuerzas y tratar a los heridos, los cuales, por cierto, excedían mis expectativas iniciales: casi un cuarto del pelotón sufría heridas moderadas, y la mayoría teníamos heridas leves.

Durante el segundo día de permiso condicional, me sorprendí a mí mismo paseando por las cercanías del aeródromo, donde Keff y sus hombres se las habían apañado para conseguir materiales y piezas de recambio para el trío de cañoneras Fury que habían recuperado del supertransporte derribado meses atrás. Dentro de uno de los hangares, Keff, que tenía fama de buen dibujante (razón por la cual la mayoría de los miembros del pelotón que querían hacerse un tatuaje acudían a él), se encontraba concentrado en el morro de uno de los relativamente pequeños aparatos bi-plaza. A sus pies yacían una serie de botes de pintura líquida y aerosoles, así como un par de brochas y unas cuantas latas de cerveza. 

- ¿Decorando la Fury, sargento?- Le dije a modo de saludo.

Él se volvió el tiempo justo para saludarme, y después volvió a la tarea.

- Sí, señor- Asintió- Nunca viene mal para pasar el tiempo. Y además, queda bien.

Me desplacé lentamente hasta su derecha, para poder ver la pintura. No me sorprendió ver que estaba dibujando a una mujer semidesnuda, vestida tan sólo con una camiseta de tirantes, sentada sobre una superficie invisible y con la entrepierna cubierta por un casco. En una mano sostenía un cigarro de iho encendido, y miraba con aire sugerente. Le encontré un cierto parecido con la soldado Ingre.

- ¿Arridae está de acuerdo?- Bromeé.

Keff se encogió de hombros, echó mano de una lata de cerveza que llevaba en uno de los portacargadores que se había puesto sobre el vientre y le dio un trago.

- No lo sé. No le he preguntado, señor.

- A mí tampoco me ha preguntado, sargento- Dijo la voz de la soldado Ingre detrás de mí. Cruzada de brazos, con aire reprochante, se plantó al lado de Keff. Habían reemplazado su mano perdida por un implante biónico.

- Eh, Ingre- Dijo él, sin abandonar su trabajo. Dio otro sorbo de la lata de cerveza- Mira qué guapa me estás quedando.

Ingre frunció el ceño.

- Yo no tengo esa cara de puta, sargento- Protestó.

Keff suspiró, quejumbroso.

- Hay que usar la imaginación, Ingre, que luego nos quedamos taciturnos y toda esa mierda, como Krell.

Sonreí frente a la broma. El sargento Krell tenía fama de serio y frío, y, de hecho, para qué engañarnos, lo solía ser. Ingre también sonrió, aunque se apresuró en ocultar la sonrisa para seguir protestando frente a la impavidad de Keff. Aproveché que nadie me prestaba atención para alejarme. En el resto de hangares, los hombres de la capitana-comisaria y el teniente Miller reparaban sus vehículos o deambulaban de un lado a otro portando cajas de suministros, combustible o recambios.

Krell y su escuadra, dividida en parejas en la que uno portaba un gran escudo blindado y el otro un rifle láser, practicaban tácticas y formaciones de combate con fuego recurrente de pelotas de goma disparadas por una serie de servidores de entrenamiento, que también hacían las veces de dianas móviles. Las órdenes, dadas a gritos, el chasquido de los rifles láser, y los potentes golpes que las pelotas de goma propinaban a los escudos blindados podían oírse desde la otra punta del aeródromo.

Unos cuantos metros a la derecha de Krell y sus hombres, sentados sobre cajas de munición y usando un bidón de combustible como mesa, Iskias, Tholl y Bandher jugaban a las cartas con los dos soldados del 8º; el hermano de Danherr y la otra mujer. El cabo Iskias me hizo gestos para que me acercase, pero rechacé la oferta. No tenía nada que apostar salvo la ropa que llevaba encima, que había visto días mejores.

Medio kilómetro más adelante, una columna Troniana de camiones de transporte  de tropas y suministros avanzaba hacia la salida de la base, en dirección a la ciudad. Media docena de Uros, todoterrenos ligeramente blindados con un compartimento trasero, cerrado, donde podían llevar hasta cuatro hombres y algunas cajas de suministros. Contaban también con un cañón de asalto en la parte alta del vehículo, operada directamente por un artillero. Dos de ellos habían sustituido los cañones de asalto por sendos lanzagranadas automáticos. La columna de transportes y su escolta desaparecieron entre una nube de polvo y humo a los pocos minutos.

Abandoné el aeródromo y los garajes y me encaminé hacia el puesto del Medicae, donde Tama me esperaba para darme, según ella, una buena noticia. De paso, aprovechaba para comprobar que tal estaba Al-qhadan, que era miembro de su escuadra, y aún estaba recuperándose del golpe del día en el que hundimos el bloqueo.

El puesto del Medicae era un edificio de tres plantas, rectangular y alargado, construído en una piedra resistente y lisa de color claro sobre la cual se habían soldado algunos iconos, como la omnipresente Aquila o el símbolo del Adeptus Medicae. Las ventanas, cuadradas y de un cristal muy transparente, estaban manchadas en los bordes de polvo y tierra, y las puertas de acero estaban sucias por la exposicion a los elementos, pero aguantaban bien. Una serie de toldos de tela blanca cubrían la fachada del edificio, así como sus laterales. 

Entré en la sala de espera, y una adepta me indicó la habitación en la que Tama se encontraba. Agradecí la información y me encaminé hacia allí. Los pasillos estaban repletos de gente que iba y venía: adeptas, heridos e incluso cirujanos seguidos de una comitiva de enfermeras y servidores médicos. Llegué a la habitación doscientos treinta, en el segundo piso, y llamé a la puerta con los nudillos antes de entrar. La habitación era pequeña y austera; había un armario de madera y una cama con una mesita auxiliar sobre la cual se encontraban un par de libros y un vaso de agua vacío. Sobre la cama se encontraba Al-qhadan, con la mitad derecha de la cara vendada, y Tama estaba al lado, hablando con él. El cabo se sentó sobre la cama y saludó al verme.

- Descanse, cabo- Hice un gesto con la mano a modo de saludo para ambos- ¿Cómo va esa herida?

- Mañana podré salir de aquí y retomar los entrenamientos, capitán, así que supongo que va bien- Respondió.

- Bien, bien- Asentí, y después mire a Tama- Sargento, tenía una noticia para mí, ¿Cierto?

Ella hizo un gesto afirmativo con el pulgar y le dio una palmada en el hombro a Al-qhadan mientras se desplazaba hacia mí.

- He de irme, cabo- Él asintió- Cuídese, y a ver si se recupera de una vez, que se está saltando demasiadas sesiones de ejercicios obligatorios.

Tama me hizo un gesto y salimos juntos de la habitación.

- Parece que el golpe fue más serio de lo que esperábamos- Dije mientras bajábamos por las escaleras hacia el primer piso.

- Le han tenido que dar unos cuantos puntos, el golpe le abrió una brecha desde la frente hasta la mejilla. Además del hinchazón que le causó el impacto, claro.

- Entiendo- Aduje- Por lo menos tiene pinta de recuperarse pronto 

Ella asintió y se hizo a un lado para evitar a unos médicos que entraban a toda prisa en el puesto, cargando con una camilla. Abandonamos el edificio y ella puso rumbo hacia el almacén del Monitorum.

- Bueno, Tam, ¿Qué hay de esa noticia?- Pregunté, impaciente.

- Teniendo en cuenta hacia dónde vamos, le dejo adivinar- Comentó, con tono juguetón.

- Estoy muy viejo para estas chorradas, ve al grano.

Tam rió.

- Bien, verás, te va a gustar. Los de arriba te han concedido un permiso para tomar un arma o pieza de equipo que te interese especialmente, sin restricciones. Ya sabes, por lo del bloqueo.

Hice una mueca de aceptación frente a la recompensa.

- En realidad la idea fue de Shafne, pero qué se le va a hacer...ya le concedí a ella el permiso para su multiláser, no está nada mal que me cedan algo a mí- Bromeé.

- ¿Qué tienes en mente?

Me encogí de hombros.

- Siempre he querido tener una pistola bólter. Namhein bromeaba conmigo diciéndome que yo sería todo lo capitán que quisiera, pero que él tenía un bólter y yo no.

Por supuesto, el bólter de Namhein era robado, de cuando era joven. Otros dos elementos de mi pelotón poseían armamento bólter; los sargentos Krell y Draker tenían sendas pistolas bólter. Draker, al igual que el teniente Namhein, la había robado de un almacén del Monitorum, pero a Krell se la habían otorgado como recompensa por salvarle la vida a la mísisima comandante Prashak dos años atrás, en un intenso combate en Ogygia contra las fuerzas de Viperofobia y sus agresivos sectarios.

- Namhein es un perro viejo, se las sabe todas- Rió ella de nuevo. Luego me entregó un pergamino firmado por el coronel Tranto, al mando del 37º regimiento Troniano, y, por consiguiente, de mi pelotón, el de Miller, y la compañía de la capitana-comisaria. En el documento se me autorizaba a escoger cualquier pieza del almacén del Monitorum para uso personal- Si se hace con una pistola bólter, asegúrese de conseguir algo de munición especial, tengo entendido que los intedentes del Monitorum tienen unas reservas bastante amplias de munición perforante.

Asentí, agradeciendo el consejo.

- Gracias, Tam, veré si me puedo hacer con unas cuantas balas perforantes. 

- Y cargadores de tambor- Me cortó- Recargar una pistola bólter es algo aparatoso y pesado, agradecerás tener que cambiar de cargador cada treinta disparos, créeme.

- Bien, confiaré en ti y veré si puedo hacerme con todo eso- Me encogí de hombros- Quizá me manden a la mierda, pero al menos lo habré intentado.

Tama rió y se dirigió hacia los barracones. Mientras se despedía, exclamó:

- ¡Suerte! 

- Espero que no haga falta- Murmuré para mí mismo.

La oficina del almacén del Monitorum era una gran sala de rococemento con pocos adornos; tan sólo un puñado de pósteres de reclutamiento y algunos iconos de santos. Al fondo un amplio mostrados de metal bruñido y madera clara separaba al almacén del resto de la sala. Una serie de adeptos del Monitorum atendían las solicitudes de equipo de los soldados que allí acudían. Al reconocer al adepto que iba a atender mi petición hice una mueca. 

El adepto Stephanus hizo lo mismo.

- ¿Qué va a ser ésta vez, capitán?- Preguntó, socarrón- ¿Otro multiláser M41? Ya sabes lo que me costó conseguir el permiso para cedérselo. 

- No, ésta vez vengo a por algo más pequeño- Respondí, intentando aparentar profesionalidad.

El adepto Stephanus levantó una ceja, interrogante. Miré a aquel molesto hombre de piel pálida, envuelto en una túnica gris con capucha, y le entregué el permiso firmado por el coronel Tranto. Él levantó la otra ceja, esta vez en un rictus de sorpresa.

- ¿El permiso del coronel se lo han dado a usted?- Preguntó, casi decepcionado- Pensé que la mente tras el derrumbe del bloqueo del canal era más...brillante.

Me encogí de hombros, impermeable a sus comentarios despreciativos. Tranto había creído que yo había ideado el plan de volar los cimientos del bloqueo con equipos de submarinistas, nadie se había acordado de Shafne. Pero, claro, a ella eso no le importaba con tal de tener su multiláser.

- Es más brillante de lo que crees, adepto- Respondí, y después apoyé las manos en el mostrador- Escucha, ese permiso me da libre albedrío para elegir lo que quiera, así que trae aquí la mejor pistola bólter que haya en el almacén. Y unos cuantos cargadores de tambor, ya de paso.

Para mi sorpresa, Stephanus rió entre dientes.

- Las modelo Ceres están reservadas para el alto oficiarado, no para los mindundis como tú.

Le di un puñetazo en la cara, con el permiso en la mano. Cuando me miró, furibundo y agarrándose la nariz, rota, le planté el permiso ante los ojos.

- Si eres medianamente decente en tu trabajo, estoy seguro de que sabrás que debes darme lo que quiera mientras este permiso lleve mi nombre- Dejé con un sonoro golpe el pergamino sobre el mostrador.

Varios adeptos y guardias imperiales nos miraban. Stephanus miró alrededor y gruñó, haciendo una mueca de disgusto, luego entró en el almacén sin mediar palabra y volvió quince minutos después con una caja metálica con un aquila tallada en la tapa, y otras dos idénticas, pero más grandes. 

- Ahí tienes- Se había vendado la nariz, y aún le quedaba sangre en el labio superior- Quiera el Emperador que te estalle en la mano. 

Asentí burlonamente y salí del almacén del Monitorum con las cajas mientras Stephanus maldecía mi nombre. Fui a mi habitación y, apoyadas sobre la cama, abrí las cajas. En la más grande se encontraba el arma junto a su canana y un manual del Monitorum para su correcto uso. De las otras dos saqué doce cargadores de munición estándar. Stephanus se había pasado mi petición de cargadores de tambor por el forro.

- Bueno, menos da una piedra- Me resigné- No se puede ganar contra el Monitorum.

El intercomunicador comenzó a sonar mientras armaba la pistola bólter y metía la munición en sus correspondientes portacargadores. Lo activé y me lo llevé al oído. La voz de Keff sonó a través del canal, entre aliviada y extrañada:

- ¿Capitán? Aquí Keff. Mire...eh, no sé cómo decírselo.

- Dilo sin más, Keff, no tenemos todo el día- Dije mientras metía uno de los cargadores en un bolsillo del cinturón.

- Pues verá. Los tronianos acaban de cedernos unos cuantos Taurox. Así, porque sí.

Hice una mueca, extrañado.

- ¿Funcionan?- Desconfié.

- Son casi nuevos.

- ¿Entonces cuál es la pega?

- Supongo que están hartos de prestarnos transportes para nuestras misiones, así que nos ceden unos cuantos vehículos para ahorrarse papeleo y tiempo.

- Estarán armados, supongo.

- Ametralladoras pesadas de 40mm y núcleo de tungsteno, con eso podemos hacer mucho daño. Y, ah, uno de ellos tiene un cañón de batalla. Es el suyo, señor.

- ¿Como que el mío?- Pregunté, inclinándome hacia delante, con un codo apoyado en la rodilla izquierda.

- El de la escuadra de mando, capitán- Contestó él. De fondo se oía el sonido de un soplete.

- Excelente- Asentí- Iré en un rato, Keff. Quiero echar un vistazo.

- Por supuesto, señor- De nuevo el soplete- Le estaremos esperando. Keff, cierro.

Apagué el aparato y me coloqué el auricular en la oreja, quedando el pinganillo cerca de mi boca. Me enfundé la pistola bólter al lado derecho del cinturón, junto a unos cuantos portacargadores repletos de munición para ella. Salí de nuevo, esta vez en dirección a los hangares. 

Aquel regalo era un gran avance. Los Taurox eran muy maniobrables y contaban con una gran fiabilidad. Eran una magnífica adicción al pelotón, y nos daba más autonomía para llevar a cabo nuestras misiones, ya que no tendríamos que pedirles prestados camiones de transporte de tropas a los Tronianos, cosa que les iriritaba.  

Andé a buen ritmo, ansioso por ver los nuevos vehículos del pelotón. Hubiera preferido Chimeras, pero con los Taurox me daba por más que satisfecho. Cuando llegué a los hangares, las piernas me ardían, y me encontré con que el sector que se nos había asignado estaba ocupado por siete grandes e imponentes Taurox, aún pintados con los colores del 37º Troniano. Aunque los muchachos de Keff se estaban encargando de ello. 

El Taurox, recientemente implantado en algunos regimientos de Namether, había sido ligeramente alterado en el sector, de manera que las orugas frontales habían sido sustituídas por ruedas en pos de una mayor maniobrabilidad. La pesada y aparatosa torreta armada del modelo original fue reemplazada por un sencillo afuste al que se acoplaba una ametralladora pesada de 40mm o un lanzagranadas automático, y ambos incluían un escudo de ceramita de un centímetro de grosor para proteger al artillero. 

Keff, que aún seguía con el dibujo que estaba haciendo en la Fury, dejó su trabajo y se acercó a mí, limpiándose las manos con un trapo sucio de pintura. 

- ¿Qué le parecen, señor?

Yo estaba de pie, con los brazos cruzados, evaluando con la mirada a las nuevas incorporaciones del pelotón. 

- Tienen muy buena pinta, sargento. Y cuando tengan nuestros colores, estarán mucho mejor-Bromeé.

Keff sonrió y señaló a sus hombres, que trabajaban a destajo retirando al pintura marrón de los vehículos.

- Ya tengo a mis chicos en ello- Aseguró- Dentro de poco estarán listos. Ah, y, por cierto, he pedido a Tama y a sus hombres que consigan munición y combustible. Nos los han dado secos. Volverán en breve, los envié hace tiempo.

Ahí estaba el truco Pensé.

- ¿Vinne? Adelante, Vinne- La voz del coronel Tranto sonó por el intercomunicador.

Me llevé un dedo al aparato para activarlo y me volví, haciendo un gesto a Keff para indicarle que debía atender a la llamada.

- Aquí Vinne, coronel.

- Nuestros radares han detectado una fuerza enemiga a pocos kilómetros al sur de la base. Estarán aquí en dos horas máximo. He movilizado a la unidad de la capitana-comisaria hacia la línea defensiva que tuvimos que superar para llegar aquí y establecer la base. Sus ruinas nos servirán, y con suerte alguna de sus piezas de artillería funcionará todavía. Necesito que usted y su pelotón vayan con ellos. Como supongo que aún estarán poniendo a punto los Taurox, le cedo unos camiones de transporte para que lleve a sus hombres hasta ahí.

- Recibido, coronel- Hice un gesto a Keff, y señalé después al Taurox del cañón de batalla; Ponlo a punto, ya- Señor, ¿Cómo de grande es esa fuerza hostil?

Keff asintió y ordenó a gritos a sus hombres que buscaran combustible para el vehículo, y después llamó a Tama para que se diera prisa con la munición.

- Ni idea, pero cuentan con blindados, y probablemente suficientes camiones y vehículos de transporte como para cargar con un centenar de soldados, o incluso más. Son refuerzos para la ciudad asediada, pero no saben de la existencia de esta base. Aprovechemos el factor sorpresa para acabar con ellos antes de que lleguen aquí- Hubo una pausa mientras Tranto le decía algo a su ayudante- Reúnase en media hora con la capitana-comisaria en 8.09.11. Enviaremos apoyo artillero si podemos. Tranto, corto.

Apagué el microcomunicador y divisé a Tama, que venía con sus hombres cargando con bidones de combustible. Incluso habían traído unos cuantos tractores elevadores para transportar la munición. Corrí hacia ella y agarré una de las latas de combustible que llevaba.

- ¿Munición?- Pregunté.

- No se preocupe, hemos recibido el aviso de Keff- Dijo ella- Hemos traído toda la munición para cañón de batalla de 90mm que hemos podido encontrar. También hemos traído munición para las 40mm. ¿Qué pasa? ¿A qué vienen tantas prisas, capitán?

- Tranto nos envía junto a la compañía de la capitana-comisaria a ocupar la línea defensiva Sigma para repeler un convoy enemigo- Expliqué mientras entrábamos en el hangar.

- ¿La que nos cargamos antes de construir la base?

- La misma. 

Los hombres de Tama se apresuraron a comenzar con la reacondicionación del Taurox, reponiendo su munición y llenando su depósito de combustible. Ayudé con la tarea mientras unos conductores Tronianos dejaban unos cuantos camiones de transporte a las puertas del hangar. Vacié la lata de combustible en el depósito del Taurox y me dirigí hacia los camiones. Activé el comunicador y mandé un mensaje al canal abierto del pelotón.

- Atención, pelotón- Comencé mientras ordenaba por señas a Tama que fuera a traerme mi equipo- Tranto nos envía a repeler un convoy enemigo en la línea defensiva Sigma. Shafne, quiero que tú y tus hombres cojáis vuestros lanzacohetes y toda la munición que podáis y vengáis cagando leches a los hangares. El resto, os quiero totalmente equipados en el hangar en cinco minutos. Vinne, corto.

Mientras los sargentos del pelotón informaban de haber recibido las órdenes, me dirigí hacia Asya Strova y sus pilotos, que estaban preparando su equipo no muy lejos de mi posición. 

La teniente Asya y sus hombres eran los pilotos, artilleros y mecánicos de los vehículos del pelotón, y los mejores en ese trabajo que he conocido. Eran capaces de formar la dotación de cualquier vehículo que se les asignase, e incluso de defensas estáticas o aviación. Habían formado parte de una unidad mecanizada, así que también sabían apañárselas bien en situaciones de combate fuera de sus vehículos.

- ¡Asya!- La llamé, andando a paso ligero hacia ella- Dotación para tres Taurox y esos camiones- Señalé los camiones que los tronianos nos habían cedido- Y las quería para ayer.

Ella asintió y transmitió las órdenes al resto de su unidad. Asya era una mujer de ascendencia vostroyana, alta, fuerte y pálida. Era muy común verla con el pelo rubio recogido en una coleta a la altura del cuello y con una gorra de combate. Conducía como nadie, y gozaba de gran popularidad entre sus hombres, y entre la compañía en general. 

- Recibido, capitán- Se acercó a mí- Menudas bestias nos han dado los tronianos, ¿Eh? Conducía un Taurox en mi antigua unidad, y le puedo asegurar que son de lo más fiable que una puede encontrarse.

Algunos de sus hombres echaron a correr hacia los camiones para ponerlos en marcha, los otros fueron hacia los Taurox para poner a punto de tres de ellos. Vestían los pantalones de combate del regimiento y camisas de tirantes de color muy gris oscuro, y sobre ellas se ponían chalecos portaequipos para llevar ahí sus intercomunicadores, municiones y otros suministros. Guardaban sus pistolas en cananas de cuero marrón sujetas a sus cinturones, donde también solían llevar portaequipos llenos de herramientas.

- Sí, eso he oído- Respondí- Usted va a pilotar el Taurox de mi escuadra, teniente, espero que su artillero esté familiarizado con los cañones de batalla de 90mm.

El cabo Hule resopló, ajustándose el casco, que tenía espacios en los laterales para sus auriculares.

- ¿Bromea, capitán? Soy capaz de manejar cualquier cosa que dispare.

- Más nos vale- Bromeé mientras me dirigía con ellos hacia nuestro hangar.

El soldado Torv, el mecánico de la dotación de Asya, se nos unió unos segundos más tarde, cargando con una mochila de combate repleta de herramientas. Las escuadras de Keff y Tama ya habían terminado de llenar los depósitos de combustible y munición de dos Taurox, y estaban acabando de llevar munición al de mi escuadra. No daba tiempo a preparar el resto, así que debíamos contentarnos con tres vehículos. Esperé que fuera suficiente. 

- Buena bestia- Sonrió Asya, ajustándose el microcomunicador.

Se fijó especialmente en las antenas que tenía en los costados. Eran cuatro, exactamente, de algo menos de dos metros de largo, y de poco grosor. Al entrar en el compartimento de pasajeros, descubrí que también contaba con una pequeña estación de radares, y, justo al lado, un vocoemisor.

Tama llegó al poco tiempo con mi equipo. Le dí las gracias y comencé a ajustarme las correas de la armadura y a sujetarme los portacargadores al cinturón y al muslo izquierdo. Iskias, Bandher, Tholl y Arridae aparecieron en el transporte segundos después de que acabara de ceñirme la funda del cuchillo a la bota derecha.

- Esto es un regalo, y lo demás son tonterías- Bromeó Iskias.

- Procuremos que nos dure- Contesté, y activé el microcomunicador- Atención, pelotón, en marcha hacia 8.09.11.

El Taurox dio un bandazo, con lo que me tuve que agarrar a algo para no caerme, y aceleró hacia delante hasta colocarse a la cabeza del pequeño convoy. Los otros dos Taurox se colocaron en la retaguardia. Salimos de la base y nos dirigimos hacia la línea defensiva en 8.09.11, traqueteando y dando botes por las dunas y la accidentada carretera salpicada de cráteres y baches. 

- Capitán, asómese por la escotilla- Dijo Asya por el intercomunicador- Le...gustarán las vistas. 

Pasé a la cabina del piloto y el copiloto y desde ahí subí hasta la escotilla izquierda, ya que la derecha estaba ocupada por Hule, pues era en la que se encontraba la torreta de armamento. Levanté la pesada tapa y me asomé por encima del vientre, apoyando los antebrazos en el borde de la escotilla. Alcé la mirada...y me encontré con una gargantúesca fragata de combate tau entrando en la atmósfera, ardiendo, desgajándose mientras caía a cámara lenta, rodeada de un halo azul de energía que aparecía y desaparecía, creando pequeñas tormentas a su alrededor. 

- No puede ir en serio- Murmuraba Hule. Su cara estaba tapada por las gafas de combate y la braga militar, que también le cubría el cuello, pero estaba seguro que miraba la escena con la misma cara de sorpresa e incredulidad que yo. 

- ¿Lo estáis viendo?- Dijo lentamente Namhein por el canal del pelotón- ¿Han llegado los refuerzos al final?

- No te hagas ilusiones, Namhein- Intervino Krell- Ahí arriba había muchas más naves aparte de esa.

- Pero solo necesitan crear un hueco en su flota para que los refuerzos pasen- Replicó Shafne- Y si han conseguido cargarse ese monstruo no me sorprendería que pudieran cargarse a más. 

Krell y Namhein estaban asomados por las escotillas de sus Taurox, y Shafne, al igual que Kitar, Keff, Dawson y otros, estaba con medio cuerpo fuera de la parte trasera del camión, con la cabeza vuelta hacia el gigante abatido. 

- ¡Esto se merece un poco de música, damas y caballeros!- Exclamó Asya. Un coro de gritos de aprobación tronó por el canal común- Capitán, elija usted.

Catachan syndrome, teniente- Respondí. Hubo más gritos de aceptación. Catachan syndrome era un grupo de Ar-k muy famoso en el regimiento. El Ar-k consistía en canciones instrumentales con guitarras eléctricas y percusión, y algunas veces se mezclaba con otros instrumentos- La primera que aparezca en el reporoductor.

Asya metió la tarjeta de memoria en la radio del Taurox, asintiendo, y enseguida comenzó a sonar el intrépido sonido de las guitarras eléctricas junto a otro instrumento; un piano. La mezcla era atípica, pero el resultado era simplemente magnífico. 

- Llegaremos en media hora, chicos- Anunció Asya- Así que disfrutad de la música, que luego nos espera el infierno. 

Hule, desde su torreta, más elevada que mi escotilla, me dirigió una mirada para atraer mi atención.

- ¿Está la cosa jodida, capitán?- Preguntó.

Me encogí de hombros.

- Lo veremos cuando lleguemos.

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Llegamos a 8.09.11 antes de lo previsto. La capitana-comisaria y su destacamento se habían atrincherado en las ruinas de la línea defensiva, un conjunto de búnkeres y muros de medio kilómetro de largo que vigilaba un paso arenoso y salpicado de rocas y vehículos destrozados que se quedaron ahí tras la última vez que estuvimos allí, aunque aquella vez habíamos ido para destruir la línea defensiva, no para ocuparla y usarla para repeler a un convoy enemigo.

Bajamos de los transportes, y ordené a Asya y a los otros dos conductores de los Taurox que ocultaran los vehículos entre las ruinas, ya que debíamos aprovechar su potencia de fuego. Los conductores llevaron los vehículos a tres puntos distintos, separados unos de otros por cien metros, y los cubrieron con redes de camuflaje. Incluso desde la distancia a la que yo estaba era difícil verlos. No quería imaginarme como sería buscarlos desde más lejos. 

- Capitán, bienvenido- La capitana-comisaria se acercó a nosotros flanqueada por su escuadra de mando mientras el pelotón bajaba de los transportes y se organizaba- He organizado varias posiciones defensivas por toda la línea, y mis hombres han encontrado dos baterías defensivas operativas.

Señaló dos plataformas metálicas que tenían encima de ellas sendos soportes sobre los cuales habían un trío de cañones automáticos conectados por cintas de munición a un depósito tubular en la parte trasera. A ambos lados había asientos, el de la derecha era el del artillero, y contaba con el sistema de control y una pantalla de visión térmica. El de la izquierda poseía un radar. Ambas baterías estaban operadas por soldados del 8º regular.

- La mayoría de estructuras están destrozadas- Continuó, pero servirán como cobertura. 

La capitana-comisaria había llegado a Tronia junto a la mitad de su compañía, unos doscientos hombres. Entre bajas y heridos, su destacamento se había quedado en algo más de ciento sesenta efectivos. La mayoría de las pérdidas se habían sufrido durante el ataque masivo kroot que habíamos sufrido al poco de llegar al planeta. 

- Entiendo- Asentí- Veo que sus hombres están poniendo minas, permítame que mis ingenieros echen una mano.

A unos cuatrocientos metros de la línea defensiva había un túnel, que era la única ruta para llegar a la zona. Los ingenieros de la capitana-comisaria estaban sembrando la zona de minas para tomar por sorpresa a los Gue'vesa.

- Por supuesto, toda ayuda es bienvenida.

Keff no necesitó que le transmitiera la orden. Se llevó a sus hombres hacia la zona minada, cargando con cajas de explosivos. Mientras tanto, el resto del pelotón se adentró en los búnkeres semiderruídos para tomar posiciones bajo la tutela de Arridae, que los distribuía para sacar el máximo partido a nuestro armamento. 

- ¿Han visto ustedes también la nave xeno derribada?- Preguntó ella mientras nos encaminábamos hacia los búnkeres.

Eché una mirada al cielo curante un segundo. La fragata tau había desaparecido, pero aún quedaba una espesa e ingente estela de humo rodeado de tormentas eléctricas. Asentí.

- Sí, la vimos mientras veníamos hacia aquí.

- Así que al final la flota de refuerzo ha conseguido abrir una brecha en el bloqueo tau- Observó.

- Eso espero- Confesé- Pero me preocupa hacia dónde se dirijan. El otro hemisferio está aislado, o al menos las comunicaciones imperiales fuera del hemisferio están inutilizadas en esa zona.

- En cualquier caso es una buena noticia- Replicó ella, con seriedad- Tanto si se dirigen hacia aquí como si optan por prestar apoyo a nuestros regimientos en la otra cara del planeta.

- Bien dicho- Me dirigí junto a mi escuadra de mando a un búnker en relativo buen estado, alargado y de aspecto robusto- Ocuparé mi posición ahora, capitana-comisaria. Estaremos en contacto por la onda corta.

- Entendido- Confirmó, y se encaminó hacia la otra punta de la línea de búnkeres junto a su escolta, entre los que se encontraban los camaradas de apuestas de Iskias y Tholl- Y suerte, capitán.

- Confío en que no nos haga falta- Me encogí de hombros, entre la broma y el ruego. 

Mientras entrábamos en la estructura junto a Shafne y su escuadrón de apoyo, ví por el rabillo del ojo a Kitar y su unidad subirse a una torre de comunicaciones que aún estaba entera y quedar totalmente ocultos al rodear sus cuerpos con las capas de camaleonina. La puerta trasera del búnker había sido derribada por un cohete que uno de los soldados tronianos había conseguido hacer pasar por la abertura horizontal situada en el frente de la estructura para que los ocupantes pudieran disparar. Eso había pasado cuando habíamos asaltado la posición hace meses. El interior se traducía en una serie de escombros tirados por el suelo, y unas paredes que estaban en muy mal estado en determinados puntos, pero el búnker aguantaría. O al menos eso esperábamos.

El frontal de la construcción estaba prácticamente abierto del todo, pero los restos de la pared posterior formaban una excelente cobertura, además de proporcionarnos un campo de visión bastante amplio y numerosas zonas para abrir fuego sin temor a represalias (al menos de las armas ligeras) Tholl se tumbó en el extremo derecho del interior dle búnker, colocándome yo a su izquierda, tras los restos de la pared que llegaban desde el techo hasta el suelo, y que proporcionaban cobertura suficiente para mí y para Iskias, que se situó a mi lado. Bandher tomó posiciones a dos metros de nosotros, junto a Shafne y su unidad, que prepararon sus lanzamisiles y los encararon hacia el túnel. El resto del pelotón había ocupado el lado derecho de la línea defensiva, mientras que los hombres de la capitana-comisaria se ocuparon del centro y el flanco izquierdo. 

- Capitán, cargas colocadas- Informó Keff por el intercomunicador mientras él y su unidad corían hacia los búnkeres.

- ¿Termitas?- Pregunté.

- Cargas Termita y minas antitanque- Respondió- Les vamos a hacer un buen boquete.

- Recibido. Buen trabajo, Keff. Tharrus, corto.

Tholl desplegó el bípode del rifle antimaterial que había traído consigo y dejó la caja metálica donde guardaba la munición adicional a su lado. Levantó las tapas de la mira telescópica del arma y retiró el seguro. El cargador que tenía puesto en el rifle tenía atada una cinta azul para indicar que era munición perforante. 

Me pregunté si la munición perforante del calibre .50 podría atravesar el blindaje de un tanque de batalla Leman Russ, y deseé que los Gue'vesa no hubieran traído ninguno con ellos.

