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Prólogo: En el peor momento, en el peor lugarEditar

(Nota del autor: para lectores poco duchos en el idioma y la cultura Tau, aquí tenéis)



- Dame un cigarro, anda.



- No, ya sabes que en el TAVS no se puede fumar.



Suspiré, realmente necesitaba algo de Ilho. Lástima que en el TAVS (siglas de Tren de Alta Velocidad Subterráneo) no se pueda fumar. Aunque, claro, no estábamos en el tren en sí, sino en los túneles de espera, por lo que hallé una buena excusa.



- Pero no estamos dentro. Quiero decir, no dentro del tren, así que no cuenta, ¿No?



Ruiha, mi novia, sonríe. Habíamos empezado a salir hace unos dos kai'rotaa, al comienzo del curso, y aunque no era ni un tau'cyr siquiera, vivíamos juntos debido a cuestiones económicas (tanto suyas como mías).



- Anda, Kea, toma. Al fin y al cabo vas a terminar haciendo lo que te dé la gana.



- Qué bien me conoces.



Metí la vara de Ilho en mi boca, lo mordí y lo encendí con el mechero que siempre llevo encima. Algunos de los trabajadores que volvían de sus empleos y se dirigían a sus casas a través del TAVS me miraron con desagrado, o con envidia, quién sabe, pero nadie montó un escándalo como Ruiha de seguro esperaba. Cerré la tapa del mechero con un movimiento seco de muñeca y lo guardé de nuevo en el bolsillo de mis pantalones. Miré mi reloj, ya había pasado un rotaa entero desde que nos habíamos levantado para ir a la academia, y no sabía cuánto más tendría que esperar para que llegase el TAVS, aunque Ruiha no hacía más que decirme que poco faltaba para que apareciese.



Eché un vistazo a mi alrededor sólo para pasar el rato. Los trabajadores de la Casta de la Tierra, tanto Gue'la como Tau, haría ya un par de decs que habían acabado sus jornadas de trabajo y habían vuelto a sus casas o ido por la ciudad para tomar algo o relajarse un poco, por lo que no ví a muchos que portasen la insignia de la Casta de la Tierra en sus monos de trabajo o sus casos. La mayoría de los allí presentes a esas horas eran turistas o contables y oficinistas de la Casta del Agua, además de dos o tres estudiantes que conocía de vista de la academia. 



Ruiha me dio un codazo, sacándome de mis cavilaciones de manera brusca y eficaz. Señaló con la barbilla y sin mucho disimulo a una pareja de estudiantes que se estaban besando sin pudor alguno a un par de metros de nosotros.



- ¿No es ese Erinski?- Me susurró al oído, aunque se tuvo que poner de puntillas para llegar- Estaba con otra, ¿No?



- Y yo qué sé. Me da igual lo que haga o deje de hacer.



Ella sonrió de nuevo y se me pegó por delante. Me pregunto como narices puede sonreír todo el rato.



- ¿Estás enfadado por lo de la moto?- Me dijo mientras acariciaba mi barbilla con su dedo índice.



- ¿Tú qué crees? Claro que sí, Hina me dijo que la tendría para hoy.



- Pero tienen muchas cosas más para arreglar, tu moto no era la única- Comencé a oír el zumbido de los generadores de antigravedad del TAVS en la lejanía.



- Se la traje hace una semana. Llevamos yendo a la academia a pata desde entonces.



- ¡Venga ya!- Rió ella- ¡Ni que fuera malo andar!



Las luces verde-azuladas del TAVS iluminaron la vía por la que gravitaba y en poco más de unos segunos estuvo parado frente a nosotros y abriendo sus puertas, de las cuales bajaron multitud de personas. En cuanto tuvimos vía libre para subir al tren, nos embarcamos en él y nos sentamos lo más cerca posible de la salida, lo cual no fue  difícil, porque no había mucha gente a esas horas. El siguiente medio dec (nuestra casa estaba a tres cuartos de dec de la parada del distrito mecánico, donde nos habíamos embarcado en el TAVS) lo pasé entre carantoñas de Ruiha que no tuve ganas de corresponder y toques de atención que me dieron algunos tripulantes por fumar a bordo del tren.



- ¿Me invitas a cenar hoy?- Preguntó Ruiha al llegar a la estación de Juntas'N, la última antes de la nuestra.



Tiré la vara de Ilho, consumida, al suelo, y la pisé para que nadie la viera.



- Si quieres te invito a un polvo. Es el único esfuerzo físico para el que me queda humor.



Ella levantó la cabeza de mi hombro.



- Mañana tenemos el examen final de historia, así que me temo que no podrá ser.



- ¡Joder!- Mascullé- ¡El examen de historia! Joder, lo había olvidado.



- ¿Qué tal lo llevas? Puedo ayudarte si quieres.



- ¿Para acabar en el taller Laendra con Hina? Paso, en tecnología ya tengo buena nota, con eso me vale.



Se encogió de hombros. Me gusta cuando lo hace, el pelo casi le llega a los hombros cuando los alza.



- Tú mismo.



Mientras intentaba recordar en qué día de hace treinta y pico años el mundo de Thander VII pasó a convertirse en el clan Oi'Doran*, alguien se levantó de su asiento y sacó algo de su gabardina. Al principio pensé que era un teléfono, pero en cuanto disparó al aire y se puso a gritar para que detuviesen el tren, supe que era una pistola.



- ¡Todos quietos, putos xenos!- Disparó de nuevo al aire. ¿Xenos? ¿Qué es xenos?- ¡Todos al suelo! ¡Todos al jodido suelo!



El revisor, un Tau de mediana edad uniformado con el traje marrón y blanco de la compañía de transportes se adelantó con las manos en alto hacia el secuestrador y habló con tono pacífico:



- Estimado Gue'la, por favor, baje el arma. Los Kir'qath'lissera* han sido avisados por el detector de disparos y las cámaras del tren, si baja el arma todo puede quedar en un malentendido y saldrá indemne.



El revisor no tenía intención alguna de amenzar al hombre, sino todo lo contrario, pero él gruñó y torció el gesto:



- ¿Gue'la?- Gritó- ¡No soy un Gue'la! ¡Soy un humano!



Y disparó al revisor, cuyo cuerpo cayó al suelo con la bala del arma del secuestrador incrustada en su frente. Todo el mundo se puso a chillar, y Ruiha se abrazó tanto a mí que mi brazo derecho, con el cual estaba intentando coger mi propia pistola sin que nadie se diese cuenta, se quedó casi inmovilizado. 



- Suelta, Rui- Le dije en el tono más bajo que pude, aunque apenas se me oía sobre los gritos de la gente y los bramidos del denominado humano, que les mandaba callar- Suelta, joder, déjame meter la mano en el abrigo.



- ¡Vas a dispararle! ¡No lo hagas, te matará él a ti!



Me miró fijamente. No lloraba, Ruiha era una mujer fuerte, pero aún así se la veía muy alterada. De mala gana abandoné mi idea de pegarle un tiro y acabar con todo aquello para poder volver a casa de una vez. Tres personas salieron de la cabina: el piloto, el co-piloto y un pasajero Gue'la aparentemente normal que los encañonaba con una pistola compacta.



- ¿Porqué hace esto?- Preguntó indignado el piloto, un Gue'la, o, según el secuestrador, un humano.



- ¿Y porqué no? ¡Es mi deber como humano! ¡Es nuestro deber! ¿No véis que esos putos xenos os han lavado el jodido cerebro? 



- Por favor, cálmese.



Estábamos dentro de un túnel, por lo que el tren era inaccesible para los vehículos de los Kir'qath'lissera, pero ellos podían andar por el túnel y llegar al transporte sin problemas. Deseé con toda mi alma que no tardasen mucho, porque otros cuatro pasajeros (todos ellos Gue'la)  se levantaron y sacaron sus pistolas para colocarse junto al primer secuestardor.



