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Zortria Secundus, uno de los mundos con mejor infraestructura de su sector. Sus plantaciones hidropónicas abastecían a practicamente la totalidad de la población planetaria. Sus fundiciones y forjas producían todo tipo de material para la Guardia y la Flota Imperial. Era un valiosos activo estratégico y económico para el Imperio.

Y todo estos engranajes de su formidable capacidad de gestión y producción debían ser agradecidos al cogitador arcanotecnológico, encerrado en la Forja-Fortaleza de Xon, en la que el consejo de tecnócratas gobernantes desempeñaban su papel para con su pueblo....

Hasta que sustituyeron al pueblo por sus propios deseos.

Durante meses, la soledad de la fortaleza hizo mella en los gobernantes que, en cuestión de años, acabaron por abrazar el Caos bajo el estandarte del Dios del Cambio. En pocos meses la totalidad del planeta hizo lo mismo, atrayendo a grupos de saqueadores y renegados caóticos bajo el amparo de este mundo, provocando por todo su subsector una oleada de violencia y destrucción, que obligó a responder a la Guardia Imperial.

Cuando la campaña acabó en un punto muerto, los marines espaciales del capítulo de los Arcángeles Rojos pertenecientes a la 3ª y 7ª compañía, que volvían de una exitosa campaña contra los orkos del ¡Waaagh! Rebientapiñoz, decidieón asediar el planeta que originó toda aquella oleada de herejía y guerra, acabando de una vez por todas con los enemigos del Imperio.

Pero descubrieron que otro capítulo había llegado antes.

Cuando identificaron la nave insignia capitular como perteneciente a la Guardia de las Sombras, propusieron un ataque conjunto, que los hermanos de batalla de la Guardia de las Sombras se negaron a aceptar, asegurando que sus marines y la Guardia Negra podían encargarse sin problemas, por lo que sería mejor que esperaran en órbita como tropas de refuerzo.

Pese a lo dicho por el oficial de la flota del capítulo, los Arcángeles no podian permanecer ociosos mientras hijos del imperio luchaban y morian en la superficie de Zortria Secundus, y organizaron una devastadora ofensiva contra varias zonas del planeta, incluyendo la ciudad que rodeaba a la inmensa Forja-Fortaleza, convertida en un inmenso monumento dedicado al Dios del Cambio y centrado en construir armas y equipos para sus seguidores, ahora bajo el mando del hechicero del Caos Nirtthikus de los Mil Hijos.


1. Sombras del ImperioEditar

El Capitán de la 3ª Compañía de la Guardia de las Sombras caminaba por la calle medio derruída de la ciudad. Su melena blanca, decolorada como la de todos los de su capítulo, ondeaba al viento que transcurría entre las ruinas de lo que antaño fue una bella ciudad imperial. Una escuadra tactica de Guardias de las Sombras lo seguia de cerca, con las armas preparadas y los sentidos alerta.

-Aquí Strelok Stalk, solicitó la presencia de tres escuadras de la Guardia Negra acompañadas de un Leman Russ- Ordenó el astartes a traves del comunicador que llebaba en la gorgera de su peto, al tiempo que hacía señas a sus hermanos de batalla para que avanzaran.

Cruzaron la calle hasta que se encontraron cara a cara con un atrincherado grupo de renegados, que dispararon sus torretas de bolter pesado contra los marines leales, que se ocultaron rapidamente tras la pesada cobertura de los edificios en ruinas en cuanto las armas comenzaron a disparar.

Strelok disparó su pistola de plasma, matando a uno de los cultistas y vio como el hermano Persus se lebanto tras la cobertura y disparó su bolter contra el nido de ametralladoras, matando a dos de los cultistas. Tras los herejes surgió un marine de armadura colorida y deformada de maneras extrañas, propias de la disformidad.

El marine traidor disparó un bolter de aspecto dañado, hiriendo al hermano de batalla en su brazo izquierdo, obligándole a retirarse tras lo que antaño fue un muro de piedra.

-¿Cuando va a llegar el apoyo? Necesito ese blindado ¡Ya! -Bramó el capitán por su sistema de comunicación.

-Señor, nuestras tropas de apoyo están bloqueadas en un fuego cruzado a quinientos metros, tardarán en rechazar a los enemigos- Comunicó un soldado por el auricular. De fondo podían escucharse los disparos de armas laser y el inconfundible sonido del cañon del Leman Russ.

El capitán no hizo ninguna gesto. Estaban solos.

Strelok hizo una seña al hermano Corvus para que arrojara una granada de fragmentación. El marine espacial abandono la cobertura y, tras arrancar la anilla de la granada la lanzó, aterrizando esta junto al bolter pesado de los herejes.