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Llevábamos esperando media hora, incapaces de aguantar por mucho más tiempo la espera, cuando la voz de Asya sonó por el canal común del pelotón.

- Aquí Asya, los radares del Taurox detectan un gran número de objetivos atravesando el túnel. Están a menos de cincuenta metros de salir.

- Los áuspex también lo detectan- Confirmó Tama.

Miré a Iskias, que observaba el áuspex de la escuadra. Asintió. 

- Capitán Vinne- La capitana-comisaria entró en contacto conmigo por un canal privado. Vimos luces en el interior del túnel- Ya están aquí. Detone usted las cargas, y empezaremos el ataque.

- Afirmativo- El canal se cortó y cambié al común del pelotón- Atención, muchachos. Cuando Keff detone las cargas que han estado colocando frente al túnel, empezaremos a disparar. Keff, tú verás cuando las detonas, eres el experto.

- Recibido, capitán- Contestó él- Les daremos un buen golpe.

Los nervios flotaban en el ambiente. Yo, que intento mantener mis nervios bajo control en toda situación, sudaba profusamente, en incluso Bandher se quitó la máscara antigás y la dejó colgando de su cuello, agobiada. 

La espera no duró mucho más. Oímos el rugido de los motores, y de la oscuridad surgió un trío de tanques lanzallamas Hellhound en formación de cuña, escoltados por una docena de Uros que avanzaban a gran velocidad delante de ellos y por sus flancos. Todos ellos estaban pintados de carmesí y gris oscuro; los colores de los Gue'vesa.

- Vamos, vamos...- Murmuraba Tholl, impaciente.

Bandher comenzó a tamborilear con sus dedos sobre la carcasa de su rifle pesado. Se mordía el labio inferior.

- Y San Adrastos dijo; desatad el infierno sobre sus enemigos, sin piedad ni errores- Entonó de repente Keff por el canal del pelotón- Saludadle de mi parte, hijos de puta.

Y con el bramido de los explosivos, la columna de avanzadilla Gue'vesa desapareció en una voraz bola de fuego que devoró los vehículos y quemó la arena y la roca, dejando una horrorosa nube negra en el aire. Sin embargo, cuando se disiparon el denso humo y las llamas, cuatro Uros siguieron avanzando, con el capó quemado, con pequeñas llamas en algunos puntos incluso. 

- ¡Fuego!- Exclamó la capitana-comisaria a través del canal abierto imperial.

El sonido sordo y breve de los lanzamisiles al disparar inundó el búnker, y no tardaron en seguirle los chasquidos de los rifles láser y el potente traqueteo del rifle pesado de Bandher. Tholl tardó más en disparar, pero su proyectil atravesó la cabina de cristal blindado de uno de los todoterrenos de combate y mató a su conductor. El vehículo siguió adelante unos cuantos metros más hasta que una andanada de proyectiles de cañón automático lo borró del mapa; las baterís defensivas operadas por los hombres de la capitana-comisaria habían comenzado a atacar. Más ráfagas de cañón automático comenzaron a perseguir a los Uros, que derrapaban e iban cada vez más rápido para evitar los disparos mientras sus cañones de asalto escupían cientos de proyectiles contra nosotros. 

Un proyectil al rojo vivo pasó a gran velocidad por un lado de mi búnker, y acortó las distancias con un Uros en apenas un segundo. El todoterreno estalló violentamente, y sus restos siguieron adelante por la inercia, envueltos en llamas y elevando una gruesa columna de humo hacia el cielo. El Taurox de Asya acababa de abrir fuego.

Los cohetes de Shafne y sus hombres estallaron cerca de los Uros, incluso llegaron a desestabilizar a uno, pero iban demasiado rápido para ellos. Shafne gruñó y soltó una maldición mientras su cargador metía un nuevo cohete en su arma, un tubo sólido y alargado con una mira electrónica en un costado y un apoyo arqueado para el hombro tras la empuñadura.

Tholl reventó la rueda de un todoterreno, que derrapó y volcó, siendo un blanco fácil para el lanzacohetes de Shafne. Cuando el disparo alcanzó al Uros, éste se elevó varios metros sobre el suelo en medio de una columna de llamas y acero antes de caer de nuevo sobre la arena, esta vez de lado. 

- ¡Tenemos más!- Informó Bandher mientras disparaba. Su ráfaga impactó en el flanco de un Uros, dejando una ristra irregular de agujeros de bala en la zona del conductor, pero no llegó a impactar a nadie.

Dejé de disparar y miré al túnel. Había aparecido media docena de camiones de transporte de tropas, encabezados por tres Chimeras VCI (vehículo de combate de infantería) armados con cañones automáticos y lanzacohetes rectangulares de cuatro tubos en un costado de las torretas, que estaban situadas en la parte trasera del vehículo. No tardaron en disparar, soltando andanadas de cuatro disparos, separadas unas ráfagas de otras por un espacio de entre uno y dos segundos. De los camiones comenzaron a bajar decenas de soldados que corrieron cuesta arriba para atrincherarse tras los restos de vehículos y las rocas. Los conductores de los camiones se apresuraron a abandonar sus vehículos cuando estos empezaron a ser destruídos por los bólteres pesados de los equipos de apoyo de la capitana-comisaria.

La tormenta de fuego láser y misiles seguía abatiéndose sobre los Gue'vesa, que se habían atrincherado a menos de trescientos metros de la línea defensiva y respondían al fuego mientras más refuerzos de infantería salían del túnel. Le dí un toque en el hombro a Tholl.

- ¡Tholl! ¡Dispare a las orugas de los VCI si no puede penetrar su blindaje, eso los dejará inmóviles y serán blancos fáciles para las armas antitanque!- Grité por encima del estruendo del tiroteo.

Él asintió y disparó. Con los prismáticos, vi como el disparo atravesaba el frontal de la torreta de uno de los blindados ligeros, que dejó de disparar. Tholl acababa de matar a su artillero.

- ¡Están desplegando humo!- Chilló Bandher mientras disparaba.

Los VCI estaban lanzando botes de humo por sus lanzagranadas de triple tubo, ubicados en la parte baja de sus torretas. Estaban cubriendo la zona inmediatamente siguiente a la salida del túnel, y en unos segundos nos fue imposible ver la boca del túnel, pero del espeso humo no paraban de surgir siluetas que rápidamente se convertían en soldados o camiones de transporte. Activé el microcomunicador a toda prisa, había que solucionar eso.

- ¡Keff! ¡Quiero al lanzagranadas pesado barriendo la boca del túnel!

- ¡Recibido, capitán, estamos en ello, mis hombres lo están montando sobre el trípode bajo!

No pasaron ni dos segundos hasta que una descarga de varias granadas de fragmentación rociara la zona indicada, levantando surtidores de arena, fuego y metralla del suelo. En la intensidad del combate, apenas me percaté del grave y potente rechinar de orugas que hizo millones de ecos en el túnel, presagiando la aparición de un escuadrón de tres tanques de batalla Leman Russ y cuatro transportes Chimera. Los transportes de tropas derraparon y se quedaron estáticos cubriendo a la infantería que vomitaban de sus compartimentos de carga mientras disparaban sus multiláseres contra nuestras posiciones. Uno de los rayos anaranjados pasó a tres centímetros exactos de mi cara. El excesivo calor me aturdió y me agaché para no caerme. Mientras me despejaba y las imágenes residuales seguían aún grabadas en mi retina, un estruendo sacudió todo el búnker.

- ¡Joder!- Ladró uno de los artilleros de Shafne- ¡Le han dado al de al lado!

- ¡Estaba desocupado, sigue a lo tuyo!- Lo reprendió ella antes de hacer volar un Chimera de un impacto directo con el lanzacohetes.

El cañón de batalla de un Leman Russ había disparado contra el búnker que teníamos al lado, derribándolo sobre sí mismo e inundando el interior del nuestro con una nube de polvo que tardó varios segundos en asentarse. Cuando lo hizo, nuestras armas, armaduras y uniformes ya estaban cubiertos de ceniza y polvo de rococemento. Bandher tosió y se puso la máscara antigás, con polvo en los pulmones.

- ¡Máscaras, todos!- Ordené mientras me ponía la mía.

Mientras el resto cumplían la orden, el trío de Leman Russ avanzó hacia la línea defensiva, con los VCI a los flancos, disparando sus cañones automáticos. Otro proyectil de cañón de batalla pasó silbando por encima de nosotros y estalló varios cientos de metros detrás de nuestras posiciones. A mi derecha, Tholl disparaba el rifle antimaterial, y uno de los Leman Russ dio un bandazo cuando su oruga derecha quedó destrozada, perdiendo varios eslabones y separándose del engranaje que movía el conjunto. El tanque avanzó varios metros girando bruscamente de un lado a otro y finalmente derrapó pesadamente hasta quedar de espaldas a nosotros. Fue una presa fácil para Krell y el lanzacohetes de su unidad, que se encontraba en la otra punta del complejo defensivo. El impacto destrozó la parte trasera, haciendo estallar el combustible y matando a la tripulación casi al instante. La torreta del blindado saltó hacia arriba impulsada por un chorro de fuego. Los otros dos Leman Russ siguieron su avance dando tumbos por la arena, con las barquillas de bólter pesado disparando en automático.

- ¡Cargado!- Exclamó el cargador de Shafne, y le dio una palmada en la espalda.

Shafne apretó el gatillo y el cohete abandonó el tubo del arma con un sonido seco y sordo, con matices metálicos, acompañado del característico silbido del misil al avanzar, dejando una estela de humo a su paso. El proyectil, acompañado por otro más, se estrelló contra la parte delantera del Leman Russ que iba en cabeza. El tanque reventó con violencia, haciendo que el VCI que iba al lado diera un volantazo para alejarse de él. El otro tanque disparó su cañón de batalla, y una brutal detonación nos sacudió a todos. El obús había impactado a unos escasos veinte metros de nuestro búnker. Las baterías de cañón automático acosaron al blindado, agujereando su coraza y matando a la tripulación. Cuando el humo de la explosión se disipó, vimos al Leman Russ inerte, lleno de agujeros y abolladuras, humeante.

Otro magistral disparo de Tholl inmovilizó a uno de los dos VCI que acompañaban a la carga blindada, y una lluvia de granadas antiblindaje surgió del búnker de Keff. El vehículo se sacudió y reventó por dentro. El VCI restante estaba a menos de cincuenta metros, y roció con su lanzallamas pesado frontal una sección del complejo defensivo. No quise saber si estaba ocupada. Las baterías de cañón automático se ocuparon de él. 

- ¡Tenemos un lanzacohetes!- Informó Iskias.

Una unidad de apoyo Gue'vesa se había desplazado hacia los restos de uno de los tanques lanzallamas destruídos durante los primeros momentos de la batalla. Eran seis, divididos en parejas, uno de ellos llevaba la munición y el otro un lanzacohetes de cachas y asidera de madera sintética, con el resto del cuerpo de un metal negro. Los lanzacohetes empleados por los tronianos eran más ligeros que los nuestros, y se cebaban directamente por la parte delantera, quedando el cohete fuera del cañón, pero no tenían nada que envididar a los nuestros. 

- ¡Kitar, armas pesadas hostiles detrás de los Hellhounds, todos tuyos!- Avisé a Kitar y a su unidad por el intercomunicador.

- Recibido, capitán- Respondió él con la voz impregnada de su fuerte acento- No durarán mucho.

Mientras más infantería surgía del túnel y yo iba por mi segundo cargador, Shafne soltó un grito ahogado y cayó de espaldas. Se retorció en el suelo, con una serie de impactos de bala en el peto. Uno de ellos había logrado penetrar. Tholl se apresuró a dejar el rifle antimaterial y ocuparse de ella.

- Capitán- Dijo apresuradamente mientras ayudaba a Shafne a quitarse la coraza de caparazón- Coja el rifle antimaterial.

Asentí y me eché el rifle láser a la espalda para tumbarme junto al gran arma y prepararme para abrir fuego. 

- Tienes suerte- Oí decir a Tholl con voz tranquilizadora mientras estaba jalando la palanza de carga- El peto se ha llevado la mayor parte de la fuerza de la bala. No ha penetrado mucho, pero tengo que ponerte esto o te desangrarás.

- ¡Pues date prisa!

El cargador de Shafne se apresuró a recoger su lanzacohetes mientras yo localizaba a mi primer blanco. Vi por un costado de la mira a uno de los Gue'vesa del equipo de armas pesadas siendo abatido por un haz anaranjado de energía crepitante. Desvié la atención de ellos, Kitar y sus francotiradores los estaban diezmando. Un VCI apareció entre el humo, disparando el lanzacohetes de cuatro tubos que tenía a un lado de la torreta. Entre una bocanada de fuego surgió un manojo de misiles rectangulares no mayores que mi antebrazo. No vi donde impactaron, pero disparé a sus orugas. La bala chocó contra el mantelete que las protegía, dañándolo seriamente, pero nada más. Gruñí y disparé de nuevo. Aquel arma tenía un retroceso atroz, pero merecía la pena por su alcance y potencia. Esta vez el disparo destrozó un eslabón de las orugas, separando al conjunto y dejando inmovilizado al blindado ligero, que fue cazado sin piedad por los hombres de Shafne.

Un camión de tropas estalló al ser alcanzado por el cañón de batalla del semioruga de Asya, y otros dos más fueron alcanzados por las ametralladoras de 40mm de los otros dos Taurox, que agujerearon sus capós e hicieron estallar sus motores. Los artilleros desviaron entonces su atención a las fuerzas de infantería, que cada vez estaban más cerca.

- Esperad, ¿Oís eso?- Susurró Iskias.

- Yo no oigo nada- Replicó Bandher.

- ¡Joder, aerodeslizadores!- Ladró uno de los hombres de Shafne.

Unas luces azuladas aparecieron entre el humo, y al instante tres aerodeslizadores Piraña surgieron de él, creando ondulaciones en la columna de humo. Iban a gran velocidad, y elevaron el vuelo enseguida. Los cañones automáticos de las baterías defensivas los persiguieron, y uno de ellos recibió varios impactos en un costado. Una explosión azulada consumió su flanco, y los restos del aparato se precipitaron contra la arena. Los otros dos, sin embargo, comenzaron un ataque de pasada con sus cañones de inducción rotatorios. Un chorro de rayos brillantes manó de sus armas, y los disparos se abatieron sobre los búnkeres de la capitana-comisaria. Los Piraña pasaron de largo con las baterías defensivas pisándoles los talones.

- Aquí Vinne a Taurox- Activé el microcomunicador y contacté con los hombres de Asya- Asya, sigue disparando a las tropas de tierra, pero necesito a los otros dos Taurox persiguiendo a esos aerodeslizadores con las de 40mm.

- Aquí Tango-tres, capitán- Respondió el sargento Vanhër con su voz metálica de amplificador de laringe- Órdenes recibidas, procedemos a ejecutarlas. 

- Unos doscientos soldados con apoyo ligero de blindados- Gruñí al apagar el aparato- Maldito Tranto.

- Unas doscientas hostias le voy a dar si salgo viva de aquí- Contestó Bandher, disparando por encima de la cobertura.

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Vanhër se tambaleó en su puesto cuando el Taurox salió impulsado hacia atrás con gran potencia, derrapando después en la arena y avanzando tras la línea defensiva para perseguir al escuadrón de Pirañas. Las capas de camuflaje que había tenido encima unos segundos antes ondeaban frenéticamente por la velocidad, o salían volando al no estar sujetas al capó. El vehículo daba tumbos y botes por las dunas, y Vanhër no paraba de moverse por el traqueteo del vehículo. Con una mano en un borde de la escotilla y la otra en uno de los dos mangos de la ametralladora, perseguía con la vista a los aerodeslizadores, y mantenía el cañón del arma apuntando hacia ellos, aunque sabía que un disparo en ese momento sería sumamente impreciso.

- Atención, sargento- Dijo el piloto de su vehículo, el cabo Lhar- Frenamos en tres, dos...¡Prepárese!

El Taurox derrapó, dando un giro de ciento ochenta grados. Vanhër giró la ametralladora y la mantuvo sobre uno de los Pirañas, que comenzaban a darse la vuelta para lanzar otra pasada. A treinta metros, Tango-dos acababa de frenar para que su artillero tuviera un disparo claro. Comenzaron a disparar casi al mismo tiempo. De los largos cañones negro mate acabados en frenos de boca casi cuadrados surgió una larga  bocanada de fuego que se achataba y alargaba con cada proyectil disparado. Un torrente de proyectiles de 40mm al rojo vivo persiguió a los aerodeslizadores como un chorro de agua rojiza, pero los Piraña eran demasiado rápidos y ágiles. Vanhër se llevó un dedo al botón que activaba su laringófono.

- Lhar, sigue conduciendo, somos blandos fáciles. Velocidad media, ¡Vamos, vamos, vamos!

Mientras los Piraña hacían otra pasada, los dos Taurox se pusieron en marcha y volvieron a disparar. Al pasar sobre uno de los búnkeres mientras disparaba su cañón de inducción rotatorio, varios lanzallamas dispararon contra uno de ellos desde abajo, y el Promethium ardiente se adherió a la parte baja del vehículo, ascendiendo poco a poco, vorazmente, hasta llegar a los pilotos, que perdieron el control mientras se quemaban vivos. 

- ¡Ahora, blanco sin rumbo, presa fácil!- Ladró Vanhër por el laringófono. 

Los torrentes de proyectiles convergieron al mismo tiempo sobre el Piraña en llamas, que se sacudió violentamente y estalló en el aire varios metros más allá de la línea defensiva. 

- Buen trabajo, Tango-tres- Vanhër cambió el cargador de caja de la ametralladora, que estaba agotado- Vamos a por el otro.

- Recibido- Confirmó Brama, la artillera del otro Taurox- Procedo a continuar el ataque.

Pero súbitamente el Piraña, con una acrobacia, se giró para centrar su atención en los dos semiorugas. El cañón de inducción zumbó cuando sus cañones rotaron, y fogonazo blanco-azulado liberó una tormenta de pulsos de energía que fundieron la arena y cruzaron desde el parachoques hasta la parte trasera al Taurox de Vanhër. El aerodeslizador pasó de largo y giró de nuevo para efectuar otro ataque.

- ¿Estáis todos bien?- Gritó Vanhër mientras disparaba.

- Otra como esa y estamos muertos- Respondió Lhar- ¡Me pongo en movimiento!

El vehículo dio un tirón y avanzó hacia adelante con potencia, saltando sobre una duna mientras la ametralladora pesada no paraba de vomitar un proyectil tras otro. Tango-dos se colocó a su lado, a unos seis metros y disparó también. El aerodeslizaron pasó entre los dos y elevó el vuelo para caer sobre los semiorugas segundos después. Una nueva ráfaga de rayos azulados chocaron contra el Taurox de Brama, que se ocultó dentro del vehículo poco antes de que un pulso de inducción pasara por el espacio que había ocupado tan sólo un segundo antes. Con el techo abollado y quemado, el Taurox siguió derrapando por las dunas para colocarse de cara al aerodeslizador, que se había dado la vuelta para poder girar y atacarles de nuevo.

- ¡Es ahora o nunca, Vanhër!- Exclamó Brama por encima del rugido del viento.

Vanhër asintió y giró pesadamente el arma. Centró la mira de hierro sobre la rapidísima figura carmesí...y apretó el gatillo. La cascada de plomo cruzó al Piraña de atrás a adelante, atravesándolo gracias a su gran calibre y el núcleo de tungsteno de sus proyectiles. Una llamarada azul surgió de dentro del deslizador, que se partió en mil pedazos y volatilizó a sus pilotos en pleno vuelo. 

- ¡Bien hecho!- Dijo Brama mientras su Taurox volvía a su lugar original entre las ruinas de la línea defensiva.

- Me gusta mi trabajo- Bromeó Vanhër, aunque su tono sonó neutro debido a su amplificador de laringe.

Mientras Lhar comunicaba el éxito al capitán Vinne y conducía el vehículo hasta su anterior puesto en el complejo defensivo, Vanhër se permitió unos segundos de satisfacción antes de reaunudar la matanza.

Aún quedaban muchos traidores que eliminar.

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- ¡Recibido, Lhar, excelente trabajo!- Apagué el intercomunicador y devolví mi atención a la mira telescópica de largo alcance del rifle.

- ¿Se los han cargado?- Preguntó Shafne entre gruñidos de dolor. Tholl estaba cosiendo su herida.

- Afirmativo- Respondí, y centré la mira sobre un Gue'vesa que cargaba con varias cajas de munición. Al apretar el gatillo, salió despedido varios metros hacia atrás, con un agujero del tamaño de mi puño en el tórax. 

Un tanque lanzallamas surgió de entre el humo, rodeado de una docena de tropas de infantería. Junto a él aparecieron tres bípodes de combate Sentinel armados con multiláseres y cinco Uros, que cargaron a gran velocidad contra la línea defensiva bajo el intenso fuego láser. Una serie de andanadas de bólter pesado los disuadieron de seguir adelante, pero no cesaron de disparar sus cañones de asalto. 

- ¡Capitán!- Tholl lamó mi atención. Sacó un cargador con una cinta roja de un portaequipos en su muslo izquierdo y me lo lanzó- ¡Munición incendiaria, déle duro al depósito de ese Hellhound!

Agarré el cargador en el aire y lo agradecí con un asentimiento de cabeza. Pulsé un botón sobre el gatilo y el cargador que tenía en el rifle antimaterial cayó sobre el suelo con un repiqueteo metálico. A mi lado, Iskias mantenía un fuego sostenido con su rifle láser. Metí el cargador de munición incendiaria en el rifle y jalé la palanca de carga. Puse la cruceta roja de la mira sobre el depósito del tanque lanzallamas, que estaba cada vez más cerca, y apreté el gatillo. El Hellhound desapareció en una vorágine ondulante de fuego y metal junto a la infantería que lo rodeaba y se cubría tras él. Una elección poco inteligente.

- Buen disparo, impacto directo, señor- Me felicitó Tholl mientras terminaba de suturar la herida de Shafne.

- Gracias, cabo. Aunque estoy más cómodo con mi rifle láser- Amartillé el arma, sacando así el cartucho vacío de la recámara y haciendo que uno nuevo entrase en ella. 

Apreté el gatillo y un Gue'vesa cayó al suelo con un boquete en el pecho, ardiendo. Se oyó un chirriar de ruedas mientras amartillaba el rifle antimaterial y un escuadrón de tres Taurox armados con sus característicos lanzamisiles triples gemelos apareció de entre el humo, colocándose tras la infantería y apuntándonos con sus armas.

- ¡Artillería enemiga!- Exclamó Iskias, lanzándose cuerpo a tierra cuando una ráfaga de proyectiles de gran calibre destrozó su cobertura.

- ¡Voy!- Respondí, apuntando a uno de los cohetes, cuyas cabezas asomaban por fuera de los lanzamisiles rectangulares.

Centré la mira y disparé...pero el proyectil impactó contra la torreta de un Leman Russ que apareció de improviso. Separé la cara de la mira y vi a una pareja de Leman Russ cubriendo a los Taurox, que dispararon. La andanada de misiles bombardeó la línea defensiva, echando abajo algunos búnkeres. Uno de los misiles estalló justo detrás de nosotros, a dos metros de nuestro refugio. Los oídos nos pitaban tanto que no podíamos oír nada, y una gran desorientación se apoderó de nosotros durante unos segundos.

- ¡Están cubriendo a los Taurox!- Gritó el cargador de Shafne mientras se levantaba trabajosamente del suelo.

- ¡Lo sé!- Tosí y contacté con el pelotón- ¡Krell, quiero al lanzacohetes de tu unidad disparando a esos jodidos Leman Russ!- Tosí de nuevo y perdí el equilibrio. Me apoyé con las manos en el suelo- ¡Escuadrón Taurox, tenéis la misma orden!

Krell y Asya confirmaron que habían recibido las órdenes y dispararon contra los tanques. Las ráfagas de ametralladora pesada sacudieron la coraza de los blindados, agujereándola en algunos puntos y destrozando la torreta de uno de ellos. El proyectil del cañón de batalla de Asya destrozó la oruga derecha del otro, y el lanzacohetes de Krell acabó con él de un certero disparo en la zona vulnerada por el obús de 90mm.

Pero los Taurox seguían intactos.

Una serie de cohetes disparados por los hombres de la capitana-comisaria acabaron con el otro carro de combate, pero los semiorugas seguían cubiertos por los restos de los Leman Russ. Mientras tanto, la infantería enemiga seguía enzarzada en un intenso tiroteo con la línea defensiva. Los VCI y los transportes Chimera les servían como cobertura móvil, y algunos Uros acosaban nuestras defensas con sus cañones de asalto, sirviéndose de su velocidad para librarse de las represalias. Los lanzamisiles de los Taurox recargaron, y me preparé para el siguiente impacto.

Pero nunca llegó.

Una andanada de rayos de energía los había volado por los aires, dejando sólo sus carcasas humeantes sobre el arenoso suelo. Dos cazas Avenger pasaron de largo, destruyendo con sus cañones láser un Leman Russ antes de desaparecer en el horizonte.

Se oyeron vítores y arengas por toda la línea imperial, pero el combate aún estaba lejos de acabar. Los Avenger volvieron para dar otra pasada, e hicieron trizas con sus cañones de asalto a una docena de rebeldes tronianos que habían quedado al descubierto. Después de eso, los Avenger volvieron a la base.

- Menuda ayuda- Resopló Banhder.

- Es mejor que nada- Respondí mientras recargaba el rifle antitanque. 

Tras eso, la columna rebelde se puso en fuga diez minutos después, cuando se dieron cuenta de que no podían continuar. A pesar de que Krell quería perseguiros y acabar con ellos, Lucca y yo nos negamos, pues podríamos caer en una trampa. 

Krell fue el único que aún estaba inquieto mientras volvíamos a la base

Capítulo seisEditar

- Los exteriores son zonas residenciales. Casas, pisos, multitud de plazas y parques...El enemigo habrá montado una gran resistencia en estas zonas- Tranto iba señalando las zonas en el holomapa mientras hablaba de ellas- El despliegue se llevará a cabo en el distrito comercial, donde la presencia hostil es menor. Sin embargo, las naves de desembarco tendrán que cruzar una zona plaga de defensas enemigas, así que tanto mi regimiento como el del coronel Cabar avanzarán por tierra antes del despliegue aéreo para limpiar la zona en la medida de lo posible- Hizo un gesto al recién llegado coronel Cabar, del 16º Regular Troniano, que había sido enviado como refuerzo junto al 72º de Infantería Aerotransportada Troniana.

- Mis hombres están listos- Confirmó Cabar.

Tranto asintió y nos señaló a Lucca, al coronel Salley, del 72º Aerotransportado, y a mí. 

- Entonces nuestras tropas aerotransportadas entrarán en acción. La resistencia enemiga será dura, y hace unas horas hemos avistado naves de desembarco tau de clase Orca- La holomesa mostró unas imágenes de varias naves de transporte tau aterrizando en el anillo interior de la ciudad- Se especula que transportaban equipo para los Gue'vesa locales. No sabemos nada de refuerzos enemigos.

- Si es verdad que llevaban equipo de manufactura tau, tampoco es una buena noticia, precisamente- Añadí.

Lucca negó con la cabeza.

- En efecto. Si ha entregado armamento de inducción o armaduras de combate al enemigo, tendremos graves problemas. 

Tranto apagó la holomesa.

- Que tengan lo que quieran. Vamos a retomar esta ciudad, y no me importa si tienen armamento de inducción, armaduras de combate, o un puto titán. 

Un gruñido de acuerdo recorrió a los presentes. 

- Y ahora, damas y caballeros- Añadió Tranto mientras se ponía su boina de combate marrón- Vamos allá.

++++++++++++++++++++++++++++++++++

El anillo interior era una locura. En el exterior las cosas se habían estabilizado cuando expulsamos a los Gue'vesa, pero en el anillo interior, aún bajo control enemigo, la situación era verdaderamente delicada. Habíamos traspasado la primera línea defensiva Gue'vesa, que había sido conquistada y ocupada por el esfuerzo conjunto de las tropas del coronel Cabar, apoyadas por los tanques del 37º, que no podían ser transportados en las Valkyrias modelo Sky Talon sin ralentizar la aeronave, y la velocidad era crucial en aquel primer movimiento. Por esa misma razón, las Anchora habían sido sustituídas para la misión por Valyrias, más rápidas y ágiles. 

Estábamos sobrevolando una inmensa urbanización cuyas casas habían sido echadas abajo para hacer barricadas, o dejadas intactas para ser usadas como almacenes de suministros o estaciones de radares. Las tropas Gue'vesa disparaban contra las docenas de Valkyrias que invadían su espacio aéreo, apoyadas por escuadrones de cañoneras Fury que atacaban a los interceptores Gue'vesa y atacaban sus posiciones defensivas. 

Las ráfagas de inducción zumbaban a nuestro alrededor, acompañdas de cuando en cuando por las andanadas de proyectiles de gran calibre de los cazas enemigos. Tras el avance aéreo, las tropas del coronel Cabar libraban sus propias batallas, abriéndose paso entre las posiciones hostiles.

- ¡Dos minutos para destino!- Informó el piloto por el altavoz que daba al compartimento de pasajeros. 

Una serie de golpes sonaron en el vientre del Valkyria. Esperé que pudiéramos llegar vivos al punto de despliegue. Una Fury pasó por un costado de nosotros a toda velocidad, perseguida por un caza enemigo, cuyas alas rozaron el fuselaje lateral de la aeronave. Disparaba los cañones automáticos frontales en automático, dejando un reguero de casquillos cayendo tras de sí. Otra cañonera aliada apareció detrás del Thunderbolt rebelde, y lo derribó con sus misiles anti blindaje. El Valkyria se sacudió por la cercanía del combate aéreo, pero recuperó la normalidad rápidamente. 

- ¡Esto es una locura!- Protestó Iskias- ¡Nos van a matar antes de llegar!

- Tranquilidad, cabo- Arridae le hizo un gesto para que se serenase.

- Estoy tranquilo- Respondió él, colocándose bien los auriculares, que se le habían ladeado- O al menos todo lo tranquilo que se puede estar cuando sobrevuelas las posiciones enemigas para que te dejen justo en medio del punto de mira de cientos o miles de rifles de inducción.

- Ese no es el plan- Replicó Bandher.

Iskias se encogió de hombros. Fue a decir algo, pero el Valkyria que iba junto a nosotros, ocupado por hombres del 72º aerotransportado, estalló violentamente. Los pedazos de ceramita, humeantes, golpearon el costado de nuestra aeronave.

- ¡Joder!- Exclamó Iskias- ¿Veis lo que os digo?

Arridae amartilló su pistola bólter.

- Último aviso. Estás poniendo aún más nervioso al resto.

El cabo asintió y se caló la máscara antigás, a continuación se señaló la zona donde estaría la boca, imitando el gesto de cerrar una cremallera. El comisario asintió, pero no enfundó el arma. Antes de que nadie más pudiera poner en duda la relativa seguridad del plan, la Valkyria frenó, y, a través del portón lateral, vi como otras tantas aeronaves habían hecho lo mismo. Cuerdas cayeron de sus costados, y los soldados comenzaron a bajar por ellas con rapidez mientras los pulsos de inducción silbaban y chisporroteaban a su alrededor.

- ¡No podemos avanzar más!- Exclamó el piloto- ¡Esta es vuestra parada!

- Recibido- Respondí, destándome el cinturón de seguridad y poniéndome en pie. Arridae se ocupó personalmente de que todos me imitaran.

- Buena suerte ahí abajo, capitán. Los apoyaremos hasta que tengamos que dar la vuelta.

- Recibido, que El Emperador te proteja- Deseé mientras enganchaba el arnés de seguridad a la cuerda que caía desde la parte alta del portón lateral.

- Y a ti.

Aseguré el arnés a la cuerda e hice un gesto a mis hombres.

- Nos vemos abajo, muchachos.

Me deslicé por la cuerda, agarrándola con las manos, enguantadas, para controlar la velocidad. Llegué al suelo rápidamente y desenganché el arnés para alejarme justo a tiempo para evitar a Arridae, que iba detrás. Él avanzó junto a mí con el sable de energía enfundado y la pistola bólter en ristre, buscando objetivos, como yo. Pero no era tan fácil. Los Gue'vesa estaban parapetados en los edificios y barricadas, y estaban lejos. 

Habíamos aterrizado en una gigantesca plaza redonda rodeada de pisos y terrazas, y las posiciones enemigas estaban a unos trescientos metros de nuestra posición, en una ancha calle que daba a la zona. Habían cerrado el acceso con barricadas hechas con escombros y vehículos civiles, y de un lado a otro tendrían unos cien metros. Era una línea defensiva formidable, por no hablar de las unidades de infantería atrincheradas en los edificios colindantes a la barricada, ni de la aviación enemiga, que combatía a la imperial sobre nuestras propias cabezas. 