- ¿Que me calme?- Gritó- ¿Que me calme? ¡Hasta nos han hecho llamarnos a su manera! ¡Nosotros somos humanos, no Gue'la! ¡Este planeta se llamaba Thander VII y era parte del Imperio del Hombre, traidor!



- Formaba parte del Tratado que adoptásemos la cultura Tau, y sé que esto lo recuerda usted tan bien como yo- Respondió el piloto.



Yo no entendía nada. ¿Humanos? ¿Xenos? ¿Traidores? Conocía al Imperio del Hombre, una gran superpotencia que se extendía por toda la galaxia y que antes dominaba Thander VII y todos los mundos del sector Namether (cuyo nombre es el original con el cual el Imperio del Hombre lo había bautizado) pero aquello era demasiado para mí. Por desgracia, Ruiha tuvo que hablar:



- Oi'Doran era tiránicamente controlado por tu querido Imperio antes de la llegada de los Tau, por si no lo sabes.



Los secuestradores la miraron furibundos:



- ¡Calla, zorra, la historia que ellos cuentan no es la real!- Gritó una de ellos- ¡Thander VII era un mundo paraíso próspero, no esclavizado! ¡Cuentan lo que más les favorece! ¡Cambian la historia! 



- ¡Tú ni siquiera habías nacido cuando se firmó el Tratado!- Le espetó otro.



Aquello se estaba poniendo feo, y como uno sólo de ellos se atreviese a ponerle una mano encima...



- Vale, ya basta- El que parecía el líder (el primero que se levantó) puso orden- Grull, vete a la cabina, no pares el tren. Nulha y Kinski, vosotros id a la parte de atrás y cortad las comunicaciones. El resto, cada uno en un vagón, vigilaremos a los rehenes.



El modelo estándar de TAVS se componía de tres vagones y dos cabinas de mando, una en la cola y otra en el morro. En cada fila de asientos de cada vagón cabían veinticinco personas, y había dos por vagón, una a cada lado, de manera que en el TAVS había plazas para unas ciento cincuenta personas, casi el doble si se ocupaban las plazas de a pie. Sin embargo, entonces apenas éramos cincuenta en todo el tren, puese que incluso menos, de manera que los secuestradores no lo tenían muy complicado para vigilarnos a todos.



Aquella noche no podía ir a peor, o al menos esperé que no se complicase más. Casi un cuarto de dec después del secuestro, un mensaje entró por los altavoces del tren, y su voz difería mucho de la carcaterística voz femenina de la inteligencia artificial de la ECT (Estación Central de Transporte)



- Soy el Shas'el Liam Starov, de la Shas'kir'qath'Lissera- Los secuestradores se pusieron nerviosos al oír su voz, pero para los pasajeros fue como una bendición- Depongan las armas y saldrán ilesos, si no hacen caso a nuestras advertencias me temo que tendremos que asaltar el tren y hacer lo que sea necesario.



- ¡Que te jodan!- Y el líder de los humanos disparó a uno de los altavoces, destrozándolo y haciendo que varios pasajeros gritasen, asustados. Después se dirigió a sus subordinados- ¡Grull, no pares! ¡Tenemos que atraer toda su atención, el equipo de sabotaje ya casi habrá llegado a su objetivo!



¿Entonces todo era una maniobra de distracción? Era efectivo, desde luego. Poco original, pero efectivo. En estos momentos, otro equipo de maníacos estaría poniendo bombas en quién sabe donde mientras las fuerzas del Kir'qath'lissera se concentraban en el secuestro del TAVS. No te jode, tontos estos cabrones no eran, desde luego.



Poco después del comunicado del Shas'el, comencé a oír un zumbido cercano. Cuando giré un poco la cabeza para mirar por la ventana de qué se trataba, me encontré con un par de drones reporteros que grababan toda la escena con sus cámaras, y que, supuse, estarían retransmitiendo sus grabaciones al canal de noticias. A los secuestradores no les hacía ninguna gracia que nos estuviesen grabando, pero no podían simplemente disparar a través del cristal y derribarlos, eso era bastante complicado, y querían mantener toda la atención posible sobre ellos, pues no eran más que un cebo.



De repente, el tren cambió de raíl y se enganchó al de mantenimiento, que sacaría al TAVS a la superficie. No entendía nada, ¿No se suponía que tenían que estar bajo tierra para que los kir'qath'lissera no les cogiesen?



- ¿Pero qué demonios haces, Grull?- Le chilló el líder al que se había metido en la cabina, que al poco salió de ella.



- ¡Son los mandos, no responden!- Cogió al piloto por el cuello de la camisa y lo estampó contra una de las ventanas- ¿Qué está pasando? ¡Habla o te mato aquí mismo!



- Es el control remoto- Explicó el piloto, que no parecía, ni mucho menos, asustado- La inteligencia artificial del ECT estará controlando el tren según las órdenes del Kir'qath'lissera.



El tal Grull masculló algo entre dientes y derribó al piloto de un golpe con el mango de su pistola. Una vez en el suelo, le disparó hasta matarlo. Luego hizo lo mismo con el co-piloto y apunto estuvo de ejectuar a la otra revisora, pero su líder le detuvo con un gesto.



- Ya da igual, Grull, déjalo. Hemos cumplido con nuestra misión, ahora enfrentémonos a los traidores que vengan a por nosotros y muramos como siervos del Emperador.



La idea de ser fusilados por los agentes del KQL pareció agradarles a todos, que comprobaron sus armas y se prepararon para luchar. Panda de fanáticos suicidas, no pude evitar sentir lástima por ellos. 



- ¿Van a luchar?- Me preguntó Ruiha en voz tan baja que apenas la oí.



- Eso parece- Respondí- Ojalá que les maten a todos.



Se oyó un golpe sordo en el techo del tren, y los siervos del Emperador dispararon hacia arriba, intentando abatir a lo que se había posado en el TAVS. Pero parecieron errar el blanco, pues, de repente, varias ventanas estallaron al entrar agentes del KQL haciendo uso de cuerdas. Instintivamente, agaché aún más mi cabeza y posé mi mano derecha sobre la de Ruiha para que la agachase ella también. Los secuestradores redirigieron sus armas contra ellos, pero las balas de poco calibre de sus pistolas no consiguieron hacer mella en las negras armaduras de campaña de los agentes. Sin embargo, en cuanto los kir'qath'lissera blandieron sus carabinas de inducción, compactas y con culata retráctil, ideales para este tipo de operaciones, los terroristas cayeron uno detrás de otro sin poder hacen nada más que maldecir y disparar sin causar daños. En cuanto el tiroteo acabó, el agente que iba en cabeza levantó su yelmo, dejando a la vista un rostro Gue'la curtido y de mediana edad.



- Despejado- Dijo- Desplegaos, buscad a más insurgentes y atended a los heridos. Comprobad si han dejado explosivos.



Y los agentes siguieron sus órdenes, desperdigándose por el tren en busca de heridos, bombas y terroristas. Tan rápido como  el secuestro había empezado, había acabado. Uno de los pasajeros se levantó muy rápido y desenfundó una pistola, con la que apuntó al comandante de los KQL, que se hallaba de espaldas hablando a través del sistema de comuniciones de su casco. Sin pensarlo, saqué mi propia pistola del bolsillo interior de mi abrigo y disparé al último secuestrador hasta que cayó al suelo. El comandante se giró hacia mí con rapidez, blandiendo su arma, pero al ver al terrorista abatido, asintió y me ordenó que guardase el arma.



- Buen disparo, muchacho, tienes una mente rápida- Me dijo- Este debe ser el último. Es una táctica muy común camuflar a uno de los secuestradores como pasajero. 