Los cultistas que operaban el arma trataron de huir pero no fueron lo suficientemente raudos, siendo destrozados junto a la torreta fueron en una nube de sangre y muerte que acabó con la inmensa mayoría de ellos.

El resto de la escuadra salió de sus escondites, disparando contra los supervivientes. El hermano de batalla Jounus disparó a un cultista con su bolter, partiéndolo en dos, pero cayó momentos despues cuando un proyectil que provenía del bolter del marine traidor impactó en su casco atravesando el craneo del guerrero leal.

El capitán avanzó bajo la cobertura de sus hermanos hasta la posición del traidor, en la cima de una trinchera formada a partir de los escombros de un edificio, dispuesto a vengar a su hermano caido. El marine traidor, viendo que no seria capaz de maniobrar con su arma los suficientemente rapido, solto el bolter y desenvaino su cuchillo de combate. El hereje lanzó una cuchillada destinada al cuello del capitán que la esquivo con habilidad y hundiendo a Muerte Roja, su brillante espada reliquia en el casco del traidor, acabando con su vida.

Tras asegurar la posición y confirmar de que no había ningún enemigo más cerca reunió a sus soldados.

-Bien hecho hermanos -Dijo el Capitán a su escuadra para, seguidamente, mirar al apotecario- Hermano apotecario, quedate aquí con un par de hermanos para atender a nuestro herido y retirar la sagrada semilla genética del capítulo del cuerpo del hermano Jounus. Luego dirijios hasta la trinchera doce. La Guardia ha montado una cabeza de playa muy bien asegurada, y vuestra ayuda les vendría bien para que así siga siendo- Proclamó el capitán, que avanzó junto a tres hermanos de batalla para prestar apoyo a los soldados de la Guardia Negra que debian ahber venido a auxiliarlos.

Strelok y los tres Guardias de la Sombra corrieron rapidamente entre los edificios que parecían a punto de desplomarse con una evidente tensión reflejada en su rostro. No era la primera vez que esto ocurria, pues la gigantesca ciudad en ruinas se habia transformado en un lugar perfecto para el tipo de lucha de los herejes, que tendían emboscadas continuamente a sus equipos, y eso le preocupaba.

El avance de la fuerza de combate Imperial era exasperantemente lento. Daba igual cuantos enemigos mataran, cada vez aparecian más y mejor armados. La toma de la Forja-Fortaleza de Nox debia reializarse de inmediato o aquella campaña duraria siglos.

Los astartes giraron una esquina y llegaron al lugar donde sus refuerzos deberían estar combatiendo por sus vidas.

Sin embargo, el escenario que se presento ante él no era para nada lo que esperaba. 

Se encontraba en una amplia plaza, flanqueada por edificios en ruinas. En el centro, sentados sobre los restos destrozados del Leman Russ, se encontraban quince guardias imperiales. Los uniformes negros y grises los señalaban como pertenecientes a la Guardia Negra, la fuerza militar de la Guardia Imperial conformada por antiguos reclutas del capitulo que no habian superado las pruebas de iniciacion.

Muchos de ellos presentaban heridas leves que sus compañeros se preparaban para tratar con celeridad. Los supervivientes eran al menos la mitad de las tropas que Strelok habia solicitado y las bajas y la destrucción del Leman Russ demostraban la fuerza del ataque enemigo que habia caido sobre ellos.

-¿Qué ha sucedido aquí, sargento?-Dijo el capitán con tono autoritario mientras obsevaba a decenas de soldados renegados muertos, unos a causa de los proyectiles de artillería y los bolteres pesados del Russ antes de ser destruido y otros por los rifles láser. Sin embargo la mayoría mostraban las desgarradoras y profundas heridas en sus cuerpos destrozados propias de las espadas sierra y heridas de bala claramente hechas por armas bolter.

-Fueron Ángeles, capitan. Ángeles Rojos que llegaron del cielo- Replicó el sargento con los ojos muy abiertos, aun asimilando el hecho de que siguieran vivos.

Strelok suspiro para sus adentros. Pese haber salido de Atlan y haberse culturizado en los regimientos de la guardia, la mayoria de los soldados pertenecientes a la Guardia Negra seguían contando las cosas de forma idealizada. Fruto de su antiguo modo de vida, mucho más primitivo y ageno a la tecnología que la mayoria de los humanos.