Corrí hacia una estatua derribada a unos escasos veinte metros del sitio donde estaba desplegándose mi unidad. Divisé, no muy lejos, a los otros Valkyria que transportaban al resto del pelotón. Dawson y sus hombres ya habían tomado posiciones, y estaban abriendo fuego sobre los edificios ocupados por el enemigo. Krell había dividido a sus hombres en varios puntos poco alejados unos de otros, y desde sus posiciones utilizaban el lanzacohetes de la unidad y sus riles láser para ralentizar el avance de una columna de infantería Gue'vesa que se acercaba a nosotros desde el otro extremo de la plaza. Eran unos cien, y Krell y su escuadra no podían hacer mucho contra ellos y las andanadas que lanzaban sobre nosotros.

El resto del pelotón estaba buscando cobertura o desplegándose aún, como la mayoría de los hombres de la capitana-comisaria. Los del 72º aerotransportado, por su parte, habían aterrizado todos, mucho más rápido que el resto gracias a sus paracaídas gravíticos, y habían tomado posiciones en el lado derecho de la plaza, desde el cual lanzaban salvas de cohetes y fuego continuo de rifle automático. Los que habían aterrizado junto a nosotros eran unos doscientos, una compañía. El resto del regimiento se había quedado atrás, o, por el contrario, había seguido adelante. 

Las Sky Talon que transportaban a Asya y sus hombres dejaron los Taurox tras nosotros, y en seguida empezaron a recibir disparos de la fusilería enemiga y de armas de inducción. Algún que otro cohete se dirigó hacia ellos, pero las contramedidas de los semiorugas se ocuparon de ellos. Aceleraron hasta situarse a nuestra altura para abrir fuego contra la barricada y los edificios ocupados por el enemigo. El cañón de batalla del vehículo de Asya hizo saltar por los aires el tercer piso de una casa, y los dos que había encima se desmoronaron, cayendo los escombros sobre la retaguardia de la columna de infantería Gue'vesa, cada vez más cerca de nosotros.

Vi por el rabillo del ojo como el último hombre de la escuadra de Tama descendía por la cuerda...y era abatido por un disparo de inducción. La unidad siguió adelante y se atrincheró en un cráter desde donde desplegó un abanico de fuego láser y de ametralladora sobre los Gue'vesa.

Bandher, Tholl, Iskias, y Shafne y sus hombres, los últimos que quedaban en mi Valkyria, corrieron hacia Arridae y yo con el fuego enemigo silbando a su alrededor. Un disparo de inducción pasó sobre la cabeza de Iskias, que la agachó instintivamente y corrió más rápido. Se posicionaron junto a nosotros y Shafne ordenó a su escuadrón que armase los lanzacohetes.  

- ¿Y ahora qué?- Gruñó Bandher, retirando el seguro de su rifle de plasma.

Me asomé por un costado y lancé una ráfaga contra la infantería Gue'vesa, que estaba empezando a ceder bajo los ataques de los tronianos.

- Seguimos adelante, tomamos posiciones y las mantenemos hasta que el resto de fuerzas lleguen. Nos reagrupamos con el resto del 72º aerotransportado si los vemos y punto- Contesté.

- Amén- Replicó Iskias, y se asomó por encima de la cobertura para disparar. Tholl se le unió tras levantar las tapas de la mira telescópica de su rifle láser.

- Eso si salimos vivos de aquí- Dejó caer Bandher. De fondo, el tableteo de los bólteres pesados de las Valkyrias atacando a los Gue'vesa casi eclipsaban su voz.

- Lo conseguiremos- Aseguré.

Un súbito estruendo me interrumpió: un caza enemigo acababa de abatir una de las Valkyrias. El aparato pasó de largo, perseguido por una Fury. Otras dos aeronaves fueron derribadas, estrellándose contra los edificios ocupados por los Gue'vesa. El escuadrón de interceptores que los había eliminado aceleró, y con una acrobacia, desaparecieron hacia el Este de la ciudad. 

- ¡La zona está demasiado caliente, no es segura!- Anunció un piloto mientras las Valkyrias comenzaban a dar al vuelta, con los disparos enemigos pisándoles los talones- ¡Tendrán que arreglárselas sin nosotros!

Y los transportes salieron de la plaza con rapidez, desapareciendo a nuestras espaldas.

- Genial- Saltó la soldado Sakusan por el canal del pelotón- Nos quedamos sin apoyo.

- Eso me ha dolido- Bromeó Asya, y un segundo después otro edificio se vino abajo. Éste estaba repleto de fusileros enemigos. 

Las ráfagas de las ametralladoras de 40mm de los Taurox se estaban ocupando de los Gue'vesa que nos disparaban desde los edificios, y los hombres del 72º aerotransportado parecían estar ganando terreno poco a poco, si bien tanto los hombres de la capitana-comisaria como nosotros nos veíamos bajo intenso fuego enemigo proveniente de la barricada, y eramos incapaces de avanzar.

Pero antes de que cantáramos victoria, varias aeronaves aparecieron en la retaguardia enemiga. Eran vagamente similares a los aerodeslizadores Piraña, y contaban también con alerones frontales donde tenían sujetos un par de drones de combate. Sin embargo, éstos contaban con una cabina aislada del resto de la nave. En los costados había arneses y sujecciones, y transportaban cuatro soldados a cada lado. En la parte trasera, un par de generadores de escudos estaban sujetos a la parte exterior de un alerón elevado.

Cuando se acercaron lo suficiente como para identificar con los magnoculares a los soldados que transportaban, me percaté de que no eran traidores tronianos. Portaban armaduras caquis completas con yelmos lisos, de visores rectos horizontales de un cristal anaranjado. Las formas y la línea general de aquellas armaduras recordaban bastante a las armaduras de caparazón completas, pero tenían cierto toque xeno, estilizado, que las hacía fácil de diferenciar de su homólogo imperial. Además, no estaban armados con rifles automáticos, sino con armas de inducción.

Eran los Gue'vesa que los xenos habían formado en regimientos para suplir la falta de tropas tau en el sector.

Bajaron con rapidez de sus transportes, que los protegían con sus drones de combate y sus escudos. Una de las naves reventó con violencia cuando los una serie de misiles logró superar la pantalla protectora. Otros dos se vieron abrumados por la potencia de fuego y la cadencia de disparo de las ametralladoras de los Taurox, y los proyectiles de 40mm atravesaron su blindaje e hicieron estallar sus motores. Sin embargo, en cuanto todos los soldados desembarcaron y tomaron posiciones junto a los Gue'vesa tronianos, los transportes elevaron el vuelo y desaparecieron, literalmente. También poseían generadores de campos miméticos, al parecer.

Un ingente número de emisiones por el canal de radio, provenientes de los hombres del 72º transportado, inundó los canales de comunicación. Los recién llegados los habían pillado por sorpresa, y los estaban diezmando.

- ¿De dónde han salido?

- ¡Dios Emperador, hombre abatido, hombre abatido!

- ¡Le han dado a Lem, necesitamos un médico!

- Por el amor del...- Aquella transmisión no se completó. El soldado que la emitía fue abatido por una ráfaga de inducción que destrozó su peto y lo partió en dos a la altura del pecho.

Shafne lanzó una maldición y disparó el lanzacohetes. Una explosión de fuego y metralla se llevó por delante a tres Gue'vesa, y un cuarto perdió las piernas, cayendo de bruces contra el suelo. Se quedó ahí, inmóvil, desagrándose mientras estaba inconsciente. Dos de sus compañeros lo agarraron por los hombros y lo llevaron a cubierto mientras disparaban sus armas de inducción. Las ballas de punta perforante de los rifles automáticos de los tronianos abatieron a uno de ellos, y al otro le dieron en un muslo, superando la placa de blindaje que lo protegía. Puede que estuvieran ganando terreno, pero los tronianos no se iban a dar por vencidos tan rápido.

Las escuadras de mi pelotón comenzaban a reagruparse cerca de nuestra posición, al igual que Asya y sus muchachos. Durante la operación, vi como un pulso de inducción alcanzaba el costado del soldado Traver y lo impulsaba un par de metros hasta caer bruscamente al sueldo, rodando un poco por la inercia, con el torso humeante. A la soldado Gisa le volaron una pierna por debajo de la rodilla mientras daba fuego de apoyo a su escuadra, que se movía. Un segundo disparo le voló la cabeza antes de que cayera de rodillas, y un tercero sacudió su cuerpo una vez tocó el suelo. Uno de los Taurox recibió un impacto de un arma anticarro que le reventó la oruga derecha. El vehículo quedó inmovilizado, pero plantó cara, y abatió a unos cuantos enemigos con su ametralladora pesada antes de que un rayo blanco-azulado atravesase casi sin problemas su morro e hiciera explotar el motor. La tripulación abandonó el semioruga a la carrera y se refugió junto al resto del pelotón. Desde sus posiciones, se defendieron como pudieron con sus pistolas compactas Craver y el rifle láser que recogieron del cadáver de Gila, irreconocible por la acción corrosiva de los disparos que la habían matado.

- ¿Y ahora qué?- Exclamó Dawson por encima del gemido de las armas de inducción y los ladridos de las armas automáticas.

- No podemos quedarnos aquí, nos matarán a todos- La soldado Sakusan se asomó por la cobertura y lanzó una ráfaga larga.

- Eso digo yo- Replicó alguien, acompañando sus palabras por el característico chasquido de una célula de energía de tamaño cinco al ser insertada en un rifle láser.

- Lo mejor será que nos dispersemos y nos reagrupemos más adelante. No podrán seguirnos a todos, y en estas calles su ventaja númerica no les servirá de mucho- Dijo Krell.

- Puede que no tengan la ventaja del número, pero nosotros seguimos teniendo rifles láser frente a sus fusiles de inducción. No me gustaría ponerme a tiro de esa mierda- Saltó Tama.

- La idea de Krell es buena- Hice saber- ¿Alguna propuesta más?

Nadie dijo nada.

- Entonces nos largamos. Recoged los bártulos y a correr todo el puto mundo. Cabo, mande un mensaje a la capitana-comisaria, tenemos que salir de aquí. 

Iskias asintió mientras entablaba contacto con Lucca por radio.

- ¿Y los tronianos?- Preguntó mientras todo el mundo alrededor se preparaba para dispersarse por las calles circundantes.

- Creo que lo han pensado antes que nosotros- Observó Dawson, señalando a las fuerzas del 72º aerotransportado, que reculaban y se metían en las calles, bloqueando los accesos con cargas de demolición.

- ¿Y no nos avisan?- Ladró Shafne.

- Señor, las comunicaciones no funcionan- Aclaró Iskias- Están bloqueando la señal en esta zona.

- ¿Cómo?- Chilló Sakusan cuando una ráfaga de inducción pasó por encima de su cabeza.

Él se encogió de hombros.

- Ni zorra, solo sé que no tenemos manera de avisarles.

- No hace falta, ya se están retirando- Dijo uno de los artilleros de Shafne.

- ¡Entonces no sé a qué estamos esperando!- Exclamé. Le di la mano a Dawson y a Krell, que pasaron a mí lado, y eché a correr en dirección contraria junto a mi escuadra, la soldado Sakusan y el soldado Briner.

- Hombres del Emperador...¡Retiraos!- Bromeó Tama por el intercomunicador mientras desaparecía por una callejuela junto a sus hombres y uno de los Taurox.

Mientras tanto, los pulsos de inducción, las balas y los misiles volaban por toda la plaza. Una gran explosión tuvo lugar a quince metros a mi derecha mientras corría, y tuve que hacer esfuerzos por que la onda expanisva no me derribara, si bien me hizo tropezar. 

- El Emperador protege, el Emperador protege- Repetía Sakusan con la voz quebrada por el miedo mientras corría. Una bala le rasgó la cinta del rifle láser, que se le cayó del hombro, aunque lo cogió antes de que se cayera.

- ¡Venga, ya llegamos!- Exclamó Tholl. Luego frenó y disparó varias veces mientras andaba de espaldas para cubrirnos, después retomó la carrera.

Nos dirigíamos a una calle que poseía una gran puerta metálica automatizada. Estaba abierta, y deseé que al otro lado hubiera algo para abrirla. Antes de pasar bajo el umbral, me fijé en un panel de control. Me detuve un segundo y lo destrocé de un culatazo. No había necesidad de que los Gue'vesa lo usaran para abrir la puerta una vez nos persiguieran. Crucé la puerta y encontré la otra placa de control. Apreté una runa y se cerró lentamente. Los disparos enemigos comenzaron a resonar con fuerza en el duro metal.

Oí un chillido. Sakusan cayó al suelo con un disparo en el muslo, del que manaba bastante sangre. Briner se detuvo y la ayudó a levantarse. Cuando estuvo en pie y cruzando el portón, él cubrió sus espaldas retrocediendo lentamente y disparando su rifle láser en automático.

- ¡Soldado, date prisa!- Le urgí. Quedaba poco para que la puerta se cerrase del todo, y estaba expuesto al fuego enemigo.

Una nube azulada envolvió el pecho de Briner y lo mandó al suelo de espaldas, con fuerza. El cuerpo del soldado quedó tumbado con un antebrazo en vertical sobre su cuerpo, con la mano colgando, muerta. Una explosión desintegró el cuerpo y creó un cráter en el suelo. 

Divisé un escuadrón de Gue'vesa corriendo hacia nosotros. Me asomé por el hueco que quedaba por cerrarse, que apenas era de un metro de ancho, y disparé mi pistola bólter a través de él. Disparé una, dos, tres veces, y la pistola se encasquilló. Gruñí y me puse a cubierto mientras la desencasquillaba. Bandher retomó mi lugar, disparando con su rifle de plasma. 

Finalmente, las puertas se cerraron del todo con un golpe fuerte y sordo.

- Me he cargado a dos- Anunció Bandher- Pero detrás venían más, así que o nos largamos de aquí ya, o estamos muertos.

Asentí. Tholl estaba acabando de atender la herida de Sakusan. Nos pondríamos en marcha en cuanto acabara de vendar el muslo empapado en sangre de la muchacha.

++++++++++++++++++++++++++++++++++++++

El teniente Miller odiaba las ciudades. No se parecían en nada a las selvas de su planeta natal, y tanto él como sus hombres eran incapaces de habituarse a combatir en semejante terreno. 

Pero las órdenes eran las órdenes, e iba a cumplirlas aunque le fuera la vida en ello. 

Avanzó junto a su pelotón por las calles de los habitáculos, en ruinas y llenas de polvo de rococemento. Se habían encontrado patrullas y equipos de refuerzo enemigos en su camino, pero se habían ocupado de ellos sin sufrir apenas bajas. Aunque aquello no fuera la selva, seguían pudiendo aprovechar mejor que nadie el factor sorpresa.

Su andanza a ciegas por las ruinas y los edificios de habitáculos les acabó llevando al distrito industrial. Con la intención de entablar comunicaciones con cualquier unidad aliada en las cercanías, Miller y sus hombres se instalaron en una fábrica de automóviles castigada por las bombas. En la sala principal, entre las máquinas inertes y los escombros, el pelotón se estableció e intentó enviar señales de radio.

- ¿Algo, cabo?- Miller se ladeó, nervioso, con los dedos tamborileando sobre el guardamanos de su escopeta.

El cabo negó con la cabeza.

- La línea está muerta. Están obstruyendo las comunicaciones con algo, no tengo ni idea de con qué.

- Siga intentándolo, cabo. Tarde o temprano alguien nos oirá.

- Eso si no morimos antes...A la orden, señor.

Miller se alejó del imrpovisado centro de comunicaciones, consistente tan sólo en el aparato de radio del cabo y una antena portátil. Se encaminó hacia uno de los ventanales de las paredes de al fábrica, donde uno de sus hombres montaba guardia junto a una ametralladora pesada situada sobre un trípode.

- ¿Todo tranquilo?

- Sí, teniente- El soldado dio una calada a su vara de Iho- No creo que los tau hayan llegado hasta aquí.

- No estés tan seguro, nunca des nada por sentado con el enemigo. Tenemos que estar preparados para cualquier cosa.

Un grito se elevó desde la otra punta de la sala. El operador de los radares agitaba las manos frenéticamente para atraer la atención de Miller.

- ¡Señor! ¡Hay algo enorme que se está acercando junto a cientos de tropas de infantería!

- Cosas como esa- Gruñó Miller.

- ¡Sssh! ¡Callaos!- Exclamó alguien.

Cuando se hizo el silencio, los guardias imperiales lo oyeron. Eran pasos. Lejanos y lentos, pero potentes y pesados. Miller no quería saber a qué pertenecían.

- Mierda...¿Qué es eso?- Murmuró uno de los soldados- Debe ser jodidamente enorme.

- Que yo sepa, lo más grande que tienen a mano los tau son las armaduras de combate superpesadas, y esto parece mucho más grande- Respondió Miller.

Entonces el teniente vio como un haz de luz roja se posaba sobre el operador de radares. Fue durante menos de un segundo, pero lo pudo ver.

- ¡Eh, cabo! ¿Qué ha sido esa luz?- Exclamó.

- ¿Qué, señor?

Miller abrió la boca para responder, pero un súbito resplandor azulado a sus espaldas, fuera de la fábrica, ahogó sus palabras. La cabeza del operador de radares estalló. Otros dos soldados cayeron por sendos disparos mientras Miller se tiraba al suelo.

- ¡Rastreadores!- Gritó- ¡Localizadles y acabad con ellos o nos masacrarán! 

Hubo otro haz de luz roja, y un nuevo fogonazo borró del mapa a su operador de radio. Apretó los dientes al darse cuenta de que había visto de donde surgían los disparos. Se levantó a todo correr y esprintó hacia la ametralladora pesada que estaba tras la ventana. El artillero estaba en el suelo, con un agujero en el pecho del tamaño de un puño que humeaba. Amartilló el arma y asió con fuerza los mangos metálicos. Giró el cañón y lo elevó, apuntando al segundo piso de una casa de ladrillos con las ventanas rotas y un gran agujero en una de las paredes. 

Apretó el gatillo.

El tintinteo de los casquillos vacíos al rebotar contra el suelo quedó eclipsado por las ruidosas detonaciones de la ametralladora, cuyas balas echaron abajo la pared frontal entre nubes de polvo y trozos de ladrillo. Una marca roja apareció en su pecho: lo habían marcado. Miller gritó y siguió disparando.

Uno de sus hombres apareció corriendo a su derecha, cargando con un lanzacohetes. Se puso de rodillas y disparó hacia el segundo piso de la casa, que reventó con violencia y se colapsó entre un gran estruendo. Miller soltó los gatillos, temblando. Si no los había matado él con la ametralladora, habrían muerto al derrumbárseles el edifico encima. 

- Buen trabajo, soldado- Miller asintió en dirección al artillero en señal de agradecimiento.

Él levantó un pulgar, y al instante cayó de espaldas a dos metros con el pecho humeando y destrozado. El teniente agachó la cabeza y se volvió justo a tiempo para ver como una nueva salva de pulsos de inducción chocaba contra las paredes de al fábrica y entraba por las ventanas. Dos de sus hombres fueron abatidos antes de ponerse a cubierto, donde empezaron a devolver el fuego con sus rifles láser y los dos lanzacohetes que le quedaban al pelotón.

Miller agarró la ametralladora pesada de nuevo y vio a los cientos de soldados enemigos que avanzaban por las ruinas, disparando contra ellos, cubiertos por las casas destrozadas. Disparó haciendo arcos en horizontal, intentando abarcar todo el frente enemigo, que cada vez escupía más pulsos de inducción contra él y su pelotón. No sabía si sus balas mataban a alguien o simplemente se estrellaban contra el rococemento, simplemente siguió disparando...hasta que la cinta de munición se atascó. 

Con un gruñido, se puso a desencasquillar el arma soltando maldiciones, y entonces oyó uno de los sonidos más aterradores de toda suvida; los rugidos de docenas de kragloks lanzándose a la carga. Luego oyó los pasos, rápidos, pesados, acompañados del tableteo de sus garras al tocar el suelo. Cuando los vio surgir de las ruinas, haciendo que los Gue'vesa dejaran de disparar al ponerse delante, se le encogió el corazón.

- ¡Kraglok, kraglok!- Logró gritar mientras enganchaba la larga bayoneta a su escopeta.

Las ráfagas de láser se centraron sobre la carga xeno, que empezó a sufrir bajas a pesar de sus duras escamas y su enorme resistencia física. Los disparos láser chocaban contra los kragloks, levantando nubes de chispas y de trozos de escama, y los alienígenas disparaban sus escopetas de inducción, matando a varios de los hombres de Miller con una sola de sus descargas asesinas. 

Cuando los kragloks asaltaron la fábrica, dos docenas de ellos yacían en el suelo, muertos o gravemente heridos. Entraron por la enorme puerta principal y por las paredes derribadas, quitándose de enmedio a todo el que estaba en su camino. El soldado Litzer le descerrajó a uno de los xenos siete tiros en el tronco, peor siguió adelante y lo decapitó con su arma, un robusto garrote con cuchillas en el frontal. Tres metros a su izquierda, el sargento Hger dio una vuelta sobre sí mismo cuando una posta de inducción le voló el brazo derecho y le destrozó el pecho. Un kraglok lo mandó al suelo de un empellón, rompiéndole la clavícula por el golpe y el cráneo al caer al suelo.

Entre el soldado Shavo y el cabo Ruphen abatieron a tiros a uno de los violentos alienígenas, y lograron herir a otro más antes de que se llevase por delante de una cuchillada a Ruphen. Shavo desenfundó su cuchillo de combate y se lo clavó en la base del cuello. La hoja monofilo atravesó las escamas y seccionó la garganta del kraglok, que cayó de bruces entre gorgoteos húmedos. El soldado Shavo echó mano de nuevo de su rifle láser y le dio en el muslo a uno de los xenos, que cargaba contra él. No aminoró la marcha, y golpeó con su hombro al hombre, que expulsó el aire explosivamente cuando su caja torácica se rompió y las costillas atravesaron los pulmones. 

Más alejados de la entrada, el sargento Hut y cuatro de sus hombres estaban formando una férrea resistencia, repeliendo con sus rifles láser y la ametralladora del cabo Yfer a los asaltantes reptilianos. Mataron a siete antes de que otros cuatro se les tirasen encima y los hicieran trizas con sus mglaks, los pavorosos garrotes con cuchillas. 

Miller gritó de rabia cuando uno de los kragloks entró por el ventanal a través del que disparaba la ametralladora pesada, derribándolo tanto a él como al arma. Se levantó dando tumbos y maldiciendo, y le descerrajó un tiro a bocajarro al kraglok en el estómago. La bestia dio un traspié hacia atrás por el impacto, y Miller aprovechó para clavarle la bayoneta en la pierna. El kraglok rugió de dolor cuando la hoja monofilo de veinte centímetros atravesó su muslo, y cayó de rodillas. Entonces el teniente agarró la escopeta por la culata, y con un fuerte golpe en horizontal, degoyó a su contrincante con la bayoneta, usando el arma como si fuera una alabarda. Una raya de sangre de metro y medio salpicó la pared.

Mientras los pocos soldados que quedaban se reagrupaban para llevar a cabo su último combate, Miller quedó atrapado entre los kragloks, que entraban a borbotones en la fábrica. Esquivó un golpe vertical y hundió la bayoneta en el cuello del atacante. Disparó a bocajarro, y remató al xeno con un segundo disparo. Las cuchillas de un mglak se le clavaron en la parte trasera del muslo, y cayó de rodillas con un grito. Se volvió y le voló la cabeza al xeno antes de que descargase el golpe de gracia. Entonces vio que uno le apuntaba con su escopeta de inducción. Lo encaró con rapidez y apretó el gatillo...

Sonó el click del hombre muerto.

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Llevábamos media hora abriéndonos paso por los edificios, aunque ya habíamos perdido de vista a los Gue'vesa. Nos detuvimos en un comercio cuyas paredes estaban destrozadas, y sus ladrillos estaban esparcidos por el suelo. Sakusan se dejó caer sobre una caja metálica manchada de hollín y se llevó la mano al muslo, vendado y dolorido. Tholl se agachó a su lado para comprobar si la sutura había aguantado la carrera. 

- Estamos jodidos- Dijo Iskias- Muy jodidos.

- Aún nos queda munición- Respondió Bandher, quitándose la máscara antigás para repirar algo de aire fresco- Podemos seguir matando, aún tenemos esperanza.

- Saldremos de aquí- Zanjé- Todos. Nos reuniremos con el resto del pelotón y con los hombres de la capitana comisaria. Si encontramos a los tronianos de camino, mejor. No os desaniméis, todavía no nos han encontrado.

- Y cuando lo hagan...¿Qué?- Sakusan levantó la vista para mirarme a la cara. Vi miedo en sus ojos, negros como tizones.

Busqué una respuesta rápidamente. Sakusan estaba herida y asustada, podía derrumbarse en cualquier momento.

- No lo harán- Dijo Arridae simplemente, adelantándose a mí, y apoyó una mano en su hombro para dar énfasis a sus palabras- No nos encontrarán.

Entonces, como una irónica respuesta del destino a las palabras de Arridae, algo estalló en el centro de la sala, cegándonos y haciéndome caer al suelo por pura sorpresa. Se oyeron una serie de pasos apresurados al otro extremo de la sala, y acto seguido reconocí el característico sonido de las armas de inducción al disparar. Menos de un segundo después, el rifle de plasma de Bandher comenzó a toser con aquel sonido gaseoso y explosivo. Al llevar las gafas de combate puestas, el destello no había alcanzado a Bandher con tanta intensidad como al resto, y estaba devolviendo los disparos.

Gateé por el suelo mientras las imágenes residuales desaparecían poco a poco de mi retina. Oí el chasquido de un rifle láser y una ristra de maldiciones. El sonido de un cuerpo caer...

Y el rugido de unas sierras eléctricas.

Me levanté a trompicones y sacudí la cabeza para despejarme. Vi a Sakusan, de rodillas tras la caja sobre la se había estado sentando, con el rifle láser cruzado sobre el pecho y frotándose los ojos para despejar la vista. Iskias estaba de pie junto a Bandher, disparando los dos. Desenfundé la pistola bólter y busqué un objetivo. Vi a un guerrero del Fuego con el rifle en alto, y apreté el gatillo. Salió propulsado hacia atrás y chocó contra la pared, donde recibió otro disparo que lo remató. 

Había tres guerreros del Fuego más en la sala, y dos muertos tirados en el suelo, contando al que acababa de matar. Tras la entrada, se oía una algarabía de gritos, golpes, y sierras eléctricas en marcha, cortando algo. Algo que sonaba a carne y a metal. Bandher disparó, y uno de los xenos chocó con fuerza contra la pared, con la mayor parte del pecho desintegrado, junto a la parte frontal del cuello y la mandíbula inferior. Los otros dos respondieron disparando a bocajarro, y estuvieron a punto de darle a Iskias, que se lanzó al suelo entre maldiciones. 

Arridae disparó su pistola bólter, aún cegado, y erró el disparo por varios centímetros. Sakusan lo tiró al suelo agarrándolo de la pierna justo a tiempo para evitar que un pulso de inducción lo matara. Sabiendo que nos masacrarían si les dábamos tiempo, me lancé a por el más cercano y lo estampé contra la pared, levantándolo del suelo. El otro me apuntó con su rifle de inducción, pero Bandher le dio un culatazo en el casco aprovechando que desviaba la atención de ella, y lo mató a golpes en el suelo. Al otro lado el ruido de las motosierras y los gritos cesó...

Y mientras tanto yo estaba peléandome con el guerrero del Fuego, que me pateaba con fuerza el peto y se removía. Le quité el casco y le metí los pulgares en los ojos antes de que se cubriera. Hice fuerza, y noté como algo hacía crack, acompañado de sendos chorros de sangre que me empaparon las manos y la frente. El alienígena gritó, pero seguí presionando. Mis dedos tocaron algo pulposo, y una nueva borbotada de sangre surgió de las cuencas de los ojos del xeno. Grité con rabia y presioné más aún, intentando separando las manos para romperle el cráneo, pero no era lo suficientemente fuerte.

Solté al tau, que cayó al suelo de rodillas, vomitando. Le di una fuerte patada en la cara, y un chorretón de sangre manchó el suelo y las puntas de mi bota. Desenfundé el revólver y le disparé en la nuca, abriendo un boquete por el que saltó una mezcla de sangre, hueso roto y masa encefálica. 

- Eh, capitán, tranquilo- Dijo en tono burlón Bandher mientras sacudía las manos para quitarme la espesa y caliente sangre de ellas.

- Ha sido un impulso- Respondí a la broma, quitándome con los dedos la sangre de la cara.

La voz del sargento Krell sonó a mí lado, justo en frente de la puerta. Me sobresalté.

- Buen trabajo, capitán- Dijo. No podía verle la expresión tras su máscara de gas. Levantó su rifle láser, que tenía una bayoneta sierra cubierta de sangre y trozos de carne y dio un par de toques con el índice en el armazón de la bayoneta- Pero creo que le hemos ganado en violencia.

- ¿Qué hace aquí, sargento?- Pregunté, cogiendo mi rifle láser del suelo.

- Lo mismo que usted. Cumplir órdenes y alejarme de los Gue'vesa- Por la puerta aparecieron sus hombres, también con las bayonetas sierra de sus armas llenas de sangre. Se encogió de hombros- Al fin y al cabo mi unidad y yo estamos especializados en combate a corta distancia, así que, ¿Qué mejor que los edificios?

Asentí. Tenía sentido. 

- Lo mejor será que nos movamos, capitán- Continuó Krell- Mientras veníamos hacia aquí hemos divisado una gran columna de infantería enemiga reespaldada por unos cuantos blindados. Pasarán por esta zona, y la verdad, no nos conviene quedarnos por si vienen a comprobar porqué estos no responden- Dio un puntapié a uno de los cadáveres de los guerreros del Fuego.

- Sí- Añadió Arridae- Movámonos, y quizá con algo de suerte encontremos al resto del pelotón.

- Vámonos pues- Desenfundé la pistola bólter y le retiré el seguro. Mientras abandonábamos la tienda, le pregunté a Krell- ¿Habéis visto algo más?

- Sí. Creo que los hombres de la capitana-comisaria están atrincherados en un edificio del Administratum, estaría bien ir a echarles una mano.

- Bien. Entonces iremos a ayudarles como podamos y desde ahí veremos lo que hace...

Me quedé callado al ver el pasillo que debíamos cruzar para pasar al siguiente edificio. Era un macabro espectáculo. Los cadáveres de casi una docena de guerreros del Fuego estaban desparramdos junto a sus entrañas por el suelo y las paredes, en posturas impsoibles, y muchos de ellos con miembros amputados, en ocasiones más de uno. Sentí que la bilis me subía por la garganta, pero la retuve. No podía dar muestras de debilidad en un momento así.

- Dios Emperador- Murmuró Iskias al entrar y ver el panorama- Sargento, esto es...

- Krell, tú y tu hombres tenéis un problema muy serio- Comentó Arridae, tapándose la nariz y la boca con un pañuelo.

- Hacemos nuestro trabajo, comisario. Solo que con más violencia que usted.

- Coincido en eso- Zanjó Arridae, pasando por encima de los restos despedazados de uno de los alienígenas. 

Llegamos a una sala grande, con una puerta destrozada en un lado y ventanas a nivel de calle, con miles de trozos de cristal repartidos a su alrededor. No había muebles, pero una docena de cadáveres de guerreros del Fuego yacían en el suelo, con sus armaduras acosadas por quemaduras y abolladuras aún humeantes.

- ¿También obra suya, sargento?- Deduje.

- Los abatimos desde afuera- Asintió- ¿Creía que los otros iban solos?- Soltó una breve risa- Los seguimos durante media hora, a los dos equipos, y cuando estos se quedaron atrás para cubrirles la retaguardia a los otros...zas. Abatieron a dos de mis hombres, reaccionaron rápido. 

Entonces vi a los dos soldados, sentados contra la pared, con las cabezas caídas, las barbillas apoyadas en el cuello. A uno le habían volado el brazo derecho a la altura del codo, y los dos tenían los petos destrozados y manchados de sangre. Casi podía verse el otro lado a través de los boquetes. Les habían quitado las chapas de identificación, y Krell se las había enrollado en la muñeca derecha.

- Lo siento, Krell.

- No importa, capitán. Murieron cumpliendo con su deber, no puedo pedir una muerte mejor para mí y mis muchachos.

Avanzamos en silencio por las calles desiertas durante casi una hora. En un momento dado, un escuadrón de Thunderbolts pasó rugiendo por encima de nuestras cabezas, con unos cazas tau detrás de ellos. El propulsor trasero de uno de los aparatos estalló cuando una ráfaga de inducción lo alcanzó, y el Thunderbolt se precipitó contra el suelo envuelto en llamas. Cayó a un kilómetro de nuestra posición, y la columna de humo y brasas que levantó pudo verse desde ahí.

- Más vale que no nos pongamos a tiro de la aviación enemiga, o acabaremos como ese pobre desgraciado- Dijo Tholl mientras marchábamos a buen ritmo por la calle.

- ¡Pues venga, estamos tardando!- Replicó Krell, y él y sus hombres comenzaron a correr, agachados.

Nos refugiamos minutos más tarde en un gran hotel cuya primera planta estaba totalmente despejada. Los muebles y cadáveres habían sido calcinados hasta tal punto que no eran más que montones de cenizas y restos irreconocibles esparcidos por doquier. Aprovechamos para consultar el mapa de la ciudad y buscar el edificio del Administratum donde la capitana-comisaria y sus hombres se habían quedado. 