Agradecí los elogios con un leve encogimiento de hombros y pasé un brazo por encima de los hombros de Ruiha, pues el último disparo le había pillado por sorpresa y se había asustado. 



- Joder- Murmuró- Buen disparo, Kea, eres más rápido de lo que pensaba.



Capítulo unoEditar

Tras sacarnos del TAVS, los agentes del Kir'qath'lissera nos llevaron a su cuartel en el distrito de Por'J'kaara, donde salió el tren una vez fue controlado por la ECT. Pasamos algo más de dos decs en su sala de espera, aguardando el momento en el que nos mandarían pasar a la oficina de uno de los agentes para que nos interrogase sobre los terroristas y demás preguntas de índole policíaca. Cuando finalmente fuimos libres de volver a casa, quedaba algo más de un cuarto de rotaa para que tuviéramos que volver a la academia, de manera que, con la omnipotente excusa del secuestro del TAVS, nos saltamos las clases ese día.



- ¿Crees que nos dejarán hacer el examen?- Me preguntó Ruiha mientras desayunábamos casi a la hora de comer.



Terminé de engullir mi segunda o tercera tostada y respondí con la boca llena:



- Es obvio que sí. Sería una injusticia, no, una putada, si no nos dejasen.



- Supongo que tendrás razón. ¿Estudiarás ahora que tienes tiempo?



- Sabes que no.



Se encogió de hombros.



- Bueno, al menos lo intenté- Se desperezó, se levantó de la mesa y se tiró en el sofá- Pon el canal informativo, a ver si sale lo de ayer.



- Claro que saldrá- Desplegué el controlador holográfico que estaba en la mesa y cambié el canal- Mira, justo ahora acaba de empezar el reportaje.



La reportera por excelencia del canal informativo, la admirada Por'Ol'Savon, apareció en la pantalla justo enfrente del hangar de reparación en el que el tren apareció cuando la ECT tomó el control de su rumbo para que los agentes del KQL pudieran rescatarlo. 



- Me encuentro en el distrito Gue'la de Por'J'kaara, donde ayer, durante el segundo dec nocturno, uno de los trenes de la Estación Central de Transporte fue secuestrado por, según las indicaciones del KQL, extremistas de la religión Imperial- Por'Ol caminó hacia el túnel de mantenimiento y su dron-cámara la siguió- El venerable Aun' B' Kunas y la Corte Diplomática han organizado una audiencia con el Sumo Sacerdote Hullus Yole del culto Imperial con el objetivo de conseguir el permiso necesario para que las Shas'kir'qath'Lissera puedan investigar a sus miembros más radicales en busca de posibles relaciones con los terroristas.



Por'Ol siguió hablando sobre los encomiables esfuerzos del kir'qath'Lissera y después pidió testimonio a algunos de los rehenes de ayer y a la revisora. Por último, aparecieron los vídeos del secuestro que grabaron los drones reporteros.



- Mira- Ruiha señaló la pantalla- Sales ahí, para la imagen.



Paré la imagen al fin tras confundirme de símbolo dos veces. Era cierto, se me veía de espaldas, agachado junto a Ruiha.



- ¿Cómo me has visto?- Le pregunté- Yo ni me había fijado.



Ella sonrió.



- Porque eres el único que lleva el pelo así.



- ¿Qué tiene de malo?



Llevaba el pelo a lo Mohawk desde hacía años. Muy corto por los lados, no demasiado largo en el centro. Tiene mucho éxito con las tías.



- No, nada- Se apresuró a responder- A mí me gusta.



- Pues más te vale- Alegué, y apuré mi taza de cafeína- Porque no me lo pienso cambiar.



Cuando Ruiha se tumbaba en el sofá no podía sentarme yo, pues del metro setenta que medía de largo, Ruhia sólo dejaba libres diez centímetros, de manera que me quedé en la mesa una vez hube acabado mi barato pero opulento desayuno. Estuvimos viendo el reportaje sobre el incidente de ayer hasta alguien me llamó al teléfono. Cuando cogí, la voz cargada de acento de Hina sonó, enfadada, a través de los altavoces:



- ¡Keanu!



-¡Hombre, Hina!- Exclamé, fingiendo estar feliz de recibir su llamada- ¿Cómo lo llevas?



- ¡Déjate de hostias!- Fue su respuesta. Simple y eficaz, como de costumbre- ¡Tu tener que pagar más de lo previsto por reparación!



Vaya, empezábamos bien el día.



- ¿Qué le pasa? ¿Has encontrado alguna avería más?



- No, no ser eso- Hina era procedente del continente este, de manera que no dominaba del todo el idioma, aunque entenderlo lo entendía de maravilla- Ir antes a distrito Kroot a por piezas que necesitar, ¡Y perro comerse una de mis botas! ¡Tú pagar botas!



Mi cara en ese momento debió de ser muy graciosa, pues incluso Ruhia, que no estaba escuchando la conversación, sonrió divertida.



- ¿Tengo que pagar el par?



- ¡Sí!



- ¡Joder!- Me quejé. Qué situación más absurda- ¡Si quieres te doy una de las mías, que usamos el mismo modelo!



- ¡Tú tener pie demasiado grande para mí!



- Joder, pues ponle relleno.



- ¡Que te jodan, puto imbécil! ¡Tú pagar esta tarde botas o yo no reparar moto!



Y colgó.



- ¿Qué quería?- Me preguntó Ruhia mientras se limaba las uñas.



- Que le pague una bota que un mastín Kroot le comió- Respondí con indiferencia mientras me levantaba.



- ¡No fastidies!



- No fastidio.



Aún cuando cerré la puerta de nuestra habitación para cambiarme, podía oír sus carcajadas.



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- Me pregunto como no le has cogido miedo al TAVS con lo de ayer.



- Soy una mujer fuerte, estas cosas me dan igual. Además- Se enganchó a mi brazo como una lapa- Te tengo a ti, y tu tienes una pistola.



- Importante el dato de la pistola.



Rió de buena gana, y algunos pasajeros de nuestro vagón nos dirigieron miradas con más bien poco aprecio. Era algo más tarde de mediodía, y los obreros de la Casta de la Tierra llenaban el tren hasta casi el tope. Tuvimos suerte de encontrar unos asientos, y, aunque la mayoría de los obreros se bajaron en la estación en construcción  de N'Nars'ls, siguió habiendo muchas personas en nuestro vagón, la mayoría de ellas oficinistas o tenderos que se disponían a volver a sus negocios y empleos. Sin embargo, medio dec después de N'Nars'ls, solamente un puñado de mecánicos y comerciantes quedaron en el TAVS, cuya siguiente parada era el distrito mecánico, donde no sólo había talleres de reparaciones o tiendas de recambios, sino también fábricas de todo tipo, ya fueran de armas o de material doméstico. 



El taller Laendra, donde Hina trabajaba ilegalmente (no tenía papeles) aunque en buenas condiciones, se encontraba en las afueras del distrito mecánico, de manera que nos haría falta otro medio dec si íbamos a pie a pie desde la estación. El negocio era regentado por un matrimonio de treinta añeros: Irina Laendra, propietaria original del taller, y su marido, un tal Leon, que era comerciante, aunque no sabía qué carajo vendía.



Una vez bajamos del tren, saqué mi carnet de identidad para echarle un vistazo. Se me había caído a la sartén un par de veces, y tenía algunas quemaduras, así que solía asegurarme de vez en cuando de que los datos pudieran leerse con claridad. El nombre se leía sin problemas (Fio'Oi'Doran'Keanu' Elan'Kais*), mi fecha de nacimiento también, aunque un poco borrosa, y tanto mi número de identidad como el nombre de mi academia (Fio'Oi'Doran'o'Retha*) se veían sin complicación alguna, así que, satisfecho, devolví la tarjeta a mi cartera.



