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Prólogo: Un trabajo cotidianoEditar

Hace años que veía esas calles, y no había podido acostumbrarse al sufrimiento que se respiraba, miró a alguien, quizá un mendigo o algún drogadicto, nunca se molestó en hablar con él, su cara miserable era un reflejo de todo el estrato de la megaciudad de Magrius, la capital del mundo que había llamado hogar desde que llegó hace ya varios años, le tiró un crédito al plato medio oxidado como tenía costumbre, tras lo que se metió en el edificio en el que residía.


-Hola Radox.-Le saludó su vecino, uno de los pocos que todavía residían en aquel edificio a punto de colapsar por el peso de los años.-¿Sabes si vienen los cobradores hoy?

-Tranquilo, parece que vienen la semana que viene, esta vez tendrás suerte.-Contestó con la cortesía que tenía acostumbrada.


-No lo creo, en la factoría no quieren a los que no podemos caminar bien, dicen que retrasamos la producción.-Dijo con una cara sonriente que ocultaba su miseria, Radox se despidió con un comentario amistoso y subió las escaleras.

Llegó a su apartamento, tras lo que, mirando que ningún cabrón se hubiera colado, mecanicamente se dirigió a su habitación y ,sentándose en su corroído colchón, sacó de debajo una caja de madera, que abrió, dejando ver un aparato, que activó. Tras unos momentos el aparato se iluminó, dejando ver la pequeña figura holográfica de su compañero, un hombre vestido con ropajes suntuosos, pero de aspecto desharrapado, su cara, marcada con cicatrices profundas de algún tipo de quemadura, parecía complacida. -Saludos....Inquisidor.-Dijo con un tono servicial, sonriendo hacia sus adentros mientras lo hacía.


-Hola, precisamente estoy a punto de comentar con el comandante Thaddeus nuestro siguiente movimiento.-Dijo.-Y parece que traes noticias.-Comentó a continuación, que era justo lo que pensaba, pero era algo natural, puesto que el hombre con el que Radox estaba conversando era  un psíquico, un telépata concretamente, pero no estaba seguro de como le había comenzado a leer la mente a través de ese extraño aparato.


-Si, he conseguido ver una de las posibles localizaciones de esa secta adoradora de xenos.-Dijo con un tono seguro.-Ya hablé con Damasia, ha conseguido engatusar a uno de los adoradores que pillé, y al parecer la va a guiar a su santuario para que presencie un rito.-Dijo seriamente mientras se sacaba un pequeño cuaderno de notas, listo para repasar los datos que su compañera le había contado.

-Según ese hereje se reúnen en un viejo santuario imperial, también describe a su líder como un ser inmenso y superior, lo cual limita las opciones conocidas, y espero que sea de las conocidas, por lo menos estamos acostumbrados a las atrocidades que hacen.-Dijo con un tono algo preocupado.


-Si, por lo que percibo, pareces preocupado, pero no te apures, el nuevo plan se pondrá en marcha a la hora prevista y acabaremos con ellos antes de que esto sobrepase nuestra capacidad de respuesta.-Dijo, cortando la comunicación holográfica. Radox se permitió el lujo de sonreír, esta noche podrían conseguir acabar con esto de una vez, y así de confiado se fue, venir a transmitir información se le había vuelto muy pesado, pero por fin podría hacer algo de verdad, algo útil para el Imperio.

Esta parte de la mega ciudad planetaria era un infierno de desgracia y delincuencia de día, de noche era lo mismo, solo que la luz solar era sustituida por la eléctrica.


-Oye guapo,¿quieres pasar un buen rato?Solo son treinta créditos.-Le dijo una prostituta al hombre, que se alejaba mientras la mujer, viendo que no obtendría nada, cambiaba su tono incitante para insultarle con palabras que Radox no había escuchado en mucho tiempo, se detuvo en una esquina al ver pasar a un grupo de personas, entre las que veía a unas pocas mujeres, Damasia entre ellas, cruzaron miradas durante una fracción de segundo, entonces, cuando ya casi veinte metros separaban al hombre del grupo, este los siguió, llegando a un edificio de aspecto viejo y dañado, varia y enormes grietas se veían en su barroca fachada.


-Vaya, pensaba que estos tipos eran idiotas con algo de sentido común, pero ir en grupos de quince....-Dijo en voz baja para sí mientras  se acercaba a una de las ventanas de la planta baja, estaban rotas y tapadas malamente con tablones viejos y otros objetos mal colocados. Miró a través de un pequeño hueco, viendo como un hombre, lo mas seguro que el último del grupo, se ponía una túnica blanca con extraños y profanos símbolos carmesíes, tras lo que se metió en una puerta, iluminada con una antorcha. Abrió la puerta y miró la mal iluminada casa, parecía vacía, entonces caminó hacia la entrada de aquel lugar desconocido al que esos adoradores se fueron, parando al ver colgadas varias túnicas en un perchero, de las cuales tomó una y se la puso, para ser sorprendido por unos pasos  su espalda, se maldijo mil veces por no haber revisado aunque fuera durante un momento la zona.


-Oye,¿Qué haces aquí?-Dijo a su espalda, Radox se giró, viendo a un tipo con una túnica similar a la que acababa de tomar, tenía una cara arrugada, remarcada por sus amplias orejas.


-Acabo de llegar, hace poco que fui aceptado.-Contestó, viendo como la expresión del hombre, que sostenía un rifle láser se volvía amistosa ante la mentira que acababa de darle.


-Pues ve bajando hasta llegar al santuario, hoy vamos a purificar las ofrendas y a ofrecérlas en sacrificio, es algo que tienes que ver.-Dijo con un tono amistoso, cosa que Radox contestó amistosamente, utilizando su mejor talento para ello:La mentira.

Bajó por las escaleras aparentemente interminables hasta llegar a una sala que a duras penas parecía capaz de soportarse, estaba ampliamente decorada, tenía una forma semicircular, formando una ruinosa imitación a un teatro al aire libre, en el cual había decenas de personas con túnicas sentadas en los asientos rezando con musicalidad versos ininteligibles e inconexos, en lo que a ojos de Radox parecía el escenario del teatro había varias mujeres, ahora sabía lo que significaba lo que antes le dijo ese guardia idiota.


Los cantos cesaron en cuanto apareció en el escenario un hombre de túnica carmesí con los símbolos en blanco, llevaba varias joyas y filigranas doradas , tenía un rostro solemne y de aspecto sabio, debía ser el líder.


-Hermanos y hermanas, el grandioso Superior me ha hablado, dice que tras este sacrificio que saciará su hambre nos revelaremos al mundo y podremos dar a conocer su grandiosidad a todo este mundo.-Dijo con un tono solemne y carismático, que inspiró una oleada de vítores entre los cultistas.

Radox se ocultó en un saliente que había en el irregular terreno subterraneo, por un momento se preguntó su origen;¿Sería algun tipo de subciudad, la habrían construido estos cultistas a lo largo de mucho tiempo, o era cosa de alguna civilización pre imperial?No tenía forma de saberlo, solo sabía una cosa ahora que por fín se había conseguido infiltrar, que debía esperar y vigilar para saber que sucedía.

El rito siguió despojando a las pobres víctimas de sus ropas para lavarlas con un agua lodosa mientras se recitaba un cántico extraño, para terminar, una plataforma hexagonal se abrió en el centro del presunto escenario, de la que se escuchaba un sonido inhumano, desconocido y salvaje, seguido de un eco chirriante que innundó la mente del mal ocultado Radox, solo sintió una vez eso y fue cuando Seth, el Interrogador, como le llamaban todos gracias a sus habilidades psíquicas, telepáticas concretamente, por lo que supuso que lo que fuera que había allí abajo tenía capacidades similares.


-El Grandioso Supremo nos está pidiendo que lo alimentemos.-Dijo el lider del grupo de adoradores, tras lo que cogieron a un hombre y a una mujer del grupo de futuras víctimas, que fueron arrojados por dos adoradores armados con rifles láser entre gritos, seguidos de otros mientras seguían arrojando, miró en busca de su compañera, que para su alivio no estaba entre los desgraciados que estaban siendo arrojados hacia esa misteriosa criatura, sino junto a otras personas de aspecto ansioso, seguro que estaba junto a aspirantes de verdad.


Quedaba un pobre diablo que iba a ser lanzado hacia su muerte cuando escuchó lo que era la señal para actuar de Damasia, viniendo en forma de los disparos de los pocos cultistas que habían en la entrada mientras eran abatidos por las tropas de las FDP y el escuadrón de soldados de asalto inquisitoriales que iban junto a sus compañeros para acabar con esto, mientras varios guardias comenzaban a repartir rifles láser y automáticos, además de cuchillos y todo tipo de armas entre los monjes, Damasia se apartó hacia una zona semioculta mientras le partía de forma bella y exquisita el cuello a uno de esos adoradores armados, quitándole su arma y ocultándose tras los restos de una columna gruesa.


-¡En nombre del Imperio seréis purgados!-Dijo la característica voz de su viejo compañero mientras aparecía tras un grupo de soldados, posiblemente FDPs, armados con rifles láser, que se ocultaban donde podía mientras disparaban y esquivaban los disparos de las armas de los cultistas, hiriendo a parte de los primeros soldados que aparecían, vió a su compañero con su característca cara quemada tras una cobertura  formada por la parte mas alta de los que eran los asientos, disparando con su pistola bolter. Un fogonazo voló sobre su cabeza, Radox aprovechó el momento para escabullirse entre coberturas formadas por pequeños derrumbes que estaban comenzando a producirse por la explosión de algunas granadas de fragmentación que ya comenzaban a volar.


-Mierda,¿es que no saben que estamos bajo tierra?-Dijo para sí Radox, que esquivó una ráfaga láser por parte de un soldado antes de que fuera abatido por una mujer vestida con una túnica ya manchada de rojo, mientras lo apuñalaba en el cuello con un viejo cuchillo. Se quitó apresuradamente la túnica, tras lo que, ocultándose bajo unos pocos escombros, sacó de los bolsillos interiores de su chaqueta su cuchillo y su pistola bolter, saliendo de su cobertura para apuñalar en el pecho a un enemigo, que intentaba matarle con una oxidada bayoneta anclada a su rifle automático.

Corrió mientras miraba la batalla que lideraba su compañero.

De la inmensa sala en la que todo estaba sucediendo, ellos tenían mas de la mitad bajo su control, disparando hacia los cultistas que quedaban, que se acercaban como si no pensaran por sí mismos hacia el foso, intentando defenderlo, su líder estaba tras una cobertura, esperando algo.

Radox  avanzó, ya casi estaba en en el foso, disparó a tres adoradores que cayeron al momento, se giró en cuanto escuchó un ruido, apuñalando en un costado a otro mas, para posteriormente dispararle en la cara. Siguió avanzando con decisión.Disparó contra un par mas de enemigos antes de quedarse sin proyectiles, sorprendiéndose de que hubiera matado a tantos en una sala cerrada, normalmente su pistola bolter potenciada tenía medio cargador tras un encuentro, pero dejó de pensar en ello para apuntar hacia el último cultista armado, dándose cuenta de que algunos se estaban rindiendo, para lanzarle su cuchillo hacia el pecho, provocando que cayera en el foso que intentaba proteger, los guardias y su compañero se relajaron, buscó a Damasia, la había visto hacía uno o dos minutos cuando disparó contra tres enemigos que estaban desprevenidos.

La encontró sentada en un asiento, parecía haber sufrido un corte algo profundo en la pierna, parecía doloroso.


-Vaya, podías haber llegado antes.-Dijo Radox con un tono optimista mientras se acercaba a u compañero, que estaba junto a dos guardias que actuaban de escolta.-Pero creo haberte dicho que fueras junto a una escuadra de soldados de asalto, y aquí solo veo miembros de las FDPs.-Dijo a continuación, mirando a los soldados de uniformes grisaceos, eran buenos soldados, posiblemente fueran lo mejor que este mundo puede ofrecer, y eso le ayudaba, porque lo hicieron bastante bien.


-Los traje, pero cuando limpiamos el edificio y comenzamos a entrar, esperando que llegaran a tiempo, nos atacaron.-Dijo el hombre de cara quemada, explicando  la situación.-Al parecer toda la población de los tres bloques cercanos estaba bajo algún tipo de influjo, se volvieron sumamente agresivos y nos atacaron con todo lo que tenían, los guardias que dejé aguantaron hasta que llegaron los soldados de asalto, están montando guardia.-Explicó mientras sacaba de su capote, similar al que portaban los comisarios, una pistola de plasma, que entregó a Radox.


-Gracias, a veces esas habilidades tuyas no son tan inquietantes.-Comentó mientras miraba el arma que le habían dado, guardando su pistola bolter tras cambiarle el cargador.


-Eso ya lo sé, pero creo que lo inquietante para tí viene ahora.-Dijo mientras comenzaba esbozar una sonrisa, Radox nunca se había acostumbrado a verlo sonreír con la cara que se le había quedado tras esa misión en aquella factoría química,y esa vez no era diferente.

-Vaya mierda, la próxima vez le pido que vengan soldados conmigo.-Dijo Radox, que bajaba por  el foso atado a una cuerda que parecía a punto de partirse, miraba a su alrededo, viendo una caverna iluminada malamente por algún tipo de hongo fluorescente y por su pistola de plasma.

Aterrizó sobre una masa algo pegajosa, miró abajo, donde la iluminación ambiental tan extraña del sitio apenas era notable, se agachó, parecía que la masa que tocaba era algún tipo de restos orgánicos, movió su pistola de plasma, con la luz azulada que iba con ella, viendo lo que sospechaba desde que la peste de este lugar golpeó su nariz:

Cadáveres, cadáveres humanos a medio consumir, parecían haber perdido los huesos y parte de su grasa, dejando un montón de carne que se estaba comenzando a descomponer, se asqueó ante lo que vio, para luego girarse cuando le pareció escuchar un ruido, encontrándose cara a cara con algo que no había visto nunca.

Era una masa deforme de carne verdosa, parecía mas una planta que un animal, puesto que parecía tener raíces en la roca, tenía unos tentáculos acabados en una especie de cuchillas de hueso de color anaranjado, culminado por una especie de boca, tendría que verlo cuando estuviera muerta, alzó su arma y miró a la cosa, a falta de un término mejor, para sentir un dolor impresionante, se estaba metiendo en su mente otra vez, sus defensas mentales eran fuertes, puede que por eso la vez anterior no sintiera lo que sentía ahora, pero esta vez su mente casi quedó expuesta, tras eso disparó, hiriendo a la criatura con una quemadura incandescente., entonces el dolor se agudizó y cayó a a viscosa masa de restos descompuestos.....

-Hola.-Dijo Radox, viéndose en una habitación vacía frente a lo que parecía una mezcla entre un orko, un genestealer y un eldar, formada como si fuera un puzle del horror.-Eres lo que había hace un momento frente a mí,¿me equivoco?-Dijo con un tono algo arrogante, ahora que podía ser el mismo y plantarle cara a esa cosa.


-Parece que no eres tan idiota como el resto de seres que he devorado.-Dijo mientras daba vueltas alrededor de Radox

-¿Qué eres,criatura?-Preguntó mientras le seguía la mirada a esa cosa que tanto le inquietaba, temiendo que si perdía la concentración un momento moriría.