Mientras repasaba el mapa junto a Krell, Arridae llamó nuestra atención con un gesto.

- ¿Qué ocurre, comisario?- Preguntó Krell.

- Mirad esto- Arridae nos mostró el áuspex que sostenía en su mano derecha. Había una enorme marca a tres kilómetros de nuestra posición.

- Debe ser un fallo del aparato, comisario- Krell frunció el ceño- Es más grande que una superpesada. Y no hay informes de que haya una desplegada por aquí. 

- La habríamos visto, de todas formas- Aduje. Sacudí la cabeza- No, debe ser algo mayor.

Bandher e Iskias, que estaban cerca de nosotros, enmudecieron de repente. Seguí hablando.

- Y no creo que sean tropas. Es demasiado grande para que sea una formación.

Arridae asintió.

- No sé vosotros, pero no tengo ganas de averigüar lo que es. Será mejor que lo evitemos.

- Sí, que se ocupe la Armada- Se encogió de hombros.

- Llamémoslo Leviatán- Propuso Iskias, uniéndose de improviso a la conversación- Creo que le viene bien.

- Me gusta- Krell asentía, con una mueca de aprobación.

- No le gustará tanto cuando nos esté matando, sargento- Dije, manteniendo cierto tono burlón- Venga, debemos salir de aquí ya mismo. No podemos quedarnos demasiado tiempo en el mismo lugar. Estamos en medio dle territorio enemigo, y no es seguro.

Arridae señaló de nuevo el áuspex.

- Tarde. Hay una patrulla cerca, más nos vale emboscarla, o nos verán salir.

Puse los ojos en blanco.

- Pues acabemos con esto de una vez. ¿Están muy lejos?

- Llegarán en poco menos de cino minutos.

- ¡Demasiado tiempo!- Hice un gesto para que todos me prestasen atención- ¡Preparaos para combatir, muchachos, patrulla enemiga inminente!

Mientras los hombres de Krell corrían a ocultarse entre los restos de las paredes de la planta baja, Tholl lanzó un quejido.

- Nunca es fácil.

- La vida no lo es, cabo- Respondí- Si lo fuera, no sería divertido.

Pasó medio minuto hasta que comenzamos a oír algo. El sonido de unos pesados pasos y el rechinar de servos y elementos mecánicos. Nos removimos en nuestros puestos, inquietos, apuntando con nuestras armas a la calle por la que el áuspex indicaba que aparecería la patrulla. 

- Parece un Sentinel- Murmuró uno de los hombres de Krell.

- No, es más pesado, y las pisadas están algo más espaciadas entre una y otra- Añadió Bandher- Sé de lo que hablo, creeme.

- No parece ser mucho mayor que un Sentinel- Dijo Arridae tras consultar el aúspex.

- Puede darnos problemas de todas formas- Gruñó Krell- D'aquid, prepara el lanzacohetes y cárgalo con uno perforante.

El encargado del lanzacohetes de la escuadra de Krell asintió y cumplió las órdenes. Yo miré a Bandher, que asintió y calibró su rifle de plasma para que efectuara disparos sobrecargados, lo que podría bloquear el arma por exceso de calor, pero podría derribar al bípode con algo de suerte.

Pasaron varios segundos hasta que el primero de los Gue'vesa apareció. Era uno de los extramundanos, ataviado con su armadura gris oscura y con el rifle de inducción en ristre. Otros tres aparecieron inmediatamente tras él, apuntando con sus armas alrededor.

Dos segundos más tarde apareció un bípode robusto e imponente, con la chapa pintada de gris con marcas moradas. No guardaba ningún parecido con el Sentinel, y además portaba un cañón automático como si de un rifle se tratase. Sobre sus hombros tenía sendos lanzadores de humo triples, como los que se colocaban en los vehículos imperiales. Caminaba lentamente, pero con cada zancada avanzaba varios metros. Tras él, apareció media docena de soldados Gue'vesa, cerrando al formación.

- No ataquéis todavía- Ordené con un susurro- Esperad a que se acerquen más. Bandher apunta al bípode. D'aquid, apúntale tú también, debemos asegurarnos de que acabamos con él. El resto, quiero vuestras miras sobre la infantería.

Una serie de susurros y gruñidos me dio a entender que habían comprendido al orden. Me llevé la culata del rifle láser al hombro y centré en la cruceta de la mira de combate a uno de los Gue'vesa, que miraba a los lados mientras caminaba con el rifle de inducción cruzado sobre el pecho, apuntando al suelo.

- Esperad...

Y entonces el bipode se paró de repente. Encaró su cañón automático en nuestra dirección con un sonido mecánico y comenzó a disparar. La infantería, alarmada, empezó a abrir fuego también. El soldado D'aquid salió despedido varios metros por el impacto de un proyectil de 40mm y se estampó con fuerza contra el suelo. Había perdido el brazo derecho cuando su pecho fue destrozado, dejando jirones de carne sangrante y tela pendiendo del lado derecho de su torso.

- ¡Joder!- Krell se lanzó a por el lanzamisiles de D'aquid, que había caído cerca del cadáver.

- ¡Bandher!- Grité mientras desde nuestro parapeto salía un abanico de fuego láser en dirección a los Gue'vesa.

Bandher asintió y se asomó por un hueco en la pared con la cabeza agachada. Apuntó al bípode y disparó. Una oleada azul se esparció sobre el bípode con fuerza, y una serie de pequeños relámpagos y chasquidos sacudieron el aire alrededor de la máquina. 

- ¡Tiene un escudo!- Informó- ¡Pero creo que me lo he cargado!

Bandher disparó otra vez, pero una ráfaga de inducción chocó contra una columna que tenía cerca y ella erró el disparo, aturdida por la cercanía del impacto. Apreté el gatillo y los disparos láser arrancaron chispas y trozos de blindaje de la armadura del Gue'vesa. Tras la primera ráfaga, que fue de cuatro disparos, lancé una última, pero más corta. Los rayos láser atravesaron su peto y cayó de espaldas con fuerza, con una delgada columna de humo saliendo del hueco en su coraza.

Moví el rifle láser y centré la cruceta de la mira de combate sobre otro Gue'vesa, que avanzaba con paso lento junto al bípode y otros tres soldados más, disparando en automático sus rifles de inducción. Uno de ellos fue abatido por un disparo limpio en la cabeza que le reventó el visor y el cráneo, y al otro le dieron en el muslo, haciéndole caer de rodillas. 

Disparé una ráfaga de tres disparos, que se estrellaron contra el costado del casco del Gue'vesa, destrozándoselo y haciendo que trastabillase, cayendo al suelo de espaldas por el aturdimiento y la fuerza del impacto. Alguien lo remató de dos disparos de su rifle láser.

- ¡Bandher, necesito ese bípode eliminado ya!- Grité.

- ¡No puedo, me tienen cogida!- Bandher se cubría tras una pared, agachada y cubriéndose la cabeza con una mano mientras pulsos de inducción estallaban contra su parapeto.

Arridae llamó mi atención y señaló el áuspex mientras una ráfaga de cañón automático partía por la mitad una columna de rococemento del interior del edificio.

- ¡Viene otra patrulla por el este!

- ¡No!- Exclamé, viéndome superado por la situación- ¡Sangre del Emperador!

Krell cebó el lanzacohetes y disparó contra el bípode, y la explosión se esparció sobre él, envolviéndolo y desapareciendo tan rápido como había aparecido. El escudo había vuelto a reactivarse.

- ¡Mierda!- Maldijo, arengando a uno de sus hombres para que le recargase el lanzacohetes.

Por la calle situada al este de nuestra posición apareció un transporte gravitatorio clase Mantarraya pintado de gris, con franjas moradas en algunos puntos. Cruzó la esquina a toda velocidad y abrió sus puertas laterales mientras cubría a sus ocupantes con su cañón de inducción rotatorio. Los Gue'vesa bajaron con rapidez y tomaron posiciones entre los edificios y los cráteres de la carretera, desde donde nos dispararon sin cesar.

Los pulsos de inducción comenzaron a reventar las paredes y columnas, a hacer saltar por los aires los ventanales y a zumbar sobre nuestras cabezas. Ordené mediante gestos que todos se lanzasen cuerpo a tierra y mantuvieran un fuego continuo. No había escapatoria, pero si moríamos lo haríamos dando guerra.

Todos lucharon como demonios. Thol abatió a tiros a dos Gue'vesa con su rifle láser, e Iskias acabó con otro más con una ráfaga amplia que le amputó la mano derecha y le surcó el pecho con los otros disparos. Los hombres de Krell se desplazaron al lado derecho de la planta baja para repeler a la patrulla que venía por el este, y la mantuvo a raya con una granizada de rayos láser y granadas de fragmentación. Se sobraron media docena de bajas, y Krell logró abatir al final al bípode con su lanzacohetes. El misil había chocado contra la cabina de la máquina, abriendo un gran boquete y matando al piloto, destrozando también gran parte de los sistemas del gigante mecánico, que se sacudió por una serie de explosiones internas.

Arridae efectuó un lanzamiento de granada perfecto, y se llevó por delante a tres soldados enemigos. Bandher volatilizó a otro más con su rfile de plasma, a pesar de que en su zona los disparos de inducción eran más y más frecuentes. 

Entonces, de repente, el canal de radio de corto alcance (el único que funcionaba) restalló durante unos segundos con estática, y la voz de la sargento Shafne sonó.

- ¿Alguien ha pedido una ración de mala hostia tamaño imperial?

- ¡Es la sargento!- Iskias señaló a la azotea de un edificio que teníamos enfrente, y sobre él se alzaban tres figuras.

Shafne y sus hombres dispararon sus lanzacohetes, y una serie de explosiones sacudió a los Gue'vesa, haciéndolos volar por los aires, desmembrados y con sus elaboradas armaduras destrozadas. El Mantarraya recibió un impacto directo y estalló violentamente en una nube azul-blanca, enviando trozos de blindaje a su alrededor. 

La intervención de Shafne nos había salvado a todos.

- ¡Shafne! No sabes lo que me alegro de verte- Le dije por la radio mientras descendía de la azotea junto a sus hombres mediante cuerdas.

- El placer es mutuo, capitán- Me pareció verla sorneír- Hemos visto varias patrullas enemigas por todos lados, están buscando supervivientes o rezagados. También hemos visto a la fuerza principal. Los del 72º se están juntando y avanzan por las calles, buscando a sus hombres y tomando posiciones enemigas. El resto del pelotón está con ellos, o al menos la mayoría. Deberíamos ir con ellos.

- Gracias por el informe, Shafne- Asentí- Iremos con ellos, pero antes debemos ir a por la         capitana-comisaria y sus hombres.

Ella desplazó su peso de un pie a otro.

- Entonces no sé a qué estamos esperando.

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Kitar se deslizó silenciosamente desde la habitación hasta la cornisa, y se dejó caer con cuidado al suelo, que estaba a dos metros y medio de distancia. Barrió la calle con la mira telescópica de su rifle láser largo y bajó el arma cuando se percató de que solo había ruinas, cadáveres y cráteres en el suelo. Ningún hostil.

Hizo una seña a Vilsa, que lo miraba por la ventana, esperando su señal, y se agachó pegado a la pared del edificio, cubriéndose con su capa de camaleonina. La mujer se bajó de un salto, cayendo casi en silencio al suelo, y se colocó junto a Kitar, tapándose también con su capa. Kibha, Lokte y Sicra bajaron tras ella, pegándose a la misma pared y camuflándose con sus capas, otenado las calles cercanas con sus miras telescópicas.

Vilsa miró a Kitar y se apartó de la cara una de las incontables y finísimas trenzas de su pelo. Kitar asintió y ella se levantó y corrió agachada hasta la acera opuesta. Se adentró de un salto en la planta baja de un edificio y revisó que estaba vacío. Una vez lo hubo hecho, indicó por señas a sus compañeros de escuadra que la zona estaba despejada. Ellos se levantaron y corrieron hacia el edificio, que tenía varios pequeños incendios por el techo y las paredes, que estaban en un penoso estado.

- Kitar, lo presiento, hay enemigos más adelante- Susurró Vilsa.

- Lo comprobaré.

Kitar se asomó a la siguiente sala, que estaba vacía, y avanzó con cautela y agachado hasta los ventanales a nivel de suelo que había al fondo. Se cubrió tras una pared y oteó la zona con sigilo. Le costó verlos, pero ahí estaban; un equipo de exploradores tau, los denominados rastreadores. Estaban sobre el techo de un edificio de tres plantas, vigilando con sus prismáticos mientras uno de ellos movía sus dedos con rapidez sobre el teclado desplegable de un drone-radar. 

Kitar, sabiendo que no podía dejarles escapar o reactivar el drone-radar, hizo la señal sonora de su equipo: dos golpes rápidos sobre la culata de su rifle y otros dos, más lentos, sobre su pecho. A los pocos segundos aparecieron sigilosamente los cuatro, que se parapetaron tras la misma pared que Kitar. 

- Están al descubierto- Murmuró Sicra- ¿Porqué?

Sicra era la hija de Kitar. Cuando aún estaban en su mundo, en su tribu, antes de que los mercaderes de esclavos les capturasen y el regimiento los encontrase durante una batalla, Sicra apenas tenía seis años. Habían pasado doce desde entonces, y Sicra era una mujer hecha y derecha, una buena soldado, y era la que mejor se había adaptado al Gótico Bajo de los cinco, ya que era la más joven. Sin embargo, Kitar no quería ese destino para su hija.

Sicra era una muchacha de caderas anchas y pechos generosos, que había sido tranquila y agradable en su niñez, antes de ser capturada. Desde entonces, se había convertido en una soldado más. La mujer que estaba destinada a dar vida había acabado quitándola. Carecía de la puntería de su padre, de los agudos sentidos de Vilsa, de la fuerza de Lokte o de la habilidad con las armas de Khiba, pero era más rápida que cualquiera de ellos, y poseía un coraje que más de una vez había preocupado a Kitar. Aún así, él no quería que fuese soldado, alguien como ella no se lo merecía.

- Están en su territorio, se supone que están a salvo- Contestó Kitar- Pero a mí también me extraña.

- ¿Uno para cada uno?- Propuso Lokte.

Kitar asintió y se asomó un poco por la pared, centrando su mira sobre uno de los xenos. Tras tantos años luchando juntos, Kitar y sus hombres habían desarrollado un sexto sentido para repartirse los objetivos sin ni siquiera hablar. Cuando el primer rayo láser invisible decapitó a uno de los rastreadores, otros cuatro le sucedieron, haciendo lo propio con los otros alienígenas. Dos disparos más acabaron con el drone-radar y un drone de combate pesado que protegía el perímetro con su cañón de inducción. Uno de los cadáveres rodó tejado abajo y cayó al suelo con un crujido: Se había roto el cráneo.    

- Debemos movernos- Sugirió Lokte- No podemos pasar demasiado tiempo en el mismo sitio, o estaremos en problemas rápidamente.

Kitar asintió.

- Movámonos pues.

Dejaron atrás la zona rápidamente, los cadáveres sobre el tejado y el suelo, aún presa de repentinos espasmos. Avanzaron en silencio y con agilidad entre las ruinas de edificios y las carreteras sembradas de cráteres, destrozadas, hasta que llegaron al Nib Gen, una gigantesca y decorada torre en cuya cima había un enorme reloj de agujas negras, adornadas por filigranas doradas en sus bordes. Kitar la miró y después se volvió hacia su equipo. Asintieron.

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Asya dio un volantazo y el recién bautizado Progreso y xenofobia se llevó por delante a un kraglok. El alienígena abolló el capó del Taurox por la fuerza del impacto y su tremendo peso, sumado a sus extremadamente duras escamas. La criatura se estampó contra los visores frontales de la cabina del semioruga, y Asya frenó para que el xeno cayese al suelo por puro impulso. Una vez en el suelo, las ruedas y orugas del Progreso y xenofobia trituraron su cráneo y caja torácica, haciendo que un manojo de vísceras rezumantes de sangre salieran por su boca, atestada de colmillos.

- ¡Cabo!- Exclamó Asya mientras ponía en marcha de nuevo el vehículo- ¡Tenemos infantería a las doce, en el restaurante!

- Recibido- Respondió el artillero del Taurox- Los tengo en el punto de mira.

El cañón de batalla rugió y expulsó una larga bocanada de fuego al disparar. El retroceso hizo que el semioruga se desplazase ligeramente hacia atrás, pero no dejó de moverse. El obús, brillando al rojo vivo, estalló contra el restaurante y de su interior surgió una nube de humo y polvo cuando estalló. El gran cartel rectangular de madera se tambaleó y quedó colgando cuando el impacto sacudió todo el edificio.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                             - Hostiles eliminados- Informó el artillero.

- Vamos a asegurarnos- Asya activó su microcomunicador y contactó con otro de los Taurox de la columna- Vanher, barre el restaurante, puede haber supervivientes.

- Recibido, señora- El sargento Vanher respondió con su voz metálica y su Taurox se adelantó al suyo- Comenzando barrido.

Una cascada de proyectiles de 40mm comenzó a chocar contra las paredes, arrancando trozos de rococemento y destrozándolo todo. Abrían boquetes en la nube de humo que surgía del interior del local y derribaban las columnas con estruendo. En pocos segundos, el pequeños edificio se colapsó sobre sí mismo.

- Adiós muy buenas, cabrones. Señora, hostiles borrados del mapa.

- Recibido, sargento. Buen trabajo.

Los Taurox siguieron avanzando, apoyados por elementos del 72º aerotransportados y la mayoría de los integrantes del pelotón Vinne. La sargento Tama dirigía a su escuadra junto a los Taurox, haciendo de avanzadilla y protegiendo a los semiorugas en la medida de lo posible. Había dividido a sus hombres en dos equipos de cinco, y se mantenían entre el Progreso y xenofobia y el Imán de nenas, ambos bautizados extraoficialmente por la propia tripulación.                                                                                                                                                                                                                                          Tama tenía en su equipo a Al-qhadan, Ingre, Themor y Burkens, uno de los soldado lanzallamas de la unidad. En el otro grupo estaban Mine, Kah, Lattre y el soldado lanzallamas Drage, todos ellos bajo el mando del cabo Rook, el operador de comunicaciones de la escuadra.

Con un rápido movimiento, Tama apuntó a uno de los Gue'vesa tronianos y le descargó una ráfaga en el pecho. Los rayos de energía reventaron su chaleco antifrag y lo enviaron al suelo con una serie de agujeros en el pecho. Se cubrió tras el Imán de nenas cuando oyó el tableteo de los rifles automáticos cerca de ella, y un repiqueteo metálico sonó cuando las balas perforantes comenzaron a impactar en el costado del semioruga. El artillero giró la torreta y silenció a los Gue'vesa con una andanada de su ametralladora pesada.

- ¡Al, una granada en esa estación de correos, el áuspex dice que hay contactos enemigos ahí!- Ordenó mientras se asomaba por un costado del Taurox para disparar a los Gue'vesa, que comenzaban a recular hacia el final de la calle.

Al-qhadan asintió y lanzó una granada de fragmentación al edificio. El lanzamiento fue casi perfecto, y el explosivo entró a través de una de las ventanas de cristales reventados. Estalló, y oyeron gritos y maldiciones. La parte superior de un cuerpo humano salió volando por la puerta, dejando una estela de sangre a su paso. Cayó al suelo pesadamente y ahí se quedó, inerte.

- ¡Adelante, nos movemos!- Tama tomó la delantera, persiguiendo a los elementos en fuga de los Gue'vesa tronianos junto a su equipo y tres soldados del 72º aerotransportado.

Abatieron en movimiento a tres de los dieciséis enemigos, y otros cuatro cayeron por los disparos de los Taurox. Doblaron la esquina a la carrera y desaparecieron. Unas ráfagas de láser hicieron saltar pedazos de ladrillo de la pared tras la que dejaron de ser visibles.

Pasaron por la esquina a la carrera, disparando en movimiento a los Gue'vesa...y se encontraron a menos de cien metros de un tanque pesado Macharius, que abrió fuego inmediatamente. Ni siquiera se molestaron en avisar, volvieron sobre sus pasos a toda prisa, pero fue demasiado tarde para los tres tronianos, que fueron barridos por los bólteres pesados del blindado. Uno de los cuerpos volvó varios metros y después rodó por el suelo, dejando un rastro de sangre y jirones de carne y tela por el camino.

- ¡Carro de combate!- Chilló Ingre cuando doblaron la esquina de nuevo, gesticulando.

La formación entera retrocedió hasta la calle anterior a prisa, estremeciéndose cuando uno de los edificios desapareció al ser alcanzado por los cañones de batalla del Macharius, que lo hicieron saltar por los aires. 

- No nos persigue más- Observó el teniente Kural, el oficial al mando de aquella sección del 72º.

- Sabe que es una pérdida de tiempo- Añadió Tama- Como seguir por ese camino. Tenemos que buscarnos otra ruta.

- No es necesario- Kural le hizo una seña a uno de sus hombres, que asintió y le entregó una pistola gruesa y chata, de cachas de madera y cañón negro mate- Hay un escuadrón de cañoneras dedicado a atacar a los objetivos marcados por nosotros. Si están cerca verán la señal, y se cargarán al tanque.

Tama asintió.

- Bien. Pero a ver quién es el listo que va hasta ahí para lanzar la bengala de señalización.

Kural metió un cartucho metálico con una raya naranja a lo ancho en su base.

- Podemos hacerlo desde aquí, no está muy lejos. Las cañoneras verán al tanque nada más acercarse, no es necesario marcar el lugar exacto.

- Cómo para no verlo- Resopló uno de los tronianos.

- Y tanto, es tan grande como el culo de tu madre- Le respondió otro en tono guasón.

Kural levantó la pistola de señalización, retiró el seguro y apretó el gatillo. Con el característico sonido de una carga de aire comprimido al propulsar una granada, la bengala trazó un arco y estalló a trescientos metros, en pleno aire, creando una nube anaranjada que iluminó los tejados de todos los edificios de la calle. - ¿Las otras columnas se habrán encontrado tanques pesados también?- Preguntó Tama.

La fuerza combinada del 72º aerotransportado y el pelotón Vinne se había dividido en varias columnas que avanzaban por calles cercanas unas a las otras, de manera que no formaban grupos especialmente grandes, salvándose así de ser objetivos fáciles y prioritarios para la artillería y aviación enemigas.

- Ni idea- Kural se encogió de hombros, y casi al mismo tiempo una explosión sacudió toda la calle- ¡Joder, nos ha pillado! ¡Vamos, vamos, vamos!

La columna retrocedió a toda prisa mientras el Macharius avanzaba tras ellos, aunque todavía no estaba justo detrás, ya que los edificios se interponían. No le supuso un problema, simplemente pasó a través de ellos, destrozándolos bajo sus orugas.

Pero la esperanza volvió a los corazones de los imperiales cuando oyeron el conocido sonido de los motores de las cañoneras Vulture. Un trío de ellas surgió del aire y cruzó la calle, volando a cien metros sobre ella. Con un triple siseo, lanzaron un misil cazador-asesino cada una, y acabaron el trabajo con sus cañones láser. Pasaron de largo y desaparecieron de nuevo.

Tama los observó mientras se alejaban.

- ¡Venga!- Exclamó una vez los perdió de vista- ¡Seguimos adelante, aún quedan cosas por hacer!

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Oímos los disparos antes de llegar a la oficina del Administratum. No sólo eran los chasquidos de los rifles láser y el tableteo de las ametralladoras ligeras de los hombres de la capitana-comisaria, sino también detonaciones de fusilería y explosiones entre otros sonidos que no pude identificar inmediatamente. No quería saber qué estaban soportando aquellos pobres diablos.

Estábamos a unas cuantas manzanas de su posición, y corríamos por la anchísima calle, sobre el pavimento plagado de cráteres y cuerpos, coches inertes y muy dañados y restos de edificios esparcidos aleatoriamente por las aceras y carreteras. Un piso de un rascacielos estalló a dos kilómetros de nuestra posición, pero pudimos verlo perfectamente. Un Thunderbolt se había estrellado, alcanzado por los misiles de un caza tau. Alguien murmuró una oración por el alma de la tripulación, otros maldijeron a los pilotos tau. Otros callamos, desviamos la vista del piso ardiente y seguimos corriendo con las armas preparadas.

- ¿Falta mucho?- Resopló Iskias.

- Cierra la puta boca- Le saltó Bandher.

- Bueno, bueno. Estaba de broma.

Alguien rió por lo bajo. 

Pasados unos minutos, con el combate aéreo aún llevándose a cabo sobre los rascacielos de la ciudad, llegamos a un gran parque lleno de árboles y jardines que en otro tiempo habían sido hermosos, pero que ahora se hallaban quemados y cubiertos de cuerpos y marcas de combates. Los árboles estaban astillados y muchos tirados en el suelo, las macetas de mármol, reventadas, y la enorme fuente que había en el centro se había secado. Solo un puñado de cadáveres la llenaban.

Los cuerpos eran recientes, puede que sólo llevaran muertos unas pocas horas. Había tomado lugar un intenso tiroteo entre unos soldados del 72º y una patrulla de Gue'vesa tronianos, apoyados por un bípode Sentinel que se encontraba en el suelo, con una de sus piernas a varios metros del resto de la máquina. El cristal antibala de la cabina había estallado, y había varias abolladuras por toda la chapa. 

Uno de los soldados aerotransportados se encontraba sentado en el suelo, con la espalda apoyada contra unas macetas rotas y la cabeza caída. Tenía varios agujeros de bala en su chaleco antifrag. Otro estaba tirado en el suelo con el costado reventado, como otro que había a siete metros de él, y que también estaba en el suelo con una herida muy grave en el torso. Los otros cuerpos, tanto los Gue'vesa como los tronianos, habían muerto por disparos de los rifles automáticos que ambos grupos portaban.

- Y por toda la ciudad se repite la misma mierda- Gruñó Shafne- En serio, capitán, cuando pillemos a esos cabrones vamos a aplastarlos como putas cucarachas, por todo el daño que han causado.

- Para eso tendremos que sobrevivir, sargento- Respondí, mirando la matanza con un profundo sentimiento de disgusto. Aparté la mirada y la volví hacia ella- Pero ten por seguro que se van a acordar de nosotros. Venga, sigamos adelante.

Retomamos la marcha, molestos por aquella última visión y enfadados, quizá temerosos, porque sabíamos lo mal que estaba yendo la batalla para nosotros. Admitir que el enemigo tenía ventaja nunca era fácil, pero era necesario para adaptarse e intentar darle la vuelta al asunto. Pero a los pocos pasos nos encontramos con uno de los Gue'vesa, que se arrastraba por el suelo, herido. Dejaba hilillos de sangre a su paso. 

- ¡Eh, mirad a ese!- Shafne se adelantó, dejándole el lanzamisiles a su cargador- Ven, cabrón, que solo quiero hablar.

El hombre intentó desenfundar su pistola, pero Shafne le pateó la mano y lo levantó del suelo agarrándolo por el cuello. Lo estampó contra un árbol que tenían detrás y empezó a darle puñetazos en la cara mientras lo insultaba. Nos acercamos y formamos un corro alrededor. Me acerqué y le puse una mano en el hombro a Shafne.

- Ya vale, Shafne. Quiero hacerle unas preguntas, y nos hace falta vivo.

Ella puso mala cara, pero asintió.

- Sí, mi capitán- Le dio un último puñetazo y lo dejó caer al suelo. Gritó de dolor.

Me planté frente a él e intenté parecer intimidante, aunque seguro que en aquel momento al pobre desgraciado le asustaría hasta la soldado Sakusan.

- Soy el capitán Tharrus Vinne, del 712º de granaderos nametherianos. Dime tu nombre.

El Gue'vesa respiró trabajosamente y se bajó la braga militar que le cubría el cuello, la boca y la nariz. Tenía los dientes teñidos de rojo, y por su nariz bajaba un hilo de sangre y sudor que se deslizaba hasta su barbilla, rasgada por un profundo corte.

- Que te jodan, escoria imperial- Masculló con gran esfuerzo, y me escupió en la bota. 

Como no sentía mucho aprecio precisamente por los traidores al Imperio, y mucho menos por la gente que me insultaba y escupía, no dudé en hacerle sufrir. Si aquello además hacía posible que el desgraciado me respondiera, tanto mejor. Me descolgué el rifle láser y le descargué una ráfaga en la pierna derecha, que quedó destrozada y humeante. El pantalón quedó hecho jirones, al igual quela carne y el músculo, y su fémur se astilló y partió cuando los rayos de energía lo atacaron sin piedad. Los rebordes de la tela anticortes de su pantalón comenzaron a quemarse. El Gue'vesa ahogó un grito y comenzó a gemir, sin fuerzas.

- Mátame ya. No puedo seguir aguantando esta humilación, jodido cabrón. - Te mataré rápidamente si me respondes, te lo prometo- Levanté el rifle láser y le apunté a la cintura- O si no...

- No te voy a decir nada. Mátame ya,

- A este hijo de puta le han lavado el cerebro, fijo- Tholl se adelantó y le dio un culatazo en la cara. El Gue'vesa se llevó las manos a la nariz, rota y sangrante.

Suspiré y miré a mi alrededor. No había enemigos cerca, o al menos no lo parecía.

- Soy un hombre paciente, pero esta es la última oportunidad que te doy. Dime tu nombre y cómo se han sublevado las tropas tronianas. Ya.

No dijo nada. Esperé unos segundos, y siguió callado. 

- Me gustaría decir que ha sido un placer- Miré a Krell, que sonrió y se acercó- Todo tuyo, Krell, hazle sufrir. - ¡No! ¡No, espera!- Gritó el hombre mientras Krell lo agarraba de los correajes de su armadura para levantarlo.

- Tarde- Contesté. 

Seguimos oyendo sus gritos durante un minuto y medio más. Minuto y medio que Krell empleó en seccionarles las principales venas y clavarlo al árbol por su mano derecha, valiéndose del cuchillo de combate del Gue'vesa, que siguió gritando una vez nos alejamos calle abajo, con rostros sombríos.

Apenas pasamos unas cuantas manzanas cuando Arridae me informó de que una fuerza enemiga venía desde nuestras seis. Ordené hacer un alto en el camino y tomar posiciones en los edificios que flanqueaban la calle. Yo me situé con Iskias, Arridae y Bandher en el segundo piso de una casa, por debajo de Shafne y sus hombres, que estaban también con Tholl. En las casas que teníamos enfrente, Krell y sus hombres se habían apostado en las azoteas. 

Oímos las orugas del tanque antes de que pudiéramos verlo. Era un tanque pesado Macharius. Un jodido Macharius de los arsenales de Tronia, con dos docenas de infantería detrás. 

- Bien, esto no me lo esperaba- Susurré por el canal del equipo- No tenemos suficiente potencia de fuego para cargarnos el Macharius.

- Podemos eliminar a la infantería, huir antes de que reviente los edificios y atacarlo por detrás- Propuso Shafne- La soldado Bandher podría inmovilizar al blindado con su arma de plasma. Creo que podría joderle una de las orugas si apunta bien.

- ¿Duda de mi puntería, sargento?- Dijo Bandher, molesta.

- No, porque sé que eres buena tiradora. Sólo quería tomarte el pelo- Carraspeó- Perdón, que no tienes.

- Estoy rapada.

- Dejadlo. Los tenemos casi encima- Corté- Haremos lo que Shafne ha dicho. Quiero a los lanzamisiles sobre la infantería, y Bandher, intenta darle a una de sus orugas, a ver si tenemos suerte y no aguanta.

- De acuerdo- Bandher asintió y calibró su rifle de plasma para que disparase en modo sobrecarga- Solo tengo un disparo antes de que me toque ventilar el sistema de disparo. Rezaré a San Adrastos, o algo.

Maia se escondió tras una pared y tapó su rifle de plasma para que no se viera el brillo desde fuera.

- Delos por muertos- Respondió Krell.

- Recibido- Confirmó Shafne- Cuente conmigo. La columna tardó un par de minutos en ponerse a tiro, y la ametralladora pesada del afuste exterior de la torreta del Macharius contaba con un foco que barría los edificios en busca de posibles emboscadores. Nos encogimos todo lo que pudimos y nos ocultamos eneramente tras las paredes, de manera que los haces de luz blanca no incidiesen sobre nosotros. Tuvimos que guiarnos por nuestro oído y por el áuspex para saber el momento exacto en el que el Macharius y la infantería que iba tras él pasarían por debajo de nosotros. En cuanto supimos que los teníamos justo debajo, di la señal por el microcomunicador: dos chasquidos que se conseguían apretando el botón de activado rápidamente.