Las calles del distrito mecánico siempre estaban muy animadas, pues a pie de calle había multitud de tiendas de repuestos y herramientas y los mecánicos y trabajadores acudían a estos establecimientos para reabastecerse y poder seguir con sus labores. Abrirse paso entre la multitud no era algo especialmente difícil en cualquier zona de la capital de Oi'Doran, sin embargo, en el distrito mecánico se convertía en una estudiada coreografía de codazos, disculpas e improperios que todo el mundo ponía en práctica cada vez que quería avanzar. Yo ya tenía experiencia en esta zona, pues solía venir a menudo, ya fuera para comprar herramientas o recambios para nuestros electrodomésticos, ya fuera para pedirle ayuda a Hina cuando no tenía ni idea de como solucionar el problema, de manera que, tirando de conocidos y estragias que desarrollé con el tiempo, pudimos avanzar relativamente rápido a través de la marea de gente que inundaba las calles.



Tras algo más de medio dec, conseguimos llegar por fin al taller Laendra, un antiguo hangar militar reformado de estructura arqueada y paredes de rococemento. Un gran cartel con letras pintadas en rojo rezaba: Taller mecánico Laendra, y el gran portón que se hallaba en su centro estaba abierto de par en par, pudiendo verse el interior, atiborrado de vehículos en reparación y piezas de recambio esparcidas por el suelo. 



Hina no andaba muy lejos de la entrada. Estaba tumbada debajo de un deslizador, soldándole un nuevo inhibidor gravítico. No se dio cuenta de que estábamos ahí hasta que, un par de Rai'kor* después, Ruiha carraspeó exageradamente para llamar su atención. Hina deslizó el patín en el que estaba tumbada fuera del deslizador y se levantó, limpiándose las manos con un trapo. Estaba vestida con su habitual y grasiento mono de trabajo, con los tirantes sin abrochar, y, por consiguiente, con la parte de arriba de la prenda cayendo desmayada hacia delante. También llevaba una camiseta sin mangas negra y su habitual cinta roja para el pelo, el cual, era negro y liso, e Hina casi siempre lo llevaba algo más arriba de los hombros, y siempre con algunos mechones laterales teñidos de rojo. Cuando bajé sin darme cuenta un poco la vista, me percaté de que era verdad que le faltaba una bota.



- Por fin llegas- Se puso de brazos en jarras, y, con una mueca de enfado imprimida en su cara de finos rasgos, añadió- Pensé que nunca llegar.



- Mucha gente haber en TAVS y calle- Me burlé.



Sus ojos, negros y rasgados, me dirigieron la mirada asesina más realista que he recibido nunca. Sin disculparme, saqué el dinero de mi cartera y se lo entregué. Hina, como si fuera lo más normal del mundo (seguramente para ella lo fuese), se lo guardó en el escote. Después, sin mediar palabra, volvió a tumbarse sobre el patín y rodó de nuevo hasta el estar bajo el vientre del deslizador para continuar con su trabajo.



- Desde luego las hay desagradecidas- Comenté intencionadamente en alto.



Ella mi hizo un corte de mangas y dijo:



- En dos horas ponerme con tu moto, mañana avisar para recoger.



- Si me la llevas a casa te invitamos a comer- Regateé.



Se lo pensó durante unos Dec'taa* y habló:



- Si tú pagar combustible.



- Por supuesto.



- Entonces trato hecho. Yo llevar mañana por mediodía.



Asentí, satisfecho con el trato:



- Pues venga, nos vemos mañana- Y, una vez Ruiha se hubo despedido de ella y nos encaminábamos a la salida, le susurré a ésta última- Hay que poner carne, que no le gusta.



Ella rió y me dio un codazo:



- ¡No seas cabrón!



Iba a responderle que era una broma, pero justo cuando iba a hablar nos encontramos de golpe con Irina, la dueña del taller, que entraba como una exhalación  en el taller, seguida por un pequeño drone mecánico. En cuanto nos vio nos dedicó un rápido saludo y se acercó a nosotros. 



Irina era una mujer de unos treinta años, más o menos, pero que tenía la vitalidad de alguien mucho más joven. Tenía aproximadamente la altura de Ruiha, y su pelo, siempre por los hombros, estaba teñido entero de rojo. Al igual que Hina, iba vestida con un sucio mono de trabajo y una camiseta sin mangas negras, además de las botas, claro está. Su muñeca derecha estaba cubierta por una pulsera hecha de cadenas, mientras que en la izquierda se había implantado un reloj sub-cutáneo, aunque no sé de dónde sacó el dinero. 



- ¡Hola, Kea!- Me saludó- ¿Has venido a por tu moto? Hina está haciendo un buen trabajo con ella.



- Sí, vine a por ella- Mentí. No era plan de meter a Hina en un lío por sus absurdos antojos- Pero Hina me ha dicho que aún le queda un poco. Mañana dice que estará.



- Por cierto- Intervino Ruiha- ¿Cómo van las cosas en la frontera? ¿Hay novedades?



La frontera por la que Ruiha preguntaba era la de nuestro sector, Namether. El Imperio del Hombre llevaba intentando retomarlo desde hace años, y la guerra cada vez se volvía más y más intensa. Tenía suerte de ser de la Casta de la Tierra, porque, de otra manera, me hubieran enviado al frente hace un par de años, cuando cumplí los dieciocho. Irina tenía contactos en muchos sitios, y siempre estaba informada de todo lo que pasaba en el frente. O, bueno, de casi todo.



Irina se mordió el labio inferior en un gesto de inquietud:



- No va muy bien, si te soy sincera. La comandante O'Nan'Por ha comenzado a solicitar apoyo a todos los clanes del sistema, y ha contratado varios batallones de mercenarios Hrenianos porque sus fuerzas no dan abasto para responder en todos los frentes que los Imperiales han abierto- Se encogió de hombros- Puede que manden refuerzos desde algunos clanes de la segunda esfera, pero tardarán mucho en llegar.



- Joder. ¿La Casta del Agua va a omitir de nuevo esa información a la población?- Pregunté.



Irina asintió.



- No sé qué pasará- Dijo- Espero que O'Nan haya hecho lo correcto contratando a los Hrenianos.



- Por lo que he oído de ellos son soldados capaces- Comentó Ruiha- Estoy segura de que serán de ayuda.



- Espero que tengas razón- Irina se encogió de hombros- Porque las fuerzas Imperiales están ganando mucho empuje en la zona de la antigua capital del sistema. Y, bueno, el trabajo espera, así que ya seguiremos en otra ocasión- Se despidió de nosotros con su habitual y radiante sonrisa y siguió corriendo hacia el interior del taller.



Salimos al fin del taller Laendra  nos dispusimos a perder el resto de la tarde volviendo a casa en el TAVS, pero, al pasar enfrente de una nave industrial abandonada, ocurrió algo totalmente inesperado. 



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Cuando abrí los ojos un par de Rai'kor después, me encontré rodeado de humo y cascotes requemados de cuyas calientes superficies ascendían delgadas columnas de humo. El edificio frente al que habíamos pasado se encontraba ahora prácticamente derruido, y nosotros dos estábamos tirados en el suelo, humeando al igual que las ruinas. Me llevé sin darme cuenta una mano a la sien y me percaté de que sangraba copiosamente. Al girar la cabeza, vi a Ruiha en el suelo, desmayada, con un corte muy profundo en la frente. 



Maldiciendo en voz baja, y sin percatarme de lo grave de la situación, me levanté a trompicones y cargué a Ruiha sobre mí. Soltó un apagado quejido cuando apoyé su pecho en mi hombro, es muy probable que tuviese alguna costilla rota. ¿Y yo? ¿Tenía algo roto? No notaba nada más que un gran mareo, la sangre manando de mi sien y un fuerte dolor en las rodillas, pero nada más. Eché a andar fuera de esa calle para poder llegar a un Hospital. Me extrañó que no hubiese gente, pues deberían haber llegado atraídos por la explosión.