-Soy algo que lleva aquí desde antes de que tu y los tuyos llegaran a mi mundo y masacraran a los seres de los que me alimento, por lo que creí correcto alimentarme de vosotros.-Dijo mientras se acercaba lentamente, dando vueltas y vueltas.


-Lo que será apropiado es tu eliminación, xenos, y creo que lo sabes.-Contestó Radox, sabiendo que si no se mantenía firme estaría con el Emperador. 

-Lo que consideres apropiado no me importa, humano, perecerás como todos los demás, de hecho solo tengo que debilitar tu mente, por lo que solo tengo que esperar unos minutos para conseguir comenzar a alimentarme.-Dijo la cosa, jactándose de la situación.

Radox comenzaba a sentirse débil, esa cosa lo distraía para que no despertara, caminó durante un tiempo, sentía como sus defensas mentales comenzaban a caer, hasta que vio a lo lejos lo que e parecía una puerta a la que se dirigió a toda prisa, cuando un grupo de orkos armados con cuchillas o rebanadoraz, como las llamaban, le cortaron el paso.

-Parece que tu corruptora influencia ha llegado hasta mis recuerdos, y si lo hubieras hecho bien podrías haber elegido a esa comando eldar que....bueno, deduzco que tarde o temprano me matarás, tal y como decías antes, así que lo dejaré así.-Dijo mientras desenfundaba su pistola  de plasma, disparando contra uno de los orkos, matándolo, inmediatamente despues los otros cuatro atacaron, aunque para poder acometer con sus armas de filo solo llegaron dos, puesto que los disparos de Radox eran demasiado certeros, esquivó un corte, para sacar un puñal de su chaqueta y apuñaló en el ojo al orko, haciéndole retroceder, aprovechando el momento para lanzarse hacia atrás y esquivar el ataque del otro.


-Ríndete, ahora mismo ya he comenzado a drenar nutrientes de tu cuerpo, solo relájate y encomiéndate a tu Emperador.-Dijo el ser ahora sin cuerpo mientras Radox mataba al último de los dos orkos, sacando de su cabeza el cuchillo que antes había hundido en ella, aunque sabía que no lo necesitaría.


Abrió la puerta simple de madera y despertó, encontrando un entorno que hacía deseable el sueño.


Radox estaba tumbado, con una especie de cuchilla de hueso de uno de los tentáculos clavada en su brazo izquierdo, en el que llevaba su cuchillo, que no podría volver a empuñar, de una parte hueca de esa garra o cuchilla, Radox no sabía como denominarlo, había una especia de músculo del que salían tentáculos finos como cables que estaban clavados como agujas a lo largo de su brazo, intentó levantarse, consiguiendo quedarse de rodillas, el mundo le parecía diferente, aunque ese lugar tan putrefacto ya le parecía otro mundo, miró hacia su pistola de plasma, la alzó como pudo mientras sentía una sensación de debilidad que se apoderaba de él rapidamente.


-Definitivamente debiste haber elegido a esa comando eldar capullo.-Dijo mientras sonreía lo mejor que podía, descargando su incandescente arma contra la criatura, que comenzó a morir, emitiendo un eco psíquico que casi hace desmallarse a Radox nuevamente, cosa que hizo tras pegarle dos tiros de gracia con su pistola de plasma antes de que se sobrecalentara y tuviera que soltarla.


-Inquisidor,¿me escucha?-Dijo la voz del tecnosacerdote Ullan Cram, que miraba a su paciente mientras se levantaba.


-Alto y claro Ullan, alto y claro.-Dijo mientras se levantaba, miró su cuerpo, se notaba muy bien, tal vez fuera por el tratamiento al que su compañero le había sometido, o tal vez a que porfían había descansado en una cama decente, no le importaba demasiado en ese momento, cambió su actitud momentaneamente relajada en la neurótica y pseudohumorística que tenía acostumbrado.

-¿Qué han hecho con el ente xeno?


-De los restos que habían en esa cámara rescatamos lo posible, nos desharemos de los restos cuando terminemos los estudios.-Informó obedientemente.


-Me alegro de ello, esa cosa tenía facultades psíquicas muy potentes, puede que tenga que tomar medidas para ello.-Dijo mientras se acercaba a la salida de la enfermería, para encontrarse con el Interrogador.


-Espero que te encuentres bien.-Dijo mientras se acercaba a su compañero, para acompañarlo a su camarote.

Llegaron a un camarote con una puerta de aspecto mas adornado  robusto que las que vieron  al llegar, también parecía tener una especie de placa táctil en lo que parecía un cerrojo, el inquisidor puso su mano en ella, y la pantalla brilló ante el electrotatuaje subdérmico  tenía en la palma de su mano, la puerta se abrió y entró, dejando al Interrogador en la puerta, para que, una vez cerrada, se marchara.

Radox se miró al espejo ornamentado que tenía ante él, mirando el aspecto casi lamentable del traje de matón de poca monta que había estado llevando durante tanto tiempo, sabía que en cualquier momento el Furia Dorada, la nave negra en laque hace tanto tiempo había estado viviendo, saltaría hacia algún planeta mas tranquilo donde realizar las reparaciones y el abastecimiento necesarios mientras los arbitres y los FDPs se encargaban de acabar con esos sicarios psíquicos que la criatura programó para atacar antes de morir, la paz en el Imperio tal y como se debe mantener, dejando un cadáver tras otro hasta conseguir sepultar un millón de colmenas. Y así, el inquisidor Radox Aradian dejó el sistema, contento por el deber cumplido, y temeroso de lo que pasaría en su próximo destino.

Informe Uno: La Guerra del Sector AnratEditar

Radox caminaba en una sala lujosa, su larga chaqueta de cuero, tanto como la que llevaban los afamados y temidos comisarios, antaño de color negro con complejos grabados de oro y plata flexibles, bajo el que llevaba un peto, tendría que haber cogido su peto antifrag con revestimiento de cetramita y sus protecciones ornamentadas para dar una imagen de guerrero y así poder tener la apariencia intimidante que debería tener, pero si llevara todo eso no podía permitírselo, después de todo este era un sistema muy alejado del resto del Imperio, y aunque las escuadras de soldados de asalto que había en su nave y las fuerzas que lo acompañaban podían crear una pequeña guerra por si mismas, no serían suficientes, por lo menos si lo que temía se hacía realidad, cosa que comprobó al mirar la decoración, no estaba acostumbrado a esos objetos fuera de unas instalaciones de estudio del Ordo, era tecnología eldar, había trofeos de todo tipo en la sala, y eso era inquietante.

-Saludos, oh, grandioso inquisidor.-Dijo el orondo hombre de lujosas ropas que entraba con un séquito de nobles y comerciantes lameculos, además de una escolta de soldados armados con rifles láser Inferno, por un momento Radox se preguntó de donde los habían sacado, dado lo sumamente dificil que era verlos fuera de las escuadras a las que les eran distribuídos

.-Bienvenido a Choltia, soy Robert Ackhum, el gobernador.-Dijo, estrechando su mano con la de Radox, que miró con su cara de diplomático que canto había estado usando durante reuniones como esas.

-Saludos gobernador, me gustaría conocer lo que sucede.-Dijo mientras dejaba al gobernador para adentrarse en el pasillo del que vino, como imaginaba, había trozos de armaduras y armas eldar en vitrinas a ambos lados, se giró hacia el gobernador con mirada inquisitiva.

-¿Sucede algo?-Preguntó.

Tonterías dichas por un hombre que sabe la respuesta. Miró al inquisidor, que parecía haber examinado las piezas con una mirada rápida.

-Tienes una inmensa colección de artefactos xenos.-Dijo mientras volvía a la sala de recepción del hangar privado del gobernador.-Y curiosamente todos pertenecen a los seres conocidos como eldar....¿Puedes explicar esto sin que te declare hereje aquí y ahora?-Preguntó, el gobernador tragó saliva, lo tenía donde quería.

-Verá, hace años encontramos indicios de actividad extraña en una de nuestras lunas, cerca de la única catedral del satélite y, como es natural, envié a mis tropas para ver que sucedía, cuando volvieron trajeron todo esto como botín de guerra, al parecer los eldar estaban en la luna y querían hacer algo allí, aunque no sabemos el qué.-Explicó el gobernador detalladamente, haciendo señas con los brazos de puro nerviosismo.

-Es una buena historia, pero no contesta por qué los tiene como si fueran obras de arte.

-Verá, con las leyendas de los terribles piratas eldar que azotaban el sub-sector, y el hecho de que consiguiéramos vencer hizo que quisiera lucir en el palacio esto como un........símbolo de victoria contra esos seres.-Dijo con tono elaborado, como si así fuera a tener un castigo mas leve.

-Es un motivo loable, señor Ackhum, por lo que lo dejaré vivir, pero necesitaré una de tus naves de transporte de tropas, a quinientos soldados y por último, dadme todos los trofeos que lucís con tanto orgullo.-Dijo Radox con determinación mientras se retiraba hacia su nave, concibiendo la parte de su futura estratagema a cada paso que daba.



La tercera luna de Choltia, conocida como Choltia Prime debido a su tamaño, casi dos tercios mayor que sus otras dos lunas, tiene una atmósfera apta para la vida humana, se convirtió en un lugar de cultivos que abastecían a gran parte del sistema, su capital era la única ciudad en condiciones, coronada por la algo alejada catedral del Santo Trimeas, un santo conocido por luchar junto a los fieles a las doctrinas imperiales cuando una rebelión independentista amenazó con engullir el sistema. Y ahora se enfrentaba a algo que podría engullir el sistema, solo que la amenaza no la producían los humanos.

-Señor, llevo casi siete años a su servicio y he visto como ha realizado extrañas estrategias para conseguir extinguir la amenaza, pero lo que propone es.....algo muy cuestionable.-Dijo Krytus, el único marine espacial del séquito del inquisidor, escogido por este al saber que pertenecía al capítulo de los Aves de Presa, conocidos por su adaptabilidad y su habilidad para adaptarse e improvisar.


-Solo hay una cosa común a todos los eldars, y es que todo lo que hacen lo hacen por algún motivo, aunque suela ser para sus intereses y no para los nuestros, pero por una vez, he leído sus estrategias.-Dijo Radox, pecando de orgullo, recordando como había trabajado como asesor estratégico y estratega antes de que fuera reclutado en la Inquisición, conservando hasta entonces su orgullo acumulado por las victorias conseguidas. -Y si sus motivos son remotamente beneficiosos para el Imperio, puede que lo que voy a proponer funcione.-Y tras eso solo esperó.

Los sensores del Furia Dorada por fín detectaron algo, concretamente una nave eldar que entró en el sistema., dirigiéndose sigilosamente hacia la luna, sin detenerse, hasta que, oculta a cierta distancia de cualquier nave, planeta o satélite, recibió un mensaje proveniente de alguien proveniente del Imperio.

Radox miró desde el espaciopuerto como aterrizaba la nave xeno, era preciosa, con formas curvilineas y una belleza innegable, le gustaba poco destruir algo tan bello, aunque fuera alienígena.


De la nave salieron varios soldados xenos, conocidos como guardianes, que con una bella rapidez crearon un pasillo por el que salió una eldar aún mas bella con una armadura ceremonial, eso casi molestó al inquisidor, pues había visto y matado a muchos xenos, pues matar a algo que no tenía ni un rasgo humano era fácil, pero los eldars, con el gran parecido que compartían con los humanos, causaban una extraña sensación en Radox, que no sabía si interpretar eso como una cruel broma del universo o como una simple casualidad, pese a todo, eso nunca lo había disuadido, y esta vez no sería diferente.


-Me he dignado a venir a parlamentar con vosotros porque mencionaron tu nombre, Inquisidor Radox.-Dijo la vidente de ropas negras con detalles verdes y joyas rojas, era Rakteer, todavía recordaba la horrible reputación que poseía entre algunos de sus colegas de la Inquisición, todo porque por su culpa se activó un mundo necrópolis sobre el que había un preciado mundo forja.


-Pues lo tomaré como un honor, sobre todo viniendo de alguien con una reputación tan temible.-Dijo, haciendo un ademán de entrar a la xeno, que aceptó.


-Conozco tu reputación tambien, Inquisidor Radox, se perfectamente que estas aquí porque nuestras actividades han generado una respuesta, hemos tenido suerte de que haya respondido alquien que no nos menosprecia como el resto de mamíferos de tu especie.-Dijo despectivamente, Radox pocas veces había tratado con eldars, y de esas veces dos acabaron con un exterminatus, y se olía que eta iba a ser la tercera.


-Vamos al grano.-Dijo Radox, que quería zanjar el asunto antes de que comenzara a perderse en la palabrería que podría soltarle la eldar de un momento a otro.-Sé que vosotros nunca haceís algo sin motivos, sois tan simples como los pielesverdes por lo que supongo que quereís algo,¿no es así?-Dijo, la eldar sonrió, había encontrado un momo listo.


-Tienes razón, Inquisidor, venimos a este planeta por una razón, y es que por este sistema pasará una horda de esos seres a los que llamaís orkos, y si no los deteneis, todo este sub sector entrará en pánico.-Declaró la eldar, Radox la miró a los ojos, sabía que en la parte de los orkos decía la verdad, por lo que debería llamar al regimiento de la guardia imperial mas cercano para que defendiera este sistema, siempre y cuando fuera una invasión débil, pero siguió con la espina clavada, algo no encajaba.


-Por cierto, xeno, puede que aunque tu aviso sea real, no justifica que enviaras a un grupo de soldados contra la catedral, creo que hay algo de vuestro interés, si no no habríais hecho algo tan directo.-Dijo, la eldar miró con mas interés, cosa que se le clavaba como una espina a Radox, había visto esa mirada muchas veces, era como cuando un timador se jacta de una víctima que comienza a darse cuenta de que fue engañada. -Debes de ser el único de tu especie que pueda llegar a discernir el mas simple de nuestros pensamientos.-Dijo la eldar, que ahora parecía mas normal, Radox casi sonríe, como lo haría un niño con minusvalía mental ante un comentario condescendiente como aquél.


Krytus estaba contemplando la escena, había escuchado sobre los inquisidores y su forma de actuar a veces casi herética, pero no lo había creído hasta que había sido reclutado por su actual maestro, después de todo,¿quién mas podría tratar de una forma tan abierta con un xeno sin ser mandado perseguir y matar?,estaba en contra, y cada fibra de su ser le decía que apuntara a esos alienígenas con su bolter y que descargase su furia contra ellos, pero se retuvo, había sido entrenado para adaptarse, aunque fuera casi mas fácil adaptarse a las condiciones de un mundo letal.


-¿Cree que nos meterá en otro lío?-Preguntó el Interrogador, esta vez vestido con un uniforme de combate modificado con piezas de algún aparato para psíquicos, llevaba un rifle de plasma entre manos, mirando casi a cada lado, posiblemente debido a la presencia de esos eldar. -Recuerdo que siempre fue así, le gusta demasiado juntarse con esos xenos para evitar derramamientos de sangre innecesarios, según dice, pero me cuesta no relacionar los actos de mi señor con la herejía, y eso que no lo he acompañado ni en la mitad de sus misiones.-Dijo el Interrogador a continuación, que miraba la escena, tentado de usar su telepatía para leer los pensamientos de su señor, aunque no se atrevía, puesto que sabía que la voluntad y entrenamiento de su amo le había preparado sumamente bien para intrusiones psíquicas.