-Llegaron volando a salvarnos- Intervino otro soldado, con un fuerte vendaje ensangrentado cubriendole la frente y con la armadura antifrag negra llena de polvo- Descendieron con sus alas de fuego y cayerón sobre ellos. Fue increible capitán, solo eran cinco pero los herejes no tuvieron ninguna oportunidad a pesar de que los superaban diez a uno. Sus armas rugian y teñian aun más de rojo sus armaduras y cuando ya no quedo nada que matar se despidieron y se fueron volando tan rápido como llegaron en dirección hacia la Fortaleza.

El Capitán de la Guardia Negra fruncio levemente el  ceño. Tenia una ligera idea de que tipo de Ángeles podían haber socorrido a aquellos hombres.

-Entiendo. Mantened la posición y cread una zona de aterrizaje segura para nuestras tropas y que os releven. Aunque esos Ángeles os hayan salvado, prefiero que lo hagan hombres armados -Aseguró el marine, que dirigió a sus tres hermanos hacia la Forja-Fortaleza, recordando el informe de hace unas horas sobre la llegada de otros astartes aliados. 

No eran Ángeles exactamente.

Sino mas bien Arcángeles, Arcángeles Rojos.

Había escuchado  cosas increibles por varios sectores, difíciles de creer entre alguien como los astartes. Cosas como el hecho de que habían impulsado un proyecto destinado a la reintegración de mutantes en la sociedad Imperial, e incluso que uno de sus capitanes, Gabriel Tormantaroja, había puesto bajo su protección y tutela a uno de ellos. Impensable.

Avanzó hasta llegar a una avenida desertica repleta de cadáveres de heréticos. Todos ellos presentaban cortes inmensamente precisos efectuados por filoarmas, además de marcas casi evidentes de la presencia de retrorreactores en el pavimento. Debían de ser de una de esas famosas Compañías de Asalto de los hijos de Sanguinius.

Recordó el nombre del oficial de los Arcángeles que estableció la comunicación. Arzael Hellstorm, capitán de la 7ª compañía, y que, al parecer, había decidido desobedecer el aviso firmemente establecido por la Guardia de las Sombras de no intervenir en pos de buscar la destrucción de los heréticos.

Apretó el paso cuando recordó lo brutales que otros capítulospodian llegar a ser con sus enemigos. No se salvaría nada si esos idiotas decidían bombardear la Fortaleza una vez que hubiesen acabado con el Hechicero del Caos que dirigia la Incursion. No deseaba que eso ocurriera esta vez, no mientras un artefacto arcanotecnológico tan valioso como el que encerraba la fortaleza siguiera allí, bajo la amenaza de los traidores y su corrupción, y de los leales y sus brutales represalias contra los primeros.

-Señor, mi auspex detecta picos de calor en movimiento- Informó el hermano Pálax observando, la pantalla verde del aparato que tenia en la mano derecha mientras con la otra sostenía con fuerza su bólter- Parece que la escuadra de asalto se ha detenido.

-Bien, quedate en esta posición y llama a la escuadra Extensior- Dijo mientras miraba a sus hermanos de armadura negra- Reunete con ellos y dirigios hacia mi posición. El resto, seguidme.

Los Astartes asintieron, acelerando el paso y avanzando por la calle a toda velocidad, dejando a su hermano atrás.




El capitán caminó mientras agitaba la hoja de su espada, quitando la sangre acumulada de los cultistas mal ocultados que intentaron emboscarle a él y sus dos hermanos de batalla. Habia resultado increiblemente fácil rodear su posición y acaba con ellos silenciosamente.

Al otro lado del edificio en el que se encontraban, podia escucharse el inconfundible sonido de los bólteres y las espadas sierra. Una oscura sinfonia de muerte que hacia de telón para los gritos de guerra y muerte.

- ¿Todo bien?- Preguntó el capitán sin mirar atrás, para recibir dos afirmaciones con un tono serio y mecánico- Bien, preparaos, al doblar la esquina los aliados necesitarán fuego de apoyo intenso.

Giraron la esquina, para encontrarse con una plaza en la que se desarrollaba el combate entre una escuadra de marines espaciales de servoarmaduras rojas y un grupo desordenado de traidores embutidos en servoarmaduras de formas retorcidas y extrañas. Los Marines del Caos estaban capitaneados por un gigantesco paladín, incluso para los estándares de los monolíticos guerreros. 

El Elegido vestía una armadura que parecia cambiar de color con cada uno de sus movimientos. Estaba luchando contra otro marine de armadura roja ricamente hornamentada, con evidentes condecoraciones que lo marcaban como el oficial al mando de la escuadra. Portaba una inmensa espada sierra con la que se defendía de las dos hachas brillantes e hipnóticas del lider de los traidores.