Entonces oí los gritos...y los disparos. Y recordé lo que dijo el Gue'la de ayer en el TAVS: ¡El equipo de sabotaje ya casi habrá llegado a su objetivo!. La nave industrial era el objetivo de esos terroristas, o al menos esa era la idea base. Pero, ¿Porqué ese edifcio, precisamente? Estaba abandonado.



El sonido de unos retroreactores y las luces azuladas de los sistemas electrónicos de una armadura XV8 policial del KQL al doblar la esquina y presentarse frente a mi me sacó de mis cavilaciones.



¡El KQl! ¡Estábamos a salvo!



A la armadura de combate le siguieron varios agentes del KQL, todos ellos ataviados con sus chalecos antibalas y sus uniformes, además, iban armados con carabinas de inducción, las cuales humeaban. Me pregunté mientras caminaba hacia ellos si los terroristas los habían atacado. Sin previo aviso, y de golpe, la armadura XV8 disparó una ráfaga de su cañón de inducción y me cerró el paso. Mientras el suelo que se extendía frente a mí humeaba, escuché, atónito, como el piloto de la XV8 me hablaba a través de los megáfonos que tenía sobre los hombros:



- ¡Las manos donde pueda verlas, insurgente! ¡Si no te rindes dispararemos!



- ¿Qué?- Balbucí- ¿Qué pasa? ¿Insurgente? Yo no...



Los agentes del kir'qath'lissera tomaron posiciones y me encararon con sus carabinas de inducción. Eran lo menos doce, y, si contamos la armadura policial, trece. No entendía qué hacían apuntándome, ni porqué me tomaban como un terrorista.



- ¡Abriremos fuego si no deja al herido en el suelo y sube las manos!



- ¿Qué...? ¿Qué se supone que estaba pasando?



El KQL estaba para proteger a la pobalción, ¿No? ¿Porqué querían matarnos? ¿En realidad nos habían tomado por terroristas? ¿De dónde deducían esa chorrada?



La XV8 nos apuntó con su brazo izquierdo, en el cual tenía implantado el cañón rotatorio, y se preparó para borrarnos del mapa. Yo estaba demasiado impactado como para moverme, no entendía nada. Solamente di un paso atrás, y se desató el infierno.



Pensé que habían disparado ellos, pero en realidad las detonaciones que había escuchado eran de dos granadas de humo que alguien había lanzado entre los agentes del KQL y nosotros dos. Los rayos azulados de inducción aparecían de entre el humo e impactaban en las paredes de acero blanco que me rodeaban, pero ningún disparo me acertó. Me sentí aliviado y agradecido por estar vivo, pero seguía desorientado y sin saber qué pasaba, cuando, de repente, divisé a mis salvadores en las azoetas de los dos edificios que me rodeaban.



Eran tres, uno en el edificio de mi derecha, dos en el de la izquierda. Estaban sumidos en un intenso tiroteo con los del KQL, y sólo llevaban unos ruidosos y primitivos rifles automáticos. Confié en que eso les sirviese para algo. Uno de ellos de repente fue impactado por el cañón rotatorio de la armadura policial y las dos partes en las que su cuerpo fue seccionado cayeron a plomo contra el suelo. Mientras comenzaban a retirarse los otros dos supervivientes, alguien tocó mi hombro y una voz de mujer Gue'la me dijo:



- Si quieres vivir, ¡Ven conmigo!



Me dí la vuelta y corrí tras ella sin pensarlo. Me daba igual quiénes fueran, solo quería sobrevivir. Corrimos hacia atrás juntos mientras las descargas de inducción comenzaban a acercarse más y más a nosotros. Una vez doblamos la esquina, nos pusimos a cubierto. Yo cargaba aún con Ruiha, que seguía inconsciente.



- ¿Quiénes sois?- Conseguí articular tras varios Dec'taa de conmocción- ¿Qué hacéis aquí?



- Pronto lo sabréis- Me contestó. Llevaba un pasamontañas, de manera que no pude ver su cara- Ahora tenemos otras cosas de las que ocuparnos.



Ella estaba trasteando con un aparato metálico que tenía una pantalla verde brillante y varias antenas, parecía una especia de radar. En su otra mano, sostenía una pistola de inducción. Me pregunté de dónde la había sacado.



- Así que os han confundido con terroristas, ¿Eh?- Me habló mientras seguía enredando con el aparato.



- Sí- Contesté con dificultad. Los disparon aumentaron su cadencia y proximidad a nuestra posición.



- Imbéciles- Murmuró ella sin despegar la mirada de la pantalla del radar- Ya no saben qué hacer para cogernos.



- Eres de...¿La resistencia?- Me atreví a decir.



- ¡No, qué va! Soy de la Casta del Fuego, no te jode.



Su borde respuesta no me ofendió, ni mucho menos, ya que, a parte de que es difícil que algo me ofenda, ya me olía que perteneciese a la resistencia. Levantó un dedo y se lo llevó al oído, donde tenía un comunicador de manufactura Tau.



- Tres, ahora- Dijo.



No pasó nada al instante, pero, poco después, un proyectil de tamaño considerable, precedido de la detonación de su disparo, pasó por delante nuestro, dejando una espesa estela de humo. Cruzó la calle hasta estallar, y, cuando lo hizo, el resplandor llegó hasta nosotros, y el sonido hizo que nuestros oídos pitasen. Al instante siguiente a la explosión, dos figuras cruzaron a toda velocidad la esquina y se encontraron con nosotros. Me alarmé al principio, pero al ver los pasamontañas me tranquilicé, no eran agentes del KQL. Qué irónico, me alegraba de toparme con terroristas...



Uno de ellos portaba un aún humeante lanzacohetes con mango, asa frontal y parte del cuerpo hechos de madera sintética, mientras que el otro cargaba con un rifle automático.



- ¿Lo hemos destruído?- Preguntó el del lanzacohetes.



- Sí, ha volado por los aires- Respondió la del radar- Podemos retirarnos- Silbó y guardó el aparato en uno de los bolsillos de su pantalón- Cuatro, manténlos a raya hasta que lleguen Cinco y Seis.



El tal Cuatro, el que había llegado con el del lanzacohetes, se asomó por la esquina y comenzó a disparar largas ráfagas de su rifle para impedir que los agentes del kir'qath'lissera avanzaran, o, al menos, que lo hicieran rápido.



- Joder, Tres, la armadura sigue intacta- Protestó mientras disparaba- ¿No se suponía que le habías dado de lleno?



- Han debido implantar escudos hasta en las armaduras policiales- Gruñó ella- O eso, o pertenece a algún oficial. El impactó habrá desestabilizado temporalmente el sistema de escudos, nada más- Metió una nueva carga explosiva en el cañón de su arma- Me haría falta otro disparo para abatirlo.



- ¿Pues a qué esperas?- Cuatro se puso a cubierto justo a tiempo, y una ráfaga de inducción destrozó el acero de la pared de la esquina.



- ¡No es tan fácil!- Exclamó ella- ¡Si me asomo, me acribillarán!



Oímos un silbido y alzamos las cabezas. Otros dos de la resistencia (los tales Cinco y Seis, supuse) comenzaron a bajar por rappel desde la fachada del edificio en el cual nos estábamos apoyando. Con cada salto que daban, sus rifles automáticos rebotaban contra sus espaldas. En pocos segundos estuvieron junto a nosotros, en el suelo.



- Ya estamos todos, larguémonos- Dijo uno de los dos mientras recogía el garfio por el cual había estado bajando- ¿Dónde está Siete?