-No me parece un hereje, de hecho consiguió dirigir una campaña bastante exitosa contra los orkos.-Recordó el marine por el canal de comunicación interno de su servoarmadura.


Pasaron los minutos hasta que quedó claro que el humano no iba a sacar nada en claro de una negociación sutil con los emisarios eldar, pero cuando se preparó para tener un enfoque mas directo la xeno pareció recibir una comunicación, tras lo que sonrió picaramente, mostrando una expresión de victoria en su rostro.


-Lo lamento mucho Inquisidor, pero debo retirarme, hay asuntos mas importantes que vosotros de los que debo ocuparme.-Dijo, poniendo fin a la tensa reunión diplomática.


Y así Radox observó lo sucedido gracias a las cámaras arácnidas jokareo que colocó bien ocultas por la sala, la verdad es que le impresionaba la funcionalidad de aparatos como su guantelete láser y sus  arañas-cámara, que habían sido producidas por xenos, y no por unos cualquiera, sino por los jokareo, una raza que, pese a sus avances, era difícil de determinar si era inteligente o no, pero eso era una incógnita para muchos, así que lo dejó de largo, con la esperanza de que algún colega del ordo lo confirmase.

-¿Algo interesante?-Preguntó Oligar, Radox se sentía muy inquieto con él, pese a saber que su lealtad era incuestionable.

-Nada, pero no creo que hayas acudido aquí sin que te haga llamar para nada, por lo que dí lo que quieras y márchate.-Dijo el inquisidor, no deseaba ser molestado.

-Verá, hemos estado haciendo el trabajo de investigación, y al hablar con los servicios de seguridad de la zona.-Dijo, irguiénose sobre sus casi dos metros de estatura.-Resulta que hace unos pocos meses comenzaron a hacer detenciones a varios individuos por prácticas heréticas,al parecer realizadas coincidiendo casi con las fechas de eclipses solares originados por esta luna.


-Parece algo preocupante, pero nosotros estamos para investigar el motivo de la presencia eldar, cualquier actividad herética se la dejaremos a los arbitres, la Eclesiarquía o cualquier estimado inquisidor del heréticus o del Malleus.-Dijo Radox, cortando el hilo de la conversación mientras se levantaba, ya había revisado tres veces su encuentro, intentando descubrir el por qué había terminado tan rápido, antes incluso de que pudiera saber que tramaban.


El inquisidor supo demasiado tarde que era lo que tramaban los xenos: Necesitaban que los humanos se vieran retenidos en el subsector, enviando fuerzas para fortificarlo, y eso lo hicieron facilmente, sobre todo con el descubrimiento de un culto herético local que adoraba al maléfico ente conocido como Khorne y con los avistamientos documentados de naves de asalto eldar, y todo para detener un relativamente debil waaaagh orko, aunque parecía otra parte de un plan mayor, cosa que comenzaba a causarle molestia, pero se había visto en el epicentro de un conflicto contra los brutales xenos, en el que Radox tuvo el nada envidiable honor de combatir, como estaba haciendo en el interior de la fortaleza de Udris Secundus, que había sido asaltada por los orkos antes de que fuera evacuada.

-Señor, hemos conseguido recibir una comunicación del Furia Dorada, nos comunican de que han enviado transportes para evacuar a todo el que se encuentre en ese momento en el patio central.-Informó el interrogador, que lucía en su brazo izquierdo una nueva quemadura, producida por el lanzallamas de algún pielverde, pero que no impidió que pudiera seguir luchando, aunque solo tuviera una mano.

-Bien, quiero que vayas con el Capitan Lount, me dijo antes de ir con un pelotón cercano que tiene una escuadra desplegada cerca del punto de evacuación.-Dijo, echando a correr cuando el fuego enemigo aminoró, posiblemente debido a que centraron su atención en un trío de desafortunados guardias, que perecieron antes de tan siquiera darse cuenta.


Radox esperó a que todo se hubiera calmado, los pobres muchachos habían muerto con un propósito, hacer huir a su colega y permitir ocultarse tras una columna al ya agotado inquisidor, que pudo tomar un respiro mientras veía a los pielesverdes cargar hacia el pasillo vacío, con sus toscas armas de fuego en lo alto, entonces el inquisidor lanzó rodando una granada cuando el último hubo pasado de largo.

Y todo sucumbió ante el estruendo de la explosión, que tiñó el aire de polvo y trozos de lo que fueron la carne de dos de los seis orkos, uno de los cuales calló al suelo, habiendo perdido tanto el brazo como la pierna izquierdas por culpa de la metralla.

-¿Kien oza atakarnoz?-Preguntó el lider de grupo, que portaba una tosca armadura de metal, al igual que su pistola y su espada, entonces el inquisidor salió de entre las sombras, con su espada de energía encendida, acompañada de su zumbido y su brillo cautivadoramente letal.

-Yo, xeno, si quieres me puedes llamar tu peor pesadilla.-Dijo con un tono fuerte, seguro y arrogante, que no sonaba para nada a él mismo.

El orko emitió una carcajaada y luego cargó, tirando al suelo a uno de sus guerreros, que intentaba adelantarlo.

Y así hundió su rebanadora en las tripas del humano.....Para luego darse cuenta de que no había nadie allí realmente, entonces escuchó un suspiro de superioridad a su inzquierda, se giró para disparar, pero tres disparos de pistola bolter en su rostro, luego el inquisidr salió de su cobertura, lamentándose de haber utilizado ese proyector holográfico personal de origen alienígena, que al parecer, y tristemente, se había fundido y apagado para siempre.

Los orkos, algo confundidos, se miraron mutuamente, para despies lanzarse, disparando cons us armas malamente al inquisidor, que tuvo la suerte de no ser alcanzado por ningún proyectil, o mas bien los pieles verdes carecían de la habilidad y puntería suficientes para herirle. Fue la primera alegría del día para el inquisidor, sabía que si todos eran así saldría en un abrir y cerrar de ojos.



Radox caminó por los pasillos inundados de cadáveres de la fortaleza, mirando el cadaver de lo que fue un devastador de los Guardianes de la muerte junto a un monton de cadáveres alienígenas, casi se lamenta de perder a personas tan útiles, seguro que podría haberle sacado utilidad, miró el resto de la zona, guardando sus pistolas para recoger un lanzagranadas que anteriormente portaba una guardia imperial, que, por lo que el inquisidor veía era una belleza. El mundo dbería llorar pérdidas como la suya.

-¡Vamos, si no estamos en menos de diez minutos no nos evacúan!-Dijo una voz proveniente de una esquina, hacia la que el agente del Ordo corrió, si no había recibido el aviso era que algo malo estaba pasándole a su siervo en el patio, y eso no lo podía permitir, dado que este todavía debía a Radox mil créditos.

Miró al escuadrón de guardias imperiales, estaban tensos, posiblemente porque los comandaba un comisario de aspecto severo, un guardia intentó decirle algo al comisario, a Radox le costaba saber que era, puesto que otro soldado impedía al inquisidor leerle los labios, pero fuera lo que fuera lo que dijo, provocó que nunca volviera a rpetirlo, puesto que el comisario le voló la cabeza con una pistola láser.

-Parece que no te gusta estar aquí.-Dijo Radox, que quería intervenir antes de que mas pielesverdes llegaran y que el resto se fuera.

-Era un hereje señor.-Dijo el comisario.-Ahora nos dirigimos al punto de evacuación designado,¿ le escoltamos?

-Claro.-Contestó Radox, sabiendo que el camino sería mas seguro, o por lo menos que podría salir con vida.


Informe Dos:Sustituyendo efectivos perdidosEditar

Radox estaba sentado en el salón de control de su nave, era una sala normalmente utilizada por los tecnosacerdotes de su equipo para ayudar a los mandos en algo y así recolectar información, pero había querido estar solo, y eso había echo, miraba la imagen de quien durante años fue su compañero, y casi podía aventurarse a decir su amigo, pero eso era agua pasada, por lo que recuperó completamente la entereza cuando escuchó los pasos de Damasia, era una buena comando, una atractiva mujer y una persona extraña y oportunamente empática, eso y otros rasgos hacían de ella una persona valiosa para él, pero a la vez le inquietaba, mas incluso que con el marine espacial o el mercenario. De esta se podría enamorar, aunque eso era algo que no podía permitirse, y si llegaba a pasar la mandaría a alguna misión de la que no saldría viva. Radox miró de reojo a la mujer, intentando olvidar los desvaríos que habían inundado su mente, estaba de luto y todo eso desde lo sucedido en ese puto mundo.


-Señor, debo informarle de las noticias que nos ha enviado el almirante Talius, del capítulo de los Manos del Emperador, dice que ha podido enviar las escuadras a los puntos que designó, y de momento aguantan muy bien mientras esperan el apoyo de la Guardia.-Dijo con un tono serio, parecía estar alegre, tal vez fuera porque fue sacada por un gremio de asesino de un lugar similar, aunque el informe sobre el barrido mntal de algunos de sus acólitos todavía estaba pendiente de leer.

-Entiendo, légale todas mis tareas al amirante y al comandante que mas éxitos hayan cosechado, tenemos que atender otros asuntos.-Dijo Radox, que se recompuso lo mejr que pudo, no podía dejar que algo como esto, que ya había visto algunas veces, le afectara, aunque el tipo salvara su mente, aunque quizá intentó volverle pas empático, Radox se puso a pensar en ello mientras le daba una unidad con el nuevo destino de su nave y tripulación a su acólita, que abandonó la sala acompañada de algunos comentarios respondidos por un ausente inquisidor. Ahora tenía que encontrar un sustituto que estuviera al nivel de su acólito perdido.




Radox estaba caminando en dirección a una mujer, que huía de este, tenía el pelo blanco, ropas austeras, entre las que se veía una pistola láser mal ocultada.

-Va hacia tí, quiero que la retengas hasta que llegue.-Dijo el inquisidor por su intercomunicador, mirando a la que sin saberlo se había convertido en candidata a formar parte de su séquito.


El inquisidor giró una esquina hacia el interior de un apartado callejón, en el que Oligar con su armadura de combate, ocultada bajo una túnica roída y desgarrada, que tenía sujeta del pelo a una gachada y atemorizada mujer, que, ahora que no huía del Inquisidor, pudo ver que era hermosa, el inquisidor hizo un gesto con la cabeza, Oligar soltó a la joven, que cayó al suelo por la tensión, entonces alzó la mirada, viendo la tenebrosa figura del agente del Ordo Xenos, que le tendió la mano.

-Enkia Rak, acompáñeme si quiere conocer cosas que aquí nunca verías.-Dijo, la mujer tomó la mano, sin saber lo que le esperaba.



Radox miraba lo que era la sala de entrenamiento de las tropas, allí había una joven peleando con torpes movimientos contra un hombre que utilizaba un uniforme militar que le quedaba algo holgado.

-Tenías a tres psíquicos de combate bien entrenados, y esta a duras penas sabe lo que hace, ni siquiera sabemos si sobrevivirá a los entrenamientos a los que la estamos sometiendo.-Dijo Krytus, que miraba como el sargento de una de las escuadras de tropas de asalto instruía en combate cuerpo a cuerpo a la joven, que parecía fracasar en cada intento.

-Si, pero ninguno ha sido tan valiente como para intentar robarme en plena calle, el talento psíquico puede entrenarse si se posee, pero la habilidad y agilidad innatas que ella tiene no.-Dijo Radox, que miró como, inesperadamente, la alumna consiguió tumbar con una ágil finta y una patada oportuna a su profesor, que aterrizó de espaldas.-Además, parece poseer algo extraño, y me gustaría saber qué es antes de descartarla como una opción viable.

-Avisadme cuando haya superado las pruebas, hasta entonces estaremos en el planeta.-Dijo el inquisidor a un subordinado que estaba tras ellos, el cual asintió antes de que se fueran en dirección a su nave de transporte, despues de todo, un comerciante independiente no puede descender de una nave con el símbolo inquisitorial.




-Y así le conseguí quitar su carga al viejo de Junks.-Bromeó Radox, el resto de los comerciantes nobles lameculos, que solo veían en el hombre una forma de conseguir extender su influencia y aumentar sus riquezas.

-Una gran historia, estimado señor, pero me gustaría discutir un asunto en privado.-Le dijo Loxa Strok, el afamado gobernador planetario del sistema, y su objeto de investigación.


Ambos se reunieron en una apartada esquina de la inmensa sala de fiestas, en la que pretenciosos nobles y señores de casas comerciantes charlaban entre sí, ya fuera para buscar apoyos para tejemanejes políticos o para amasar riquezas mayores de las que tenían.

-¿Para qué quería hablar conmigo excelencia?-Preguntó el comerciante independiente, tras lo que vió una sonrisa maliciosa en el horondo rostro del gobernador.

-Verá, me gustaría que me ayudara a transportar una mercancía..... inusual a Dokia Primus.

-Defina inusual.

-Son unos extraños animales que llegaron al planeta hace semanas, posiblemente por alguien de su misma profesión que no quería mantenerlos, y además he escuchado que son extremadamente raros de conseguir vivos.-Dijo, como si se tratara de lo mas valioso de la galaxia.




Radox caminaba por el distrito de almacenaje que los grandes comerciantes utilizaban, buscaba la localización de la que el gobernador le habló, utilizando un muy impreciso mapa para situarse.

Pero guardó el trozo desteñido de papel cuando vió un edificio inmenso, como el resto, solo que sus imponentes puertas estaban estampadas con el sello de la familia del gobernador planetario, además de estar flanqueada por una pareja de soldados armados con rifles láser, aparentando ser mas que soldados mal entrenados con armas y armaduras bonitas.

-Alto.-Dijo Uno de los guardias, que salieron al encuentro del para ellos comerciante independiente.

-Soy Robert Skinnk, vuestro gobernador me ha conratado para transportar lo que sea que tengaís aquí dentro.-Dijo con un tono fanfarrón y seguro de si mismo, como el de todos los corsarios y comerciantes independientes que había conocido.

Los guardias se apartaron y miraron entre sí, cuchicheándose cosas que seguramente no vendrían al caso, hasta que uno de ellos se acercó a Radox y le dio permiso para internarse, a la vez que el otro habría los portones gracias a una llave electrónica.

Y ahí lo vió, con su inmenso torso de casi tres metros de color gris azulado, con pelo naciente por toda su piel, plagada de marcas de cuchillas y proyectiles, miraba desde el interior de una jaula con barrotes fuertemente electrificados con su cara de murciélago formada por la piel dura y semiacorazada que la componía, agitando debilmente sus cuatro fuertes brazos, intentando llamar la atención o soltarse, pese a temer tocar tan siquiera un barrote:Era un lumipal, una raza xeno muy primitiva y encerrada en su planeta natal hasta que se decidiera como colonizar el planeta sin que los extraños ácidos que tenían a modo de agua destruyeran las instalaciones de colonización.

-Es algo inmenso.-Dijo uno de los guardias con un tono algo temeroso, prefiriendo vigilar al inquisidor que mirar a la criatura.

