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Prólogo:Llegada a OctanusEditar

Oligar miraba a su alrededor, era una habitación bastante buena, telas, una cama cómoda, alimentos, era todo lo que un asesino como él podía desear entre misión y misión, pero eso poco le importaba, puesto que estaba terminando de calibrar un lanzador de dardos, que debería acoplar a las protecciones de su muñeca sin problemas una vez lo hubiese conseguido modificar, despues de todo, la misión que le encomendaron era especialmente dura, y sabía perfectamente que si no lo hacía como se esperaba, le esperaba un destino posiblemente peor que la muerte, por lo que terminó de preparar su arma, recitando en silencio las viejas canciones que sus padres le cantaban para que no llorara cuando las bandas mataban a alguien a tiros cerca de su casa.

En dos días tendría que estar preparado para matar a ese hombre tan temido por todo el mundo, en dos días tendría que estar matando a un inquisidor.

Capítulo Uno: Los barrios bajosEditar

Oligar caminaba por la calle, seguía a la figura de pelo largo y gabardina que tenía delante, tenía un aire de misterio y muerte a su alrededor, como Oligar había comprobado  en el día y medio que llevaba observando a aquel tipo, era su víctima, por lo que siguió y esperó, para ver como se metía en un antro de mala muerte, Oligar pensó en lo fácil que sería sacar su pistola láser arcanotecnológia y volarle la cabeza, pero en su lugar alzó la muñeca, con el dispositivo lanzadardos preparado, pero cuando estaba a punto de disparar, una mano femenina sujetó su muñeca y la bajó con elegancia mientras su otra mano estaba en su hombro, tras lo que siguió un súbito empujón hacia el callejón de su derecha.

-Hola guapetón.-Dijo una sensual voz a su oído, se giró levemente a ver quién le había puesto de espaldas a esa pared, era una mujer morena, alta, de unos ojos marrones  inmensos, que lo miraba pícaramente, pero también con desagrado, como todas las personas que habían estado cerca de él toda su vida.

-Lo siento, pero no quiero que me estorbes.-Dijo Oligar, que apartó la mano de la joven de su muñeca, para intentar irse, pero antes de poder conseguirlo, sintió a través de su armadura de combate el tacto del cañón de una pistola en su estómago.

-Qué atento cariño, pero creo que no deberías hacer lo que haces, sería malo para el Imperio perder a un hombre como tú por querer matar a un cabrón como mi jefe.-Dijo la mujer Oligar entonces reaccionó, recordando lo que le dijeron sobre las cohortes de guerreros y asesinos que los inquisidores poseían, entonces fue cuando, casi por única vez en cinco años, el mercenario sonrió:Había alguien tan peligrosa como él, y encima estaba buena.

Y el duelo comenzó cuando él se acercó a ella, casi besándola, para luego propinarle un cabezazo, que la hizo retroceder un par de pasos, aturdida y furiosa, pero antes de que alzara su pistola, tuvo que esquivar un puñetazo del puño derecho de Oligar, que  evitó elegantemente, agarrando el brazo del mercenario para lanzarlo al suelo, pero este tiró cun la fuerza suficiente para hacerla casi caer, y por lo tanto, soltar su arma, pero la pelea ya empezó.


La calle estaba llena de gente, de cientos, sino miles de personas, pero ninguna mostraba el mas mínimo interés en aquél callejón de mala muerte, incluso para lo que era la subcomena.

En aquel lugar tenían un duelo la asesina del inquisidor, de movimientos letalmente elegantes, que evitaba y devolvía los golpes de un eficazmente simple Oligar, que estaba empezando a molestarse de haber disfrutado tan siquiera de que esta pelea fuera algo para recordar, un puñerazo en el estómago de la mujer bastó para hacer que el combate parara, la pobre había formado una abertura muy clara, y el mercenario la ia iba a aprovechar a fondo.