Tres negó con la cabeza y el resto bajaron la cabeza durante unos segundos mientras rezaban en voz baja. Yo seguía ahí, de rodillas, con Ruiha a los hombros y mirando a aquellos terroristas con la boca abierta, sin entender nada. Cuatro se puso a disparar de nuevo, esta vez interrumpido por ráfagas y descargas de las armas de los del KQL, que nos habían localizado. La del radar, a quien habían llamado Uno en un par de ocasiones, se puso a desenroscar la tapa de una alcantarilla que teníamos enfrente.



- ¿Quiénes son estos dos, Uno?



- Ni idea- Respondió mientras forcejeaba con la tapa de alcantarilla- Pero el chaval parece fuerte, lo mismo nos sirve para algo y todo.



- Son Tau- Gruñó otro, con un gran desprecio en su voz.



- Son humanos, como nosotros- Nos defendió otro- Sólo están siendo engañados por esos condenados xenos, nosotros les enseñaremos la verdadera verdad- Nos miró. Incluso a través del pasamontañas, pude ver una expresión amable en el rostro de aquel Gue'la insurgente.



Cuatro gritó y cayó al suelo con una herida humeante y profunda en el brazo izquierdo. Tres acudió a socorrerlo con celeridad y Uno finalmente retiró la tapa de la alcantarilla. Uno a uno, fueron entrando en ella, y cuando fue mi turno, Uno me miró fijamente y me dijo en un tono serio que no admitía interrupciones:



- ¿Quieres vivir engañado y autocomplaciente o luchar por tu verdadera identidad?



No sabía a qué se refería, y los agentes del KQL estaban cada vez más cerca, así que, sin mediar palabra, me dejé caer junto a Ruiha en el oscuro y hedoroso interior de la alcantarilla.

Capítulo dosEditar

En la red de alcantarillado la oscuridad era absoluta, y hacía más frío si cabe que en la superficie, pues estábamos en la estación de lluvias, y en esta época la temperatura siempre era bastante fría. Un penetrante hedor a detritus y basura diversa ascendía desde el pútrido agua que fluía con rápidez a través de un ancho canal a nuestra derecha, y el sonido que producía era lo único que se oía en todo el túnel, aparte del solpete de Uno, claro, que estaba soldando un bloque de baldosas en lugar de la tapa de alcantarilla:



- Así no sabrán como hemos huido- Dijo una vez acabó de soldar la base metálica- Cuatro, apunta. Ruta de huida número setenta y tres utilizada.



Cuatro lo apuntó en una placa electrónica que rápidamente volvió a su bolsillo. La que llevaba el lanzacohetes subió a Ruiha sobre sus hombros, pues al parecer yo no estaba en condiciones de hacerlo. Seguía incosciente, pero le habían vendado el corte, así que me quedé un poco más tranquilo. Sólo un poco.



- ¿Sois La Resistencia?- Pregunté, jadeando.



Dos de ellos encendieron unas potentes linternas de luz blanca con las cuales iluminaron el túnel. Uno guardó su soplete en la mochila deportiva que llevaba a la espalda y me miró:



- No somos La Resistencia- Dijo- Formamos parte de ella.



Lo que quería decir que había más, no sólo ellos. Me sentí agradecido por ser Gue'la y que no tuvieran nada contra mí, o al menos esperaba que no lo tuvieran. 



- Dos, avisa a la central, vamos para allá. Que preparen algo de material médico, puede que nos haga falta.



- Nos ha estallado un edificio justo al lado- Farfullé, perdiendo los nervios poco a poco al ver que la situación me superaba- ¿Cómo es que no estamos muertos?



Ella se encogió de hombros mientras me ayudaba a levantarme y nos poníamos a andar junto al resto del grupo:



- La bomba estaba en el interior, no justo en la pared que, según tú estalló. Lo más probable es que sólo os haya alcanzado la onda de choque, ya bastante debilitada, y algo de metralla causada por los restos de la pared. No sabíamos que iba a pasar alguien por ahí justo en ese momento.



- ¿Y qué carajo hacia el kir'qath'lissera ahí?



- Obviamente sabían que se trataba de nosotros, así que enviaron varias patrullas para cazarnos, pero el tiro les salió por la culata. 



- Me confundieron con uno de vosotros- Alegué, intentando echarles la culpa de algo que todavía no sabía muy bien qué era.



- Je- Su tono de voz se tensó, quizá por ira- Erais dos 'Gue'la'- Pronunció ese término con gran desprecio- En la zona de una explosión causada por la insurgencia 'Gue'la'. Os iban a matar de todas formas y, aunque no fueseis de La Resistencia, dirían que sí que pertenecíais a ella, o que os habríamos matado nosotros en el atentado. Ese es el mundo en el que vivíais, engañados por ellos, controlados, ¡Reprimidos!



- El KQL estaba para proteger a la población, ¡Nunca matarían a un ciudadano Tau! ¿Y reprimidos? ¿Qué entiendes tú por reprimidos?- Exclamé ofendido. Nadie volvió la vista, pero noté cierta tensión en el aire.



Se hizo el silencio, y nadie habló hasta varios Dec'taa después.



- El KQL protege a la ciudadanía Tau, sí- Explicó con lentitud, intentando no gritarme- Eso es lo que los traidores pensáis, o lo que os hacen pensar. No dudarán en matarosa los humanos si con ello pueden alcanzarnos- Otra pausa- Y por supuesto que hemos sido reprimidos. Desde la firma del Tratado hace treinta años, claro que sí. Al principio 'sólo' nos hicieron formar parte de su Imperio, más tarde, (y esto pocos lo saben, los pocos supervivientes) hubo represiones internas contra la religión Imperial. Asesinatos, ejecuciones, torturas...el edificio que volamos antes era usado por el KQL para torturar y ejecutar a los que eran considerados peligrosos, disidentes o traidores por vuestros 'venerables' etéreos.



- ¡Mientes!- Exclamé, escandalizado- Los étereos gobiernan el imperio con benevolencia e igualdad, y la población de Thander VII se unió al imperio por su cuenta, ¡No obligados!



Silencio de nuevo, y esta vez mucho más largo e incómodo. De repente, Uno se llevó una mano al pasamontañas y se lo quitó. Cuando ví su pelo rojo teñido por el rabillo del ojo, volví la cara del todo hacia ella. No podía ser...¡Era Irina!



- Cuando lleguemos a la central te lo demostraremos, Kea- Dijo como si nada- Ya lo verás.



- I...¿Irina?



Me sonrió.



- ¿De qué te sorprendes? ¿Y cómo te pensabas que conseguía toda esa información del frente?



- ¿Tenéis contactos en el Imperio del Hombre?- Pregunté, atónito.



- No- Dijo sin más- Pero sí en los contingentes Gue'vesa que apoyan a la comandante O'Nan.



Me quedé pasmado, Irina, una mecánica de la Casta de la Tierra a la que conocía de toda la vida pertenecía a la Resistencia. Entonces comencé a darme cuenta de lo que realmente representaba. Sabían algo que el resto no, pues, según ella, estábamos siendo engañados y controlados, y estaban indignados por ello. Querían venganza. No, venganza no, justicia. Si lo que me había contado era cierto y los Gue'la del sistema Namether habíamos sido anexionados a la fuerza al imperio Tau...no sabía a quién creer.



- No somos una organización muy grande, ni contamos con muchos recursos- Explicó Tres- Pero tenemos a mucha gente de nuestro lado, y los traficantes del mercado negro nos hacen ofertas en material bastante infrecuente



Todos comenzaron a quitarse los pasamontañas. Al ver sus caras no encontré nada extraño, ni mucho menos, todos ellos eran gente normal. De repente, algo me vino a la cabeza...¡El KQL nos consideraría insurgentes!