-Si, ví uno hace tiempo, pero parece que era una cría.-Dijo Radox con seguridad.-Menos mal que no es tan listo como para hacerse cortes a sí mismo.

-¿Por qué?-Preguntó el soldado.

-Porque su sangre tiene algo de ácido, si echara la suficiente en uno o dos barrotes podría crearse una buena salida.-Dijo, mirando a la bestia, que respondía con un gesto de extrañeza y rabia contenida, que al inquisidor no le gustaba, parecía más inteligente de lo que creía.

Salió y los guardias cerraron el lugar, tras lo que Radox se paró frente a ellos.

-Vosotros....¿Soís leales al Emperador?

-¡Claro!Eso ha sido un insulto, nadie duda de la fé de ningún soldado del planeta, vamos a misa todas las semanas.-Contestó con un tono fuerte algo ofendido uno de los guardias, de facciones fuertes y marcadas, al contrario que su amigo, que las tenía bastante redondeadas.

-Bien, porque a partír de ahora sereís mis ayudantes.-Dijo, mostrando el símbolo de la Inquisición, que llevaba en el dorso de su mano en un electrotatuaje oculto, que solo se hacía visible cuando su portador lo deseaba.

Ambos guardias se miraron, para luego asentir nerviosamente, recordando las cosas horribles que había escuchado acerca de la gente con el cargo de Radox, que sonrío, ahora solo tendría que avisar a un escuadrón de soldados de asalto y a alguno de sus acólitos, al que daría su permiso para que capturaran y ejecutaran al gobernador, ya se ocuparían los Guardianes de la Muerte de la bestia.

Pero un fuerte estruendo a su espalda le dijo lo contrario. El inquisidor se giró hacia sus ahora fieles soldados, que apuntaban con sus armas hacia la puerta, Radox hizo lo propio con su pistola bolter, introduciendo en ella un cargador de proyectiles explosivos, sabiendo que la dura piel de esos seres no podía penetrarse fácilmente con proyectiles como los que utilizaba anteriormente.


Radox vio como no la puerta, sino la pared frontal situada junto a ella se agrietaba, hasta que un muculoso brazo, que mostraba un arañazo sangrante y profundo se mostró.El agente del Ordo Xenos chasqueó la lengua.

La bestia era mas inteligente de lo que pensaba, y eso no sabía si debía impresionarle, molestarle o asustarle, quizá debería ser una combinación de ambas.

-¿A qué estaís esperando?Disparad.-Dijo Radox, que disparó un proyectil hacia la garra del lumipal, explotando al encontrarse con esta y convirtiéndola en una masa astillada de huesos partidos y astillados y músculos cauterizados y algo arrancados por culpa del calor y fuerza de la explosión, la bestia aulló y los soldados, motivados por esto, dispararon sus rifles láser contra el brazo de la bestia, que intentaba ocultarse tras el disparo del inquisidor, consiguiéndolo al coste de varias heridas, cuya sangre corroyó el antaño pequeño hueco, dejando una hoquedad en la que el lumipal podía pasar, haciendolo con una aún mas inhumana mueca defuria y rabia asesina.

-Mierda,mierda,mierda,mierda,¡Mierda!-Maldijo el soldado mas cercano a la bestia, antes de recibir un manotazo del sangrante muñon, que lo arrojó al suelo, con letales quemaduras de ácido en su rostro, que se consumía rápidamente ante este, sin impedirle por ello emitir gritos horripilantes de dolor.

-Vul.-Musitó el otro soldado, antes de soltar un par de maldiciones y retroceder hacia el inquisidor, antes de ver que no estaba.-¡Por el Trono y el Emperador!-Dijo a modo de maldición mientras alzaba su rife láser sobre la bestia que cargaba  hacia él, disparando malamente y causando algunas heridas en su cuerpo, entes de caer con profundos cortes en el rostro causados por la garra intacta de la bestia, que aulló de rabia primitiva.


Radox estaba en un callejón entre almacenes, utilizó un aparato de desviación optica xeno, que guardó en su fiel gabardina, no entendía por qué coño no se utilizaban más en el Imperio o se empezaba por lo menos a intentar fabricar aparatos similares o parecidos.

-Aquí el inquisidor Radox Aradian al Furia Dorada, quiero que arresteís al gobernador por permitir presencia xenos en el planeta y que envieís un escuadrón de eliminación de entre mis tropas de asalto a mi posición actual aunque no esté allí, tengo un problemilla entre manos.-Dijo Radox a través de su comunicador, que apagó y  guardó antes de escuchar cualquier respuesta, al ver como delante él un par de gotas rojizas caían al suelo y lo corroían levemente, miró hacia arriba, viendo al temido xeno, que miraba al inquisidor con una mezcla de ira y de satisfacción por encontrarlo, Radox hizo lo mismo, alzando al unísono su pistola de plasma y la bolter, que disparó contra el abdomen del xeno, sabiendo por disecciones a otros de su especie que era la zona menos protegida de su anatomía.

Y acertó, viendo como de las explosiones de sus balas explosivas surgían los órganos vitales de la bestia, que aullaba de dolor, resistiéndose a morir, Radox saltó hacia la calle, rodando y evitando rozar la lluvia de sangre ácida que brotaba del xeno, disparó nuevamente, pero con su pistola de plasma, que cauterizó las heridas, abriendo tras nuevas, pero que se sellaron por el inmenso calor que estas armas producían.

Y la cosa continuó así hasta que lo que antes sera un lumipal murió, tras lo que salió de allí y se dirigió al almacén, deseoso de conocer el cómo salió de allí ese ser tan primitivo y estúpido.

Entró por el agujero que el xeno había hecho, para ver que ese ser no era tan idiota como parecía: En la jaula había un agujero circular inmenso producido sin duda por la sangre ácida del xeno y un buen golpe que terminó de arrancar los barrotes, parece que al alienígena le gustó su sugerencia, pero dejó de centrarse en el hecho de que los lumipal parecían entender el lenguaje humano e interpretarlo apropiadamente cuando escuchó el sonido del transporte aereo de tropas inquisitorial, que no era otra cosa que una valquiria como las que transportaban soldados de la Guardia pero con la I de la Inquisición estampada en las puertas y con algunas mejoras. De ella salieron los soldados de la escuadra de eliminación, tres de ellos armados con lanzallamas, dirigidos por un sargento que, como el resto, portaba su armadura de caparazón estandar y una máscara de filtración química, pese a saber que estaban en un sito con aire respirable.

-Parece que han tardado un poco en llegar.-Dijo Radox, que salió a su encuentro, con las manos metidas en los bolsillos de su gabardina.

-Lo lamentamos profundamente, señor,¿Cual es la amenaza?-Dijo con un tono mas oficial.

-No se preocupen, ya me encargué de que no fuera amenazante para nadie al ver que tardaban tanto.-Bromeó Radox, que señaló hacia el callejón.-Pero me gustaría que calcinaraís los restos, están en el techo de ese callejón, y, por favor, que solo quede un montón de carbón o polvo.-Dijo Radox, que después se subió al transporte y se sentó, había pasado por demasiado, era verdad lo que le dijo su maestro:

Puede que no fuera capaz de soportarlo.

Vió correr a los soldados de lanzallamas y al sargento, el resto de soldados montaron un perímetro, sus rifles inferno molaban mucho, pero desvió su mirada hacia los dos cadáveres, entonces recordó una frase que soltó su maestro hace tiempo, tenía la extraña costumbre de estar algunas veces en los entierros de los soldados de asalto a su cargo, y algunas veces de los civiles, aunque la mayoría eran incinerados por un lanzallamas para evitar la contaminación y corrupción del resto, cosa que era mas propio de la superstición que de la razón.Recuerda esto, niño, puedes ser como quieras, pero piensa que si gente como nosotros no hace lo que hace, mucha gente moriría, mucha gente lloraría, recuerda esto, sómos la última defensa de la humanidad, hacemos cosas para la que la Guardia y los famosos Marines Espaciales pueden no estar preparados, nosotros hacemos cosas que ellos nunca harían, nosotros solo aguantamos esto por la gente del Imperio y por el Emperador.Dijo una vez su maestro, era un tipo muy raro, que valoraba mucho a sus sicarios, aunque le llamaba siempre niño pese a tener veinticinco años por aquél entonces, lo llegó a odiar, aunque acertó en todo.

-Vaya cabrón que eres, siempre tan aburrido, pero no fallabas ni una, lo único que no me dijiste es cómo te ligaste a esa eldar.-Dijo para sí en voz alta, recordando los buenos tiempos, antes de toda la autoridad, que volvió los buenos ratos bastante mas escasos de lo que eran.




Radox estaba ya en el hangar, había escuchado por la frecuencia de radio que Oligar había detenido y ejecutado al gobernador, además de haberse adelantado a nadie y haber pedido que un gobernante del Administratum llegara y se hiciera cargo, ahora salía de la nave,apartado de sus soldados, como siempre, pero bueno, era lo normal para alguien que portaba el gen Paria, casi sonríe al recordar los encuentros y charlas tan raras que tenían cuando estaban él, Oligar y el Interrogador en la misma sala, sobre todo esas charlas, podría catalogarlas como buenos ratos.

Definitivamente tenía que ponerse a averiguar que cojones le hizo el Interrogador cuando se enfrentó a ese ser tan extraño y sus títeres psíquicos.

-Parece que tuvo una misión especialmente buena.-Dijo Damasia, que estaba con uno de los soldados de asalto, parecía ser de los soldados que pidió el mes pasado para sustituir los perdidos durante el ataque orko, pobre, seguro que no sabe como acabará esta noche, posiblemente el resto de soldados algo mas veteranos ni se lo hayan comentado, les encanta ver quién va a ser el próximo suertudo.

Era sorprendente lo que Radox se encontraba cuando ponía un poco el oído en las charlas intrascendentes de su subordinados, solo para asegurarse de ninguna acción sospechosa, solo para enterarse de que a los soldados no les gusta Krytus, que quieren tirarse a Damasia y que Oligar les asusta casi tanto como él.

-Mas bién especialmente simple, solo era un gobernador que accedió a traficar con un xeno peligroso.-Dijo, miró al soldado con el que seguro que su acólita había estado ligando, casi pensó en como divertirse a su costa, puede que lo hiciera, así los soldados le verían como alguien cercano y en el que confíar, pero no le apetecía y no deseaba tal cosa, después de todo, amigos que son de usar y tirar no le servirían al inquisidor en nada.-Tengo asuntos que atender, por lo que no quiero que se me moleste, comunica al navegante que busque una ruta directa hacia el laboratorio inquisitorial mas cercano, a ser posible uno en el que mi autoridad sea lo suficientemente conocida como para que nadie de allí me moleste.-Dijo con un tono serio, tras lo que se fue caminando de forma fría, sabía que algo raro le pasaba en su cabeza, y era el momento de descubrirlo de una puta vez.


Informe tres: Recordando viejas leccionesEditar

-Parece que no sabes hacer nada a derechas, niño.-Dijo Ettikus, que miraba con sus ojo biónicos de colores rojo y verde respectivamente, mientras tomaba una taza de té de Lomak, que el muy excéntrico tomaba de forma casi compulsiva, Radox no sabía el por qué, hasta que descubrió por azares del destino que las plantas con las que hacían ese té contenían un sedante increiblemente efectivo, que se utilizaba en todo el subsector como medicina contra dolores fortísimos.-Llevas casi dos años con esa estúpida cosa dentro de tu cabeza y ni siquiera has echo algo para intentar por lo menos someterla.

-¿A qué te refieres, espejismo?-Dijo Radox, sabía que estaba soñando, fruto del esotérico método de meditación y sueño que aquella eldar tan atractiva le enseñó, aunque provocaba un fuerte dolor de cabeza en quién no lo sabía utilizar adecuadamente.-Que yo sepa, mis barreras mentales aguantan perfectamente.

-Claro, por eso te estas tomando esas molestias, sé que has analizado los hechos como si fueran solo eso, pero para ver qué te pasa, necesitas analizarlo bien.-Dijo, tras lo que Radox y su antaño maestro caminaron, moviéndose en unos pocos pasos hacia un lugar lleno de pantallas, que mostraban vivencias de radox en primera y tercera persona.

-Si, ya sé lo que es:La intervención psíquica que el interrogador me hizo, después de todo, la influencia de ese xeno me estaba volviendo loco.-Dijo Radox, recordando esa misión con desagrado.

-Si, pero para poder destruir esa influencia, tu compañero tuvo que hacer algo muy complejo, y me atrevería a decir herético.-Dijo, señalando una secuencia, que mostraba el ritual que hizo el antiguo acólito inquisitorial antes de sanar a Radox.

-¿El qué?-Pregntó Radox, Ettikus sonrió, siempre había sido un cabrón con los candidatos a sucederle en el cargo, y esta vez casi no fue diferente.

-Hizo un vínculo psíquico, es decir, unió parte de su psique con la tuya, inestabilizando la influencia xeno y destruyéndola.-Explicó el inquisidor muerto.- pero parece que te hace tener pequeños y molestos arranques de empatía bondad a los que tienes que acostumbrarte.-Dijo Ettikus antes de desaparecer.

Radox se quedó solo, en un vacío negro, asimilando toda esa mierda. Y despertó.




Se encontraba viendo como en una sala aislada del complejo Términus de la Inquisición su nueva candidata era sometida a pruebas por psíquicos imperiales, que evaluaban su mente y alma, Radox miraba desde un cristal todo ello, queriendo comprobar si las extrañas sensaciones que esa mujer de piel algo oscura y pelo blanco le producían eran reales o si era porque poseía algún tipo de habilidad psíquica poco común.

-Señor, parece que ya han terminado.-Dijo Un hombre con un uniforme bordado con decenas de bendiciones sagradas. Era el encargado de la instalación.-Esperemos que esa chica que ha traído con usted no nos cause ninguna desgracia.-Dijo moviéndose hacia la salida de la sala de pruebas, en la que la mujer esperaba, recordando las horribles historias sobre las incineraciones de brujas y hechiceros que se llevaban a cabo en su planeta en muy contadas ocasiones, para rezar al Emperador poco después, deseando que eso no le ocurriera a ella.


-¿Qué han averiguado, señores?-Preguntó el inquisidor a los psíquicos, cuyo representante se acercó.

-Tiene a una mujer con un potencial asombroso, además, parece que hay algo en su alma.

-¿Algún rastro de corrupción?-Preguntó el inquisidor.

-Todo lo contrario.No sabemos con certeza qué es, pero aprece que hay algún tipo de poder mas allá del suyo propio, puede que sea un muy buen activo para usted.-Dijo el lider de los psíquicos de la base, lucía extraño, con cara de estar muerto y vivo al mismo tiempo, o eso parecían a ojos del agente del Ordo.

-Me alegra escucharlo, quiero que la instruyaís en los aspectos mas básicos del autocontrol y la defensa contra la influencia demoniaca para cuando volvamos.-Informó y ordenó mientras se retiraba junto al lider del personal de la instalación.







La temida nave inquisitorial se posaba en la órbita de Lentoit Primus, el mas grande de los tres planetas habitables del sistema, situado en uno de los confines mas alejados del Imperio, y, por lo tanto, de los mas succeptibles a la influencia del Caos y del alienígena. Y había de ambas.