-Lo lamento preciosa, pero es lo que hay.-Dijo, y disparó dos de sus flechas cuando retiraba su brazo del estómago de la mujer, pero ella, con un bloqueo, movió el brazo del hombre lo suficiente como para que no acertara ningún punto vital, provocando que un dardo se perdiera en las alturas y el otro empalara el antebrazo de la joven, que ahogó un chillido, Oligar aprovechó que se sujetaba el brazo para golpear su cara con un golpe seco y dejarla inconsciente, tras lo que se fue, sabiendo que si le hubiera dado la oportunidad de sacar los puñales que tenía, esa mujer lo hubiera matado.

Miró a la mujer, era preciosa, auque con la cara que tenía ahora predía mucho, sabía que había ganado porque no se esperaba a alguien bien entrenado, pero decidió no matarla, aún sabiendo que era un error, pero era la primera vez en mucho que se divirtió tanto durante una misión.


Se dirigió hacia el bar de mala muerte en el que entró su objetivo, para ver aa los que debían ser los jefes de una banda de contrabandistas y sus matones, los matones estaban muertos, disparos láser extraordinariamente finos y precisos, otros tenían cortes y puñaladas que no dejaban ni el mas mínimo desgarro, resultaba que el jefe de la asesina también era un hombre con el que podría disfrutar de una pelea, buscó entre los cadáveres y los restos de mesas y sillas hasta encontrar a un hombre vestido inesperadamente bien para el estrato en el que se encontraba, debía ser el jefe de esta escoria.

Estaba herido, con un puñal finamente diseñado para el combate clavado en su mano, fijándola a una mesa, el hombre tenía una aparentemente permanente mueca de dolor, y miró con cara suplicante y de desagrado a Oligar, siempre de desagrado, eso era algo que lo había atormentado desde que nació, sus padres, aún queriéndolo como lo querían, siempre mostraban la misma mirada que este hombre, aunque teñida de amor y no de súplica.

-¡Ayúdame y te daré lo que quieras!-Dijo casi gritando, para intentar que su oferta pareciera mas atractiva.

-Quiero que me digas todo lo que el hombre que entró aquí te preguntó y lo que le respondiste. Ahora.-Dijo Oligar, que miraba con sus siniesttros ojos verdes a los del hombre, que pasaron de suplicantes a atemorizados.

-M preguntó cosas sobre mi red de contrabando, incluida una vez en la que tuvimos que llevar a unos del Mechánicus y sus cosas a los laboratorios privados del palacio del gobernador, no tengo ni puta idea de cómo lo averiguó, pero le acabé soltando todo, despúes de todo el había matado a todos mis hombres.-Dijo, Oligar vio en su mente que lo mas probable es que su objetivo fuera a ir al palacio del gobernador para corroborar lo que esta escoria le dijo.

-Gracias por su información.-Dijo Oligar, que arrancó rapida y fuertemente el puñal de la mano del hombre, para arrancárselo, tras lo que se alejó hacia la puerta, viendo al lastimoso hombre con el que acababa de hablar, tras lo que arrojó el puñal del inquisidor hacia él, perforando su pecho y su pulmón, ahora no podría hablar con nadie hacerca de él.

Oligar salió como si nada hubiera pasado, tra lo que caminó, como muchos otros muertos de hambre, hasta la muralla del estrato superior, tanía que llegar a su transporte y equipar el resto de su armadura, sabiendo que el siguiente trabajo sería mas dificil.

Cpítulo Dos: La traición del gobernadorEditar

Oligar se arrodilló ante el gobernator Liktus, era un hombre horondo y asqueroso, vestido con ropas sublimemente lujosas que habían que sus pastosas y algo repulsivas facciones, le costaba imaginar como coño había obtenido su cargo, lo mas seguro es que fuera de los que funda catedrales al Dios-Emperador para que lo bendiga, y cuando terminaron la que él pagó, la cosa le salió bien.

-Ha fracasado en lo que ustéd calificó como un intento sin posibilidad de error.-Dijo con una inquisitiva y algo desafinada voz.

-Hubo un imprevisto, resulta que la escolta del inqui...del objetivo estaba más cualificada de lo que se esperaba, por lo que, una vez la incapacité, el objetivo había obtenido lo que buscaba, frustrando mi intento.-Informó Oligar, avergonzado por haber fallado en su misión.