La primera en disparar fue Shafne. Después la siguió con rapidez el resto, y una serie de explosiones sacudió la calle. Cayó polvo de los techos de los edificios por el estruendo y las ondas expansivas, y más de uno tuvo que volver a ponerse a cubierto para evitar los fragmentos de baldosa y la metralla. Una lluvia de fuego láser cayó sobre la infantería Gue'vesa, aunque los soldados tronianos ya habían desaparecido con el ataque de los lanzamisiles. Uno de los cohetes había ido a parar a la oruga derecha del Macharius, y le saltó por los aires una serie de antenas y portaequipos, haciendo que mochilas y cajas de suministros volaran por los aires. Sin embargo, aunque había mellado el blindaje, que humeaba, no había causado ningún daño crítico. El artillero de la ametralladora pesada se había vuelto contra Krell y sus hombres y estaba acribillando la azotea de su edificio, destrozando el murete con las balas de gran calibre, pero ellos ya se habían apresurado en abandonar su parapeto y alejarse todo lo posible. O al menos eso esperé, porque dos segundos más tarde el doble cañón de batalla de mastodonte blindado había hecho saltar por los aires el edificio, junto a gran parte del que había al lado. Un diluvio de cascotes y fragmentos de ladrillo cayó sobre la calle, provocando fuertes sonidos sordos cuando chocaban contra el Macharius y se partían en pedazos.

- ¡Vamos, vamos, vamos!- Exclamé mientras abandonaba el amparo de la pared y comenzaba a disparar al artillero con el rifle láser. Cuando giró su cara hacia nosotros, uno de mis disparos se la atravesó, y el cadáver se golpeó la espalda contra la escotilla y se quedó ahí, enganchado por el brazo derecho, sufriendo espasmos mientras un par de disparos más le peroforaban el torso, sacudiendo el cuerpo inerte. Bandher apareció con el rifle de plasma en alto y descargó un par de disparos sobrecargados contra la oruga derecha del tanque, que era la que más cerca teníamos. Los eslabones se fundieron en el punto en el que los rayos de plasma impactaron, y con un estampido metálico separaron en dos mitades todo el conjunto. Maia se apresuró en volver a su cobertura y activar el sistema de refrigeración del arma, que comenzó a expulsar gases azulados y extremadamente calientes por una de sus aberturas laterales.

El Macharius avanzó unos metros más, pero sin una oruga, solamente giró un poco antes de que el piloto frenase. La barquilla derecha lanzó un chorro de promethium ardiente con el que roció todo nuestro edificio. Shafne y sus hombres, junto a Tholl bajaron por la parte trasera de la casa mediante cuerdas de rappel mientras el fuego comenzaba a devorarlo todo. Nos alejamos con rapidez de las ventanas, cuyos marcos estaban ya ardiendo. A Iskias se le incendió una de sus rodilleras, y tuvo que desprenderse de ella mientras corríamos hacia la parte trasera, desde donde podíamos descolgarnos con cuerdas desde los balcones. El bramido de la ametralladora pesada volvió a inundar nuestros oídos, junto al crujir de la madera y el crepitar del fuego: alguien había retomado la torreta.

- ¡Venga, a prisa, a la parte trasera!- Exclamé mientras las balas arrancaban pedazos de rococemento de las columnas y paredes del piso. Justo en frente, vi como Shafne y sus hombres acababan de descolgarse desde su piso y llegaban al suelo. - ¡Cojonudo! ¿Y ahora qué, capitán?- Exclamó Iskias mientras enganchaba la cuerda al balcón y la aseguraba con demasiadas prisas. Una bala reventó un pedazo de barandilla que tenía al lado.

- ¡Pensaré en algo!- Respondí atropelladamente mientras me echaba el rifle láser a la espalda y empezaba a bajar por el balcón, agarrado a la cuerda con fuerza.

Nos descolgamos con rapidez y nos reunimos con Shafne y el resto, que estaban rodeando el bloque de casas para atacar al Macharius por detrás.

- ¡Por detrás no tiene nada!- Había dicho Shafne por el microcomunicador- Solamente podría atacarnos con la torreta, y nos lo cargaremos antes de que la gire del todo. ¡Su retaguardia es vulnerable!- Y después añadió muy bajito- Como la de la calva.

Miré por el rabillo del ojo a Bandher, que se mordía un nudillo mirando a Shafne, conteniendo la rabia. Atravesamos la puerta del patio interior del bloque de edificios y nos apresuramos a volver a la calle, donde el tanque pesado seguía rociando con promethium ardiente el edificio donde nos habíamos guarecido. La ametralladora pesada castigaba la segunda planta sin piedad. Y en su parte trasera...Krell trepaba valiéndose de los tubos de escape y la escalerilla para el artillero. 

Krell ascendió en silencio y con rapidez, y se lanzó sobre el artillero en cuanto llegó a la torreta. Lo degolló con su cuchillo de combate y sacó el cadáver de la escotilla, a través de la cual lanzó una ristra de granadas de fragmentación sujetas por una bandolera de cuero marrón. Echó a correr en cuanto las dejó caer, y saltó de la torreta a toda prisa, cayendo al suelo con mal pie y tropezando, con lo cual acabó boca abajo hasta que se levantó y siguió corriendo, haciéndonos señas para que nos apartásemos. Uno de los miembros de la tripulación intentó salir por la escotilla, pero Tholl lo derribó de un certero disparo que le atravesó el costado y lo hizo caer de bruces contra el suelo.

La explosión fue tremenda, y tal fue la fuerza de la onda expansiva que Krell salió disparado varios metros hacia adelante, a pesar de estar a varios metros del tanque. Las casas que rodeaban la calle quedaron hechas trizas y cubiertas de trozos de metal y lagos de promethium ardiente. En la carretera, una carcasa humeante y en llamas de un tanque pesado Macharius bloqueaba el camino.

- Buen trabajo, sargento- Le felicité a Krell cuando se acercó. Le di una palmada en el hombro- Ahora debemos seguir adelante por otro camino, éste no es recomendable.

Krell asintió, resoplando. El resto de su unidad apareció por la izquierda, de entre un aparcamiento castigado por las bombas.

- Señor, sí, señor.

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- ¡Mantened la línea, hombres del Emperador!- Entonó en voz alta la capitana-comisaria Lucca Tarelli mientras se mantenía en pie tras el enorme hueco en al pared del edificio del Administratum- ¡No podrán con nosotros, somos Sus electos, y no caeremos! Las tropas Gue'vesa que se habían estacionado frente al edificio superaban en número a los hombres de la capitana-comisaria, e incluso tenían vehículos de apoyo, pero no habían logrado acabar con los defensores, tal era el arrojo con el que luchaban.

- ¡El deber sólo acaba con la muerte, hombres!- Exclamó la capitana-comisaria, y disparó con su pistola bólter con una mano mientras que con la otra sostenía un libro de letanías- ¡Así que procuremos darle fin al deber de estos traidores!

Los soldados Liha y Cur aparecieron a la derecha de la capitana-comisaria, arrastrando una gran ametralladora pesada sobre un carro de transporte metálico. Lo emplazaron tras la pared derribada y comenzaron a abrir fuego contra las tropas Gue'vesa. Un par de balas impactaron contra el escudo defensivo de ceramita de la ametralladora pesada y quedaron ahí incrustadas.

Un par de bocanadas de fuego surgieron del piso inferior, y sendos misiles silbaron en dirección a los Gue'vesa. Hubo dos enormes explosiones, y un transporte de tropas estalló en una bola de fuego y metal. La otra explosión se llevó por delante a un equipo de fusileros que se cubrían en el interior de un edificio, en una tercera planta. Las llamas aparecieron durante un segundo, furiosas, por las ventanas y huecos en las paredes del piso, y expulsaron trozos de rococemento y cuerpos mutilados al exterior. Después, el edificio se derrumbó sobre sí mismo con gran estrépito, y llenó la zona circundante de una nube de polvo tan espesa que la visibilidad en su interior era prácticamente nula.

Todas las ventanas, puertas y huecos del edificio del Administratum se habían convertido en troneras improvisadas, y desde ahí, los soldados del 8º regular enviaban una andanada tras otra de ráfagas láser, algunas calculadas y cautelosas, otras apresuradas. El volumen de fuego era tan intenso y frenético que no había ni un segundo en el que varias descargas de láser salieran disparadas contra las posiciones de los traidores tronianos.

Una granada de fragmentación se coló por una ventana de la planta baja y pulverizó al cabo Gretler. También alcanzó al soldado Klaher y le arrancó el brazo derecho a la soldado Dinni. El cirujano de campo Van Lemher acudió todo lo rápido que pudo a socorrer a la maltrecha soldado, pero cuando llegó vio que no había nada que hacer. Los fragmentos le habían destrozado el torso también, y un par de arterias habían sido seccionadas. Por lo menos Dinni moriría inconsciente.

Van Lemher dedicó una oración a la moribunda muchacha y se levantó lo justo para correr hacia Klaher. Las balas silbaron a su alrededor e impactaron contra el suelo y una columna que tenía detrás, y que quedó hecha trizas por los disparos. Se arrodilló a un lado de Klaher y le retiró el chaleco antifrag y la camisa del uniforme para evaluar las heridas. Se mordió un labio, tenía unas heridas muy feas y que no paraban de sangrar. Abrió su botiquín y sacó unas suturas de campaña esterilizadas.

- ¡Soldado, écheme una mano!- Pidió al soldado K'tare, que acudió a ayudarlo con rapidez, dejando de lado el tiroteo. Van Lemher señaló una gran herida en el vientre de Klaher- Presione con fuerza, soldado.

Mientras K'tare se ocupaba de su tarea, Van Lemher empezó a coser las otras heridas grandes de metralla, mientras que a las pequeñas las desinfectó después y las cubrió con un spray antiséptico y unas vendas esterilizadas para detener el sangrado. Le quedaría una fea cicatriz, pero sobreviviría. Estaba inconsciente, y era más fácil ocuparse así de sus heridas, lo cual el cirujano de campo agradeció al Emperador. Van Lemher usó una sutura más con la herida más grande que K'tare había estado presionando hasta el momento y arrastró a Klaher junto a los otros heridos graves, que o estaban inconscientes por la morfina o por sus heridas o estaban demasiado mal para luchar. Los que habían sufrido heridas menores estaban luchando, a pesar del dolor y la desorientación que éste pudiera causar. 

Lucca se cubrió tras la pared y guardó su libro de letanías: el resto se las sabía de memoria. Cambió el cargador recto de ocho balas de su humeante pistola bólter y entró en la habitación adyacente, donde estaban el cabo Danher junto a los soldados Lumh, Deer, Jare, Tarova y Liddo, y la cabo Dregger, que estaba manteniendo un potente fuego de supresión sobre los equipos de armas pesadas enemigas con su ametralladora ligera.  En cuano entró en la sala, vio como una bala le volaba la cabeza al soldado Deer, que dio una vuelta sobre sí mismo y cayó de espaldas con fuerza. Lucca se deslizó por el suelo hasta quedar tras la pared cerca de Liddo y Danher y le disparó a uno de los tronianos tras asomarse un poco. La bala de bólter penetró su chaleco antifrag y estalló en su pectoral derecho, haciendo que su brazo derecho se desprendiese en una nube de sangre, y la caja torácica simplemente le reventó.

- Anya- Miró a la soldado Tarova- He visto un francotirador detrás de esa fuente, ocúpate de él. Dregger, cúbrela. Danher, ¿Alguien responde por la radio?

El cabo negó con la cabeza y lanzó una ráfaga a ciegas por encima de su castigada cobertura.

- No, capitana-comisaria. Las comunicaciones siguen cortadas.

- Entonces que el Emperador nos guarde- Gruñó Lucca, y disparó de nuevo.

Oyeron el chasquido del láser largo de Anya, que anunció la baja, y segundos después, un motor rugió y un tanque ligero antinfantería Chimera apareció en la plaza, disparando su cañón automático y la ametralladora pesada que había montada sobre su torreta, junto a la escotilla, rodeada de sacos terreros. Una serie de pequeñas explosiones acompañadas de gritos se sucedieron en la habitación contigua, y Lucca maldijo al tanque. Se llevó la mano al botón que activaba el micromunicador colocado en su oreja derecha y contactó con el sargento Lhir.

- Sargento, necesito que nos quite de enmedio a ese blindado, ¡Y lo necesito ya!

- Recibido, capitana-comisaria. Mis hombres y yo estamos en ello.

Se oyó un triple siseo cuando los lanzamisiles de Lhir y sus hombres abieron fuego, y un trío de explosiones sacudió el Chimera, que se convirtió en un humeante y desordenado amasijo metálico. En cuanto el vehículo estuvo fuera de combate, Lucca se levantó y avanzó corriendo hacia la sala adyacente para evaluar las bajas. Dos soldados habían sido alcanzados, y estaban tirados en el suelo, desmembrados y abiertos de arriba a abajo. La soldado Nimia había recibido un impacto, y su brazo derecho había desaparecido de codo para abajo. Estaba sentada contra la pared, agarrándose el muñón, que sangraba a chorros y gritando, pidiendo ayuda. 

- ¡Anya, ven aquí!- Ordenó con rapidez la capitana comisaria al ver a Nimia herida.

La mujer apareció rápidamente en la sala y comprendió al instante lo que tenía que hacer. Se dejó caer al lado de la soldado herida y empezo a ocuparse de su herida, pero la hemorragia era furiosa y abundante, y no pudo hacer nada, ni siquiera suturar la herida. Nimia dejó de gritar súbitamente y se desmayó. Murió unos segundos después, sentada sobre un extenso charco de su propia sangre.

Lucca miró a Anya, que sacudía la cabeza lentamente mientras usaba el saco de dormir de Nimia para cubrir su cadáver.

- No pudiste hacer nada- Intentó consolarla la capitana comisaria- No es culpa tuya.

- Lo sé- La cabo se deslizó hasta la pared y apoyó el rifle láser largo en un hueco- Pero siempre duele perder a alguien.

La capitana-comisaria hizo una mueca al ver por última vez el cadáver de la soldado antes de salir de la sala y unirse a su escuadra de mando en la de al lado. Entró a grandes zancadas, disparó su pistola bólter apresuradamente y se dejó caer en la cobertura junto a sus hombres. El intercambio de fuego seguía, y aunque los traidores habían perdido bastantes hombres, la compañía de Lucca también había sufrido sus pérdidas. 

Cerca de dos minutos después, los soldados del 8º regular empezaron a oír un silbido en el cielo, y algunos elevaron la mirada. Tres enormes figuras, agazapadas y cayendo como meteoritos, se acercaban a la zona a gran velocidad, dejando estelas de fuego a su paso. Las tres Stryder golpearon el suelo con fuerza y se desplegaron, encendiendo sus escudos y activando los sistemas de armas. Las armaduras de combate empezaron a abrir fuego con sus cañones automáticos contra los imperiales, que se apresuraron a buscar cobertura.

Los proyectiles de 20mm destrozaban el rococemento y arrojaban nubes de esquirlas y polvo por todos lados. Los soldados que fueron alcanzados por los disparos salían propulsados hacia atrás y caían al suelo con un golpe seco y húmedo al esparcir su sangre por doquier.

La capitana comisaria ordenó a su escuadrón de armas pesadas que abriera fuego, y un trío de misiles se abatió sobre uno de los bípodes, cuyó escudo cedió en un estallido de energía. No sufrió más daños.

- ¡Maldición!- Exclamó Lucca por encima del rugido de los cañones automáticos- ¡Disparad otra vez!

Pero la planta baja había sido atacada por los Gue'vesa tronianos, que animados por los refuerzos, habían asaltado el edificio. Lhir y sus hombres se vieron envueltos en un brutal y frenético mano a mano junto al resto de defensores de la planta baja. Los médicos estaban llevando a los heridos a un lugar seguro mientras los que aún podían pelear plantaban cara a los traidores.

Lhir dejó su lanzamisiles de lado y desenvainó su cuchillo de combate, guardado en una funda rígida en la parte trasera de su cinturón, tras la cadera. Apartó de una patada en el pecho a un Gue'vesa y acto seguido le descerrajó tres disparos a bocajarro con su pistola. Una de las balas superó el chaleco antifrag y atravesó el pulmón derecho del hombre, que cayó de espaldas. Mientras se ahogaba en su propia sangre, Lhir tuvo el detalle de rematarlo con un disparo en la frente. Junto a él, su cargador usaba la culata de su rifle láser para hacer retroceder a uno de los enemigos, y cuando lo tuvo a dos metros disparó una larga ráfaga que lo sacudió de arriba abajo y atravesó su pecho y su cuello. El cadáver dio un par de pasos hacia atrás antes de caer y quedar sentado con la espalda apoyada en la pared. 

Lhir gritó cuando un cuchillo de combate se le clavó en la parte baja de la espalda, y cayó de rodillas. Notó la sangre fluir y empapar la chaqueta de su uniforme. Actuando de acuerdo a sus instintos, se arrojó de bruces contra el suelo para desembarazarse de su atacante y se dio la vuelta con la pistola en la mano. Sin ni siquiera apuntar, vació el cargador sobre el Gue'vesa, que se preparaba para otro ataque. Una de las balas le atravesó el muslo derecho, otra le dio de refilón en el cuello y una tercera atravesó las gafas de combate y penetró en el cráneo, destrozando su cerebro y acabando con su vida. Las otras balas simplemente chocaron contra el chaleco antifrag sin causar daño.

Lhir se palpó la herida y se percató con alivio de que la hoja le había atravesado el costado, rasgando simplemente tela y carne. Pero eso no quitaba el dolor y la pérdida de sangre. Se inyectó apresuradamente una dosis de estimulantes mientras uno de sus hombres lo cubría con su rifle láser y volvió a la refriega. Levantó su pistola, recargada, y abatió a un traidor con un disparo en el cuello. Otro más le siguió cuando Lhir esquivó su culatazo y lo mandó al suelo de una llave, donde lo remató con su pistola.

Vio a uno de los soldados de la compañía quedar atravesado por una ráfaga de rifle automático a bocajarro, y a otros dos ser asesinados a base de golpes de culata y patadas. A un cuarto uno de los Gue'vesa lo atravesó con su cuchillo de combate, y usó su cadáver para protegerse de los disparos del cargador de Lhir. El cabo Makane vengó la muerte de su compañero agarrando por detrás al Gue'vesa y apuñalándolo con saña en la espalda hasta que acabó con él.

Mientras tanto, afuera, los bípodes enemigos seguían disparando, y vio como algunos de los defensores de la planta baja volaban en pedazos al ser alcanzados por las ráfagas de 20mm. Sus cuerpos se convertían en amasijos rojos, de cuyo interior sobresalían huesos astillados.

Sin perder el tiempo, Lhir corrió hacia su lanzamisiles, apoyado contra una pared, ignorando el dolor de su herida gracias al estimulante. Agarró el arma, la apoyó sobre su hombro y se asomó por uno de los huecos en la pared. Buscó con la mira térmica al Stryder al que habían alcanzado antes, y apretó el gatillo en cuanto lo tuvo en el punto de mira. Dio gracias al Emperador cuando el proyectil estalló justo en la cabina de la armadura y abrió un boquete en ella, matando al piloto y destrozándolo desde el interior. Dando tumbos y echando fuego por sus heridas, el andador de combate se tambaleó y cayó de lado sobre una de las barricadas levantadas por los Gue'vesa tronianos, levantando una nube de polvo sucio.

Lhir apartó la cara de la mira con una sonrisa perfilando sus labios, sucios de sangre seca, pero rápidamente se le borró cuando las armaduras de combate se volvieron hacia él. Se levantó e intentó correr, pero súbitamente la herida le dolió como si se la acabasen de abrir, y tropezó, manchando de sangre el suelo, donde gritó por el dolor, que le había dejado sin respiración. 

Lhir cayó inconsciente, y no pudo ver como una serie de misiles hacían saltar por los aires a las Stryder, cuyos restos quedaron esparcidos por toda la zona. Las piernas de una de ellas quedaron de pie, rígidas y humeantes. Con las armas en alto, el capitán Vinne y su reducido contingente entraron en la plaza. Los soldados del 8º pusieron en retirada a los Gue'vesa, que quedaron atrapados entre dos fuegos y fueron aniquilados por las andanadas de láser.

La capitana comisaria corrió al encuentro de Vinne, que ordenaba a sus hombres montar un perímetro de vigilancia. - Le debemos la vida, capitán- Lucca estrechó la mano del capitán.

- Ya tendrá tiempo de pagármelo cuando salgamos de aquí, capitana comisaria- Sonrió- Con algo de amasec me conformo.

- Todas las copas que quiera- Se encogió de hombros ella, riendo.

Vinne sacó un mapa y señaló el punto de encuentro de las fuerzas imperiales.

- Tenemos que estar aquí antes del anochecer. Siento acortar el encuentro, pero más nos vale salir de aquí todo lo rápido que podamos.

- Cuente con ello, nos pondremos en marcha ahora mismo- Lucca hizo un gesto a sus hombres- Recoged a los heridos, ¡Nos vamos en cinco minutos!

++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++ La boca del tren subterráneo exhaló una bocanada de humo cuando las granadas estallaron. Varios cuerpos, muchos de ellos amputados, salieron por la entrada, propulsados por la explosión.

- ¡Todo el mundo adentro, vamos!- Ordenó de un grito el teniente Namehein mientras bajaba las escaleras todo lo rápido que podía, bólter en ristre.

Bajó a trompincones junto a la soldado Tira y el cabo Kalde, el operador de comunicaciones de su unidad. A Kalde le habían disparado en la mano, y la tenía vendada, inutilizada, de manera que se mantenía tras Namhein y blandía su pistola Craver con la otra mano. Tira barrió con la mira de su rifle láser la zona mientras el teniente y el resto de la unidad aún estaban bajando. 

Seis Gue'vesa aparecieron tras las vallas destinadas a formar filas de pasajeros para que entrasen ordenadamente en la estación, y empezaron a disparar con sus rifles de asalto. El soldado Dask recibió un impacto en el pecho y cayó al suelo bruscamente. La bala no había llegado a penetrar del todo el peto, pero el golpe le había desorientado y roto una costilla. Se dio la vuelta e intentó arrastrarse hacia la cobertura mientras Namhein y sus hombres entablaban un intenso tiroteo con los Gue'vesa, que habían recibido refuerzos. 

Dawson y su escuadra irrumpieron entonces en la estación, disparando sus rifles láser y las dos ametralladoras de la unidad. El soldado Trakkar se lanzó al suelo y desplegó el bípode de su arma antes de empezar a lanzar ráfagas largas para cubrir a sus compañeros. Dawson y dos de sus hombres se adelantaron y tomaron cobertura tras unas máquinas expendedoras tiradas en el suelo. El sargento sacó la escopeta recortada de su funda en la cadera y disparó ambos cañones sobre el primer enemigo que se le puso a tiro. El Gue'vesa salió despedido varios metros por el impacto, y cayó al suelo con el peto destrozada y humeante. Dawson recargó el arma y lo devolvió a su funda. 

- Nos lo están poniendo difícil, ¿Eh, socio?- Le dijo a Namhein por encima de los disparos.

- ¡Tendrán que hacerlo mejor, sargento!

Namhein se asomó por la cobertura y apuntó con su bólter. Apretó el gatillo y el proyectil le arrancó el brazo derecho a su objetivo, que cayó de rodillas, gritando. Un segundo disparo lo decapitó. Aquella última detonación había sonado acompañada de un chasquido metálico, y Namhein sabía lo que significaba aquello. Se puso tras la cobertura y lanzó una ráfaga a ciegas, sin asomarse, hasta que agotó los cinco disparos que quedaban en el arma. Expulsó el cargador pulsando un botón cercano al gatillo y sacó uno nuevo de un portamuniciones sujeto a la parte inferior de su peto. Lo insertó en la ranura del cargador con un satisfactorio chasquido y amartilló el bólter con un gesto rápido y experimentado.

- ¡Tenemos que dominarlos!- Exclamó a través del microcomunicador- Lanzad un par de granadas y saltadles encima, podemos inmovilizarlos y acabar con ellos.

Varios mensajes de respuesta de sus hombres sonaron por el canal, y después apareció la voz del sargento Dawson, acompañada de los chasquidos de su rifle láser.

- A su señal, teniente. Vamos a darles leña a esos capullos.

Namhein asintió y se colgó el bólter al hombro. Desenfundó la espada sierra y miró a la soldado Tira, que quitó la anilla a una de sus granadas de fragmentación y la arrojó al otro lado de las vallas, justo en las posiciones de los Gue'vesa. Una ensordecedora explosión sacudió a todos los presentes en esa zona de la estación, y delgadas columnas de polvo cayeron del techo. Tres Gue'vesa habían muerto instantáneamente por la explosión, y otros dos habían sido alcanzados por la metralla en las piernas, que quedaron destrozadas e inservibles. Los hombres cayeron al suelo entre gritos, y entonces Namhein, junto a Dawson y las dos escuadras asaltaron a los tronianos traidores.

Con su espada sierra rechinando y echando humo por la abertura de escape lateral, el teniente Namhein se abalanzó sobre el primer enemigo que vio. Con un golpe diagonal sobre su hombro izquierdo, Namhein clavó la espada sierra en el cuerpo del traidor, que gritó por el dolor cuando los dientes de ceramita atravesaron su chaleco y se hundieron en su carne. Empleó más fuerza, y el arma siguió abriéndose paso a través del torso del troniano, que agarró la muñeca del teniente en un vano intento por detenerlo. Con un tirón final, Namhein terminó de partir en dos al Gue'vesa. Ambas mitades cayeron al suelo pesadamente, cada una por su lado y soltando chorros de sangre por doquier.

Namhein se dio la vuelta para plantar cara a un troniano que se abalanzó sobre él con el rifle en alto, culata por delante. Intentó detener en golpe y clavar su espada sierra en el torso del traidor, pero no fue lo suficientemente rápido. La dura culata golpeó el lado derecho de su cara, y Namhein cayó al suelo sintiendo como la zona afectada le ardía por el dolor. Notó el sabor cobrizo de la sangre en la boca, y un líquido caliente y espeso fluyó por su patilla derecha, que le llegaba hasta la barbilla.

Cuando cayó al suelo, el Gue'vesa le dio la vuelta de una patada, dejándole con la espalda contra el suelo, y apoyó una bota en su pecho mientras lo apuntaba con su rifle. Namhein intentó zafarse, y sacó su cuchillo de combate para clavárselo en la pierna, pero no le dio tiempo. 

Oyó el grito de Tira antes de verla aparecer detrás del troniano y quitarle el casco de un golpe con la culata de su rifle láser. Acto seguido lo mató con una ráfaga a bocajarro, y con una patada envió el cuerpo al suelo, sacudiéndose por violentos espasmos. La soldado Tira tendió una mano a su teniente y lo ayudó a levantarse. Namhein recuperó su espada sierra y asintió jadeante a Tira como agradecimiento. 

La soldado Tira, con las palabras Nacida para foll matar escritas con tiza en su casco y sus descarados modales, era muy popular en la escuadra. Era una joven de tez pálida y cabello rosa corto, y algunos soldados decían que mantenía cierta relación con el soldado Trakkar, de la unidad de Dawson. En combates como aquellos, mano a mano, Namhein sabía que podía contar con ella, pues tenía unos tremendos reflejos y era fuerte.

Juntos, hombro con hombro, teniente y soldado lucharon contra los Gue'vesa junto al resto de las dos escuadras, que se batían a golpe de culata y de cuchillo de combate contra los traidores, que habían recibido refuerzos. Namhein apartó a un troniano de una patada y alguien lo derribó con un disparo láser en la cara. Tira disparaba su rifle láser a bocajarro, y repartía culatazos y golpes de rodilla cuando los enemigos se acercaban demasiado.

Dos minutos después, el último Gue'vesa vivo de la refriega quedó empalado en la bayoneta del soldado Nuo, que lo levantó un palmo del suelo y se desembarazó del cadáver disparando varios tiros que destrozaron el peto antifrag del soldado y lo arrancaron de la ensangrentada bayoneta.

- Vale, muchachos- Jadeó Namhein mientras se guardaba la espada sierra- Calad bayonetas todos, algo me dice que más adelante nos vamos a encontrar más escaramuzas de estas. ¿Bajas, cabo?

Kalde, con su pistola en una mano y la otra vendada hizo una señal con la cabeza hacia una de las paredes, donde el soldado Dask y la cabo Soni estaban arrodillados junto a uno de los hombres de Dawson, que había perdido una mano y le estaban cosiendo el muñón, a pesar de los gritos de dolor y desesperación del hombre.

- El cabo Qolen ha perdido una mano, el pobre está desquiciado, es demasiado para él- Kalde se encogió de hombros- El resto estamos bien, dejando algunos cortes y contusiones aparte. A Trakkar le han pegado un buen tajo en un muslo, pero ya se han ocupado de ello, y a Pada le han pegado un tiro en un brazo, pero creo que está bien.

Namhein asintió.

- Diles a Tira, a Sule y a Kelen que avancen un poco y reconozcan la zona, que se vuelvan en cuanto se topen con resistencia.

Kalde asintió y se dispuso a transmitir las órdenes con rapidez. Namhein hizo una seña a Dawson, que se acercó a paso ligero.

- El pobre Qolen se está volviendo loco por culpa de esos cabrones- Bufó el sargento- Esos cabrones van a ver lo que es cabrear a Joe Dawson.

- Tranquilo, sargento, vamos a matarlos a todos, no te preocupes por eso- Namhein lo apaciguó con un gesto con ambas manos- Ahora necesitamos establecer un perímetro para seguir avanzando, que si seguimos por aquí llegaremos al punto de reunión en una hora como mucho.

Dawson asintió.

- Lo hago yo, teniente, déjemlo a mí. 

- Claro, sargento- Concedió Namhein- Nos pondremos en marcha en cuanto el equipo que he mandado a explorar regrese.

Dawson saludó y se alejó para preparar a sus hombres. Diez minutos después, Tira y el equipo de reconocimiento regresaron.

- Señor- Saludó ella a Namhein- No hemos encontrado a nadie. Parece despejado.

- No me jodas que nos lo van a dejar tan fácil, Tira- Namhein levantó una ceja.

- Parece ser que sí, teniente- La soldado sonrió y sacó un cigarro de uno de sus portacargadores. Le ofreció uno a Namhein- ¿Quiere uno, señor?

Él rechazó la oferta educadamente y sacó un grueso puro de una caja guardada en sus pantalones de combate.

- No hace falta, Tira- Sonrió y mordió la base del puro- Yo ya tengo algo mejor.

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Cuatro horas después, todas las fuerzas imperiales estaban en el punto de reunión, donde se levantó un campamento provisional desde donde lanzar el último ataque al centro de la ciudad. Tras hacer retroceder a los Gue'vesa y a sus refuerzos, las tropas de la Guardia Imperial se retiraron al campamento improvisado, donde los heridos recibieron el mejor tratamiento que se les pudo ofrecer (el cual no fue suficiente en muchos casos) y los agotados soldados pudieron descansar y preparar su equipo de combate para el día siguiente, que sería el último para muchos de ellos.

Capítulo sieteEditar

El día había sido extenuante, y las malas noticias no acabaron cuando por fin llegamos junto a las tropas de la capitana-comisaria al punto de reunión. Miller y sus hombres habían muerto, lo que fue un duro golpe para mí, ya que aquellos soldados se merecían todo mi respeto y admiración, y el teniente había llegado a ser un buen amigo.

Nosotros también habíamos sufrido un par de bajas, y teníamos heridos en todas las escuadras, aunque muchos de ellos aún podían luchar sin demasiado problema. La mayoría lo que necesitábamos era algo de sueño, una comida decente y relajarnos un poco para poder estar al cien por cien para el último ataque. 

Cuando cayó la noche, nos fuimos reuniendo en el interior de los almacenes de la zona, o alrededor de las tiendas de campaña y los vehículos. Yo entré junto al pelotón y la compañía de la capitana-comisaria en uno de los almacenes, vacío y en muy mal estado, pero que proporcionaba un techo y un lugar cálido para comer y descansar. Colocamos varios focos para iluminar el interior del edificio, sacados de los Taurox, y los hombres de la capitana-comisaria hicieron hogueras en unos cuantos barriles vacíos para calentar sopa y crear fuentes de iluminación adicionales.

Dawson y sus hombres, junto a algunos soldados del 8º regular colocaron varias cajas y palés en un extremo del almacén, como si fuera una especie de escenario, y dirigieron un par de focos para iluminarlo. Les miré trabajar mientras me sentaba junto a Tama, Shafne, Iskias, Bandher y Krell alrededor de un barril-hoguera para calentar algo de sopa usando el casco de Krell como caldero y tomar unas cuantas raciones de khab que los del 72º aerotransportado habían tenido el detalle de compartir con nosotros.

Abrí uno de las raciones de khab, que estaban servidas en pequeñas cajas de plástico cerradas al vacío. Las habíamos calentado un poco, y nos dispusimos a dar buena cuenta de ellos con nuestros tenedores metálicos de campaña. El khab era, básicamente, tiras y tiras de carne asada y muy especiada. Era una comida muy popular en todo el regimiento, y aunque no formaba parte de las raciones de campaña, siempre había alguien que contaba con unas cuantas cajas para situaciones especiales.

- Por fin algo de comida caliente- Murmuró Iskias, saboreando con placer el khab.

Bandher tomó un sorbo de sopa y atacó con ganas su khab.

- Y que lo digas- Corroboró.

- Hacía tanto que no comía khab...- Tama abrió su ración, relamiéndose, y de repente la arrojó al suelo con un gruñido de asco- ¡Joder! El mío está podrido. El envase debe estar dañado o algo- Suspiró y tomó con resignación algo de sopa- Mierda, con las ganas que tenía de comerlo.