Según lo que los informadores del inquisidor recopilaron antesde su llegada, una nave seriamente dañada, perteneciente a una temida horda de invasores renegados, capitaneados al parecer por el lider de un grupo de marines traidores, atacó el planeta para poder esparcir la destrucción y apropiarse de los materiales que requerían las reparaciones, pero parece que decidieron apropiarse del mundo, pese a estar en amplia minoría.

Y todo empeoró cuando atacaron a lo que era una nave xeno, perteneciente a la misticista y esquiva raza krail, que envió a un grupo de batalla como represalia por el ataque.

El inquisidor leyó exhaustivamente el informe, maldiciéndose por el haber tenido que  llegar antes que la Guardia Imperial o que cualquier grupo de marines espaciales con ganas de defender el Imperio del impuro y todo eso....


-Señor, las naves de transporte están listas para enviar a un contingente de asalto para reforzaar al 298º de Krieg.-Informó Rolan, el actual líder de los casi cien soldados que conformaban el ejército privado del inquisidor, sin incluir a su escolta personal.

-Bien, cuando las FDP y la Guardia tomen las posiciones de la colmena, asaltad la aguja principal y cread un punto para que las tropas imperiales puedan llegar, nosotros nos vamos a las factorías de Daestrus, dicen que los enfrentamientos entre los xenos y los traidores son muy cruentos, pero gane quién gane, tendrá una factoría lista para darles materiales y armas.-Dijo el inquisidor, que terminó de caminar para subirse en su aeronave, en la que Oligar, Krytus y Damasia le esperaban, además de una escuadra de soldados de asalto.-Y eso no lo podemos permitir, ¿verdad?-Preguntó con una mirada clara como el cristal, que ocultaba todo plan, idea o estratagema que este tuviera preparado.


El descenso fue rápido y turbulento, hasta que se alcanzó la parte mas baja de la atmósfera, y entonces se pudo divisar la fundición, ese edificio inmenso y monumental, que se comunicaba a través de un páramo salpicado de pequeños bosques de colores extrañamente apagados hasta llegar a la colmena mas cercana. En ella, sse veía el combate que ambos bandos parecían tener.


Y el transporte los dejó en lo que era una plataforma de aterrizaje, dañada por lo que debió ser algún proyectil explosivo, pero eso poco le importaba al inquisidor, que inspeccionaba lo que se veía de la batalla, en especial a lo que concernía a los soldados xenos, ya que había muy poca información en las fuentes imperiales sobre ellos.

Un soldado krail avanzaba con su armadura llena de impactos de bala, que habían llegado en algunos momentos a agrietar su armadura, se detuvo cuando tres soldados enemigos se le encararon, disparó su fusil de energía, partiendo a uno por la mitad, a otro, le arrancó un brazo, pero sucumbió cuando unos disparos fortuitos del fusil automático del cultista agrietaron el cristal opaco naranja del casco del xeno, permitiendo a dos afortunadas balas penetrar en el craneo del xeno.

-Interesante, puede que incluso merezca la pena usar una de esas.......-Dijo para sí mientras dejaba a la escuadra de soldados de asalto asegurando la zona, para internarse junto a sus escoltas en la instalación.


Radox parecía complacido al ver que su pellejo estaba a salvo, no parecía que hubieran llegado los conflictos a esa zona de la instalación, aunque viera de vez en cuando a algún cultista destripado o asesinado de otra forma igualmente horrible.

-Parece que esto es territorio de los caóticos.-Dijo Krytus, con sus instintos de combate alerta.

-Claro que sí, se supone que son los defensores, aunque, dada la intensidad del combate entre los xenos y ellos, lo mas seguro es que aquí solo se hayan quedado unos pocos.-Aseguró, sabiendo sin duda que esos pocos serían los temidos marines traidores, confirmándolo a los pocos minutos cuando vió a uno vestido con lo que en otro tiempo fue una formidable servoarmadura, ahora deccorada co blasfemos símbolos y con toda clase de pinchos, Radox bromeaba siempre que veía a uno para sus adentros:Los temibles adoradores del Dios de los erizos con mala leche.

Pero lo que no le hacía bromear era el bolter de entre sus manos, ni los fusiles de asalto láser o automáticos de los casi diez cultistas que lo acompañaban, que tronaron en cuanto cruzaron miradas.

Oligar se retiró tras el mismo hueco en el que se ocultaba el inquisidor, que disparaba con sus pistolas bolter y de plasma alternativamente, segando alguna vida si tenía la suerte de poder apuntar un poco.

-Creo que no les gustamos.-Dijo el inquisidor con su tono acostumbrado, viendo de refilón como Krytus mataba a tres de precisos disparos de bolter, dejando horribles y sanguinolentos trozos de cultista en su lugar.

Oligar estuvo a punto de replicarle, pero en su lugar disparó un par de dardos, qu atravesaron sendos ojos de dos cultistas más.

El inquisidor acabó con el resto, pero quedaba el marine, que sucumbió cuando, en una arranque de furia, cargó contra su contraparte leal mientras esgrimía una espada sierra que ronroneaba de puro óxido, fue herido por el bolter de rytus, que abatió al marine, que, pese a no poder mover bien las extremidades, intentaba matar a su enemigo, que, con la fuerza y el peso que el marine tenía, pisó repetidamente la cabeza del traídor, con su casco, hasta convertirlo en poco más que una masa sanguinolenta y asquerosa en conserva.

-Veís como tenía razón.- dijo Radox, que disparó un par de vces con su pistola de plasma contra el marine, que en vida seguro que lo habría matado.


Llegaron hasta una sala llena de mecanismos  que parecía ser una sala de control, en cuyas paredes habían pintados símbolos heréticos, puede que con sangre, como todos los que pintaban.

-Parece una sala de control.-Dijo Oligar, que tecleaba en los ordenadores, buscando algo de información útil.

-Y lo es, esto es la sala de contról de producción, con la lista de materiales que se deben producir.-Dijo Radox, que situó junto a su escolta para teclear, viendo los materiales y artilugios que mandaban, cambiando de cara cuando lo veía.-Y no me dicen nada bueno.-Concluyó ,mientras tecleaba y se infiltraba en los sistemas del complejo, mientras escuchaba de fondo unos gritos y pasos.

-Señor, no quiero decir que lo que haya encontrado no sea importante, pero le advierto que se aproximan  enemigos y parecen muchos, quizá unos veínte.-Informó Krytus, que ojeaba su auspex, analizando la situación.

-Bien, pues contenedlos, necesito hacer un par de cosas para que esos cabrones no puedan seguir corrompiendo el lugar, cuando os avise, nos largamos.-Informó Radox, que, mientras seguía tecleando, activó su comunicador, sintonizando con la frecuencia del  298º de Krieg, escuchando una respuesta camuflada por una leve estática.

-Saludos, inquisidor, es un honor hablar con usted...Soy Ronald Strump, su actual comandante, el anterior pereció durante un atauqe de artillería xen...

-Gracias por su presentación, Sr. Strump, pero quiero que despliegue un grupo de batalla en posición de ataque, quiero que destruyan el cuartel de las FDP número 43.

-Pero si es el que tiene más soldados en reserva, señor, perderíamos muchas fuerzas de apoyo muy necesarias.-Se quejó el Guardia Imperial.

-Claro, salvo porque ya no son nuestras fuerzas de apoyo, todos los datos que he encontrado indican que allí se han concentrado los regimientos de las FDP rengadas, están esperando a que sus colegas leales y vosotros os desgasteís contra los xenos, para así poder  remataros.-Explicó con rapidez y elocuencia, pese a saber que se basaba solamente en equipamiento y en zonas de envío, pero después de todo, debía hacer algo si estas presunciones eran correctas.

-A sus órdenes, señor.-Dijo el comandante, que pareció pensar que todo se basaba en pruebas ineludibles e infalibles, el Emperador debió haber bendecido la fama de infalibles de los inquisidores hasta tal punto, porque Radox no se lo creía del todo, pero ignoró eso y siguió tecleando, era loúnico que podía salvar el culo a esos maricas de la Guardia, pese a saber que él mismo no tenía huevos de ponerse con esas mierdas que llamaban equipamiento frente a las cosas contra las que solían luchar.


Escuchó como en el pasillo que conducía a su sala, sus dos escoltas parecían apañárselas bien contra lso cultistas, viendo de vez en cuando la escena, para observar de pasada como la pistola láser y el cañón acoplado de dardos de Oligar mataba a unos cuantos cultistas, mientras Krytus acababa con otros tantos con unos pocos y precisos disparos de bolter, que detripaba, partían por la mitad y segaban vidas enemigas como si fueran bulgares estatuas de mantequilla. 


Esto continuó durante casi diez minutos, hasta que el sonido de las armas automáticas de los cultistas y traidores se cambió por el de las armas energéticas de los xenos, que acababan con estos últimos, entonces, dándose cuenta de la situación, se dirigió hacia sus escoltas, viendo a un cansado Oligar y a un Krytus que parecía disfrutar de la situación, tal vez por melancolía de cuando luchaba de verdad.

-Parad, no quiero que ataqueís a los xenos.-Dijo Radox, sabiendo que las caras de sorpresa que salían ante dichos comentarios ya habían aflorado en sus escoltas.

-¿Por qué señor? Estos xenos han demostrado ser peligrosos enemigos para el Imperio.-Contestó el marine, que retomaba su confianza habitual.

-Porque te hemos escuchado, humano.-Dijo una voz gutural y un poco forzada, proveniente de un krail que vestía una mezcla entre un traje de sacerdote y algún tipo de armadura ceremonial.



El encuentro entre el soldado-monje krail y su escolta con el inquisidor y la suya fue tenso, ya que los escoltas de ambos bandos se apuntaban cons sus armas mutuamente, Radox observaba con interés, era la primera vez que veía a uno de ellos de cerca, y había tres, se sorprendió por las colas que tenían, eso debería ser un impedimento a la hora de vestir, aunque quizá esa observación fuera cosa de su punto de vista, poco le importaba, se dispuso a decir algo, pero el lider de los xenos se le adelantó.

-Vosotros no formaís parte de las fuerzas que atacaron a los nuestros.....entonces, ¿a quién representaís?-Dijo con un tono fuertemente autoritario, a la par que hacía un gesto a sus soldados para que bajaran sus armas, Radox hizo lo propio, aunque sus escoltas lo hicieron de mala gana.

-Soy el inquisidor Radox, del Ordo Xenos, perteneciente al Imperio de la Humanidad.-Dijo, recordando lo mejor que pudo sus clases de diplomacia primeriza con xenos, y a la vez, intentando parecer alguien importante.

-Es un orgullo conocerle, inquisidor Radox.-Dijo mientras se aproximaba, Krytus estaba tentado de atacar al xeno con su hacha de energía que se notaba que deseaba empuñar, pero una mirada a la cara de su señor lo detuvo.-Soy el Maestre Comandante Xolus, perteneciente al noble Imperio Krail.-Dijo con un tono autoritario y humilde, pero, conforme se acercaba, parecía hacerlo cada vez con más esfuerzo, como si estuviera respirando veneno, para acabar ofreciendo su mano al inquisidor, que la tomó, justo a tiemppo para ver como la mirada lúcida e inteligente del xeno se tornaba primitiva, Radox miró a Oligar instintivamente, basándose en un escrito que encontró sobre los krail y sus habilidades psíquicas, y le hizo un gesto para que se acercara mientras sentía y escuchaba como casi todos los huesos de su mano se astillaban.

Oligar se alejó varios metros con un rápido sprint, y Radox vio como la mirada primitiva de Xolus volvía a ser la de un ser inteligente.

-Lamento lo sucedido.-Dijo Radox, que intentaba no darle importancia al echo de que le hubieran roto una mano, ocultándola en uno de los bolsillos de su gabardina antes de que el lider de los xenos se percatara.-Desconocía que poseías poderes psíquicos.

-¿Psíquicos? ah, debe referirse a las capacidades místicas, sí, todos en nuestra raza los poseen.-Dijo con un tono natural.-Pro nunca ninguno ha sentido algo tan raro como lo que me acaba de suceder.-Dijo, mirando al subordinado del inquisidor, que se había alejado ahora.-Pro parece que tiene algo que ver con él, ¿verdad?-Dijo, señalando a Oligar.

-Sí, parece ser que los psíquicos tienen una especie de......reacción adversa en estado máximo cuando están cerca de él, asi que si no se acerca mucho estarán bien, pero ahora me gustaría pedirle que retire a sus tropas.-Dijo de forma directa, el Krail cambió su forma de mirar las cosas.

-Lo lamento, pero hasta que no matemos hasta al último humano responsable de su ataque no nos retiraremos.-Dijo con un tono fuerte.

-Lo sabemos, pero ellos no son mas que un grupo rebelde y herético que se ha atrincherado en este mundo, y la Guardia Imperial ya se encargará de ellos.-Dijo con un tono servicial y autoritario a la vez, que parecía convencer y embaucar al Krail.-Por ello, pido que retire a sus tropas, dado que, pese a que los suyos se hayan visto involucrados, deje este asunto en nuestras manos.-Dijo, el krail miró al inquisidor, antes de darle la espalda y retirarse.

-No se preocupe, si su....Guardia Imperial no nos ataca, nosotros dejaremos este sistema tranquilo.-Dijo mientras se marchaba.

Radox suspiró de alivio, había visto la inmensa espada que portaba el xeno, además de los rifles de energía que sus soldados portaban, con cosas así podrían matarle a él y sus escoltas rapidamente, aunque quizá Krytus aguantara lo suficiente para luchar gracias a su servoarmadura.

-¿Está bien, señor?-Preguntó el marine, que se acercó a la zona, escuché como se rompían sus huesos.-Dijo, viendo como Radox miraba lo qu ahora no era mas que un trozo de carne y huesos que solo provocaban dolor a su portador, que lo volvió a ocultar.

-Estoy perfectamente, y ahora creo que deberíamos irnos, transmite al lider de la guardia que dejen de enfrentarse a los xenos y se centren en los herejes, son lo mas importante ahora mismo.-Dijo, y ambos marcharon, dispuestos a abandonar las factorías, que estallaron dos horas después, tal y como el inquisidor las  programó.



El conflicto terminó gracias al capitán  Gabriel Tormentaroja de los Arcángeles Rojos, uno de los pocos grupos de entre los marines espaciales por los que Radox sentía respeto, ya que sabía que de verdad se interesaban por algo mas que matar, auunque fuera por egoismo, aunque si ese era el motivo, Radox no debía ser quién para judgar.

Y, tras recordar el informe de lo sucedido hace dos semanas, cerró los ojos y descansó, despues de todo, no podría hacer nada arriesgado en unas semanas, hasta que su mano no estuviera bien.


Informe Cuatro: La llamadaEditar

Radox miraba a la que iba a ser su ayudante, no sabía por qué había escogido una ropa tan provocativa como la quellevaba, pero estaba claro que eso, pese a las ventajas que le viera, era algo que distraía al inquisidor, después de todo seguía siendo un hombre, aunque fuera conocido por un legado de muerte y terror.