-Entiendo el imprevisto, pero recuerde que esto me ha resultado especialmente molesto y dañino politicamente, en tres días, ese hombre ha puesto a casi todos mis poveedores y aliados políticos en mi contra, por lo que mas vale que acabe con él, porque estoy, sinceramente, dudando de su valía y capacidades para solventar este asunto.-Dijo, terminando con unas palabras que mataban el conocido orgullo de cualquier Hoja de Rox que se precie de serlo.

-Descuide, tengo entendido que viene de camino con un par de escuadras de esas......tropas de asalto, si consigue distraerlas, podría atacar y acabar con él.-Dijo, su voz sonaba algo amortiguada debido a su casco y al echo de estar reprimiendo sus ganas de acrivar las arcanotecnológicas cuchillas ocultas en las protecciones del dorso de sus manos y decapitar a ese hijo de orko.

-Está bien, asesino, desplegaré a parte de mis tropas, mas que suficientes para mantener ocupados a sus soldados y eliminarlos, pero espero que para entonces su inquisidor esté muerto.-Dijo con un tono autoritario y desconfiado, como esperando el momento perfecto para dispararle por la espalda, y eso no le gustaba.



El mercenario estaba en una cornisa, mirando la inmensa sala principal del palacio, con cosas lujosas y caliosísimas en cada lugar al que dirigía su vista, entre el mar de columnas, despejado en algunos lugares, estaban ocultas las casi cinco escuadras de soldados de la guardia gubernamental, además de la que estaba de señuelo fuera del palacio, que estaba armada con rifles láser.

-Y la cosa comienza......ahora.-Dijo,cuando el sonido del breve tiroteo terminó, seguido de un pitido solo audible para los sensores sónicos de su casco, tras lo que, al quinto pitido la puerta de madera importada y tallada lujosamente estalló, dejando entrar a soldados de armadura de caparazón y máscaras, que esgrimían rifles inferno, se adentraron un poco en la sala, dejando entrar a una figura de negro con una armadura que podría ser de caparazón, pero que parecía diferente, eso no le importaba, apuntó su rifle de precisión, teniendo en la mira a uno de los sargentos, disparó y el proyectíl salió despedido, surcando el aire, hasta llegar al rostro del sargento, segando su vida en una pequeña nube de sangre, sesos y restos astillados de craneo.

Y la batalla comenzó:Los soldados del gobernados salierosn de sus escondites, unos cuantos colocaron un par de torretas de bolter pesado, el resto atacaron al grupo del inquisidor, todos se ocultaron tras las columnas, pero el inquisidor aprovechó para retirarse hacia una sala a la derecha de esta, Oligar saltó de cornisa en cornisa, siguiendo los movimientos de su objetivo, y esta vez sin una asesina preciosa para pararle.


Llegaron hasta una sala lujosa, en la que se admiraban las colecciones de arte y objetos del gobernador, Oligar bajó al suelo, activando los amortiguadores de sonido de su traje, para preparar su espada, que mantuvo en su mano derecha, mientras con la izquierda alzó su pistola láser, disparó una vez, acertando en la nuca del inquisidor, que se disolvió, entonces escuchó una pisada tras él, se giró, para tener que bloquear con su arma un puñal que su objetivo le arrojó.

-Perece que Damasia no se equivocaba, parece que tenemos a un profesional con nosotros.-Dijo, tenía una voz segura, que parecía atraer a todo el que la escuchaba a sentirse atraído hacia él, pero en su caso no fue así, alzó su mano derecha, en la que sostenía su espada, y en la que tenía su cañón de dardos, disparó, pero con ágiles movimientos casi inhumanos el inquisidor desenfundó su espada de  energía y evitó parte de los dardos, para cortar con su espada el resto y disparar con su guante de aspecto extraño a al asesino, cuya armadura bloqueó casi todo el daño.

-Tienes que estar orgulloso, esa mujer es una belleza, aunque le da por subestimar a los demás.