- ¡El KQL!- Eclamé súbitamente- ¡Nos tomará por insurgentes! Si volvemos...nos detendrán.



- Y fusilarán- Añadió alegremente Irina.



- Las cámaras de la armadura habrá grabado nuestras caras- Mascullé- Nos habrán identificado ya. Joder, qué mala suerte.



Tres chasqueó la lengua mientras comprobaba la mochila donde guardaba los cohetes para su arma.



- Si os han grabado, no creo que la tarjeta donde se almacenó el vídeo haya sobrevivido.



- No conseguiste destruirlo, ¿Recuerdas?- Dijo con tono burlón Cuatro.



- No lo conseguí, no, pero sí que destruí parte de sus circuitos. Acabo de darme cuenta de que disparé el cohete de IEM en vez del de perforación.



- ¡Ah!- Exclamó otro- ¡Por eso desactivaste su escudo!



- Y por eso seguimos vivos- Alegó ella, orgullosa- De no haberlo inmovilizado, hubiera llegado a nosotros antes de que hubíeramos huído. No había caído en ello.



- Tampoco habías caído en que esa munición es muy cara y difícil de encontrar, ¿No?- Suspiró Irina- Pero me alegro de que te hayas equivocado. Quién sabe lo que nos hubiera ocurrido de seguir la XV8 operativa.



Ellos siguieron hablando durante todo el trayecto, que duró aproximadamente medio dec. En cierto momento, Tres vendó la herida de Cuatro y le dio un beso en la mejilla. Aunque estaba demasiado desorientado como para prestarles atención, por algunas palabras y gestos que se dirigían descubrí que debían ser pareja.



Llegamos a un portón de mantenimiento redondo y oxidado, donde nos paramos. Irina caminó hacia el teclado que tenía en el centro y lo encendió con una chispa que salió de su mano (supuse que tenía que ver con su reloj subcutáneo y sus electrotatuajes), después tecleó algo y las puertas se abrieron con un horrible chirrido. Cuando Tres y Seis enchufaron con sus linternas al interior de la sala que había tras la puerta, nos topamos con otra puerta más, en peores condiciones si cabe. Irina repitió el proceso y abrió la puerta, que sonó aún más irritante que la anterior. Otra vez las linternas, otra vez pasamos, y nos encontramos con dos Gue'la, ambos armados con rifles automáticos. Estaban sentados en sillas plegables de patas de acero y asiento de tela, y, sobre una caja de madera, jugaban a un juego de mesa que me era desconocido. En el suelo reposaban un par de botellas de licor y un transmisor. 



- ¡Hey, Irina!- Exclamó uno de ellos mientras se levantaba- ¿Cómo ha ido?



Irina se encogió de hombros mientras la puerta se cerraba tras nosotros.



- Hemos perdido a Mara, pero hemos eliminado el objetivo y conseguido dos nuevos reclutas- Nos señaló con un gesto desenfadado.



¿Reclutas? ¿Cuándo habíamos acordado eso? No estaba dispuesto a luchar contra el Imperio Tau, y mucho menos teniendo en cuenta que formaba parte de él. 



El guardia asintió:



- Genial- Tecleó algo en su una placa desplegable que tenía en su muñeca derecha y una puerta metálica de tamaño normal se abrió a su espalda- Pasad. Ah, y por si os interesa, el equipo de Leon ha vuelto- Sonrió- Se han cargado a unos cuantos del KQL.



- ¿Al fin ha vuelto?- Comentó Irina, sonriente, mientras pasaba a través de la puerta- ¡Genial!



La sala contigua era grande, muy grande y con las mismas paredes de rococemento que los túneles de alcantarilla, pero mucho más limpios, y estaban cubiertos de planos y fotos. Había estanterías en muchas secciones de las paredes, ya fueran hechas de acer o madera, y todas ellas estaban repletas de libros, placas de datos y archivadores holográficos. Al fondo del todo había cuatro puertas de acero, cada una de ellas con un ave con dos cabezas tallada en su centro. Ese símbolo me sonaba mucho, aunque no caía en la cuenta de qué significaba. Había un pequeño grupo de amarios metálicos en la pared derecha de la sala, junto a un par de grandes máquinas de inmensas pantallas, con botones que relucían con un intenso fulgor verde y de cuyas bases partían gruesos tubos que ascendían hasta el techo o se enterraban en el suelo, cubierto de baldosas de un apagado verde.



Había bastante gente, ya fuera sentados en pequeñas sillas de campaña en frente de radios de manufactura que yo desconocía, ya fuera hablando en grupos o examinando mapas sobre mesas metálicas. Todos ellos eran, sin expcepción, Gue'la, e iban vestidos al igual que el grupo de Irina, es decir, con pantalones de combate negros y camisetas grises (ya fueran de tirantes o de manga corta), aunque no llevaban pasamontañas ni armas.


El grupo se disolvió en seguida. Tres y Cuatro fueron hacia una de las puertas del fondo, mientras que el resto se reunieron con el resto de gente. Irina, sin embargo, tomó a Ruiha de los hombros de Tres antes de que ésta se fuera y cargó con ella. Me sonrió y me indicó con la cabeza que la siguiera. La gente nos miraba a Ruiha y a mí cuando pasábamos enfrente suyo. Algunos murmuraban, otros simplemente pasaban de nosotros y volvían a sus tareas. Me sentía nervioso, pero, inexplicablemente, estaba a gusto en ese sitio.


Irina me condujo a la cuarta puerta, y entramos. Daba a una sala, que, aunque bastante grande, no lo parecía tanto debido a la gran cantidad de armarios repletos de material médico y camillas que había. 


- Tú pareces estar bien, así que yo me ocupo de ti- Me dijo mientras dejaba a Ruiha sobre una camilla con ruedas y dos Gue'la iban a atenderla- Ellos se ocuparán de Rui, que saben mucho más de medicina que yo- Sonrió frente a esa broma y luego les habló a los otros dos Gue'la- Mántenme al tanto de su estado en cuanto sea posible, Lucas.


El tal Lucas asintió y se llevaron a Ruiha a una habitación colindante para examinar sus heridas y curárselas. Me sorprendió el tono que Irina usó para hablarle, tanto a él como a los otros, los miembros de su grupo, quiero decir. Hablaba como si fueran familiares suyos, con respeto y a la vez cercanía, cuando normalmente hablaba casi siempre riéndose, sin ser grosera, pero tampoco tratándote de esa manera tan cercana.


- Ven, vamos a ver qué tal estás- Me tiró de la manga de la chaqueta para que la siguera.


Me sentía desconcertado, aturdido y desorientado, pero no me quedaba más remedio que seguirle el rollo a Irina y a la Resistencia. Ruiha estaba siendo atendida por unos completos desconocidos, y yo estaba entre gente que odiaba al imperio tau, y eso atañía también a sus habitantes, como nosotros dos. Sin embargo nadie nos había mirado mal, o al menos nadie que yo hubiera visto, e Irina estaba dispuesta a ayudarnos. Aunque, claro, ella estaba convencida de que íbamos a ser dos soldados más para la Resistencia. 


Crucé junto a Irina la puerta que habían usado Tres y Cuatro y me topé con un largo pasillo, de unos seis Tor'lek* , que giraba a la izquierda para crear otro pasillo más, que a su vez giraba hacia la derecha tras otros tantos Tor'lek, y quién sabe si después había otro pasillo. A ambos lados había puertas, todas con una separación uniforme y con el mismo ave de dos cabezas talladas en el centro de todas y cada una de ellas. Una placa metálica verde con números Gue'la negros estaba colgada sobre el dintel de cada puerta.