-Enkia....-Dijo, mirando a la joven de piel morena, casi cobriza, que contrastaba con sus ojos azules y aún más con su pelo blanco como la nieve, que miraba al inquisidor con una mirada que nunca había visto en nadie desde hacía mucho tiempo, y no le gustaba.

-Si,¿Qué desea?-Respondió, Radox calló antes de tan siquiera hablar, había algo más en ella que sus capacidades psíquicas aparentemente inconmensurables, cosa que todavía molestaba al inquisidor, que estaba en una sala de entrenamiento.

-Dicen que has terminado tu instrucción de forma espléndida, pero me cuesta creerlo.-Dijo Radox, que se acercaba al armero de la sala de entrenamiento, sabía que parte de sus tropas miraba desde lo que eran los banquillos y la ventana de observación, sabiendo que algunos, sino todos sus escoltas, miraban, sintió algo de presión, hacía mucho que no luchaba cuerpo a cuerpo.-Y por ello te he traído aquí.-Dijo mientras caminaba por la arena de combate de la nave.

Tomó una espada de entrenamiento, estaba afilada, luego cogió una vara de entrenamiento, sabía que las utilizaban en los entrenamientos de los reclutas de los soldados de asalto, pero, como comprobó hacía tiempo, no era demasiado resistente. Le arrojó la espada a su contrincante y él se puso a hacer girar la vara entre sus dedos, intentando volverse a acostumbrar a los movimientos de su mano derecha nuevamente.

-Tu objetivo es forzarme a rendirme o dejarme inconsciente, puedes herir fisica o psíquicamente, como prefieras, pero debes conseguir que me rinda, puedes utilizar todos los trucos que tengas o que se te hayan ocurrido.-Dijo con un tono fuerte y seguro mientras se ponía en posición de combate, sabiendo que ahora comenzaba el examen final de la que podría ser su acólita o un cadaver bello que encontraría alguien en algún mundo colmena.


El combate comenzó con una mala copia de una decapitación, que fue bloqueada por la barra metálica que Radox usaba como arma, a eso le siguió una patada y una finta, que fueron resistidas y evitadas habilmente, Radox sonrió, su mano se había curado bien.

La joven intentó varias veces atacar con su espada al inquisidor, hasta que este, con un habil movimiento le quitó su arma de las manos, arrojándola de paso al suelo.

-Se me olvidó decirlo, pero si te dejo K.O pierdes.-Dijo Radox, que  alzó su arma para pegarle un golpe a la joven, golpeó, pero cuando su vara estaba a pocos centímetros del rostro de la joven, una llamarada azulada surgió de la nada y lanzó a Radox por los aires, además de  incinerar e arma del inquisidor.

Enkia se levantó con un agil movimiento, sosteniendo con su mirada la de Radox, que veía como los ojos de la psíquica se tornaban rojos.

El combate siguió entre una Enkia que estaba armada, no solo con la espada que antes perdió, sino con sus llamas creadas psíquicamente, con las que presionaba a Radox, que, gracias a su Gabardina ignífiga, probadaa con eficacia contra los lanzallamas orkos, no se preocupaba excesivamente, hasta que un ataque de la joven le hizo un corte superficial, que atravesó la camisa que llevaba bajo su gabardina,junto con la piel y parte del tejido mmuscular del inquisidor, que puso una breve mueca de desagrado, tras lo que el duelo siguió, llegando a un punto en el que la espada casi candente de Enkia estaba a punto de atravesar su garganta, Radox miró a su alrededor, viendo el anillo de fuego que la psíquica había materializado, la verdad es que era admirable lo bien que luchaba, y lo facilmente que utilizaba sus poderes psíquicos y el entrenamiento militar básico, aunque luchaba mejor que él, aunque a ella no le rompieron todos los huesos de una mano, pero eso era una bobada.

-¿Te rindes?-Preguntó, jodiendo todo el razonamiento mental del inquisidor, que sonrió, para sorpresa de su contrincante, negando con la cabeza.-Entonces tendré que dejarte inconsciente,¿No es así?-Dijo, tras lo que intentó dar un golpe de gracia a un Radox ya cansado, pero se escuchó un disparo en algún lugar de la gran arena de combate de la nave, tras lo que Enkia cayó sobre Radox, que la abrazó mientras le extraía el dardo, con su víal vacío.

-Lo siento, pero no creo que me vaya a rendir, porque lo que mi subordinado te acaba de disparar es veneno de espina de ekuidtus.....por lo que te quedan unos cinco minutos de vida.-Dijo Radox casi en susurros a la joven, que se tensó, tanto por la noticia como por el efecto de las toxinas, para luego caer al suelo, viendo como su maestro, que se alejaba hacia la puerta, dejaba a unos tres o cinco metros un inyector con un fluído en su interior.-No te preocupes, si te inyectas esto antes de cinco minutos, volverás a como esstabas antes.-Dijo Radox mientras salía de la sala, para dejar sola a su posible acólita y encontrarse con varios de sus soldados, que no sabían si vitorear a su victorioso señor o abuchearle por hacer algo así, pero Damasia se les adelantó.

-Vaya cabrón que eres.-DIjo con un tono sarcástico y humorístico, mientras ambos comenzaban a caminar por el pasillo, dejando a los soldados contemplar como Enkia moría o se salvaba, aunque esto último parecía poco probable.-Pensaba que dijiste que no ibas a hacer eso más desde que Oligar casi la palma, necesitó casi un mes en la enfermería para que los músculos volvieran a su estado normal.-Se quejó.

-No te quejes, si no recuerdo mal, te colaste hasta cinco veces en su camarote mientras no se podía mover, asi que no creo que te lo pasaras tan mal, aunque no puedo decir lo mismo de él.-Contestó con una sonrisa el inquisidor, que sacó un aparato parecido a un auspex, pero al que conectó un pequeño receptor, entonces pudo ver a la joven, que todavía resistía los intoxicantemente dolorosos efectos del veneno, había recorrido casi tres metros, solo le faltaba uno y medio, era algo admirable.

-¿Crees que lo conseguirá?-Prguntó Damasia, que miraba intrigada la escena.

-Solo si consigue aguantar, pero parece que se derrumbará en cualquier momento y se dejará morir.-Dijo, viendo como Enkia se arrastraba, hasta casi caer muerta, con su mano izquierda por fin sobre el víal.

Radox apagó el dispositivo, sabiendo que ya había visto suficiente, tras lo que retrocedió hacia la arena de entrenamiento, quería ver en persona si valía la pena o su intuición había comenzado a fallar.


Pero no supo si alegrarse cuando vio que su instinto no falló.

Al abrir la puerta blindada de la arena de entrenamiento una oleada brutal de calor y una onda expanisva, que tumbó a algunos soldados de asalto que habían observado el espectáculo, y lo mas seguro que apostando en él, junto al inquisidor, viendo como una mujer que parcía estar siendo abrazada por las llamas, y que sostenía en su mano izquierda un inyector vacío en su mano derecha había una incandescente y ardiente esfera, la mirada de Enkia parecía llena de determinación propia de una asesina fría, que fue sustituída por una de consternación, que también apareció en algunos de los soldados de asalto cuando Radox aplaudió sonoramente, Damasia llegó poco después, sumándose a los aplausos de su amo, generando en poco tiempo una ola de aplausos que destruyó la furia homicida de Enkia.

-Me rindo, querida, ahora, si haces el favor de ayudarme a levantarme, me gustaría invitar a una copa de celebración a mi nueva acólita.-Dijo el inquisidor, sabiendo que, ahora que había visto la superación de la joven, que aún con los músculos dolorosamente tensados había sido capaz de desatar tanto poder y llegar hasta ahí e intentar matarlo, iba a convertirse en uno de los mejores ases en la manga que nadie podría soñar.



Ambos llegaron a la enfermería viendo como uno de sus médicos ya estaba listo para inyctarle a Enkia un antídoto, cosa que hizo cuando esta estuvo por fín en una cama de verdad, y no esa lámina de metal con una sábana encima, en la que había tenido que dormir durante las semanas anteriores.

-¿Cuánto le ha puesto a esta?-Preguntó el médico, era evidente que ya había visto alguna vez este truco, al que recurría para ver si alguien runía la fuerza, tanto física como espiritual necesarias para ser parte de su séquito.

-Creo que para un par de semanas, dado que parece ser capaz de regenerarse cuando tiene la mente dspejada, sino, tendría para casi tres meses.-Dijo Radox, que sacó de un bolsillo oculto una petaca, que abrió oliendo durante un instante el fuerte aroma del Whisky de Lomus Secundus, un mundo conocido en varios sectores por su comida, su bebida, sus fuerzas del orden demasiado bien equipadas, y por la corrupción económica de estas, que solo eran frenadas por la presencia de los Arbitres.

Se la entergó al médico, que la dejó en una pequeña mesa situada junto a la cama de la joven, que estaba tumbada mientras el anestésico hacía su efecto.




Radox estaba en su sala, tenía que prepararse para meditar y para ponerse algo que no estuviera quemado, manchado de hollín o empapado en su propia sangre, cuando se quitó la camiseta y admiró el inmenso corte que había sufrido, además de otros menores por varias partes del torso, pudo confirmar que la chica tenía un instinto de combate verdaderamente bueno, dado que había intentado(y a veces conseguido)seccionar varios grupos de músculos importantes, dejó tirada la ropa, ya vería que hacer con ella, colgó su gabardina en un perchero de madera noble con incrustaciones de plata y grabados de oro.

Abrió un armarito, en el que habían una serie de frascos, extraños artefactos y botellas llenas de exóticos licores, tomó una de las botellas al azar, tres lo que se dispuso a ver detenidamente una de las armas que sus tecnosacerdotes saquearon de los cadáveres de los krail de aquel mundo, eran unas armas con cañonees triangulares encajados en otros cuadrados, posiblemente para darles estabilidad al disparar, no se atrevió a abrir el dispositivo, pero pudo observar que era un arma con un funcionamiento muy parecido a las de plasma, solo que en vez de meter un cargador con gar para sobrecalentarlo y dispararlo cuando hubiera alcanzado la temperatura deseada, se introducía un módulo de energía, como un pequeño generador, pero el resto del funcionamiento desde que se implementaba el cargador hasta que disparaba esos proyectles de energía, eran algo que escapaba a su mente, sabiendo también que los del Mechanicus a duras penas se molestarían a investigar nada sobre esas armas, como mucho la dispararían un par de veces para ver cuanto daño hacen y luego las desecharían.

El inquisidor estuvo bebiendo y examinando el artefacto alternativamente, para pasar a examinar la batería que se supone que hacía de cargador, intentó tocarla, para comprobar que quemaba, cosa que hizo que dejara el arma de lado y se interesara por la batería, pero, antes de que sus instrumentos de investigación se centraran en abrir el artefacto, un sonido agudo e inusualmente familiar, para girarse y confirmarlo:Era el comunicador eldar que le dio personalmente la vidente Junyia de Ib-Jieith, Radox no supo si contestar o no, pero conforme los pitidos se repetían, la melancolía, malamente exterminada del interior del inquisidor, se rebeló e hizo que Radox aceptara la comunicación, recibiendo unas coordenadas situadas en un lugar del segmentum Ultima.

Había aceptado participar en un Torneo del Honor.

Informe Cinco:La bienvenida a un mundo nuevoEditar

El crucero del inquisidor se paró en las coordenadas que su señor había acordado, para ver algunas naves impresionantes, como una barcaza de batalla perteneciente a los Arcángeles Rojos, también contempló unas naves de diseño deconocido, dos naves sin duda imperiales, señaladas en los mapas holográficos de situación con la insignia inquisitorial, tragó saliva, eso nunca le había gustado, sabía que los inquisidores eran seres impredecibles, traicioneros, asesinos....unos inmensos e inigualables hijos de puta, cosa que sabía bien, después de todo, era uno de ellos.

-No abraís fuego a nadie.-Repitió, pese a haberlo dicho antes de partir, mas notando la tensión de los encargados de los sistemas de armas y del resto de tripulación de la nave.

-Señor, detectamos una nave eldar, y parece que se nos ha mandado un mensaje.-Dijo un técnico de los sistemas de comunicaciones.

-Bien, preparen el hangar 18, sin que haya nadie salvo que yo lo diga, preparen equipos en la puerta, podrán entrar y asegurar la zona en cuanto la nave que entre deje la nave,¿entendido?-Preguntó el inquisidor, al que le daba igual que lo hubieran entendido o no, con tal de que hicieran lo que había dicho, tras esto, se dirigió a su camarote, viendo de refilón como transbordadores eldar se dirigían a cada una de las naves.


La espera se hizo eterna, miró a su derecha, allí estaba Enkia Rak, vestida con ropa normal, pero sabía que debajo llevaba esa ropa tan poco protectora, si es que ese término era correcto.

-Señor.-Preguntó ella de improviso, parecía nerviosa, pese a llevar dos pistolas láser y un par de estilizadas dagas curvas, que Radox le dio al ver que había desarrollado una habilidad en el combate impresionante, pese a haber aprendido a luchar hacía poco, aunque la verdad es que había demostrado una capacidad impresionante para copiar estilos de lucha y adaptarlos al suyo.-¿Por qué aceptó ir con los eldar?

-Porque siempre es mejor hablar con alguien, aunque ese alguien quiera matarte, porque a veces, las palabras son tan útiles para obtener la victoria como un puñal, una espada o una bala.-Dijo Radox, impresionando a la joven, que se notaba no había visto a nadie con menos prejuicios que un sacerdote de la eclesiarquía en su vida.


Pero ambos callaron cuando vieron aterrizar en el hangar el transbordador eldar, que dejó salir casi una docena de guardianes negros, que apuntaban elegantemente sus armas, miró de reojo a su nueva acólita, estaba tensa y maravillada, casi le recuerda a él mismo.

-Parece que por fin traerás a un acompañante contigo, Radox Aradian.-Dijo una voz sugerente y bella, perteneciente a la vidente Jaien, que se deslizaba desde la nave de forma bella e insinuante, portando un traje de vidente, y una lanza bruja que resplandecía de forma fantasmagórica; haciendo que su pelo rojizo pareciera estar acentuado por una inexistente luz solar.

-Si, quiero que aprenda un par de cosas, como lo que mi maestro hizo conmigo.-Dijo, sabiendo perfectamente que su antaño maestra intentaba leer su mente; aunque fuera solo para comprobar que sus defensas psíquicas seguían entrenadas.

-Claro, ahora, pasad.-Dijo, haciendo un bello e invitante movimiento con su mano, a la vez que se agachaba un poco, provocando que todos los que habían en el hangar se internaran en el transbordador.



Llegaron al hangar de la nave eldar, que momentos despues dejó el sistema, sabiendo que en el momento acordado las naves volverían por sus camaradas, ya fueran vivos o muertos.

Radox descendió de la nave, para encontrarse un abanico de personajes:Había un xeno de cuerpo completamente mecánico, tenía el tamaño de un marine espacial, tenía un artefacto de aspecto pesado en la espalda, además de armas como pistolas y rifles de asalto de aspecto parecido a los humanos, pero con un toque inquietante y exótico.