Los golpes del Paladín del Caos era rápidos y bien dirigidos, haciendo pequeñas rayaduras en el peto de su oponente. Su poder era palpable y, aun asi, el Arcángel Rojo no retrodecia, encadenando pesados golpes con su gigantesca arma a una velocidad impensable para una espada sierra de aquel tamaño.

Pero estaba perdiendo.

Uno de los hermanos de batalla del leal, trató de adelantarse para ayudarle cuando fue derribado por el bolter de un marine traidor. El hijo de Sanguinius calló de rodillas con la sangre manando de su destrozado peto y, finalmente, se derrumbó cuando las piernas no pudieron sostenerle. Pero en ningun momento dejo caer sus armas.

Un noble sacrificio. Uno que no quedaría sin respuesta.

- ¡Fuego de cobertura!- Gritó Strelok, disparando con su arma de plasma contra el traidor mas cercano, hundiendo en el canente proyectil en la hombrera de este, que lanzó un grito de dolor. El guerrero traidor fue acallado cuando uno de los Arcángeles Rojos mas cercanos lo decapitó con un rabioso movimiento de su espada.

Strelok corrió bajo el amparo del fuego bolter de sus hermanos hacia el lider enemigo, que habia conseguido hacer caer de rodillas al oficial aliado. Este, en un ultimo gámbito, trazó un poderoso arco con mandoble sierra desde el suelo, mandando por los aires la mano derecha del paladín del caos junto a una de sus hachas.

- ¡Por el Emperador!- Bramó el capitán de la Guardia de las Sombras mientras, con un corte preciso, acababa con un marine traidor, obligando a su lider a girar su cabeza. 

El líder Arcángel Rojo no desperdicio la oportunidad que se le brindaba y, tras ponerse en pie de nuevo, lanzó un decapiante golpe con su arma que desprendio la cabeza del Paladín de sus hombros. El cuerpo del traidor se sacudio unos instantes antes de caer a tierra inerte.

El resto del combate fue rápido: La media docena de traidores restante, pese a haber abatido a dos de los marines de armadura roja, no pudo soportar la feroz acometida del resto de la escuadra que redoblaron esfuerzos y abatieron a sus enemigos con una metódica y casi rabiosa precisión.

El capitán miró al oficial de los Arcángeles, que parecía ser el mejor ejemplo de la belleza extraña que todos los hijos de Sanguinius poseían.  Envaino su Muerte Roja, sabiendo que sus dos hermanos de batalla, uno de los cuales había sido herido por culpa de una bala perdida del tiroteo, no podrían hacer nada contra la escuadra de asalto que, aunque mermada, era sin duda temible.

-Le agradezco su ayuda, hermano capitán- Dijo finalmente el lider de los Arcángeles, guardando su arma en una cincha espacial colgando de su mochila generadora. Acto seguido, tendió a Strelok su mano derecha, un gesto que el Guardia de las Sombras no tardo en aceptar, estrechandola con la suya.

- Soy Gabriel Tormentaroja, Capitán de la 3ª Compañía de los Arcángeles Rojos- Habló el Arcángel con tono fierme y seguro de si mismo.

-Soy Strelok Stalk, Capitán de la 3ª Compañía de la Guardia de las Sombras- Contestó el otro astartes, escuchando como tras él llegaban sus hermanos de la escuadra Extensior, unos dieciseis en total, sin contar a los dos apotecarios.

Ambos capitánes cruzaron la mirada, evaluandose mutuamente.

El capitán Gabriel, poseía unos rasgos extremadamente elegantes y atractivos. Su rostro parecía esculpido en mármol y enmarcaba sus ojos, de un frio azul hielo, bajo unas recortadas cejas doradas. Una mata de cabello de un rubio cobrizo le caía de la cabeza, rizandose en las puntas hasta la altura del cuello, oculto tras la servoarmadura.

Pero se notaba el peso de las campañas a sus espaldas, el Guardia de las Sombras conocia muy bien aquella mirada, la de un hombre que ha caminado por miles de mundos cubiertos de sangre y condenado a sus habitantes al olvido.

La misma que el otro astartes veía al mirarse en el espejo.

Debía de ser joven para los estándares astartes, aunque algo mas mayor que Strelok, lo que indicaba que ambos habían ascendido rápido. Quizás demasiado.

Lo mismo podía decirse de Strelok. Tenía un rostro levemente pálido, resaltando en el sus ojos rojizos y un pelo blanco como la nieve. Rasgos comunes a casi todos los miembros de su capítulo. Su armadura negra con algunos adornos dorados resaltaba contra la sumamente ornamentada armadura del Arcangel Rojo, cuya mirada reflejaba los valores fundamentales de su linaje como sucesores de la IX Legión.