Krell, que comía a gran velocidad se mofó de ella, pero nadie lo entendió porque tenía la boca llena. Tama le dedicó una mirada furibunda de todas formas. Miré mi ración y pensé que todos teníamos muchas ganas de comer khab, y que lo de Tama era una verdadera faena. Resignado, llamé su atención con un gesto.

- ¿Quiere compartirlo conmigo, sargento? Como poco.

Sus ojos se iluminaron.

- ¿De verdad, capitán? ¡Es usted genial, señor! 

Tama se levantó y acercó la caja que usaba como asiento a mi silla de campaña. Coloqué el envase entre los dos, y ella sacó un pequeño saquito del escote de su camiseta. Pendía de unas finas cadenas metálicas de su cuello.

- Señor, yo siempre le echo...sal al khab. ¿Puedo...?

Levanté una ceja y asentí. Nunca lo había probado con sal, y tenía curiosidad. Ella cogió una pizca con sus dedos y lo espolvoreó sobre la carne asada con cuidado. Después cerró el saquito y se lo metió de nuevo bajo la camisa. Me sorprendió lo bueno que estaba. Es decir, más de lo normal. La sal casaba extrañamente bien con las especias, y le daba un magnífico sabor al khab.

- Enhorabuena, sargento. Está genial- La felicité.

Tama sonrió y se metió unas tiras de carne en la boca con el tenedor.

- Paso mucho tiempo en las cocinas cuando estamos en la base, capitán- Rió- Tengo mucho tiempo para estropear platos.

Reímos frente a la broma, y Bandher señaló al escenario improvisado.

- Eh, mirad. Trakkar se ha subido- Puso las manos a ambos lados de su boca y gritó- ¡Quítate la ropa, Trak!

Hubo risas entre los grupos de soldados que se habían sentado juntos a comer y descansar, y Trakkar le dedicó un corte de mangas a Bandher, que estalló en carcajadas. Él levantó las manos, pidiendo que se le prestase atención. Me fijé en un vendaje manchado de sangre seca que tenía en su muslo derecho.

- Atención, muchachos- Dijo en voz alta- No sé qué chistes os gustan a los del 8º regular, pero voy a probar suerte- Hubo risas entre las filas de los mencionados- Oh, capitana comisaria, mis disculpas- Trakkar hizo una reverencia, que aunque teatral, fue respetuosa. Lucca sonrió y alzó su taza de sopa. A continuación, Trakkar paseó de lado a lado dele scenario frotándose las manos- Bueno, bueno...¿Alguien sabe qué es lo más humano de un Zoid?

Hubo murmullos y risas entre dientes. Los Zoid eran unos abhumanos que vivían en Namether. De hecho, eran los únicos abhumanos tolerados en el sector. En algunos mundos se les trataba como a personas normales, en otros, como a ciudadanos de segunda. Y en otros simplemente como a esclavos.

Sonreí, yo ya sabía el chiste.

- ¿Nadie lo sabe?- Trakkar fingió perplejidad y después esgrimió una pícara sonrisa- ¡Su dueño!

Todos estallamos en risas, y más de uno se atragantó con la sopa. Trakkar hizo varias reverencias y se bajó cojeando del improvisado escenario. A continuación se subió uno de los hombres de Krell para contar un chiste de humor negro. No se rió tanta gente como con el de Trakkar, pero Shafne y Krell y sus hombres se carcajearon a mandíbula batiente. 

- Tú y tus chicos tenéis un problema, Krell- Le dijo Tama con una sonrisa.

Él se encogió de hombros, aún riéndose.

Durante la siguiente hora fueron pasando distintas personas por el escenario para contar chistes de todo tipo y cantar alguna que otra canción subida de tono. La soldado Tira consiguió sacarle los colores a más de uno con la tonadilla que cantó, gracias a su picantes letra, unida a la insinuante pero jocosa entonación con la que cantó. Incluso Krell se animó, e hizo una graciosa imitación del general Di Sera, pero tuvo que parar, ya que Arridae lo amenazó. Como comisario, tenía que mantener a los soldados respetuosos a sus superiores, al fin y al cabo.

Después de que una de las soldados de la capitana comisaria saliera para contar un chiste matemático que muy pocos pillaron, Tama acabó de un sorbo su taza de sopa y la dejó en el suelo. Se puso de pie y se limpió las perneras del pantalón con las manos.

- ¿Es que vas a contar un chiste, Tama?- Dijo Krell, encendiéndose un cigarro.

- Negativo- Dijo ella mientras se desabrochaba un botón de su camisa- Voy a cantar algo.

Nos guiñó un ojo y echó a andar hacia el escenario con unos andares sugerentes que hicieron a Krell reirse por lo bajo.

- Capitán, no me diga que va a cantar...- Dijo Iskias.

- Ella es capaz, créame, cabo- Sonreí.

- Hola a todos- Dijo Tama una vez estuvo en el escenario- Soy la sargento Tama Slavis, y voy a cantar una canción que todos vosotros conocéis muy bien.

Todo el mundo lo entendió al instante y estalló en vítores, aplausos y carcajadas. Tama respondió a su público con sutiles pero sugerentes gestos y lanzando besos. Iba a cantar una vieja canción que databa de la conquista de Namether, siglos atrás. Los soldados la cantaban como una broma, ya que hablaba de Arton, un mundo al que nadie quería ir, pero que tampoco nadie sabía muy bien porqué. Normalmente se solía cantar en los barracones para pasar un buen rato, o en las trincheras para elevar los ánimos, pero cuando una mujer de buen ver y con una voz como la de Tama la cantaba, todo era mucho mejor. Ella andaba lentamente de un lado a otro mientras cantaba guiñando el ojo y haciéndonos gestos provocativos, aunque sutiles.

La letra decía así:

Se lo suplico, señor, no me mande a Arton, que es el peor destino de todo el sector.


He luchado en Cthu, y en el Angeristán, y le aseguro que en Charybdis lo pasamos muy mal.

Capitán, por favor, que Arton es de lo peor.

Así que le imploro, señor, se lo pido por favor...

¡Que en Arton las chicas son horribles y su cerveza es peor!


Los kragloks me tienen de miedo desde que a palos a diez me cargué

Y los del Caos cuando me ven se ponen a llorar

Pero le juro por San Drusus que un permiso en Arton no podré soportar

Traigáme al comisario, y mándeme fusilar, pero de ir a Arton no me dejaré de negar

¡Que en Arton las chicas son horribles y su cerveza es peor!


Prefiero acostarme con un oso de Angeristán a estar cerca de una de Arton

Que los osos tienen menos pelo y huelen bastante mejor

Beberé Promethium, me haré un servidor, pero se lo imploro, no me mande a Arton

Le haré lo que quiera, capitán, se lo juro, señor

¡Que en Arton las chicas son horribles y su cerveza es peor!



Todos reímos y aplaudimos de buena gana, y cuando acabó la canción, Tama nos lanzó un beso y le hizo un gesto a Al-qhadan para que fuera con ella. Él subió al escenario de mala gana, y puso una mueca cuando Tama le hizo cantar con ella, pero al final se resignó y obedeció a su sargento. A esas alturas, todos nos habíamos reído tanto que nuestros doloridos cuerpos nos dolían aún más. Incluso Arridae no pudo evitar carcajearse a gusto cuando Tama obligó a la soldado Sakusan a cantar con ella y Al-qhadan. La pobre muchacha, aunque era una excelente soldado y muy disciplinada, era bastante tímida, y cosas como aquella conseguían ruborizarla.

Tras la actuación de Tama, Al-qhadan y Sakusan se sentaron con nosotros, y el ambiente en el almacén se caldeó. Los chistes subieron de tono, y varios soldados del 72º aerontransportado vinieron al almacén para dejar caer algún chiste y reír con nosotros. 

Todo acabó un par de horas después, cuando creimos oportuno descansar y dormir algo, ya que el día siguiente no iba a ser nada fácil. Entre carcajadas y bromas, todo el mundo se fue a sus respectivas tiendas, excepto algunos, que nos perdimos entre los diferentes pisos para descansar por nuestra cuenta y asimilar lo ocurrido a lo largo del día.

Yo entré en una casa de tres pisos cercana a las tiendas, y busqué un lugar donde sentarme y relajarme un poco. Encontré un confortable sillón tapizado en cuerpo en el tercer piso, y me tiré en él con una botella de cerveza. Abrí la botella y la moví ligeramente entre mis dedos, removiendo el contenido mientras pensaba en Miller y sus hombres, y en todos los buenos hombres y mujeres que habíamos perdido aquel día. Aquella era la peor parte del mando, a mi parecer; saber que personas bajo tu mando han perdido la vida. 

Alguien había puesto algo de música en algún punto del campamento. En cuanto distinguí el sonido de la guitarra acústica supe que era Dawson. Miré la botella.

- Por los caídos- Murmuré, y eché un trago.


Poco después oí unos pasos subiendo hacia el tercer piso, y alguien entró en la habitación. Oí como se apoyaba en el marco de la puerta, y sentí como se quedaba mirando en mi dirección. Instintivamente, me llevé una mano a la pistola sujeta a mi muslo derecho, donde descansaba la pistola bólter.

- ¿Echando un trago, capitán?- Era Tama. Separé la mano del mango del arma y pasé el brazo por encima del respaldo del sofá.

- ¿Quieres tú también, Tam?- Respondí con una media sonrisa, sin volver la cabeza.

- Y tanto, joder- Rió y se acercó al sofá, para sentarse sobre el respaldo, a mi lado. Sus pantalones olían a tela quemada y a ozono, el característico olor que provocaban las armas láser al disparar.

Le tendí la bebida, y le dio un buen trago, tras el cual se pasó la manga de la camisea por la boca para limpiarse la espuma, y me devolvió la botella.

- Cerveza de Anteria, ¿Eh?- Dijo, disfrutando el regusto de la bebida.

- Tengo buen gusto- Me encogí de hombros.

- Y los medios para satisfacerlo- Bromeó Tama, y reimos.

Estuvimos varios minutos en silencio, mirando hacia el centro de la ciudad a través de la ventana que teníamos enfrente. De repente, ella suspiró y dejó escapar una suave risita.

- Jodido Grox, apaga la música- Dijo, refiriéndose a Dawson por su mote.

- No te gusta ese estilo, ¿Eh?

Ella negó con la cabeza. Su larga coleta bailó sobre sus hombros.

- Qué va. Esa música es para los paletos de Atagrada. En el resto de Capital somos bastante más civilizados. Al menos sabemos leer y escribir y no estamos todo el día detrás de los rebaños.

Atagrada era una región de Capital, muy árida y cálida, de donde éramos Dawson y yo. No había muchas grandes ciudades, y todo tenía un aire rústico ahí. La gentera era algo brusca, pero noble de corazón y muy trabajadora.

- Gracias por el cumplido- Bromeé. Me incliné sobre las rodillas y acabé la poca cerveza que quedaba en la botella de un trago.

- ¿Eres de Atagrada?- Murmuró- ¡Lo siento!

Hice un gesto para restarle importancia.

- No te preocupes. Sólo viví ahí hasta los dieciséis, después me alisté en el regimiento. Necesitaban nuevos reclutas, ya sabes.

- Entiendo- Se le escapó una risita- Me resulta raro que seas de Atagrada. Ni el nombre te pega, ni la manera de hablar. Quiero decir, Dawson está todo el día diciendo vaquero, y socio.

La miré y levanté una ceja. Ella sonrió.

- ¡Yeee-haw! ¿Has visto como ha volado ese cabrón? ¡Seis cañones capaces de resolver seis mil problemas por minuto, amo los jodidos cañones de asalto!- Exclamé, poniendo acento atagradano.

Tama rió a mandíbula batiente. Cuando pudo hablar, añadió.

- ¿Y eso?

- Yo también sé hablar como un atagradano, ¿Qué te habías pensado? - No te ofendas- Tama intentó reprimir una nueva oleada de risas- Pero ha sido lo más lamentable que he oído nunca. No lo vuelvas a hacer, por favor.

Me encogí de hombros. 

- Tú misma- Sonreí.

- Cambiando de tema- Tama se inclinó hacia adelante- He visto a la soldado Sicra y a Al escondidos en uno de los almacenes en actitud cariñosa. Kitar se va a mosquear como se dé cuenta.

Fruncí el ceño, extrañado.

- ¿Al-qhadan y Sicra? 

Tama asintió.

- Mi enhorabuena a Al- Añadió- Pero Sicra es la hija de Kitar, ya sabes. Y también sabes también que probablemente le dé una paliza a Al-qhadan como se entere.

- Sicra ya tiene edad para esas cosas- Me encogí de hombros- No sé a qué viene eso, Tam, no somos sus padres.

- Pensé que quizá te interesaría saberlo- Respondió ella.

- Están asustados por lo de mañana, Tam, como todos nosotros. Supongo que apoyarse el uno en el otro les vendrá bien para sobrellevarlo.

- ¿Tú también lo estás?- Preguntó Tama, levantando una ceja en actitud bromista.

- ¿El qué?

- Asustado.

- Por supuesto. Son más, y están mejor armados. Además les atacamos en su propio territorio- Me recliné en el sofá- Y si eso no fuera suficiente, he oído informes sobre un vehículo súper pesado del enemigo. Algunos dicen que es un andador gigante, y eso no me da muy buena espina.

- También los he oído- Suspiró, frustrada- A saber qué es.

- Mañana lo descubriremos...para bien o para mal- Añadí con un susurro.

- Sí...mañana. 

- Va a ser un día de mierda.

Tama me miró con ojos cansados.

- No lo dudes.

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El soldado Trakkar se revolvió en su saco de dormir y encendió la pequeña lámpara de campaña que había en el centro de la tienda de lona. Se sentó y se rascó la cabeza.

- Joder- Dijo la soldado Kha, que estaba envuelta en su saco de dormir a su lado- Puta música de paletos. 

La canción que Dawson había puesto en su radio, tres tiendas más lejos, aún sonaba.

- No está tan mal- Trakkar echó un trago a su cantimplora- Tiene su cosa. Un atractivo rústico que yo qué sé...

- Tanto tiempo con el sargento te está cambiando, Trakkar- Bromeó Kha- Tú antes eras normal, tío.

- ¿Normal? No sé de qué me hablas- Rió- ¿Alguno de nosotros lo hemos sido alguna vez?

Kha rió, y junto a ella Pratt e Ingre, que también estaban en la tienda.

- Bueno- Intervino Pratt- Yo solía serlo.

- Je, pues serás el único de toda la compañía- Respondió Ingre.

- Que no te extrañe- Trakkar se tumbó de nuevo y cruzó los brazos tras la cabeza.

Tras esto hubo un silencio, que lejos de ser incómodo, se les hizo tranquilo y agradable, solo interrumpido por el sonido de las botas de los soldados que montaban guardia en el exterior y por la música de Dawson. Ingre rompió el silencio con un hilo de voz.

- Mañana...mañana va a ser muy duro. ¿Estáis preparados?

- ¿Y cuando no es duro, Ingre?- Dijo con una sonrisa burlona Kha.

- ¿Habéis oído lo del andador gigante?- Terció Pratt.

Trakkar asintió. Kha borró la sonrisa de su cara.

- Lo he oído- Musitó Ingre- ¿Tenemos algo para neutralizarlo?

Pratt resopló, pensando, y se rascó la mejilla derecha.

- Tanques, lanzacohetes, algo de apoyo aéreo y de artillería...No creo que sea suficiente.

- ¿Estás seguro, Pratt?- Ingre negó con la cabeza- Recuerda ese súper pesado de Decimus Tercia. Nos lo cargamos con los Leman Russ.

- Recuerda todos los que murieron- Replicó él.

- Serían más si no hubiéramos actuado a tiempo.

Pratt se encogió de hombres.

- Eso era un carro de combate orko gigantesco, ahora estamos hablando de un andador de combate tau súper pesado. Imagina las armas con las que puede cargar...y conociendo a esos cabrones me apuesto lo que quieras a que tiene escudos.

Ingre soltó un gruñido de rabia contenida. Trakkar suspiró, y Kha simplemente calló.

- Encontraremos una manera- Dijo Trakkar al fin- Siempre lo hacemos.

- Sí, hasta que nos maten- Murmuró Kha con su voz llena de ironía.

Capítulo ochoEditar

El ataque había comenzado a las siete de la mañana. 

Las tropas imperiales se repartieron por diversos puntos y atacaron con rapidez y violencia, logrando varias victorias rápidas en un puñado de puntos en los que el enemigo no pudo reaccionar a tiempo.

Sin embargo, otras zonas presentaron una defensa que dispersó a los imperiales en muchos casos. En otras ocasiones simplemente los ralentizó y hostigó, y en algunos frentes se perdió el contacto con los soldados imperiales.

La batalla había empezado.

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- ¡Humo, muchachos!- Exclamó Keff por encima del chasquido de los rifles láser y las sonoras detonaciones de la ametralladora pesada enemiga.

Uno de sus hombres se apresuró a asentir con rapidez y lanzó una granada hacia la calle, inundada de rayos láser y balas de gran calibre. El artefacto empezó a llenarlo todo de un espeso humo en un radio de varios metros. Keff le hizo un gesto con el pulgar al soldado y se echó a la espalda el rifle láser modelo Atria M38 para sacar su cortador láser del soporte de la mochila de baterías que lo alimentaba. Se caló la máscara de soldar, cuyos costados estaban decorados con un dibujo de llamas pintadas de un rojo apagado. Activó el microcomunicador que tenía en la oreja izquierda.

- Daler, Morin e Itha, conmigo ya mismo. El resto, fuego de apoyo u os meteré los rifles láser por donde a la madre de Kaart le gusta que le den.

Una mezcla de risas mal disimuladas y confirmaciones inundó momentáneamente el canal de comunicación de la escuadra, y a la señal de Keff, él y los soldados que había designado echaron a correr por la destrozada calle hacia el edificio ocupado por el enemigo. No los vieron acercarse gracias al humo, pero tuvieron problemas para llegar a su destino de una pieza. Los disparos eran incesantes, y los cráteres y restos que plagaban el suelo conformaban un campo de obstáculos difícil de salvar. 

Keff tropezó varias veces y estuvo a punto de caerse al suelo otras tantas durante el trayecto. Un disparo de la ametralladora le rozó la máscara y lo aturdió. La fuerza del impacto le hizo girar la cabeza y casi cayó de bruces al suelo enladrillado y sucio, pero consiguió reponerse con rapidez y llegar a la puerta del edificio entero. Un disparo láser le dio a Itha en el hombro, y aunque sólo la rozó, el dolor fue tan intenso que la chica gritó y maldijo. Morin chocó contra un montón de ladrillos y rodó por el suelo, pero se levantó a trompicones y siguió corriendo. Daler llegó el primero, escopeta en mano. El rifle láser se lo había echado a la espalda, junto a la voluminosa mochila de combate.

- ¿Todos vivos?- Murmuró Keff una vez hubo llegado.

Los soldados asintieron. Itha amartilló la escopeta y gruñó por el dolor que el impacto en el hombro le causaba. Keff encendió el cortador láser y realizó un corte vertical en la cerradura de la puerta, y a continuación otro más largo que fundió las bisagras. Tiró la puerta de una patada y se echó a un lado para que Daler e Itha entrasen los primeros. Oyó un disparo de escopeta, y después otro. Le hizo una señal a Morin y entró con él. Un disparo láser impactó en la pared a escasos centímetros de su cara.

El interior de la sala era sórdido y vacío, a excepción de algunas mesas y sillas de campaña y algunos aparatos de radio que chasqueaban y emitían estática. Un soldado Gue'vesa yacía muerto en el suelo con el torso destrozado, y otros tres estaban frente a ellos. Uno fue partido en dos por Keff, y al otro Morin le dio un tremendo tajo con su hacha antiincendios, una herramienta que conservaba de su trabajo como bombero años atrás en Capital. El cadáver cayó pesadamente contra el suelo, con un profundo corte en el cuello.

El tercer Gue'vesa lanzó una ráfaga a bocajarro y Daler cayó al suelo con un grito ahogado por el impacto. Itha le voló la cabeza con su escopeta y ayudó a su compañero a levantarse. Los disparos le habían golpeado con fuerza en el peto y casi lo habían penetrado, pero Daler se había salvado de milagro.

- Planta baja limpia- Informó Keff por la radio- Mantenedlos ocupados ahí afuera, chicos.

- Os agradecería que no montaseis un picnic- Dijo el cabo Laagur- Están empezando a dar más guerra.

- Descuida, son historia. Keff, corto.

- Sargento, tiene que ver esto- Murmuró Itha.

Keff se levantó la máscara y apagó el microcomunicador. 

- ¿Qué ocurre, niña?

Itha señaló el cadáver de uno de los Gue'vesa. Morin y Daler también lo estaban mirando, confusos.

- No es un auxiliar del ejército alienígena, sargento.

Keff se agachó y contempló ceñudo el uniforme gris y la armadura corporal del mismo color, algo más oscura. Era la primera vez que veía a uno tan cerca. No llevaba ningún símbolo xeno, sino números góticos para la insignia de la escuadra, y un símbolo familiar en la hombrera izquierda. Keff lo examinó de cerca. Se parecía a...

- La bandera de Namether- Comentó Morin con nerviosismo.

- No, es distinta- Respondió Daler- Fíjate bien.

En efecto, Daler tenía razón. La bandera del sector consistía en la cara de un león con las fauces abiertas rodeada por una corona de larueles. En cada hoja de la corona estaba escrito el nombre de uno de los planetas del sector, y bajo la cabeza del león se encontraba un rótulo con textura de pergamino que decía en alto gótico: Libertas terra -tierra de la libertad-. Sin embargo, el nuevo símbolo tenía dos espadas cruzadas tras la cabeza del animal rugiente en lugar de la corona de laureles, y en vez del lema en alto gótico había unas letras que rezaban: Nuevo Namether

- Nuevo Namether- Repitió por lo bajo Keff- Joder. Esto me huele mal.

- Los seccesionistas- Apuntó Itha.

- Sí- Coincidió Daler- Y algo me dice que los xenos les están echando una mano.

- O más bien al revés- Keff se puso en pie y le dio un golpe con la punta del pie al cuerpo- Vamos arriba, tenemos un nido de ametralladora que limpiar.

- Por dicho- Morin apoyó el hacha ensangrentado sobre el hombro derecho y asintió.

Mientras andaban hacia las escaleras, Keff contactó con el centro de mando.

- Aquí el sargento Keff, del 712º de granaderos. Los Gue'vesa no son tales, repito, los Gue'vesa no son parte del ejército alienígena. Son los seccesionistas. 

Apagó el canal y empezó a subir por las escaleras cortador láser en ristre. En la sala de arriba se encontraban un emplazamiento de ametralladora calibre cincuenta y media docena de soldados. Keff gruñó. La puñetera ametralladora que había estado jodiéndolos vivos casi un cuarto de hora. No los habían oído, pues la ametralladora hacía un ruído enorme.

Levantó el cortador láser a la altura de la cintura y apretó el gatillo. Un destello blanco-azulado iluminó la sala durante un segundo, y uno de los seccesionistas cayó al suelo partido en dos. Sus hombres se lanzaron al combate.

- ¡Por el Emperador!- Chilló Itha, disparando su escopeta.

Un seccesionista se estampó con fuerza contra la pared y la dejó empapada de sangre cuando el disparo lo impactó. El cuerpo cayó lentamente al suelo hasta quedar sentado, dejando un rastro de sangre en la pared a medida que se iba deslizando hasta el suelo. Los otros soldados abrieron fuego con sus rifles láser casi en el mismo instante en el que Morin abatía al artillero de la ametralladora con su pistola automática. Una serie de disparos láser abrió varios agujeros en la pared detrás de Keff y sus hombres, y alguno de los rayos de energía les rozaron los chalecos antifrag.

Keff disparó de nuevo el cortador láser y otro enemigo se desmoronó entre gritos, dividido en dos. Un disparo proveniente del exterior de la casa decapitó a un seccesionista, y otro más impactó a un segundo en el pecho, derribándolo. Los soldados del Nuevo Namether se apresuraron a agacharse y aumentar la cadencia y precisión de sus disparos. 

Están bien entrenados- Pensó Keff.

Daler gritó y cayó al suelo con el chaleco surcado de agujeros humeantes. No se levantó.

Morin gruñó cuando un disparo le atravesó el muslo derecho y quedó hincado de rodillas. Desde ahí abatió con su pistola automática al soldado seccesionista, que se desplomó con un agujero de bala en un costado de la cara y otro en la frente. 

Itha disparó de nuevo y le voló la mano a su objetivo, que tropezó por la brutal fuerza del impacto y trastabilló hacia atrás. Morin lo abatió con una ráfaga de su arma, la última que le quedaba en el cargador. Keff se ocupó del último con su cortador láser.

- Despejado- Jadeó Keff por el canal de la escuadra, guardando el cortador láser en su soporte de la mochila de baterías y empuñando de nuevo su rifle láser. Dedicó una última mirada a Daler e hizo la señal del águila sobre su pecho- Chicos, vamos a seguir adelante, a ver si encontramos al resto del pelotón. Y una sorpresita...estos cabrones son los seccesionistas, nada de Gue'vesa.

- ¿Perdón, sargento?- Fue la respuesta de Kaart- Creo que no le he entendido bien.

- Que los Gue'vesa no son Gue'vesa, Kaart. Son esos seccesionistas de los rumores- Explicó Itha.

- ¿Los que dijeron en Namether Victo?

- Supongo.

Namether Victo era un programa dirigido únicamente a los miembros de la Guardia Imperial nametheriana. Dirigido y presentado por la veterana Nina Scae, mantenía a los soldados informados sobre las novedades del frente, desmentía rumroes dañinos y en más de una ocasión se había usado para hacer propaganda o levantar la moral a las tropas. El programa tenía muchos retractores, pero como había logrado reforzar la moral a las tropas en determinados momentos críticos y era un pasatiempo famoso entre los guardias imperiales, seguía siendo retransmitido. En algunos regimientos estaba prohíbido, y en otros había oficiales que no dejaban a sus subordinados verlo.

- Bueno, dejaos de cháchara y levantad el culo- Ordenó Keff- ¡A paso ligero, señoritas!

Mientras bajaba, Keff sacó una botella de cristal de uno de sus portaequipos y le echó un trago.

- Cerveza rubia Atagradana, sí señor- Dijo antes de vaciarla y dejarla caer al suelo. La botella emitió el molesto tintineo de vidrio contra hormigón al caer.

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El tanque de batalla pesado Macharius del coronel Tranto traqueteó junto a los otros blindados entre las ruinas de los edificios, con la infantería cubriéndose tras los cascos de los tanques y dándoles apoyo cuando el intenso fuego enemigo se lo permitía. Había una torreta enemiga tipo Sable armada con un par de cañones automáticos en algún punto entre las ruinas, a unos trescientos metros de ellos, y varios nidos de ametralladora más cerca que estaban dando verdaderos problemas al avance de las tropas tronianas. Tranto había perdido bastantes hombres en la primera emboscada, y más tarde los equipos antitanque de los traidores se habían llevado por delante todo un escuadrón de Leman Russ y dos vehículos de apoyo Trojan de los ingenieros de combate. La infantería había reaccionado con rapidez y había eliminado a los cazatanques enemigos, pero no pudieron impedir la destrucción de aquellos vehículos.

- Artillero, apunta a 0-13/18, creo que he encontrado al cabrón- Ordenó Tranto al artillero de la torreta principal del mastodóntico tanque.

- ¡Señor!- Exclamó el soldado. La torreta giró con el rechinar del metal contra el metal.

- ¡Fuego!

- ¡Por el Emperador!

Los dos cañones de batalla del Macharius abrieron fuego al unísono con un brutal estampido que sacudió la estructura del tanque. Toda una zona repleta de restos de edificios estalló con violencia, arrojando pedazos de rococemento y ladrillos en llamas por todos lados. La torreta Sable había dejado de disparar.

- Buen trabajo, artillero- Le felicitó Tranto mientras escrutaba la zona a través de las pantallas conectadas a las cámaras repartidas por toda la superficie del blindado- Lo hemos cazado.

Los Leman Russ siguieron avanzando lentamente, haciendo crujir las ruinas bajo sus pesadas orugas. Los soldados corrían tras ellos, disparando cuando tenían un respiro. Los cañones de batalla y los bólteres pesados disparaban en un ruidoso stacatto que sacudía la tierra misma, y las explosiones destrozaban edificios y caminos con violencia, sembrando el suelo de cráteres humeantes y restos materiales y humanos. 

Tranto contactó con su segundo al mando, que encabezaba a la infantería en aquel frente.

- Veller, llévate a las compañías D y E por el noroeste, entre las ruinas. Capitán Adov, tú estarás al mando del resto, seguís avanzando con los blindados.

- ¡Señor, sí señor!- Confirmó el comandante Veller mientras se llevaba casi mil hombres por las callejuelas en llamas y los edificios destrozados.

Tranto apagó la radio del tanque de mando y echó un vistazo al áuspex que estaba cerca del puesto del conductor. Se pasó una manga para limpiarse el sudor de la frente tras quitarse la gorra. El interior del tanque era agobiante y caluroso.

- ¡Coronel, tenemos contactos por el norte, la calle Quintus y Venia!- Informó con voz sobresaltada el conductor.

Siete tanques pintados de gris, estilizados y menos robustos que los traqueteantes Leman Russ, que avanzaban con rapidez y agilidad por la carretera y las ruinas aparecieron en la pantalla del puesto de mando de Tranto. No se asemejaban en nada a ningún vehículo imperial que el coronel hubiera visto antes: eran más delgados y menos altos, y tenían tres juegos de orugas, uno a cada lado y un tercero al frente, todos ellos protegidos por guardaorugas blindados. La torreta era romboide y de movimiento más fluido, y estaban armadas con un largo y delgado cañón de batalla de 125mm y una ametralladora coaxial de gran calibre. Sobre la cabina tenían una pequeña torreta cuadrada con una pareja de bólteres pesados. 

Un trío de tanques pesados de grandes y alargadas torretas, con un juego de orugas a cada lado y un tercero atrás avanzaban tras ellos. Estaban artillados con amenazadores cañones de batalla dobles de 125mm, y las torretas tenían tal superfiece que contaban con dos escotillas armadas con ametralladoras pesadas.

- ¡Abrid fuego, hombres!- Ordenó Tranto por la radio mientras hacía señas a su artillero- ¡Vamos a mostrarles a estos herejes el poder del Imperio!

Una serie de respuestas entusiasta sonó por el canal, y los Leman Russ dispararon contra los recién aparecidos blindados, que acortaron distancias con rapidez, disparando a su vez. Los tres tanques pesados frenaron a la retaguardia de la formación y empezaron a abrir fuego con sus cañones de batalla dobles.

Uno de los Leman Russ de Tranto saltó por los aires, y otro recibió un impacto en la torreta, destrozándosela. Un tercero derrapó bruscamente y volcó cuando varios cañonazos le acertaron en las orugas y los laterales. Los tanques imperiales respondieron al instante, y no menos de tres tanques seccesionistas saltaron los aires. Tranto ordenó a gritos a su artillero que abriera fuego contra los tanques pesados, que se cobraron otros dos blindados y toda una escuadra de infantería.

Los cañones del Macharius ladraron y un tanque pesado seccesonista se elevó del suelo en medio de una columna de fuego y metal astillado. Los restos humeantes cayeron con estrépito al suelo. El coronel agachó la cabeza por instinto cuando un proyectil del 105mm impactó en un costado de su blindado, haciendo que se sacudiera. La torreta lateral izquierda quedó inutilizada, y su artillero tuvo que salir del habitáculo atropelladamente, tosiendo por el humo y sellando la compuerta de acceso.

La infantería troniana echó a correr apresuradamente a través de la formación de tanques para conseguir cobertura y responder al ataque enemigo, que se había visto reforzado por un gran número de tropas de a pie. Ambos bandos empezaron a intercambiar ráfagas de rifle automático y crepitantes rayos láser.

Los Leman Russ se dispersaron sin dejar de abrir fuego para encararse a los blindados seccesionistas, que hicieron lo propio. Uno de los tanques imperiales saltó por los aires al ser impactado en varios puntos por los cañonazos enemigos.

Tranto ordenó a su conductor que se pusiera de frente al enemigo y los cañones láser gemelos emplazados en la tronera frontal atravesaron uno de los tanques medios seccesionistas. Los cañones de batalla dobles lanzaron una bocanada de fuego y humo al disparar, y otro tanque pesado estalló, esta vez sin apenas estremecerse. 

- ¡Aquí el coronel Tranto!- Gritó por la radio- ¡Necesito un barrido aéreo sobre las posiciones enemigas en 0-13/22!

- Aquí control aéreo- Respondió una voz cargada de estática al cabo de unos pocos segundos- El escuadrón Belladona esta cerca de su posición, lo avisaremos.