Había también xenos de aspecto humanoide, pero con un cuerpo cubierto de un blindaje parecido al de la quitina tiránida, pero siendo sintética; portaban armas extrañas, casi tribales, pero de aspecto avanzado, tenían una cabeza alargada, con tres ojos rojizos que destacaban en una cara parecida a lo que sería una fusión entre humanos y hormigas, por lo que, ante esa escena, desvió su mitada hacia el único marine espacial del lugar, sorpreniéndose de que no matara a nadie con su bolter.

El marine portaba una armadura roja, con detalles dorados, llevando una espada-sierra inmensa; tan alta como el propio marine, o casi. Su rostro era bellísimo, como si un escultor veterano lo hubiera esculpido, aunque cagándola con las dos cicatrices de su rostro, que desentonaban completamente con aquél marine de los Arcángeles Rojos, miró a Enkia, que estaba cerca del inquisidor, impresionada y sobrecogida; no se atrevió a molestar, ni a molestar, a sus dos colegas, del Ordo Heréticus y Xenos, según había podido suponer dadas sus apariencias, teniendo en cuenta que uno de ellos había traído como guardaespalda a una hermana de batalla, que miraba con cara de desagrado a todas partes, una pena que no tuviera su lanzallamas en las manos; se habría montado un espectáculo formidable.

Se giró para hablar con su acólita, pero esta estaba caminando hacia el marine,Radox había deseado estar a dos pasos de la chica para poder darle un buen golpe en la cabeza por haber hecho algo así sin su consentimiento, pero dejó eso de lado al ver que no se dirigía directamente hacia el marine, sino hacia una chica joven que estaba aferrada a su pierna izquierda, ambas eran jóvenes, posiblemente de la misma edad,aunque Enkia sería unos años mayor; pero era más inquietante para el inquisidor el hecho de que la joven tuviera rasgos felinos, cosa extraña, que para un marine normal hubiera sido la excusa perfecta para apretar el gatillo.

Esto se merecía una charla.

Cuando el inquisidor y el marine estaban cara a cara, Radox pudo corregir su anterior anotación mental, la chica del marine parecía de aproximadamente la edad de Enkia, pero sus ojos reflejaban mas experiencias vividas que ella, aunque por su forma de comportarse cualquiera diría lo contrario, miró al marine, este le miró, hasta que, con un carraspeo de garganta, se inició la conversación.

-Saludos, marine.-Dijo con un tono cordial.

-Saludos, ¿quién eres?-Preguntó, parecía mas incómodo por el entorno que por la presencia del inquisidor.

-Soy un inquisidor del Ordo Xenos, mi nombre es Radox Aradian, y, como creo qua ya habrán hecho alguno de esos dos colegas que te miran con con ganas de matarte.-Dijo, señalando apropiadamente a ese capullo del Heréticus.-Pero es muy extraño ver a uno de tu clase con alguien como ella, y no se ofenda por ello.-Dijo de forma diplomáticamente, la verdad es que ese marine tenía algo que le gustaba, quizá debería cambiar a Krytus por este......era una posibilidad que el inquisidor meditó fuertemente durante un par de segundos, hasta que su interlocutor contestó.

-No me ofendo. Verá, ella está bajo mi protección y....

-Gracias, es lo que necesitaba escuchar, y ahora pasemos a otro tema.-Dijo mirando fijamente las marcas de la cara del monolítico guerrero, que cambió de expresión al notarlo.

-¿Cómo te hiciste esas marcas?Sé que los marines alardeaís de vuestras cicatrices, asi que no me molestaría escuchar una buena historia......bajo orden explícita de la inquisición, Gabriel Tormentaroja.-Dijo, llegando a parecer temible, pero al contemplar la cara del marine, que parecía a punto de matelo en cualquier momento, se dispuso a cambiar de actitud.

-Pensaba que no sabía mi nombre, inquisidor.-Contestó con sorprendente tranquilidad, casi tomándoselo como una broma.

-Nada mas lejos, la verdad es que una vez me encontré con un inquisidor del Heréticus, uno de los que te acusó, y me contó sus teorías, la verdad es que me cabree tanto que conseguí hacer que gritara de miedo.-Dijo el inquisidor, alardeando un poco e intentando relajar el ambiente.

-¿Cómo?-Preguntó el marine..-Llegué a ver a uno de los inquisidores que me acusó, y la verdad, parecía alguien capaz de aguantar casi cualquier cosa.

-Casi cualquier cosa.....menos a un paria, resulta que el tipo era psíquico, asi que le ordené a uno de mis acólitos, un nulidad, que se ocultara tras él cuando le indicara, y cuando lo hizo, el pobre colega del Heréticus casi se caga encima del miedo que tuvo.-Dijo de forma humorística, consiguiendo sacarle una corta risa al astartes que parecía ahora una persona de verdad y no alguien con una neurosis como la que acosaban en ese instante al inquisidor.

Y ambos se alejaron de l marine y su compañera, pese a que Enkia y la acompañante de Gabriel parecían haber echo buenas migas, dado que estaban bromeando y charlando de algún tema extraño cuando fueron separadas.

-Parecen personas bastante decentes.-Dijo la acólita a su señor, que asintió mientras se sentaba en una caja de formas suavizadas, nada que ver con las humanas, en las que te sentías masl al apoyarte.-Pero no sé a qué se refería cuando habló de unas acusaciones.-Dijo Enkia nuevamente, Radox se aclaró la voz, iba a tener que hablar mucho cuando lllegaran los portavoces eldar, sobre todo si Jaien o Rakteer formaban parte de este.

-Verás, hace unos años el marine y la chica.

-Zarpasligeras.-Dijo la acólita, casi como una correción.

-¿qué?

-Zarpasligeras, ese es el nimbre de la asistente del Capitán.Dijo Enkia a modo de corrección, Radox lo memorizó ; después de todo había escuchado varias veces todo ello, pero sus colegas solo utilizabantérmnos como una mutante o esa gata furcia.

-Bueno, pues que hace unos años el marine y Zaarpasligeras tuvieron que ir como parte de un equipo de rescate en ayuda de un inquisidor de Heréticus, que, tras ser salvado, intentó matar a Zarpasligeras, no solo porque tenga los rasgos que tiene, sino porque se compportaba, según lo que escuché, como si hubiera yacido en la cama con él, o como si fueran una pareja.-Dijo cortando con un dedo la cotestación que su sierva iba a soltar de sus labios.-Y eso, unido a la forma de Gabriel de protegerla y al echo de quién es quién y que la reacción de ese momento del marine fue un poco mas exagerada de lo que se debía en su momento, lo mas posible por algún descuido, pero la cosa fue creciendo hasta que se realizó una acusación oficial, aunque la desestimaron.-Dijo Radox, que parecía a esas alturas un cuentacuentos experimentado.

-¿Cómo que desestimada?-Preguntó Enkia, que parecía una niña pequeña, intentando alargar un cuento de antes de dormir lo máximo posible.

-Verás, cuando se formó todo ese revuelo, el señor del capítulo en persona actuó en su defensa, y con alguien de su cargo defendiéndolos, no había mucho que hacer; además de que ese inquisidor era un tipo medio idiota, una vez casi provoca una guerra civil en un sector por interpretar una expresión propia de un planeta como una preoclamación de rebelión.-Dijo, listo para hablar ahora que había cogido el ímpetu, pero calló al ver como la puerta del hangar se habría, poniendo fin a conversaciones como aquella y dejando entrar a una comitiva de guardianes, que escoltaban a una vidente. Era Rakteer, Radox recordó por un momento cuando ella casi lo dejó en coma cuando entrenaba sus defensas mentales.....ah, los buenos tiempos.



Caminaron todos por un pasillo, los eldar asignaban habitáculos a  los recién llegados y sus escoltas, unas veces juntos, otras separados.

Ya solo quedaban Radox y su acólita, además de la vidente, los guardianes que hacían de vigilantes de los recién llegados habían desaparecido en algún punto anterior a esa esquina.

-Bien, estos son sus aposentos, Inquisidor Radox.-Dijo con un tono natural.-Me gustaría discutir algo con usted, asi que....si deja a su consorte aquí y me sigue.-Dijo con un tono sujerente, Enkia se sonrojó al captar el sentido de Consorte; Radox miró a Enkia, haciendo un ademán de que se metiera en el camarote, luego tendría que pensar acerca de el por qué se sonrojó antes de que eso la hiciera inadecuada para el servicio, o de que acabara de alguna otra forma.


Radox entró con Rakteer a un camarote que parecía adaptado para la meditación, puesto que identificaba varias runas que se utilizaban en el proceso tiradas delante de un asiento de aspecto cómodo, en el que momentos despues se sentó.

-Parece que has madurado niño.-Dijo la vidente, que elevó psiquicamente las runas hasta que pudo cogerlas con la mano.-Aún recuerdo cuando me encontraba con tu maestro.-Dijo, una sonrisa recorrió su rostro, lleno de melancolía.

-Ya me sé el resto de la historia, que normalmente acababa en una misión o en un dormitorio, o en ambas cosas, igual que ensa colmena de..

-Parece que en ese entonces también tenías el vicio de espiar a la gente sin que se de cuenta.-Dijo, sacando de un bolsillo una de sus arañas-espía, tragó saliva.

-Vaya, perece que no me puedes dejar solo en una nave como esta.-Se quejó con falsa modestia.

-Tu lo has dicho, pero ahora me gustaría preguntarte una cosa.-Dijo con el tono serio y oficial que tanto echaba de menos.

-¿Cual?-Preguntó el inquisidor, que intuía que sería sobre su acompañante.

-¿Sabes lo que es esa niña humana realmente?-Preguntó con un tono serio.

-Bueno, tenog mis teorías, pero no tengo nada serio, solo sé que es una psíquica terriblemente poderosa, pero nada más.

-Una psíquica terriblemente poderosa pero que no posee ninguna presencia maligna cerca,¿eso qué te dice?-Preguntó retoricamente, entonces la mente del inquisidor se paralizó. Se encontraba ante una posibilidad tan presente pero a la vez tan dificil de probar... -Algo extraño.-Respondió Radox.-Pero hice que varios equipos de psíquicos experimentados se asegurarn de que no hubiera ningun rastro de influencia demoniaca en ella, y parece que no hay nada extraño.

-Espero que no te equivoques.-Dijo la vidente que se levantó, para ponerse junto a la puerta del camarote, coronada por un arco adornado.-Porque, pese a que seas una excepción en nuestra sociedad, perderás todo, incluida tu vida.-Dijo Rakteer, y el inquisidor tragó saliva, la conocía lo suficiente como para saber que, pese que era mejor mentirosa que él, no había engaño en su voz o mirada.


Y volvió a su habitación, encontrándose una sala similar a la del mas lujoso hotel humano imaginable, se tumbó en su cama,dejando su ropa y armas en el suelo sin pudor alguno, ya que veía desde la entrada como su acólita estaba dormida en una de las dos lujosas camas de aspecto esponjoso.

Se tumbó en la cama, cerró los ojos y durmió.


Pero despertó cuando sintió que la nave parecía estar deteniéndose, se levantó, encontrándose con Enkia, que ya se había vestido totalmente, y que esperaba sentada.

-Parece que la nave se ha detenido.-Dijo Radox a modo de saludo.

-Buenos días a ti también amo.-Dijo Enkia con un tono malhumorado, parecía que no le gustaba dormir en sitios tan extraños, o que se despertaba con muy mal humor.

Radox se levantó, por suerte tenía sus pantalones todavía puestos, por lo que se puso sus botas de combate, con xeno-cuchillas sen el talón y la puntera, su camisa, su armadura y su gabardina.

Tras esto tomó sus armas y, haciendo una seña a su acólita para que lo siguiera, abandonaron la humana sala para encontrarse nuevamente con el pasillo alienígena, y con una pareja de escoltas con este.


Caminaron hasta encontrarse con Gabriel y Zarpasligeras, escoltados por casi seis guardianes, a unos doce metros delante de ellos, el inquisidor miró al astartes y a la joven, a la que, pese a lo que veía como practicamente humano, sus instintos inquisitoriales no paraban de denominarla La Mutante.

-Señor,¿Qué cree que va a suceder?-Preguntó su acólita de súbito, el inquisidor creyó ver un respingo en las orejas de Zarpasligeras.

-Esa es una pregunta que no sabría contestar con exactitud, pero de todas formas, sucederá algo, de eso podemos estar seguros.-Contestó el inquisidor vagamente, concibiendo una neurótica sonrisa, cosa común en él.


Llegaron al hangar, donde estaban todos, a excepción del inquisidor del Ordo Xenos, cosa que extrañó a Radox, hasta que Jaien arrojó rodando la cabeza del anteriormente llamado inquisidor, deteniéndose frente a su colega del heréticus, al que miró inerte desde el suelo con sus dos ojos biónicos, que, pese a la muerte de su dueño, seguían brillando de forma siniestra.

-¿Que significa esto?-Bramó el inquisidor del Heréticus con una cara furibunda, marcada por su picudo sombrero y su mal afeitado, y reforrzada por la feroz hermana de batalla tras él, que tenía su bolter preparado para disparar.-¡Exigo una explicación!

-Su compañero intentó acceder a uno de nuestros arsenales, matando a tres de nuestros guerreros en el proceso, este era el castigo justo.-Contestó la vidente, mirando principalmente al inquisidor del Heréticus y al marine, que, pese a no estar formando parte de forma activa, parecía comenzar a mostrarse tenso, pero la cosa se calmó cuando sintieron que la nave llegó a su destino.

Informe Seis: El torneo del HonorEditar

El transbordador en el que Radox viajaba había sustituido su aire por una tensión respirable, que todos sus ocupantes sentían, emitida por el inquisidor del Heréticus y su asistente y los eldars, que no sabían si tendrían que cobrarse otra víctima.

-Es indignante.-Masculló.-Yo, el azote de brujas y herejes, el gran Maldagar Sigmund encerrado junto a esta escoria dentro de una de sus naves.

-Pero la culpa es tuya, si los detestabas, simplemente podías no haber venido, o podías haber atacado con lo cañones de tu nave a los eldars.-Contestó Radox, que parecía disfrutar de la situación.

-Cállate. Tu tienes una fama casi peor que la de los eldars, porque a tí no podemos matarte por las buenas sin ser nombrados herejes.-Dijo Maldagar, dedicando una mirada de odio provniente de sus fríos ojos grises.

-Es uno de los beneficios de ser una vívora, que si las atacas sin motivo, es posible que salgas muy mal parado, y creo que lo sabes.-Contestó el agente del Ordo Xenos, que parecía reir a causa de un chiste que solo él parecía seguir.


Y el camino continuó en silenio hasta que aterrizaron, encontrándose una paraje incomparable.

Estaban en una meseta, en la cima hallanada y modificada de una montaña, a judgar por las antiquísimas edificaciones de piedra de aspect simple que habían esparcidas por todos los alrededores de la zona hallanada, bajo la que se encontraba un bosque de plata.

Enkia, al ver la alienígena belleza del paisaje enmudeció, contemplando el entorno hasta que, sin previo aviso, un suave golpe en la cabeza por parte de su maestro la hizo despertarse de su ensoñamiento, para seguirlo hacia lo que parecía una entrada al infierno.