-Sí, y creo que tu encuentro en los barrios bajos con ella es un buen ejemplo.-Admitió el inquisidor, que desenfunró una pistola bolter, que disparó, fallando el tiro, que el mercenario respondió convarios disparos de una recién desenfundada pistola automática, inciando un tiroteo.


Los disparos del Mercenario a duras penas podían hacer nada, cuando acertaban en la armadura, si es que lo hacían entre los movimientos del inquisidor cuando se cubría y atacaba, solo conseguía que le dejaran un arañazo, cambió de cargador mientras veía a su izquierda como el disparo de un arma de plasma desgastaba una columna, justamente en la que se cubría.

Una queja y el sonido de algo chocando contra el suelo indicaron al mercenario que el arma de su víctima se había sobrecalentado demasiado para ser tan siquiera sostenida, entonces salió de su cobertura y disparó, esta vez con el sistema de apuntado automático de su casco activado, consiguiendo casi completar su misión, de no ser por la molesta espada de energía que portaba, entonces el enfrentamiento se volvió mas cercano, al enfrentar al inquisidor, que además de su espada de energía, parecía poseer un depósito de dagas y puñales en su gabardina y traje, y las cuchilas y espada arcanotecnológicas, creando un rápido intercambio de puñaladas, estocadas, cortes, bloqueos y contraataques. El mercenario admiraba la exótica forma de luchar de su contrincante, era extrañamente bella y pulida, como si no fuera de origen humano, en contraste a la instintiva forma de luchar de Oligar.

Pero ambos se detuvieron cuando un inmenso proyectil les obligó a separarse, viendo como al impactar este, hizo estallar parte de la pared, junto a lo que era un precioso cuadro del gobernador posando, y siendo retratado de forma que parecía un hombre normal y casi guapo.

-¿Pero que cojones.....?-Maldijo el inquisidor, al ver a unos extraños seres humanoides de metal anaranjado y caras cuadrangulares con un cítculo rojo central, eran tres, uno de ellos portaba dos espadas, el otro un cañón automático pesado y el otro dos rifles láser inferno junto a una inmensa mochila que los alimentaba.

-Parece que al final si eran de verdad.-Dijo el inquisidor, que se preparó para el combate, Oligar miró al inquisidor, que parecía haber perdido totalmente el interés por el mercenario, había determinado que ya no tendría que considerarlo un enemigo, por lo menos, no por el momento.

El guerrero mecánico del cañón automático comenzó a disparar sus proyectiles explosivos, causando detonaciones en la inmensa sala, que cayaron cuando tuvo que recargar, en ese momentoel inquisidor lanzó uno de los puñales que tenía hacia uno de los proyectiles explosivos que el ser mecánico intentaba introducir en el cargador del arma, de aspecto tosco y pesado, pero fue interceptada por el que manejaba las espadas.

Oligar casi no se lo creía, guerreros hechos completamente de metal que querían matarlos. Esto le pareció completamente irreal, hasta que tuvo que esquivar una ráfaga de fuego láser que lo tenía como objetivo, entonces reaccionó y analizó los hechos, dela misma forma que analizaba las variables de un envenenamiento o del asesinato de alguien en su lugar de trabajo o casa, llegando a una única verdad:Su contratista había enviado a esas......atrocidades para acabar con ambos, y de paso quitarse todas las molestias que esto le ocasionaba.

-¡Oye, el asesino!-Gritó el inquisidor entre los disparos y las detonaciones de su atacante.-¿Qué te parece si me ayudas a matar a estas cosas heréticas?-Dijo a continuación, Oligar aprovechó el momento para sacar de una funda oculta a su espalda una pistola láser arcanotecnológica, que disparó contra uno de los androides, el del cañón automático, abollando profusamente su hombro y provocando un leve chirrido cuando este lo movía, miró al que tendría que ser su provisional compañero, sonreía, disparando con los láseres de su guante, que, pese a no tener suficiente fuerza en solitario, cuando apuntaba y disparaba con la mano rígida, con los cuatro láseres apuntando en el mismo lugar, eran capaces de dañar bastante la armadura de esas cosas, y eso era bueno.