La transmisión se cortó cuando Tranto cambió el canal  y ordenó atropelladamente a su conductor y al resto del escuadrón de tanques que avanzasen. Los blindados avanzaron casi al unísono de una manera apabullante, disparando sus armas repetidamente. Dos de los Leman Russ fueron alcanzados por armas anticarro de la infantería enemiga y se quedaron clavados en el sitio, en llamas. El último tanque pesado enemigo inmovilizó al Damisela, uno de los pocos Leman Russ Exterminator del regimiento. Trece segundos después, varios impactos de obuses sacudieron el imponente carro de combate de arriba a abajo, y quedó reducido a un amasijo humeante y ardiente de metal manchado de hollín.

Los cañones láser del Macharius de mando alcanzaron a uno de los últimos blindados seccesionistas, que se paró abruptamente y quedó con la torreta ladeada y apuntando hacia abajo, con el cañón doblado por la fuerza del impacto. El escuadrón acorazado pasó por encima de los restos de sus enemigos, seguidos de cerca por la infantería, que lanzaba gritos de júbilo y disparaba sus armas contra la infantería seccesionista, que se apresuró a retirarse ordenadamente y con una disciplina que dejó sorprendido a Tranto. Un misil reventó la torreta del Odio imperial, que siguió adelante disparando los bólteres pesados de sus barquillas de artillería.

- ¡Hombres de Tronia, por el Trono de Terra y el Dios Emperador!- Exhortó Tranto a sus hombres a través de los altavoces colocados en la torreta del tanque.

- ¡Por el Emperador!- Gritaron los soldados con fervor.

El escuadrón Thunderbolt Belladona apareció rugiendo en el cielo, acribillando con sus cañones automáticos a las tropas seccesionistas en retirada en un ataque de pasada.

Las tropas imperiales estallaron en vítores.

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El avance se había cortado en seco. Nos habían estado hostigando durante todo el camino, hasta tal punto que Keff y sus hombres nos perdieron durante un bombardeo con morteros. No habíamos vuelto a saber de ellos.

Pero lo que de verdad detuvo el avance del pelotón y los hombres de la capitana-comisaria fueron las sólidas defensas de la catedral de Santa Steria Penitente. El enemigo se había hecho fuerte en ella, y el imponente y sagrado edificio había sido convertido en una fortaleza impía de los seccesionistas.

Ese era el segundo problema, no eran Gue'vesa que formaban parte del ejército tau. Eran los seccesionistas que cooperaban con ellos. Nuevo Namether, se hacían llamar.

La explosión de uno de los blindados asignados al 8º regular me sacó de mis pensamientos bruscamente, y la onda expansiva me mandó al suelo junto al resto de la escuadra de mando.

- ¡Mierda!- Exclamé, levantándome con los oídos pitándome furiosamente. Encendí el microcomunicador, deseando que no se hubiera roto- ¡Shafne, necesito que te ocupes de la batería láser que hay en el campanario, y lo necesito ya!

- ¡Si no me parten en dos al asomarme!- Fue la respuesta de la sargento de artillería antes de que se cortase el canal.

Corrí hacia los restos de una tienda y me guarecí en ella junto a mi escuadra y algunos soldados del 8º regular que se estaban ocupando de un herido. Miré hacia la posición de Shafne, expectante. Se puso en pie a los pocos segundos y disparó su lanzacohetes antes de volver a agacharse en el cráter. Después disparó otro de sus hombres, y un gran estrépito de roca contra roca y metal chocando contra piedra se sobrepuso al tiroteo. Me asomé por una de las ventanas para ver como el inmenso campanario se desmoronaba poco a poco y caía sobre el suelo, aplastando algunas de las posiciones enemigas.

Hice la señal del águila sobre mi pecho, al igual que Arridae y otros tantos. Nunca había sido alguien especialmente religioso, pero dañar una catedral no era un buen asunto, aunque fuera nuestro deber. 

Me deslicé hasta la entrada, pistola bólter en mano, y me asomé por un costado mientras el resto de mi escuadra tomaba posiciones tras las castigadas paredes y baqueteadas ventanas. Empecé a oír el sonido característico del rifle de plasma que Bandher empuñaba, que fue seguido de los chasquidos de los rifles láser de Iskias y Tholl. Arridae usó su pistola bólter.

Usé los magnoculares para examinar los puestos defensivos enemigos. Dejando de lado las barricadas y pozos de tirador que estaban emplazados a los pies de la catedral, había varios nidos de ametralladoras en los torreones de ésta, y las hermosas vidrieras habían sido rotas para dejar puestos de tiro a los soldados seccesionistas. Bajo la gigantesca puerta, abierta de par en par, se encontraba un escuadrón de bípodes Sentinel armado con multiláseres que controlaba las formidables escaleras de piedra blanca que daban a la plaza en la que estaba la catedral. Varios cadáveres de soldados del 8º regular descansaban sobre ellas, atravesados y mutilados por las descargas de energía de los andadores.

- Shafne- Dije por el microcomunicador- ¿Ves el escuadrón de Sentinel? En la puerta de la catedral.

- Iba a por ellos- Respondió, con mucho ruido de fondo- Pero uno de los nidos de ametralladora nos está dando duro, no podemos ni levantarnos.

- Recibido, buscaré la manera de quitároslo de encima. Vinne, corto.

Busqué con la mirada a Krell y a sus hombres, que contaban con algunos lanzamisiles monodisparo Pillum. Dawson y Tama estaban demasiado ocupados como para usar los pocos con los que contaban sus respectivas escuadras. Gruñí, tenía que haber conseguido unos cuantos para mi escuadra también. Contacté con Krell.

- Krell, necesitamos abatir uno de los nidos de ametralladora que tiene a Shafne y a sus hombres inmovilizados. No duraremos mucho si esto sigue así.

Una ráfaga de ametralladora le arrancó la pierna a un soldado de la capitana-comisaria mientras corría hacia otra cobertura cargando con munición para sus compañeros. Un disparo de láser le voló la cabeza al que iba detrás de él. Apreté los dientes, esperando la respuesta de Krell.

- ¡...ecibo, señ..or! Tenemos...ferencias- La respuesta del sargento llegó cargada de estática y sonidos de disparos. Apenas se le entendía- ¡Nos...do duro! ¡Dígame...al es, rápido!

- ¡Es el que está en la tercera vidriera por la derecha, segunda planta!- Respondí.

- ...ido. Corto y cier...- Krell cesó la transmisión.

Le hice señas a Bandher para que se acercase mientras veía como Krell se asomaba con la cabeza agachada por un costado del tanque destruído que usaba como cobertura. Una lengua de llamas salió despedida de la boca del lanzacohetes junto al proyectil, que acortó distancias con rapidez dejando a su paso una estela de vapores de propulsión. La explosión sacudió toda la sección de vidrieras, haciendo saltar pedazos de cristales ya rotos y soportes de hierro retorcidos. El nido de ametralladora había quedado silenciado, junto a un puesto de tiro. Levanté el pulgar en señal de felicitación cuando Krell echó una rápida mirada hacia mi posición. Él respondió con un saludo militar antes de volver a empuñar su rifle láser.

Bandher se agachó a mi lado con el arma humeante al mismo tiempo que Shafne y sus hombres lanzaban un trío de cohetes antiblindaje hacia el escuadrón de bípodes seccesionistas. Una de las máquinas se desmoronó, con una pierna destrozada, y el que estaba en el centro recibió un impacto directo en la cabina que la destrozó del todo, dejando sólo las piernas del bípode con una retorcida forma de metal humeante sobre ellas. El otro fue impactado en un costado, pero fue suficiente para que el cohete acabase con parte de la cabina y evaporase al piloto. 

- ¿Necesita algo, señor?- Dijo Bandher por encima del sonido de los disparos.

- Dispara desde aquí, hay un buen ángulo de tiro hacia esa posición- Señalé uno de los torreones, coronado por una estatua de Santa Steria- ¿Lo ves? Los he visto con los magnoculares, están montando otro cañón láser ahí.

Me aparté y le di una palmada en el hombro. Ella calibró el rifle de plasma para que disparase a plena potencia y apuntó con cuidado, pues en aquella modalidad de disparo el arma consumiría su munición en pocos disparos...dejando de lado los riesgos de sobrecalientamiento que amenazaban con vaporizarla. Bandher disparó dos veces, y el arma escupió sendos rayos de plasma que se estrellaron con una pequeña explosión azulada contra el flanco derecho del torreón. Los disparos dañaron la estructura, y la parte superior del torreón se ladeó poco a poco hasta caer contra la fachada de la catedral, destrozando parte de ella y cayendo al interior del edificio. Hice el gesto del águila sobre mi pecho de nuevo, me estaba dando la sensación de que alguien nos miraba con odio desde un trono dorado.

- Buen trabajo, cabo- Felicité a Bandher mientras expulsaba los vapores hipercalientes de la recámara de su arma.

- Está un poco pálido, ¿Todo bien, señor?- Preguntó con tono ligeramente jocoso cuando levantó la cabeza para mirarme.

- No creo que demoler una catedral sea una buena idea.

Ella rió y recargó el rifle de plasma.

- Piénselo de esta manera, estamos librando a la catedral de una plaga de herejes y traidores al Trono de Terra- Se encogió de hombros- Si nos cargamos algo, sólo estamos extirpando las zonas consumidas por el cáncer seccesionista.

Asentí, aunque no me había tranquilizado mucho.

- Bien dicho, Santa Bandher, patrona de los hijos de puta duros de pelar.

- Amén- Sonrió mientras se preparaba para disparar de nuevo.

Dejé a Bandher disparando y avancé por el interior de la tienda con la cabeza agachada, buscando a Iskias, que estaba junto a Arridae y Tholl es la trastienda. Un disparo azulado de láser chocó contra el suelo a dos pasos de mí, y otro más pasó a escasos centímetros de mi cabeza. Aumenté el ritmo. Entré en la trastienda y me encontré a Iskias disparando su rifle láser, asomado por un lado de la pared derribada. Tholl estaba más allá, tumbado tras una pila de cascotes y disparando con calma, buscando sus objetivos y eliminándolos con parsimonia. Una bala perdida impactó contra un ladrillo que tenía cerca, haciéndolo estallar, pero no se inmutó. Arridae se había hecho con el rifle láser de uno de los soldados del 8º regular, demasiado ocupados intentando salvar la vida a su compañero, y acompañaba a Iskias con sus andanadas indiscriminadas.

- ¡Iskias!- Le llamé. Él se volvió y se cubrió con la pared- Contacta con el centro de control aéreo, date prisa.

Iskias asintió y dejó el rifle láser apoyado contra la pared. Sacó el auricular de la parte trasera de la mochila de radio y tecleó unas cuantas veces en el teclado de la placa de datos que llevaba sujeta a la cara interior del antebrazo izquierdo, que estaba conectada con la radio. Levantó un pulgar y me llevé el auricular al oído, desplegando al mismo tiempo el micrófono.

- Aquí el capitán Vinne, del 712º de Granaderos Nametherianos. Estoy frente a la catedral de Santa Steria Penitente. Los seccesionistas se han hecho fuertes en ella y nos han cortado el paso, solicito un ataque aéreo sobre ella.

- Aquí control aéreo- La respuesta llegó con retraso y cargada de estática causada por el tiroteo del exterior y la intensidad de los combates aéreos. Toda aquella energía estaba cargándose los sistemas de comunicaciones- El escuadrón Ariadne ya ha recibido la orden de atacar la catedral de Santa Steria Penitente por parte de la oficial al mando de las tropas del 8º regular, manténganse a la espera. Control áereo, corto y cierro.

Metí el auricular en la mochila de radio de nuevo y le indiqué a Iskias que había acabado. Lucca se me había adelantado. Enfundé la pistola bólter y me descolgué el rifle láser del hombro, retiré el seguro y comprobé que la mira de combate funcionaba como era debido. Hasta que llegase el ataque aéreo, estaba decidido a cargarme a algún seccesionista por mi cuenta.

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La capitana Syla Veres, al mando del escuadrón Ariadne, retiró el seguro del arma principal de su cañonera Vulture y contactó con las otras tres naves de la unidad.

- Atención, escuadrón. Nos acercamos al destino, preparad los misiles y las armas principales.

- Ardiande dos, recibido.

- Tres, afirmativo.

El cuarto Vulture no respondió. Una ráfaga de proyectiles de 20mm destrozó la cabina y mató al piloto y al copiloto. La aeronave cayó en picado hacia la ciudad con la cabina envuelta en llamas.

- ¡Mierda!- Exclamó Veres y le indicó a su copiloto que armase los lanzamisiles de las alas- ¡Escuadrón, maniobras evasivas!

Las tres cañoneras se separaron, girando sobre sí misma o ladeándose sin más mientras los disparos silbaban a su alrededor. Veres oyó como uno de los proyectiles impactaba contra el morro de su nave y creaba una abolladura en el blindaje de ceramita pintado de gris. Gruñó cuando vio varios cazas Thunderbolt imperiales batiéndose en un duelo acrobático y letal contra sus homólogos rebeldes.

Veres hizo un tirabuzón para esquivar una ráfaga de cañón automático y giró bruscamente después para plantar cara a su atacante. El caza estaba pintado con un gris más oscuro que los imperiales, y poseía varias franjas azules en las alas y la cola. Levantó la mano izquierda con el pulgar extendido hacia arriba para indicar a su copiloto que abriera fuego.

El copiloto fijó el Thunderbolt enemigo en la pantalla de disparo y bloqueó el objetivo para que no se le escapase. Levantó las tapas de seguridad que protegían los gatillos de ambas palancas de control y abrió fuego con los cañones láser de la aeronave. Tres rayos gemelos de pura energía de destrucción salieron de las bocas de los cañones y atravesaron en un abrir y cerrar de ojos el espacio que separaba a la Vulture de Veres del Thunderbolt rebelde.

Dos de los disparos pasaron a escasos centímetros del aparato, haciendo bullir la pintura por la elevadísima temperatura y creando pequeñas corrientes de estática que bailotearon por el casco del caza. El otró impactó de frente, atravesando el morro con una expectacular explosión que volatilizó la cabina y la convirtió en una lluvia de vidrio roto y placas de metal que caían al suelo fundiéndose y dejando delgadas estelas de humo negro. El resto del Thunderbolt siguió volando, dejando un rastro de llamas y escoria ardiendo a su paso y cayendo poco a poco hacia los incesantes combates que tomaban lugar en la ciudad.

Veres dejó atrás el fuselaje humeante del caza rebelde y viró en busca de su escuadrón, que aún estaba combatiendo. Ariadne dos estaba siendo perseguido, y hacía tirabuzones y acrobacias para evitar los disparos que lo acosaban. Veres se dirigió hacia él para ayudarle, pero un disparo le reventó la cola antes de que pudiera hacer nada y Ariadne dos se precipitó hacia el suelo.

- ¡Aquí Ariadne dos, me han dado!- Sonó la nerviosa voz del piloto por el canal de radio del escuadrón- ¡Veo la catedral, dirigiré la cañonera hacia allí!

La Vulture elevó ligeramente el morro, y la cabina se abrió de golpe cuando los asientos del piloto y el copiloto salieron eyectados a toda velocidad y desplegaron los paracaídas. La cañonera se alejó con la cola ardiedo.

- Ésta nos las van a pagar- Gruñó Veres- ¡Lyor, manda a ese cabrón al infierno!

El copiloto asintió y disparó los cañones láser de nuevo. El resplandor lo cegó durante medio segundo, pues se había levantado las lentes antibrillo del casco, agobiado. Los haces de energía cortaron de golpe el ala derecha del caza enemigo y atravesaron de lado a lado todo el fuselaje, entrando por la cabina y saliendo por la cola, dejando a su paso explosiones internas que se sucedían en cadena y que volatilizaron el aparato por completo en apenas un segundo. 

El tercer y último Thunderbolt apareció en el campo de visión de Veres, y contempló con satisfacción como un disparo de láser lo derribaba limpiamente. Ariadne tres se ladeó hasta llegar junto a la Vulture de Veres.

- Hacia la catedral, ¡Ya!- Dijo la capitana de vuelo- Dos, ¿Estáis bien?

Nadie respondió. Veres se mordió el labio inferior, debían de haber sido alcanzados por el fuego antiáereo.

- Por los caídos- Murmuró mientras encaraba la catedral de Santa Steria Penitente.

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Estallamos en vítores cuando vimos la cañonera que venía hacia nosotros, pero nos callamos rápidamente al ver que estaba dañada, y que caía casi en picado. Se chocó contra la catedral a una velocidad pasmosa, con tal fuerza que se llevó por delante parte del segundo piso con tremenda violencia. Los restos de vidrieras y roca volaron por doquier, envueltos en llamas y atravesando en su trayectoria la espesa nube de humo que había dejado la aeronave accidentada a su paso. Cuando el aparato estalló en el interior del edificio, una de las secciones laterales de una pared exterior se colapsó sobe sí misma, haciendo que todo lo que había sobre ella cayera entre una niebla creada por el polvo de piedra.

Poco después aparecieron otras dos Vulture, y estas dos estaban enteras. Abrieron fuego con sus cañones láser y lanzamisiles al mismo tiempo, y la catedral pareció desparacer bajo la lluvia de misiles y los haces láser. Los soldados vitorearon y levantaron las armas cuando las cañoneras Vulture pasaron de largo, dejando el sagrado edificio reducido a poco más que un montón de escombros humeantes. Algunas secciones se mantenían de pie; columnas, paredes, arcos...pero aquello no hacía sino empeorar el aspecto de la escena. 

- ¡Sí señor!- Exclamó Iskias.

- Muestra un poco de respeto, que acabamos de cargarnos una catedral- Lo reprendí- Y ahora larguémonos de aquí. Reunámonos con los hombres de la capitana-comisaria y vamos a ver qué hacemos ahora.

Cuando salimos de la tienda, todo el mundo se estaba reuniendo en los restos de la catedral, comprobando que ningún enemigo había sobrevivido o dedicando oraciones a los restos para pedir perdón al Dios Emperador por haber atacado uno de sus templos. 

Lucca estaba dando órdenes a uno de sus oficiales, que echó a correr hacia sus hombres antes de que yo llegase. La capitana-comisaria me saludó con un gesto rápido.

- Pedí yo el ataque aéreo. Siento no haber avisado, pero se estaban cargando mi posición, no tuve ni un respiro- Explicó.

- No importa- Me encogí de hombros- Nos hemos cargado el bloqueo, ¿No?

- Joder, y tanto- Dijo iskias por lo bajo.

- Y ahora...¿Qué?- Pregunté, apoyando el rifle láser en mi hombro derecho.

Lucca sacó un mapa de un bolsillo de su gabardina de cuero negro y echó un vistazo.

- No nos queda otra que seguir adelante y rezar para llegar al mismo tiempo que el resto de nuestras fuerzas.

Asentí.

- Bien. Mandaré a algunos de mis hombres por los flancos para que nos cubran de las emboscadas.

Lucca hizo un gesto afirmativo y volvió con sus hombres para repartir órdenes y gritar inflamables arengas. Llamé a Krell con un silbido.

- Sargento, llévate a tus hombres por las calles de la derecha y cúbrenos los flancos. Avanzad por delante de nosotros y avísame si veis algo- Le ordené una vez estuvo conmigo.

Él asintió. En su pesada y robusta armadura se veían varios agujeros de láser, algunos de los cuales aún humeaban.

- Délo por hecho, capitán- Hizo un gesto a sus hombres y echó a andar- ¡En marcha, muchachos, armas preparadas!

Encendí el microcomunicador par localizar a Kitar y sus francotiradores. Nos serían más que útiles.

- Kitar, ¿Dónde estás?

- Mire arriba, capitán- Respondió.

Elevé la mirada y lo ví asomado por la ventana de uno de los edificios, agitando un pañuelo rojo que usaba para señalizar su posición cuando era necesario. Me pregunté cómo diablos había llegado hasta ahí.

- Ve por los tejados y vigila, necesito que me informes de cualquier fuerza enemiga que se nos acerque.

- Sí, señor- Se metió de nuevo en la casa y desapareció de mi vista- No lo defraudaremos.

- Sé que no- Dije mientras nos poníamos en marcha.

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El Progreso y xenofobia II abrió fuego con sus cañones automáticos gemelos y un trío de rebeldes tronianos quedó partido por la mitad. Asya sonrió y soltó una breve risa de victoria.

- Qué, mierdas, ¿Hay miedo?- Se burló mientras giraba bruscamente hacia un lado el tanque de batalla para presentar el flanco derecho a una unidad enemiga de fusileros recién aparecida de entre las ruinas. La barquilla de bólter pesado derecha los segó sin piedad- ¡Hule, dales caña a los de la barricada! 

- Están pidiendo leña a gritos, señora- Contestó el artillero mientras giraba la torreta del Leman Russ y encaraba con los cañones automáticos de 40mm a un grupo de infantería rebelde que se guarecía en unas barricadas hechas con restos de edificios- Abriendo el grifo.

Los cañones tronaron y una lluvia de proyectiles empezó a morder vorazmente el parapeto, que acabó desmoronándose y dejando al descubierto a los rebeldes, que echaron a correr para buscar una nueva cobertura. La soldado de primera Sarat, artillera del bólter pesado frontal, se ocupó de ellos.

Asya se levantó un poco la corta visera de su gorra de combate con el pulgar de la mano derecha y le guiñó un ojo a la artillera en señal de felicitación. Sarat estaba tan concentrada en la pantalla de disparo que no se dio cuenta de ello.

Un cohete salió volando desde un edificio y alcanzó a uno de los Uros de los tronianos, haciéndolo saltar por los aires sobre una columna de fuego. Asya se mordió el labio inferior. Los habían asignado como apoyo para el coronel Cabar y los hombres del 16º Regular Troniano junto a otras unidades blindadas locales, pero los combates eran tan intensos que más de una vez tenían que preocuparse más por sus vidas que por brindar apoyo a la infantería troniana. 

- 19/76-09, teniente- Le informó su copiloto, el cabo Liether.

Asya asitnió. Liether siempre sabía en lo que estaba pensando. Le transmitió las coordenadas a Hule, que barrió la zona con fuego de cañón automático hasta que el edificio quedó destrozado. Unas cuantas ráfagas más lo terminaron de derribar. 

- Tenemos un blindado medio a las nueve, teniente- Habló de nuevo Liether, examinando la pantalla del áuspex- Corrijo, tres blindados medios.

- ¿Por dónde?- Exclamó Asya por encima del sonido del motor del Leman Russ y los rugidos de los disparos.

- Los aparcamientos públicos, teniente, ¿Los ve?

- Recibido, cabo. Hule, ya has oído, gánate el desayuno.

- ¿No puedo ganarme todas las comidas a la vez?- Protestó en tono de broma él mientras apuntaba a los recién aparecidos tanques rebeldes. Eran tres Chimera VCI armados con cañones automáticos y lanzallamas pesados en las troneras frontales. Junto a ellos iba un mínimo de dos docenas de soldados de infantería.

- Ya veremos- Respondió Asya mientras movía el tanque para no presentarle la retaguardia a los blindados enemigos.

Las orugas del Leman Russ chirriaron y después se quedaron inmóviles, dejando al vehículo en un ángulo de tiro casi perfecto para que su artillero pudiera alcanzar a los recién llegados. Asya sonrió, orgullosa de su habilidad. 

A su alrededor, los hombres del coronel Cabar luchaban en el interior de los edificios, escapando al igual que los rebeldes de los enfrentamientos entre tanques. La lucha incluso había llegado a las azoteas, lo que obligó a Asya a mantenerse atenta también a las tropas enemigas que estaban en ellas, pues un ataque con armas antitanques desde arriba podría jugarles una muy mala pasada.

- Aquí va el café- Bromeó Hule mientras hacía girar la torreta para apuntar a uno de los VCIs rebeldes.

Los cañones automáticos bramaron y hundieron el morro del Chimera con sus proyectiles, algunos de los cuales lograron penetrar al perforar puntos con menos blindaje e hicieron trizas a la tripulación. El Über-Imán de nenas, el otro Leman Russ pilotado por el resto de los hombres de Asya, pasó a toda velocidad al lado del Progreso y xenofobia II, llevándose por delante una cabina de teléfono y abrió fuego también. Entre los dos carros de combate acabaron con otro VCI mientras la infantería que iba con ellos corría al interior del edificio para luchar contra los soldados tronianos y ponerse a salvo de los cañones automáticos de los Leman Russ.

- Me parece que Takeo acaba de quitarte los huevos fritos- Exclamó Asya con tono burlón a su artillero.

- Las tostadas no me las va a quitar nadie- Gruñó Hule y movió las palancas de control de la torreta para encarar al último vehículo rebelde, que empezaba a retroceder para ocultarse de los dos Leman Russ. Los sistemas de puntería del tanque persiguieron al Chimera.

Hule apretó con rapidez los gatillos y una ráfaga de proyectiles se estrelló contra el morro del VCI, pero éste rápidamente desapareció tras un edificio, que sufrió varios impactos. El artillero lanzó una maldición y esperó a que Asya hiciera avanzar Progreso y xenofobia II bruscamente. Varias ráfagas de láser hicieron saltar chispas y esquirlas de ceramita de los costados del blindado, que siguió adelante sin problema. El Über-Imán de nenas se ocupó de acallar estas andanadas rebeldes.

El Leman Russ traqueteó sobre los escombros, levantando humo y polvo de piedra por doquier. Asya realizó un ligero derrape para cruzar la esquina y se encontró con una ráfaga de cañón automático que le destrozó uno de los eslabones de la oruga izquierda, haciendo que el carro de combate se bambolease y sacudiera antes de detenerse.

- ¡Agh!- Exclamó Asya mientras manipulaba frenéticamente las palancas de control del Leman Russ y daba volantazos- ¡Nos han inmovilizado!

Hule apuntó al VCI y se preparó para apretar los gatillos. El vehículo estaría inmovilizado, pero él iba a dar caza al cabrón. Sin embargo, algo lo detuvo: una figura humana acababa de trepar hasta la escotilla superior del Chimera y le partió el cráneo al artillero de la ametralladora con una pesada llave inglesa. Después se sacó una granada de una bandolera de cuero que llevaba cruzada sobre el pecho y la lanzó al interior del tanque antes de saltar y salir corriendo. Hule vio como una bocanada de humo salía despedida por la escotilla, abierta, y el vehículo quedó inerte. 

- ¿Lo ha visto, teniente?- Dijo en alto Sarat.

- Sí- Respondió con seriedad ella mientras veía como varios soldados salían de entre los edificios. Algunos saludaron al Leman Russ mientras se acercaban.

- ¿Qué tal estamos, teniente?- Saludó Keff por el canal de radio.

- ¡Keff!- Asya se inclinó ligeramente hacia adelante en su incómodo asiento- ¡Nunca me había alegrado tanto de verte! 

- ¿Y alguna vez lo ha hecho, teniente?- Rió él.

- Alguna- Sonrió- Tenemos una oruga dañada, ¿Puedes ocuparte de ella?

- Ahora mismo, teniente.

Keff y sus ingenieros corrieron hacia la parte trasera del Progreso y xenofobia II mientras el otro Leman Russ pilotado por los hombres de Asya se acercaba hasta ponerse junto a ellos. Keff sacó con ayuda de Kaart una oruga de repuesto sujeta junto a otras cuantas sobre la parte trasera del guardaorugas izquierdo del acorazado y empezó a soldarla en sustitución de la que había sido dañada.

- Tardaremos un poco, teniente- Dijo mientras seguía soldando con Kaart- Esto es un remiendo de urgencia, no fuerce demasiado la máquina o podría romperse de nuevo.

- Recibido. Gracias.

- Lo que sea por una mujer así- Rió él- Sobre todo si es mi superior.

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Krell asomó la cabeza por la esquina mientras les hacía una señal a sus hombres con el puño izquierdo para que esperasen. Comprobó que estaba despejado, abrió el puño y movió la mano hacia adelante para indicarles que estaba despejado. Abandonó su cobertura y avanzó cautelosamente, con el rifle láser en alto, apuntando de un lado a otro, buscando con atención posibles señales de una emboscada. Detrás de él, los tres miembros de su escuadra que lo acompañaban caminaron tras él en formación dispersa, buscando también indicios de presencia enemiga tras las miras de sus rifles láser.

Krell oyó un crujido a su derecha, en el interior de un edificio y vio por el rabillo del ojo como otros tres de sus hombres se desplazaban agachados y a buen ritmo, cubriéndoles los flancos. A su izquierda, en otro edificio, el tercer y último equipo hacía lo mismo.

Entonces vio a lo lejos como algo saltaba de un tejado a otro, y después lo siguieron varias figuras más, largiruchas y ágiles. Se paró en seco, haciendo que sus hombres se detuvieran también. Soltó el guardamanos de su arma y desplazó el brazo izquierdo hasta un costado. Miró la placa de datos que estaba incrustada en en el brazal de su antebrazo y comprobó el radar. No había nada, pero no habían podido ser imaginaciones suyas.

- Atentos, muchachos- Fue todo lo que dijo antes de seguir adelante, con mayor cautela.

- ¡Contacto, a la izquierda!- Informó uno de sus hombres apenas hubo dado unos pasos.

Krell volvió su arma hacia el lado indicado y buscó con la vista al objetivo. Sus hombres empezaron a disparar contra sus acechadores, que corrían a gran velocidad por los tejados de las casas de dos o tres pisos y saltaban de un edificio a otro. Centró a uno en la mira de hierro del arma y apretó el gatillo, pero el alienígena era demasiado rápido. Los haces de láser chocaron y rebotaron contra el tejado de una casa.

- ¡Sayid, muchachos, alerta!- Ordenó a los dos equipos que estaban dentro de los edificios, cubriéndoles los flancos. No obtuvo respuesta alguna.

Krell miró hacia los edificios a través de los cuales sus hombres habían estado moviéndose, y vio como estaban forcejeando y luchando mano a mano contra los altos y fibrosos alienígenas. Uno de sus subalternos cayó al suelo con el cráneo partido cuando el xeno con el que estaba peleando le golpeó con la culata de su rifle con tremenda fuerza.

- ¡Caníbales!- Gritó Krell- ¡Preparaos!

Antes de que se diese cuenta, uno de los kroot que se acercaban hacia ellos por los tejados se lanzó sobre él a una velocidad vertiginosa, con el rifle cubierto de cuchillas en alto. Krell gruñó y reaccionó justo a tiempo: agarró el rifle láser por la culata y el cañón y lo puso en la trayectoria del golpe del alienígena. Oyó un crujido, y el molesto sonido de un arma de filo abriendo surcos en una pieza de metal. El empuje y la fuerza del kroot, junto a la inercia del salto, le lanzaron al suelo, y el rifle láser se le cayó de las manos. 

Escuchó el graznido del xeno, una mezcla entre el silbido de una serpiente y el gruñido de un perro, y agarró por puro instinto el rifle láser de nuevo para interponerlo una vez más entre el kroot y él. El alienígena, que se había abalanzado sobre él intentando arrancarle la cabeza de un picotazo, se vio detenido con brusquedad cuando el arma del guardia imperial chocó contra su cuello y lo retuvo. Krell forcejeó para apartar al kroot de sí, pero su oponente poseía una gran fuerza. Le llegó el desagradable olor del sudor del xeno, y el hedor de la sangre seca y los fluidos estomacales atrapado permanentemente en su pico. Con un grito de esfuerzo, apartó al atacante a un lado con un rodillazo y lo mandó rodando por el suelo. Se levantó dando tumbos y apuntó desde la cadera con el maltrecho rifle láser al kroot, que se levantó de un salto y se preparó para lanzarse contra él de nuevo.

Apretó el gatillo, pero no pasó nada: el rifle láser había sido demasiado dañado. Krell arrojó el arma inservible al xeno, que la esquivó, pero aquello le dio tiempo para dar un paso hacia adelante y descargar un brutal derechazo sobre la cara del kroot, que perdió pie y trastabilló hacia atrás, aturdido por el tremendo golpe. Entonces Krell lo agarró por un hombro y le dio la vuelta con un tirón brusco. El xeno se resisitó e intentó zafarse de Krell, pero éste ya había rodeado su cuello con su poderoso bíceps y estaba estrangulando a su enemigo. El guardia imperial usó toda la fuerza que podía generar, y con un rápido movimiento le rompió el cuello al kroot. Dejó que el cadáver cayera al suelo, fláccido, y se dio la vuelta.

Sus hombres estaban luchando a brazo partido con otros cinco emboscadores, usando sus rifles láser para mantenerlos a raya e intentar abatirlos con tiros a bocajarro. A Vihen le había dado tiempo a desenfundar su espada, y estaba peleando como un demonio, a pesar de que su oponete era más ágil y fuerte que él.

De los equipos que marchaban por los flancos no pudo ver nada, ya que otro kroot saltó hacia él. Krell, llenó de adrenalina e ira, reaccionó con rapidez y cruzó los antebrazos frente a él, justo en la trayectoria del golpe del rifle kroot. Sin embargo, fueron a golpear el guardamanos, que carecía de bayonetas. La cuchilla que estaba en el extremo del cañón casi tocó su máscara blindada en forma de calavera. El alienígena retiró el arma y efectuó un golpe ascendente que la guardia de Krell no podía evitar. Sin embargo, presintiendo aquel movimiento, Krell se lanzó hacia adelante y golpeó con el hombro izquierdo al xeno mientras aún tenía el arma en alto. Agarró su cabeza, protegida por un gran cráneo de algún animal, y le metió el cañón manual en la boca. El pico se cerró con rapidez al notar el objeto, y se oyó un sonido metálico y seco.