En el Guardian de las Sombras no había tanta gloria ni orgullo militar en sus ojos, sino más bien una sensación semejante al vacío, que inquietaba al Arcángel Rojo. Ambos capitánes apartarón la mirada al mismo tiempo. - Creia que solo el capitan Hellstorm y su compañia eran los unicos que habia llegado al sistema- Expresó Strelok con seriedad.

- Nuestras compañias viajaban juntas en ese mismo momento, cuando recibimos los informes de una batalla, aqui en el planeta- Respondio el Arcángel- No podiamos pasar de largo sin mas. El honor nos obligaba a prestar algun tipo de asistencia. Por eso es que el hermano Azrael se comunico con vosotros mientras yo y mi compañia iniciabamos el despliegue de nuestras fuerzas.

Strelok fruncio el ceño ante la osadia del hijo de Sanguinius. Debian de estar muy seguros de su fuerza para desplegarse asi, sin mas, en medio de una batalla y sin ningun apoyo.

- Entonces, si estais informado de esa conversacion sabreis cual fue la respuesta que le dimos al capitan Azrael.

- Si lo se- Dijo Gabriel con gesto orgulloso- Pero ¿acaso la Guardia de las Sombras se habria quedado esperando, mientras otros luchan y mueren en nombre del Emperador?

Strelok sonrio para si.

- No, no lo habriamos hecho.



Strelok caminó hacia el capitán Gabriel, llevando en su mano izquierda un artefacto diminuto para la mano que lo sostenía, esperó a que uno de sus apotecarios terminara de tratar al capitán de un corte superficial en el brazo izquierdo para acercarse.

-¿Está bien?- Preguntó el Guardia de las Sombras, mas por protocolo que cualquier otra cosa, pero mostrando un verdadero respeto.

-Si, la verdad es que este corte no es nada, aunque haya sido capaz de atravesar mi servoarmadura.-Replicó el Arcangel Rojo, que desvió rapidamente la mirada hacia el artilugio que Strelok portaba.-¿Qué es eso?

-Es un holito arcanotecnológico, tiene en su interior imágenes de todo el terreno y las posiciones aliadas y enemigas conocidas en tiempo real- Explicó el marine de armadura negra, que con un toque suave hizo que el hololito comenzase a flotar, emitiendo a su alrededor la imagen de los alrededores de la Forja-Fortaleza, junto a multitudes de puntos azules, verdes y rojos.

-Y ahora podremos decidir cómo acabar con esa escoria- Concluyó el Arcangel, siguiendo la linea de opensamiento de su igual.

-Bien, según mis datos estamos cerca de una zona de conflicto entre nuestras tropas de asistencia y el grueso de los defensores traidores, que parecen contar con torretas pesadas automatizadas que están ocultas en los muros eexteriores del perímetro de la fortaleza- Dijo Strelok, señalando varios puntos que aparecían en la proyección de su holoproyector portatil arcanotecnológico- Hay varias zonas menos defendidas aquí y aquí, al sur de la muralla, cerca de lo que creemos es ahora un santuario hereje.

- Parece que la fortaleza tiene buenas defensas- Observó Gabriel mientras se acercaba un par de pasos al holograma- Pero creo que nuestras fuerzas, sumadas a lasde la Guardia podrían derrotar a los defensores externos. Después de todo, de no ser por las torretas pesadas no aguantarían- Dijo señalando una torre en la muralla, que hacía de zona de control- Mi guardia y yo podríamos irrumpir en la zona y desactivar las defensas automáticas.

-Es una buena idea, una escuadra de asalto que está en una zona cercana los apoyará por si hay mas guardias de los estimados- Dijo Strelok, que hizo una seña a un sargento de pelo blanquecino y corto para que diera la orden-Mientras, yo y un par de escuadras tácticas irrumpiremos en el santuario aprovechando que no hay casi centinelas en la zona y desde ahí aprovecharemos una red de catacumbas para entrar. Vosotros haced lo propio desde los puentes que conectan la muralla exterior con la interior para entrar mientras el grueso de las fuerzas actúa de distracción con un ataque generalizado contra la puerta principal y la secundaria, así nos aseguraremos de que el grueso de las fuerzas enemigas se dirija al frente mientras acabamos con su lider y los flanqueamos- Declaró el Guardia de las Sombras, viendo como el Arcangel asentía, aceptando la estrategia.

Ambos se reunieron con sus hombres para contarles lo que iba a ser desde ese momento el plan de asalto a la fortaleza mas fortificada entre las muchas del planeta.