El asesino salió de su cobertura, evitando el fuego láser mientras se acercaba, intentando ver si su corazonada era correcta, y la confirmó cuando tuvo que bloquear con su espada las dos del tercer ser mecánico, que parecía restringido a proteger a los que disparaban, aprovechó la brve pausa para disparar con su pstola al estómago, o lo que sería el estómago, de la máquina, creando a los pocos disparos una hoquedad lo bastante grande como para meter el cañón del arma, cosa que estaba a punto de hacer cuando, con una patada en el estómago, el ser cibernético lo hizo retroceder, cisporroteando donde debería estar herido y con movimientos algo peores de los que aparentaba poder realizar, Oligar tuvo que enfrentarse ahora a las estocadas y cortes certeros de la máquina, que a duras penas podía contrarrestar, y los disparos láser que le cerraban las rutas de escape, hasta que cayó, entonces se preparó para bloquear un ataque de la máquina de las espadas, que nunca llegó, puesto que un disparo, proveniente de la pistola bolter del inquisidor, penetró en la cabeza de la máquina y estalló, acabando entre chisporroteos y un pequeño fuego con ella.

-Me tengo que conseguir una de esas.-Musitó casi sin emitir sonido el mercenario, que, al ver como el del cañón láser le apuntaba tomó el cuerpo inerte del ser mecánico que había muerto ante él sin por ello soltar sus armas y cargó, utilizando contra la máquina el cuerpo de la máquina caída como escudo, hasata que, a unos pocos centímetros de su contrincante, que disparaba casi inutilmente contra lo que fue su compañero, recibió el peso de su compañero, que Oligar arrojó gustoso.

El peso del autómata desactivado sobre el activado obligó a este último a soltar sus armas y caer al suelo.

Cuando estaba arrastrándose para recuperar sus armas, Oligar le pisó la espalda y, con un certero corte de su espada, decapitó a la máquina, para luego disparar varias veces contra la cabeza cercenada, para ver como la máquina restante sucumbía bajo el inquisidor, que, al contrario que el algo extenuado Oligar, parecía tonificado, como si no hubiera hecho nada que lo cansara.

Ambos se miraron, Oligar no sabía si continuar o no el duelo, aunque sería mas bien un asesinato dificil.

-Bueno, mercenario, ahora veo dos opciones:Puedes matarme ahora, mientras esperamos a que mis soldados terminen de matar a los del gobernador y te maten antes de que te vengues por su traíción, o puedes ayudarme a mí y mis subordinados a acabar con el gobernador, pudiendo vengarte por lo que te acaba de hacer y sin contar con los inconvenientes que tenerme como enemigo te proporcionaría.-Dijo, con su atrayente tono, y Oligar, guiado por su lógica y forma de hablar, aceptó.

Capítulo Tres:Sometiéndose a juicioEditar

Oligar esta viendo al gobernador, hace unos momentos le ordenaba que matara al inquisidor que lo acompañaba, pero pasó rapidamente a suplicar, el mercenario disfrutó del momento lo máximo que pudo hasta que le disparó en la cara.

-Bueno, supongo que ahora me matarás.-Dijo Oligar, sabiendo que el inquisidor estaba apuntándolo con su pistola bolter, al igual que los dos soldados de asalto que los acompañaron.

-Claro, pero el cómo mueras dependerá unicamente de tí:Puedes elegir si dejar que te mate ahora, luchar, y tener así una posibilidad de sobrevivir, pero teniendo una vida mucho peor que la que debes llevar al ser perseguido por vete a saber qué grupos imperiales.......o puedes servirme, y vivier una vida peligrosa en la que acabarás muriendo como un héroe para el Imperio.-Dijo, Oligar miró al inquisidor  a los ojos a través de su casco, sabía que se sentía incómodo por el hecho de que compartieran sala, pero sus ojos no reflejaban desprecio o incomodidad como los del resto de personas, eran unos ojos extraños.

Oligar se arrodilló sin decir palabra, el inquisidor sonrió, sabiendo que ese sería su primer momento como amo de Oligar el mercenario.