Rezando porque la robusta pistola no estuviera demasiado dañada como para disparar, Krell apretó el gatillo. La parte trasera del cráneo del kroot estalló, regando el suelo con una repentina descarga de sesos, huesos rotos y sangre. Los ojos se le salieron disparados y golperaon el peto de Krell, junto a los chorros de sangre que manaron durante un segundo de las cuencas vacías y el pico. Mandó a un lado el cuerpo con un fuerte empellón y sacó de su funda tras la cadera su hacha táctica, un arma fabricada de una misma pieza de acero, con un temible filo monomolecular.

Vio a Vihen en el suelo, con el kroot contra el que había estado luchando sobre él, con el arma en alto, dispuesto a dar el golpe de gracia. Ni siquiera lo pensó. Tomó impulso y arrojó con un grito el hacha, equilibrado para ser lanzado. El arma giró sobre sí mismo mientras acortaba distancias y toda su hoja se clavó con un chasquido húmedo y asqueroso en la caja torácica del alienígena, cortando una bandolera de cuero que llevaba sobre el torso transportando munición. El xeno se miró sorprendido el pecho destrozado con unos ojos cubiertos por unas gafas de soldar de la Guardia Imperial, y cayó hacia atrás. Vihen no tardó en levantarse, desencajar el hacha del torso del cadáver y pasárselo de nuevo a Krell.

- ¡Sayid!- Gritó por el microcomunicador- ¡Sayid, informa!

No recibió respuesta, pero sí vio como tres kroot saltaban por las ventanas de la planta baja del edificio que tenía a la derecha, y otros dos por las del que tenía a su izquierda. Krell gruñó, lleno de ira, y apretó el mango de su hacha con tanta fuerza que los nudillos de le pusieron blancos bajo los guantes blindados.

La bayoneta de un rifle kroot segó el cuello de Qenant, que dio media vuelta sobre sí mismo y cayó de bruces al suelo. Narcia le golpeó el costado de la cabeza a su contrincante y disparó su rifle láser a bocajarro hasta matarlo, momento en el cual uno de los xenos que acababan de salir por los flancos se le lanzó a la espalda e intentó ahogarla con su rifle, apretándolo contra su garganta, pero en lugar de eso se topó con las protecciones laterales del cuello de la armadura. Ella lo agarró de los hombros y lo lanzó al suelo para después meterle tres tiros en la cara con su pistola.

- ¡Capitán!- Exclamó Krell por el microcomunicador- ¡Emboscada kroot en nuestro lado!

La voz de Vinne le llego entrecortada y ahogada por los sonidos de disparos y explosiones. Krell no había reparado hasta entonces en que desde donde él estaba también se oían.

- ¡Tenemos nuestros propios problemas...gento! No...mos mandarle ref..zos.

- A la mierda- Gruñó Krell, apagando el microcomunicador, y disparó su pistola pesada para mantener a raya a los asaltantes, que evitaron los disparos.

Un proyectil chocó contra su coraza con tanta fuerza que se golpeó la espalda con una farola que tenía detrás. La descarga de rifle kroot había abollado su peto, y una delgada columna de humo se elevaba desde la zona dañada. Krell localizó al tirador y lo apuntó con su cañón manual...pero éste se le había caído al recibir el disparo. Cuando se dio cuenta de ello, el xeno ya se le había lanzado encima. Krell se dejó caer hacia un lado y las cuchillas del rifle kroot atravesaron la carcasa de la farola con un chirrido metálico.

- ¿Quieres morir?- Farfulló Krell mientras se levantaba. 

El xeno se inclinó hacia él en actitud desafiante y graznó, provocándole. Un hilillo de saliva salió despedido de su pico y fue a parar al peto de Krell, que se había lanzado hacia él con el hacha preparado. El alienígena fue más rápido que él y se alejó con una agilidad pasmosa, y la hoja del hacha rozó la armadura corporal que llevaba en el torso, hecha a partir de una armadura antifrag imperial. Krell aprovechó el impulso para dar una zancada e intentar otro golpe, que esta vez fue a parar al hombro derecho del kroot, protegido por una hombrera curva que desvió la hoja hacia un lado.

El kroot aprovechó la oportunidad y atacó sin piedad la pierna izquierda de su oponente. Las cuchillas atravesaron las grebas y el pantalón de combate...y se toparon con otra capa más de metal. Amortiguado el golpe por las grebas, no tuvo la potencia sufiente para atravesar la pierna mecánica del guardia imperial, que agarró las largas espinas que crecían en la parte trasera del cráneo del xeno antes de que éste pudiera retroceder para intentar otro ataque. Levantó el hacha y descargó un golpe que le separó la cabeza de los hombros. La hoja monofilo atravesó la piel como si ni siquiera estuviera allí, y un chorro de sangre, persisitente y abundante, empapó la armadura de Krell.


- ¡Echadme una mano!- Oyó como gritaba Draco a su derecha. Estaba plantando cara como podía a dos kroot, que ya habían alcanzado varias veces su armadura. Lo matarían dentro de poco.


Sin perder el tiempo, Krell se agachó para recuperar su cañón manual y disparó a uno de los agresores de Draco. El xeno salió despedido un par de metros, con el pecho destrozado. Las costillas astilladas asomaban por la herida, junto a la carne desgarrada. Draco aprovechó la coyuntura para clavar su cuchillo de combate en la clavícula del otro alienígena tras inmovilizarlo. 

Krell vio como Vihen le arrebataba el rifle a un kroot, para destrozarle con él. Los movimientos del soldado no eran tan rápidos ni fuertes como el dueño original del rifle, pero bastaron para abrir en canal al xeno y destrozar su cuerpo. Narcia abatió a bocajarro con su rifle láser al último emboscador, que había estado a punto de matarla.

- Los otros...- Jadeó Vihen.

- Están muertos- Respondió Krell con un gruñido.

- Trono de Terra- Murmuró Draco.

- ¿Y ahora qué?- Replicó Narcia- No podemos seguir adelante así, no aguantaremos otro ataque.

Krell se dispuso a responder, pero un rugido amortiguado le hizo callar. Se volvieron para ver como la pared de la planta baja de un edificio saltaba por los aires una treintena de metros calle arriba. Los ladrillos volaron por doquier, rotos, y cuando el polvo se asentó, vieron tres figuras, grandes y robustas, corriendo hacia ellos. Krell los identificó con facilidad: knarlocs, la letal y ágil caballería kroot.

- Draco, ya sabes lo que hacer- Krell señaló los edificios que bordeaban la calle.

El soldado asintió y disparó con su lanzagranadas hacia ellos. Un manojo de explosiones hizo saltar blacones y trozos de pared a la calle, creando un bloqueo improvisado. A continuación Krell se agachó y levantó la tapa de una alcantarilla.

- ¿Querías saber qué vamos a hacer ahora, Narcia?- Preguntó antes de saltar al interior- Ahora vamos a seguir adelante. Rezad para que acabemos en medio del enemigo. +++++++++++++++++++++++++++++++++++

- Venga, muchachos, un último empujón antes de llegar al punto de reunión- Animó el coronel Tranto a la tripulación de su Macharius de mando- Para esta noche la ciudad será nuestra.

- Eso si no nos mata Leviatán a todos antes...- Comentó uno de los artilleros.

- ¿Levia qué, cabo?- Tranto levantó una ceja y separó la mirada de las pantallas de su puesto para mirar al hombre.

- Leviatán, señor. Es como los del 712º han empezado a llamar al andador súper pesado enemigo. El mote se ha extendido.

Tranto se pasó una mano por el rasposo mentón, donde asomaba la sombra de una barba. Devolvió la mirada a las pantallas y comprobó su placa de datos personal para revisar el estado de su compañía blindada: Habían tenido unas cuantas bajas.

- Todavía no sabemos ni siquiera si ese Leviatán existe, cabo. No temáis a algo que no es real.

- Pero los exploradores lo han visto, coronel- Apuntó el piloto- Tienen picto-capturas, y una grabación.

Tranto apretó los dientes. Había esperado no tener que llegar hasta ese punto.

- El andador súper pesado existe, no os voy a engañar- Empezó a decir, con voz fuerte y segura, a través del canal de radio de toda la compañía- Pero no es rival para los ejércitos del Dios Emperador. Encontraremos una manera de acabar con él, os lo aseguro. El deber sólo acaba con la muerte, soldados.

Una serie de murmullos y exclamaciones inquietas sacudió a toda la compañía. Tranto sabía que sus hombres estaban asustados, pero que no flaquearían ante el enemigo llegado el momento. Lo sabía porque el sentía lo mismo.

- ¡Maldita sea, chicos!- Exclamó el teniente Luggar, con un cierto tono burlón- ¿Sois tronianos o nenazas ogygianas? ¡Arriba ese ánimo, lloricas, somos tronianos, podemos con esto!

Tranto sonrió frente a la improvisada arenga de su subordinado. Luggar era un hombre con carisma, popular entre la tropa gracias a su carácter y a su sangre fría, y en más de una ocasión le había levantado el ánimo a toda la compañía en un momento crucial.  - Bien dicho, Luggar- Respondió Tranto- Y ahora vuelve a concertrarte en el campo de batalla.

- ¿Permiso para contar algún chiste, señor?

- Concedido, pero nada de humor negro. No lo pongas peor- Bromeó el coronel.

- Sí, señor.

Tranto se reclinó en su incómodo puesto de mando y observó que su tripulación parecía algo menos preocupada, aunque en el fondo sabía que seguían prácticamente igual de asustados. Habían perdido cinco tanques y unos veinte hombres desde que el ataque había empezado. Los rebeldes se habían hecho fuertes en varias zonas que habían resultado ser tremendamente difíciles de tomar, y para colmo de males, los seccesionistas del Nuevo Namether habían desplegado efectivos entre los rebeldes tronianos, además de algunos carros de combate y equipos de armas pesadas. Había sido una lucha encarnizada, una de las más intensas que Tranto recordaba.

Flexionó los brazos, cuya piel morena lo parecía aún más debido al sudor que los cubría, fruto del tremendo calor que había en el interior del Macharius y del estrés y la tensión del combate. Se había quitado la chaqueta recubierta de medallas, y el chaleco antifrag, con lo cual se había quedado con una sudada y algo gastada camiseta de tirantes de color gris. Sintió el dolor en los músculos de sus brazos, y después se dio cuenta de que, en realidad, todo el cuerpo le dolía.

- Dame un trago- Le dijo a uno de sus hombres con voz ronca. Él le tendió un termo con recafeinado que Tranto agradeció con un asentimiento de cabeza. Le dio un trago largo y se lo devolvió mientras se limpiaba las comisuras de la boca con el antebrazo.

Mientras volvía a concentrarse en las pantallas, su oficial de comunicaciones le hizo un gesto.

- ¿Qué es, sargento?- Inquirió Tranto, inclinándose hacia él.

- Los escuadrones aéreos informan de que han avistado un objeto de gran tamaño cerca del punto de reunión, señor- Explicó con voz tensa.

- ¿Cómo de grande?- Tranto estrechó los ojos y frunció el ceño.

- Enorme, coronel. Le envío unas picto-capturas. Creo que es...

- El Leviatán- Tranto acabó su frase, asintiendo- Es probable, éste es su último movimiento.

- Se lo comunicaré al resto de fuerzas aliadas entonces. Con su permiso, mi coronel- Titubeó el oficial de comunicaciones. Las manos le temblaban.

- Éstate tranquilo, Noy, muchacho- Le dijo él con tono afable.

- Lo estoy, señor- Mintió él antes de volver al trabajo.

Tranto suspiró y se recolocó los auriculares bajo la gorra de oficial.

- Aquí Tranto a toda la compañía. Todos a sus puestos de combate, repito, todos a sus puestos de combate. Vamos a llegar en breve junto a los del 712º, y están hasta el cuello, así que esperad resistencia extrema y actuad en consecuencia- Antes de cortar la transmisión añadió, a modo de arenga- La fe es mi escudo, el odio, mi espada. Recordad esto, hombres.

- ¡Somos tronianos, podemos con esto!- Corearon con entusiasmo el teniente Luggar y algunos de los soldados de la compañía.

La compañía blindada avanzó por las desiertas y destrozadas calles, acercándose cada vez más a un combate que estaba tomando lugar cerca de su posición actual. Tranto calculaba que los hombres del capitán Vinne y las otras tropas con las que habían ido estarían a unos cien metros, quizá menos, a través de los edificios que tenía a la izquierda. Caviló durante unos segundos la idea de ir a través de ellos, y encendió el micrófono de los auriculares.

- Compañía, nueva ruta- Anunció- Steyr y Cöhen, avanzad a través de los edificios que tenemos a las nueve, el resto de la compañía irá detrás.

- Sí, señor- Respondieron los dos oficiales al unísono.

Los dos Leman Russ avanzaron con las palas de bulldozer frente a ellos, derribando los edificios y abriendo un camino a través de ellos, por el cual empezó a avanzar el resto de la compañía, acercándose cada vez más al combate. Los bloques de pisos y las casas se desmonoraron y colapsaron sobre sí mismos a medida que los Leman Russ destrozaban las plantas bajas y las columnas de soporte. Los dos blindados y los que iban inmediatamente detrás quedaron llenos de polvo de rococemento, trozos de ladrillo y cristales rotos.

Tranto se asomó por la escotilla de observación de su tanque de mando y agarró el estandarte del regimiento, que estaba sujeto a la parte trasera de la torreta con unas abrazaderas de acero. Lo alzó para que toda la compañía pudiera verlo y con la otra mano se agarró a la barandila metálica de la escotilla. A su lado, en la escotilla del artillero, el cabo Qhong observó a su comandante, imponente, alzar el estandarte y lanzar arengas y oraciones con voz autoritaria y poderosa. 

- ¡Sin tregua, guerreros de Tronia!- Exclamó, inflamando el ánimo de sus hombres- ¡Por el Dios Emperador de la Humanidad, por el Imperio, y por Namether!

- ¡Por el Emperador!- Gritaron sus hombres mientras la punta de lanza atravesaba los últimos edificios.

Los dos Leman Russ de Steyr y Cöhen lanzaron trozos de columnas y paredes con sus palas de bulldozer, y no frenaron al darse cuenta de que estaban en medio de las líneas enemigas. Docenas de soldados seccesionistas y guerreros kroot corrían y luchaban en la calle, manteniendo un furioso intercambio de disparos con las tropas imperiales. Bajo las orugas de los dos carros de combate quedaron aplastados varios enemigos, y el recuento de bajas aumentó cuando abrieron fuego.

Los bólteres pesados segaron a los sorprendidos soldados, que no pudieron hacer más que correr en busca de cobertura mientras los proyectiles los aniquilaban y las moles blindadas los destrozaban bajo su peso. Y entonces llegó el resto de la compañía.

Con Luggar a la cabeza, la infantería avanzó junto al Macharius de mando de Tranto y los otros blindados, que irrumpieron en la gigantesca calle como una avalancha de acero. Desde la escotilla de observación, el coronel levantaba bien alto su estandarte y seguía arengando a sus hombres a través de los vocoemisores y los amplificadores repartidos por el casco del tanque.

Con una compañía blindada entre sus líneas, los seccesionistas se batieron en retirada, afectados por el factor sorpresa y la cantidad de blindados enemigos. Los tanques del Nuevo Namether formaron y devolvieron el fuego para apoyar a su infantería, y obligaron a Luggar a retirarse para no ser aniquilado junto a sus hombres. Ambas fuerzas blindadas intercambiaron obuses, descargas láser y misiles, pero la compañía de Tranto contaba con más efectivos y más potencia de fuego, y acabaron haciendo retroceder a los tanques seccesionistas a pesar de haber perdido dos de sus Leman Russ.

- ¡Formad una línea y obligadles a retroceder!- Ordenó Tranto mientras sus fuerzas inundaban la calle.

La compañía blindada se apresuró a cumplir sus órdenes, y los carros de combate avanzaron en línea, abarcando toda la calle con sus cascos y sus disparos. El tanque Macharius tipo Vulcan Aplastahordas se situó junto al vehículo de Tranto y lanzó una tormenta de disparos hacia las filas enemigas, que se retiraban apresuradamente.

Animados por la llegada de los refuerzos, las tropas imperiales que habían estado luchando en la calle apretaron el paso y se unieron a la infantería de la compañía del coronel en su avance implacable. Los tronianos empezaron a entonar un canto de guerra que prácticamente todos los guardias imperiales nametherianos conocían: La marcha del Santo. Vinne y sus hombres no tardaron en unírseles.

Una barrera de artillería sacudió todo el lugar, volando trozos de edifcios, creando cráteres en el suelo y alcanzando a algunos tanques, que quedaron destruidos o demasiado dañados para continuar. Los tanques pesados seccesionistas que estaban en la plaza, más adelante, se sacudieron cuando abrieron fuego de nuevo con sus cañones dobles. Otra andanada de obuses cayó sobre la calle, demoliendo edificios y estallando muy cerca de las filas imperiales, alcanzando incluso a algunos blindados.

Bajo La marcha del Santo y las arengas de Tranto y el comisario Arridae, la formación imperial abandonó la calle y entró con fuerza en la plaza, de un kilómetro de diámetro. Una docena de tanques medios seccesionistas defendían el lugar, junto a un escuadrón de tres carros de combate pesados y un centenar de tropas de infantería que habían levantado unas resistentes barricadas. Estos parapetos separaban además la plaza del colosal puente que unía la zona con el centro mismo de la ciudad. El sol del atardecer incidía sobre el agua, dándole reflejos anaranjados.

- ¡Mantened la formación!- Exclamó Tranto por los altavoces de su tanque de mando.

La compañía blindada se mantuvo en una fila larga e inquebrantable, que avanzaba bajo el intenso fuego enemigo mientras llovían cascotes al impactar los obuses enemigos en el suelo, cerca de los blindados imperiales. El Viejo orugas sangrientas estalló violentamente cuando un tanque seccesionista le acertó con uno de sus disparos en la cabina y logró superarla, calcinando a la tripulación. Otro Leman Russ de la compañía de Tranto quedó inmovilizado por un obús, y una andanada de artillería lo convirtió en un montón de chatarra humeante. La metralla resultante de los restos de su casco quedó clavada en los laterales del Damisela y el Asesino de monstruos


- ¿Tenemos miedo, nametherianos?- Bramó Tranto mientras elevaba bien alto el estandarte de su regimiento.

Un imponente ¡No! se elevó desde las filas imperiales, por encima de las explosiones y el tableteo de las ametralladoras. Ni siquiera la ruidosa marcha de los blindados logró sobreponerse a las voces de los guardias imperiales.

- ¡Pero la orina seccesionista se huele desde aquí!- Los altavoces lanzaron el insulto del coronel aún más alto que sus palabras anteriores.


El Aplastahordas frenó entre unos montones de escombros y barrió las barricadas con su megabólter Volcán. Los proyectiles arrancaron pedazos de rococemento y ladrillo, destrozaron placas de acero y agujerearon el capó de los vehículos civiles que los seccesionistas habían usado para reforzar la barricada. Acalló a la infantería que ocupaba la línea defensiva y destrozó las posiciones de armas pesadas bajo una lluvia de balas de bólter que lanzaban tremendos rugidos al estallar. El intercambio de obuses entre los tanques imperiales y seccesionistas había llenado la plaza de carcasas humeantes de blindados y cráteres humeantes. La infantería corría a través del suelo plagado de trozos de baldosas y restos de mobiliario urbano y se estableció entre los escombros y las ruinas para atacar a la línea defensiva y a los carros de combate enemigos que defendían el lugar. 

Los cañones de batalla del Macharius de mando de Tranto tronaron al unísono, y un tanque pesado secesionista estalló en una bola de fuego que consumió al carro de combate que tenía al lado: su depósito de combustible y sus municiones habían estallado. Los Leman Russ, encabezados por Tranto, acabaron con los blindados seccesionistas y bombardearon la línea defensiva hasta que eliminaron a sus defensores. Los que huyeron fueron perseguidos por la infantería y derribados a tiros. Entre los gritos de victoria de los soldados, Tranto dirigió su tanque hasta la barricada, y lo detuvo cuando estuvo sobre ella. Colocó el estandarte de nuevo tras la torreta y se subió a la parte superior del Macharius para que sus hombres, que lo vitoreaban, lo vieran bien.


Mientras ordenaba a la tripulación del carro de combate que encendiera los altavoces y los pusiera al máximo, las tropas de su propio regimiento, los hombres del coronel Salley y la fuerza combinada del pelotón del capitán Vinne y la compañía de la capitana-comisaria se reagrupaban y congregaban, llegando desde varios puntos de la periferia de la plaza. Escuadrones de artillería autopropulsada tipo Medusa empezaron a aparecer en las calles circundantes, y abrieron fuego hacia el centro de la ciudad. Las bocanadas de fuego y humo se elevaban sobre os derruídos edificios cada vez que disparaban un obús.

Tranto observó a sus fuerzas, que ocupaban la colosal plaza y parte de los alrededores. Asintió, orgulloso, y se llevó el micrófono a los labios.

+++++++++++++++++++++++++++++++++++ Observábamos atentos al coronel Tranto, subido sobre su Macharius, encima de la barricada, con el sol del atardecer de fondo. Estaba imponente, era la clara imagen de un líder, de un guerrero. Iskias me tiró entonces de la manga con cautela, distrayendo mi atención del coronel.

- ¿Qué es, cabo?

- La teniente ha llegado- Informó- Keff ha venido con ella.

Asentí y me abrí camino entre la muchedumbre, buscando los carros de combate de Asya con la mirada. Keff me encontró junto a su unidad justo en el mismo instante en el que veía a la teniente asomarse por la escotilla de su Leman Russ para mirar a Tranto. Una de las operarias de su equipo se asomó también.

- Capitán- Keff me saludó, desganado. Él y sus hombres parecían estar agotados- Cuánto tiempo.

- ¡Sargento!- Chocamos las manos- Creíamos que estaba muerto. Buen trabajo apoyando a la teniente.

- Oh, ha sido todo un placer- Sonrió él. El cigarro que mordía se inclinó hacia arriba con el gesto.

- ¿Sabe algo de Krell y su unidad?

- Negativo November, capitán.

Asentí, le di una palmada en el hombro y volvimos hasta donde había reagrupado al pelotón. A pesar de la intensa lucha y las heridas que habíamos sufrido, mantenían el espíritu combativo, y podía ver en sus caras que estaban impacientes por entrar de nuevo en combate. La mayoría se habían sentado sobre los escombros o en el mismo suelo para recuperar fuerzas con raciones energéticas y agua. Todos miraban a Tranto, que había empezado a hablar con voz autoritaria pero alentadora.

- ¡Soldados!- Empezó. Lanzamos vítores hasta que nos mandó tranquilizarnos con un gesto de su mano derecha- Hemos llegado hasta aquí a base de nuestro esfuerzo, nuestro sudor, nuestra sangre y nuestras lágrimas. Nuestros camaradas soldados no han muerto en vano llegando hasta aquí. Ahora ellos son los que están contra las cuerdas- Se volvió ligeramente, sin dejar de mirarnos, para señalar al centro de la ciudad- ¡Los tenemos contra las cuerdas, guardias imperiales, héroes de la Humanidad!

Toda la plaza estalló en vítores. Incluso las tripulaciones de los Medusa que se habían apostado en las inmediaciones coreaban el nombre de Tranto. El coronel elevó ambas manos a la altura del hombro, pidiendo silencio.

- Ahora mismo Cabar y sus hombres están en el puente de acceso Este, esperando mi orden para atacar junto a nosotros. Escuchadme bien, hombres, vamos a aplastar a los alienígenas y a los traidores bajo nuestras botas y orugas. Vamos a hacerles retroceder, a diezmarlos, a acabar con sus heréticas existencias- Tranto tuvo que acallar de nuevo los vítores- Premiaré personalmente a cada guardia imperial que capture a un mando enemigo. Los ejecutaremos en masa, y enviaremos la pictograbación a sus compañeros, como han hecho los malditos seccesionistas tantas veces. ¡Que prueben su propia medicina! ¡El Imperio no tolera a los herejes!

- ¡Así se habla!- Gritó Iskias.

Los aplausos, vítores y gritos se oían por encima de los disparos de los Medusa. Más salvas de artillería empezaron a sonar desde el Este. 

- Todos sabemos lo del Leviatán- Tranto hizo un gesto irónico al pronunciar la palabra- ¿Pero sabéis qué, hombres? ¡Somos la Guardia Imperial, la Gloriosa, el Escudo del Imperio! ¡Y por el sagrado Trono que hoy seremos también el instrumento de la ira del Dios Emperador!

- ¡Tranto general!- Aplaudió Keff, no sin cierto deje irónico en su voz- ¡No, qué digo yo, maldita sea! ¡Señor de la Guerra!

Con los ánimos encendidos, los pocos que aún no se habían levantado se pusieron en pie con las armas en alto, vitoreando al coronel troniano y lanzando gritos de guerra.

- ¡Los alienígenas se han equivocado de lugar, hombres!- Gritó Tranto mientras desenfundaba su sable de energía- ¡Devolvámosles al pozo de donde han salido!

Apuntó con el sable hacia el centro de la ciudad mientras los motores del Macharius de mando rugían y el carro de combate pasaba sobre la barricada para adentrarse en el puente de mármol flanqueado de estatuas. Todo el mundo fue tras él mientras los Medusa continuaban disparando y los oficiales reunían a sus hombres, algunos de los cuales se habían dejado llevar demasiado por el incendiario discurso del coronel. Arridae en persona caminaba entre las filas arengando a los soldados y entonando alabanzas con su potente voz. En la mano derecha sostenía un libro de oraciones, y en la otra un estandarte con un aquila. 

- ¡Vamos allá, muchachos!- Grité mientras hacía señas al pelotón.

Un último empujón. Un último empujón y la ciudad sería nuestra.

Capítulo nueveEditar

La carga fue estruendosa.

Con la punta de lanza formada por el Macharius de mando de Tranto, una docena de carros de combate Leman Russ y un escuadrón de tanques lanzallamas Hellhound, el avance imperial por el puente sur presentaba un aspecto feroz e imparable, y la visión de los algo más de dos mil guardias imperiales que iban tras los blindados, subidos en transportes o marchando a pie, era capaz de encoger el corazón de cualquier enemigo del Imperio.

Pero los seccesionistas no se habían dejado asustar. Ignoraba si sabían que estaban contra las cuerdas, pero no cedieron un sólo paso. Enfrente del puente sur había un bloqueo formado por líneas de defensa tipo Aegis, nidos de ametralladora y piezas de artillería antitanque, y aunque la punta de lanza, dirigida por Tranto, aplastó a los defensores con brutalidad y rapidez, los soldados del Nuevo Namether lucharon hasta que no les quedó más opción que escabullirse hasta la siguiente posición. 

Durante los siguientes diez minutos, la fuerza se dispersó por las calles, combatiendo contra los seccesionistas en varios puntos que habían usado para levantar bloqueos y posiciones defensivas, pero aquello no fue suficiente para siquiera ralentizarnos.

A pesar de haber sufrido algunas bajas, y del esfuerzo enemigo, avanzábamos inexorablemente calle a calle, plaza a plaza. Dividí en dos el pelotón para adaptarnos al combate por calles, y me aseguré de que manteníamos contacto por radio. No necesitaba perder más hombres por un simple descuido.

Convergimos con el coronel Cabar y sus hombres al poco tiempo. Ellos habían parecido haber sufrido más bajas, y muchos de los guardias imperiales bajo su mando tenían las armaduras dañadas o estaban heridos. No hubo tiempo para saludos, ya que llegamos a una colosal explanada que antes había estado llena de edificios. Ahora sólo quedaban ruinas y restos de vehículos civiles. Los rebeldes, los seccesionistas y algunas unidades xenos habían establecido una fuerte defensa ahí: búnkeres, líneas de defensa, posiciones de artillería y nidos de ametralladora. Además, parecían igualarnos en número, tanto en infantería como en blindados. 

Tranto no se lo pensó dos veces. Encabezó la carga, y toda la ciudad se sacudió con los gritos de guerra y el rugido de los motores de los vehículos de combate. Las detonaciones de artillería y los disparos no tardaron en aparecer.

En el aire, los combates aéreos habían disminuido mucho dado el desgaste que ambos bandos habían sufrido, pero aún quedaban algunos escuadrones de aeronaves en el aire, ya fuera evacuando a los heridos o plantando cara al enemigo. Varios escuadrones de Thunderbolts nos dieron fuego de apoyo, pero la artillería antiaérea enemiga les obligaba continuamente a retirarse. Bajo el fuego de ametralladora y los obuses que nos llovían desde las posiciones enemigas, llevé al pelotón a través de las ruinas que más cobertura podían proporcionarnos hacia un edifico que aún conservaba dos de sus plantas originales. En su interior, un escuadrón de armas pesadas rebelde tenía la zona dominada, y todo soldado imperial que se ponía al alcance de los bólteres pesados acababa muerto en pocos segundos. Confié en que las ruinas nos ocultaran de ellos. Una andanada de artillería sacudió los alrededores, haciendo saltar por los aires restos de edificios. Mientras instigaba mis hombres para que corrieran más, un escuadrón de armaduras de combate tau pasó volando sobre nuestras cabezas, lanzando misiles y rayos de plasma. Desvié la mirada de las máquinas y seguí avanzando por las ruinas con la pistola bólter preparada.

- Atención, pelotón- Dije por el canal de la unidad- Keff y sus hombres se vienen conmigo a asaltar el edificio, el resto estad preparados para continuar en cuanto lo hayamos limpiado.

Una serie de confirmaciones sonó por el auricular del microcomunicador mientras desenfudaba el sable de energía. Arridae estaba con el avance principal, portando uno de los estandartes y dirigiendo a las tropas. Lamenté que no se encontrase con nosotros en aquel momento. Keff apareció con sus hombres al poco tiempo, con la máscara de soldar calada y el rifle láser en ristre. Estaban tensos y miraban nerviosamente de un lado a otro. Hice un gesto con la cabeza y avanzamos agachados hacia el edificio, rezando para que no nos vieran. Sobre nuestras cabezas, los bólteres pesados seguían tableteando. 

Keff se adelantó y colocó una carga explosiva en la puerta, que había sido bloqueada con paneles de chapa soldada a las propias hojas de la puerta. Se alejó y nos hizo señas para que nos preparásemos. Abrimos la boca y bajamos la cabeza para evitar los efectos de la presión y Keff detonó el artefacto, que lanzó los restos de la puerta en todas direcciones. El dintel se desmoronó, en un pequeño montón de ladrillos. 

- ¡Adelante, por el Emperador!- Exclamé mientras cargaba hacia el interior del edificio. Dentro había una docena de soldados tronianos rebeldes, aturdidos por la explosión.

En la planta baja también había una gran cantidad de cajas de municiones y suministros varios. Incluso había una serie de lanzamisiles desechables Pillum sobre una mesa de campaña. Sin perder tiempo, levanté la pistola bólter y disparé al rebelde que más cerca estaba de mí. El proyectil le atravesó el chaleco antifrag y estalló en su caja torácica, destrozando al hombre. Otro disparo decapitó al rebelde que estaba a su lado, que retrocedió trastabillando y cayó sobre una de las mesas.

Entonces entraron Keff y sus hombres junto al resto de mi escuadra de mando. La andanada inicial derribó a cuatro enemigos e hirió a otros dos, pero los rebeldes reaccionaron y tomaron cobertura para devolver el fuego. Una granizada de balas se abatió sobre nosotros, que nos echamos cuerpo a tierra al no tener nada con qué cubrirnos. 

Una bala acertó a Iskias en el hombro, haciéndole gritar. Otro disparo le dio en la cadera a uno de los hombres de Keff, que cayó al suelo con un gruñido de dolor y disparó desde ahí su rifle láser. Los rayos de energía atravesaron las mesas y las astillaron. Entonces un trío de soldados rebeldes apareció por las escaleras y abrió fuego también. Uno de ellos quedó vaporizado por el rifle de plasma de Bandher antes de que lograran cubrirse. 

Le volé la cabeza a uno de los rebeldes cuando se asomó para disparar, y Tholl abatió a otro de un tiro limpio en la cabeza mientras bajaba por las escaleras. Los disparos de las escopetas hicieron retroceder a los tronianos rebeldes, que se habían quedado sin cobertura. 

- ¡Ahora o nunca, muchachos!- Me levanté con el sable de energía preparado y cargamos contra los herejes, que se volvieron para plantarnos cara.

Un culatazo en la mandíbula derribó a Tholl, que cayó bruscamente al suelo. Iskias derribó al agresor con una ráfaga a quemarropa y ayudó al cabo a levantarse mientras Keff se colocaba enfrente suyo para cubrirles. Con un tajo horizontal, partí en dos a uno de los rebeldes y después atravesé el pecho de un segundo con una estocada. Aparté de mí el cadáver y disparé a quemarropa con la pistola bólter, matando al instante a un rebelde e hiriendo de gravedad a otro, que sería rematado más tarde por uno de los hombres de Keff.




















                                                                                                                                

Galería de arte conceptual (por Adrinfernal)Editar