El camino por el que caminaban era poco mas que unas catacumbas ruinosas, iluminadas lugubremente por varios a paratos de iluminación eldar dispersos por la zona, al igual que varios guardianes armados, que observaban los movimientos de los invitados con suspicacia.

-No hemos visto a ninguno de los xenos que fueron invitados junto a nosotros.-Dijo el inquisidor del Heréticus, Radox, que estaba unos pasos mas adelante, agudizó el oido.

-Tienes razón maestro, pero no me preocupa, si están muertos serán una preocupación menos de la que ocuparnos, así podremos dirigir la justicia del Emperador a lugares mas adecuados.-Dijo la sororita, que esgrmía si bolter, mirando con aires de desconfianza y superioridad a los guardias xenos.

-Da igual, quizá esa vívora del Xenos y el marine espacial no estén preocupados, pero sigo pensando que algo irá mal.-Dijo finamente el inquisidor.

Y el camino continuó en silencio hasta que salieron del camino subterraneo paara encontrarse con un coliseo natural de aspecto antiguo.

En el que sus adversarios les esperaban.

-Bien Enkia, no quiero que intervengas, solo que vayas a charlar con una vidente.-Musitó Radox, mientras veía acercarse a sus adversarios, viendo comoel xeno mecanizado estaba combatiendo con una eldar que, a judgar por su armadura, su forma de luchar, y el horrendo sonido que, aun siendo residual, provocaba en él un dolor de oido, debía ser una espectro aullante.

-Esa es una orden bastante extraña señor.-Musitó su acólita en respuesta, mirando por un momento al Arcangel Rojo y a su compañera, pensando por un momento que podrían habelos escuchado.

-Eso no importa, solo quiero que no intervengas de ninguna forma.-Terminó de decir, tras lo que señaló a la vidente que horas antes había sostenido la cabeza inerte de uno de sus colegas, y que parecía esperar a la psíquica sentada sobre una roca.

Y su adversario llegó. Era un eldar alto, que portaba una armadura negra con detalles rojos, esgrimiento una espada en cada mano, se inclinó levemente, mirando a los ojos del inquisidor, que no temblaron en lo mas mínimo.

-Eres familiar, humano.-Dijo finalmente el guerrero eldar, que se ponía en posición

-Puede ser, la verdad es que no recuerdo a todos los que conocí durante mi estancia en vuestro mundo astronave.-Dijo mientras desenvainaba su espada de energía y una daga, viendo como cambiaba la expresión del rostro del xenos.

-Eres el Honorario.-Dijo casi con incredulidad, sonriendo de forma ladina y sincera a la vez.-Ahora podré pelear en un duelo de verdad, así no me arrepentiré de pelear con el astartes.

-Vaya, me siento herido, pero, si no te importa, comenzaré yo mismo.-Respondió Radox, lanzando  su daga hacia el eldar, que la desvió con un mandoble rápido, tras lo que comenzó a acercarse con vellos movimientos, iniciando su combate.


El duelo era poco mas que un intercambio de movimientos entre adversarios poco igualados, siendo mas un conjunto de formas de evitar los letales cortes y estocadas eldar, y de malos y algunas veces descoordinados intentos de réplica.

Miró de reojo al evitar un golpe decapitador como el marine espacial estaba manteniendo un igualado duelo con un eldar que portaba una lanza bruja, tamibén vio como Maldagar disparaba una pistola lanzallamas sobre una eldar, que evitó el grueso de las llamas, no sin acabar con parte de su armadura ennegrecida por el calor.

Una estocada casi apuñala el corazón de Radox, pero con un golpe de su espada de energía consiguió obligar a retroceder a su enemigo.



El torneo continuaba, durante unos minutos se escucharon ruidos similares a los de un cuerno de guerra de los Mundos Salvajes, anunciando que los xenos habían caído ante los eldar, era una pena que no dejaran a Radox xaminar a esos seres desconocidos.

Una fortuita estocada del inquisidor cercenó dos dedos de la mano izquierda del eldar, obligando a este a soltar su arma, Radox intentó cogerla, pero casi cae al suelo cuando su adversario le propinó una patada en la cara.

El inquisidor reaccionó lanzando un par de dagas al eldar miantras se aproximaba. Once, doce, se quedaba sin armas arrojadizas, y eso le impedía mantener alejado a su enemigo si la situación lo requería, y un corte que penetró su armadura y en su hombro lo corroboró.

-Parece que has perdido Honorario.-Dijo el eldar con una ladina sonrisa, sabiendo que  solo tendría que girar su hoja, ahora clavada en el hombro de Radox y así perforarle un pulmón o su corazón.

Una pena que el disparo láser del guante jokaero perforara su ojo izquierdo, dejando una cara de estupefacción en su cadaver, que soltó la espada, no sin antes hundir en dirección all pulmón del inquisidor un centímetro.

-Parece que ya tenemos a otro ganador.-Escuchó decir a una de las videntes mientras se giraba, intentando agarrotadamente de retirar el arma de su oponente caído, para conseguirlo con un grito ahogado de dolor.

Vio mientras miraba a la interlocutora que le habló como el marine espacial partía en dos a su oponente gracias a la inmensa espada-sierra que portaba, tambien vio lo que parecía haber sido Maldagar, aunque costaba reconocerle con la cara destrozada a puñetazos y con varias partes del cpuerpo troceadas y separadas por iperceptibles cortes.

Se desmayó antes de tan siquiera poder vanagloriarse de su logro, y eso casi le dolió mas que su sangrante herida.



Despertó en la cubierta médica de su crucero, eso le molestaba, era un lugar muy deprimente para despertarse, y el inquisidor lo había comprobado mas veces de las que hubiera deseado.

-Esta consciente.-Dijo un asistente médico a su superior, que se acercó, para llenar los ojos de Radox con esa molesta luz que le servía como indicativo de si había sufrido algún daño cerebral.

-Y parece que en buen estado.-Dijo, haciendo que su amo se sentara.-Bienvenido señor.-Dijo, Radox aprovechó que su visión se clareó para mirar a su alrededor, reconociendo la enfermería de su nave, con la vieja salpicadura de sangre xeno que no había salido, a pesar de que levaba ahí casi tres años, no recordó un momento en el que no la viera.

-Gracias.-Contestó el inquisidor.-Quiero que dentro de diez minutos la acólita Enkia Rak se presente en mis aposentos para informarme de lo sucedido, quiero que me entregueís un informe detallado de todo lo que ha sucedido en mi ausencia y duante mi periodo estando inconsciente.-Ordenó, levantándose tambaleante y tambaleante dejando la sala.


Caminó por el último tramo del pasillo, que a duras penas lo separaba de sus aposentos, encontrándose con su puerta cerrada, custodiada por Oligar, al verlo sintió un escalofrío, se notaba que hacía tiempo que no estaba cerca de un paria.

-Hola, Oligar.-Dijo Radox mientras activaba su electrotatuaje para poder escanearlo y entrar a descansar en una cama que no le partiera la columna.

-Hola.-Dijo secamente.-Parece que tuviste una buena pelea en ese.....Torneo.-Dijo el mercenario, Radox sonrió, sabiendo que tarde o temprano tendría que contarle la historia.

-Si, y me gustaría contártela, pero quiero ponerme al día antes de que me toque meterme en algún lío del que no me pueda librar.-Bromeó, tras lo que se internó en sus aposentos.

Tendría que inventarse una historia mejor.


Miró sus aposentos, su despacho, tan suntuoso y ordenado como siempre, miró las puertas, sietuadas cada una a un lateral de la sala, la derecha conducía a su laboratorio de investigación personal, la de la izquierda, a su dormitorio, donde se encontraba algo a lo que llamar una cama, y a lo que se dirigió.


Se tumbó en la cama, intentando aclarar que había pasado.

Primero:Le invitaban a un Torneo del Honor, algo normal, mas o menos.

Segundo:Lo hieren durante el torneo, que parece acabar en ese momento, cuando en realidad acaba con un único superviviente, además de que la duración es excepcionalmente corta.

Tercero:Fue transportado en los dos días de viaje aproximadamente sin notar una sola variación.

Dejó de pensar en ello, despues de todo, eso era demasiado incluso para un inquisidor como el.


Informe Siete: La cruzada de FiriadesEditar

El sector Firiades, conocido en todo su Segmentum por sus planetas y sus aportaciones a la valiosa maquinaria militar imperial, destacando en la producción de naves para la Flota Imperial y los cientos de miles de soldados de la Guardia que tienen su origen en él, al igual que el capítulo de los marines espaciales de los Látigos Azules, que convirtieron, lo que en origen iba a ser una de las mayores joyas de la humanidad en uno de los mayores baluartes de renegados cuando el señor del capítulo, junto a casi la mitad de sus hermanos, cayó en la decadente adoración al panteón de los Poderes Ruinosos, arrastrando a muchos planetas y sistemas en su cruzada personal, en la que reunió un ejército de renegados y traidores de todo el sector e incluso de sectores cricundantes.

Pero esto no pudo seguir sin respuesta, motivo por el cual tres regimientos de la guardia imperial, junto a las fuerzas de varios capítulos astartes, entre los que se contaban los Látigos Azules todavía leales, diezmados brutalmente en la rebelión de sus hermanos y bajo el mando de un único capitán superviviente.

Y en medio de todo aquello estaba Radox.

-Quiero que desplacen sus naves aquí.-Dijo un estratega n un terminal holográfico a algún capitán o almirante. Radox lo ignoró y siguió avanzando, despues de todo, esa sala de mando era una marabunta de comunicaciones, órdenes y reuniones de oficiales, pasó de largo, evitando por los pelos a un astartes de armadura grisacea y pintas de salvaje. Un Lobo Espacial.

Miró al marine de aspecto desaliñado un par de segundos antes de continuar su camino, debía ir a la reunión de sus colegas de la Inquisición antes de que decidieran su destino sin que pudiera replicarles por lo menos.


Llegó a una pequela habitación, en la que una mujer vestida de negro y con una mano biónica con la I de la Inquisición en el dorso estaba hablando con un par de hombres, vestidos con ropas extrañamente individuales, miró de derecha a izquierda.

Un hombre rubio, de pelo lacio y corto miraba intuitivamente de derecha a izquierda, portaba una chaqueta hecha de lo que parecía ser piel de grox, además de un brazo biónico y un chaleco anti-frag, tenía una pistola de plasma y una espada de aspecto fino y estilizado, mas propia de algún noble que de alguien que lucha contra herejes, demonios o xenos.

Había una mujer junto a la que mandaba, tenía un pelo negro corto, interrumpido desde su sien izquierda hasta la ceja del mismo costado por una cicatriz inmensa, portaba una servoarmadura de aspecto voluminoso llena de bendiciones y plegarias, además de poseer incrustado en el peto de su armadura un rosarius.

-Parece que se nos ha unido un colega del Xeno.-Dijo la voz burlona y mecanizada de un hombre situado en el otro extremo de la sala, portaba una capa y protecciones de combate finamente ornamentadas, diseñadas mas para ser lucidas en una reunión que en un combate, en el cuello, bajo una barba de color marrón, se veía un artefacto diseñado para sustituir las partes dañadas, posiblemente por algún encuentro.

-Gracias por la presentación tan trabajada que ha realizado.-Replicó burlonamete Radox mientras se acercaba a una mesa que ocupaba gran parte de la sala.

El holograma mostraba la situación de todo el sector, con varias zonas rojas y azules, salpicadas en algunos puntos de verde.

-Bien, para ponerle al día.-Dijo la mujer del centro, con aires de grandeza en su voz, vestía una mezcla entre un corsé y una armadura, además de portar en su costado izquierdo una espada de energía que se notaba era dificil de conseguir, en el lado opuesto portaba una pistola bolter, además de lo que llevara oculto en las bolsas amarradas en sus piernas y en lo que llevara oculto en la larga chaqueta negra que portaba.-He solicitado que venga porque, pese a su dudosa reputación, ha conseguido algunos éxitos que se podrían considerar notables.

-Es algo que me esfuerzo en conseguir.-Prosiguió mientras señalaba  a uno de los puntos verdes, que parecía moverse hacia el sector.-Pero, verdades a parte,¿qué son lo puntos verdes? los azules son imperiales y los rojos los traidores, si no me equivoco.

-Y no se equivoca.-Interrumpió el hombre rubio, que se puso erguido para darse mas importancia.-Inquisidor Fiightet, Ordo Malleus.-Son las fuerzas estimadas de varias poblaciones y fuerzas orkas tanto nativas como las que se han visto atraidas por el conflicto.

Radox maldijo su suerte, primero, lo hacían meterse en una guerra sin posibilidad alguna de librarse, luego, descubre que además hay inquisidores experimentados y con autoridad de verdad entre los oficiales, y para terminar, descubre que el conflicto se está descontrolando de forma brutal.

Perfecto, simplemente perfecto, repetía Radox en su cabeza, maldiciendo casi en broma el no haber muerto en el Torneo del Honor.





Krytus embistió al marine traidor  de los Látigos, que al parecer habían repintado su armadura de rojo, posiblemente por su adoración al Dios de la Sangre, para luego dispara una ráfaga de proyectiles kraken en el peto del marine, acabando por atraverlo y matarlo en una tormenta de sangre, que Radox pudo contemplar desde la seguridad de su cobertura, desde la que disparaba a algunos cultistas que intentaban derribar al marine leal.

-Señor, quiero que vaya al centro de control de la instalación, podré ocuparme de esta escoria traidora hasta que los soldados de la guardia desembarquen para apoyarnos.-Dijo el marine con un tono autoritario mientras disparaba contra una debil escalinata de metal por la que ascendían algunos cultistas, acabando con estos y su medio de ascensión.

Radox sonrió al verlo, para luego hacer una seña a Oligar, que tenía un par de pistolas láser sobrecargadas en las manos y con las que acababa de derribar a un cultista armado con un lanzagranadas, posiblemente saqueado, que apuntaba desde un balcón metálico.

Entraron por el pasillo que conducía a la sala de control de aquella instalación antiaerea, la mas poderosa del planeta y la única que hacía frente de manera excesivamente eficaz a las fuerzas de ataque de la Guardia Imperial.


Radox caminaba tenso por el pasillo, era un lugar bastante horrible, sobre todo si no te dedicabas a adorar a uno de esos cuatro entes blasfmos a los que llamaban Dioses.

Giró a la derecha, encontrándose con un par de cultistas cubiertos de mugre y sangre, que se giraron en su dirección, disparando con sus armas mientras corrían hacia él, que preparó su pistola de plasma para el combate, para luego mirar a su acólito, que parecía estar recargando una célula de energía en una de sus pistolas.

-Bien, son unos tres, quiero que...-Dijo el inquisidor, que se agachó cuando tuvo que evitar un hachazo de uno de los cultistas, que fue derribado con un par de certeros disparos láser en el pecho.

El inquisidor se retiró un par de pasos, apuntando  con su arma de plasma, que comenzaba a humear muy levemente.

Tenía que haber traido algún tipo de avisador que le dijera que sus armas se sobrecalentaban, porque la verdad es que no ganaba para tanto.

Dejó caer su pistola de plasma, para luego alzar la bolter, con la que mató al último cultista que cruzó la esquina, contando tres con el segundo que abatió su acólito.

Recordatorio:Subirle el sueldo a Oligar.