Irina me condujo hasta una de las habitaciones, cuyo número era el 12. Pulsó una serie de teclas en una placa de datos adyacente a la puerta y ésta se desbloqueó. De una patada, Irina la abrió del todo.


- Las visagras van un poco duras- Se defefendió.


Me invitó a pasar con un gesto de cabeza y entré en la habitación. No era muy grande, y el poco espacio libre que había estaba ocupado por una cama metálica y un par de mesas repletas de piezas mecánicas sueltas, cargadores de armas de fuego, un par de radios apagadas y alguna que otra herramienta Tau. También había dos armarios, ambos en la pared contraria a la de al cama, la derecha. A los pies del camastro había un baúl de aspecto militar con, de nuevo, el ave de dos cabezas pintado en él. Algún que otro póster de reclutamiento Imperial estaba pegado a la pared izquierda, y a la altura de la almohada había unas cuantas fotos, todas ellas representando a Irina y a otro hombre, bastante más alto que ella y corpulento también, con el pelo por los hombros y una corta barba castaña. 


- Mierda- Masculló al entrar, mordiéndose el labio inferior- Pensé que estaría aquí. Habrá ido al taller.


Puede que se refiriese al tal Leon del que le habló el Insurgente de la entrada, quizá fuese su pareja, o incluso, porqué no, el marido que tiene y que nunca he visto. Pasados unos instantes, dejó su mochila en el suelo y se quitó las botas y el chaleco portacargadores, que también fue a parar al suelo. Y, después, se acordó de nuevo de mí, que estaba apoyado en la puerta, ya cerrada, con la cabeza hacia el techo e intentando asimilar todo lo que había pasado en tan breve espacio de tiempo.


- Ven, siéntate- Y me señaló la cama mientras abría uno de los armarios y sacaba unas vendas.


La obedecí, si bien con cierta lentitud, y me senté sobre el colchón, que estaba, para mi sorpresa, bastante blando y comfortable. 


- Quítate la camiseta, vamos a ver si tienes alguna costilla rota o algo.


La obedecí y me deshice tanto de mi cazadora de cuero negro como de mi camiseta sin mangas gris. Me sorprendió no encontrarme con cortes en mi torso, aunque sí que tenía algunos en los brazos. Irina me vendó los cortes de los brazos y retiró las esquirlas de acero que había atascadas en algunas zonas de la piel de mis hombros. 


- Vale- Dejó el rollo de vendas sobre una mesa- Ahora dime si te duele.


Y comenzó a presionar con sus dedos en distintos puntos de mi torso. Aparte del dolor muscular causado por la onda expansiva de la explosión y el hecho de haber tenido que cargar después con Ruiha, no sentí nada más, de manera que se lo hice saber cada vez que me preguntaba di me dolía. Después de un rato acabó su examen y se sentó en una butaca con ruedas, situándose delante mío.


- ¿Te duele algo más?- Me preguntó, inclinándose hacia delante y apoyando los codos en las rodillas.


- No- Negué con la cabeza- Estoy bien.


- Tiemblas mucho- Observó- Estás nervioso, ¿Verdad? Tienes miedo y estás desorientado.


- Pues claro- Respondí- ¿Cómo iba a estar si no? Acaban de decirme que vivo controlado por los etéreos, a los que siempre he venerado, y que en realidad, el Tratado fue llevado a cabo por la fuerza y mediante amenazas, no por acuerdo común de los habitantes de Oi'Doran. Y por si fuera poco, el KQL ha estado a punto de matarnos.


Ella sonrió, quizá compadeciéndose de mí.


- Yo te he contado la verdad, Kea, esto es un tema demasiado serio como para mentir o hacer bromas al respecto. Os han controlado, sugestionado, llámalo como quieras, pero a los humanos nos ha hecho olvidar nuestro verdadero nombre y nuestras costumbres originales. Los pocos miembros del culto al Emperador pertenecen a él porque han nacido dentro del culto, muy pocos se han unido por cuenta propia, créeme. Eso es un buen ejemplo de como esos xenos han hecho olvidar a la comunidad humana su verdadera lealtad y cultura. 


- Hace solo treinta años de la firma del Tratado- Argumenté, ya sin saber cual era la verdadera causa por la que debía luchar- Todavía hay gente viva que recuerda lo del Tratado, ¡Esos lo saben! ¿Porqué no dicen nada?


Irina suspiró:


- Yo estuve cuando se firmó el Tratado, te lo aseguro, y sé lo que pasó. Diez años después, cuando Thander hacía pocos años que había sido reconstruido a la manera Tau, comenzó a haber insurgencias, lideradas por aquellos que se negaban a aceptar al imperio tau- Apartó la vista- El recién creado KQL los ejecutó a todos. Asesinatos, matones a sueldo, matanzas clandestinas...Así aprendimos a estar callados. Y, después de ello, no se volvió a hablar más del tema, es por eso que los jóvenes como tú, como Ruiha o como Hina no lo sabéis. En las academias os enseñan una historia manipulada vilmente, moldeada a su antojo para que parezcan salvadores y no invasores.


- ¡No tienes pruebas!- Grité, tenso, fuera de mis casillas, sin argumentos para defender ni a los venerables ni al imperio.


Irina se cruzó de brazos y piernas y deslizó su silla hacia atrás hasta poder apoyarse en uno de los armarios que tenía a su espalda. Chasqueó un par de veces la lengua, como dándome a entender que sabía que yo no tenía más argumentos.


- Sé que para ti es muy difícil creerme, pero dime, ¿Acaso no ha estado a punto de mataros el KQL pensando que érais de la Resistencia?- Bajé la mirada. Me había pillado, ya no sabía que más decir, y estaba comenzando a dudar seriamente de mi fe en el imperio Tau- Os iban a matar igual, fueseis o no de la Resistencia, y, como ya te dije antes, dirían que os habíamos matado nosotros al descubrir que eráis ciudadanos normales, que no teníais nada que ver con nosotros. Eso, Keanu, eso es la gota que colma el vaso, la prueba que debería convencerte de que te estoy contando la verdad- Estiró un brazo y tomó una placa holográfica del escritorio que tenía al lado, la encendió, y añadió- Y te mostraré pruebas, tenlo por seguro.


Toquiteó la pantalla de aparato y me lo tendió con un asentimiento de cabeza. Era un archivo de vídeo preparado para ser activado. Asintió de nuevo, indicándome que lo activase de una vez para verlo. Toqué el símbolo que daría inicio al vídeo. 


La grabación empezaba en una fábrica abandonada, con maquinaria Imperial por todas partes, pero eso no fue lo que me llamó la atención, sino la fila de Gue'las arrodillados y con los ojos vendados que estaba en el centro del objetivo de la cámara. Eran lo menos veinte, y cada uno tenía inmediatamente detrás a un agente del KQL apuntando cada uno a la nuca del Gue'la que tenían enfrente con una pistola de inducción. Me fijé en que la mayoría de los arrodillados tenían tatuajes en los brazos, los cuales represntaban al ave de dos cabezas que tanto había visto en la base de la Resistencia.


Un oficial del Kir'qath'lissera paseó frente a los cautivos, algunos de los cuales temblaban incontrolablemente, mientras que otros tenían la cabeza alta, en actitud desafiante y orgullosa. El oficial comenzó a hacer preguntas a los Gue'las arrodillados, y, al ver que ninguno respondía, ya fuera porque estaban demasiado asustados o porque se negaban a responder, asintió a sus hombres y se alejó. La grabación se cortó justo cuando la cabeza del primer cautivo estallaba, destrozada por el impacto de tremenda potencia de una pistola de inducción.


- No- Murmuré- No, no, no, no...


Era incapaz de creerme aquello. Eran miembros del KQL, que debían protegernos, ejecutando a Gue'las, ¡A mis semejantes! No pude darle más vueltas al tema, pues otra grabación siguió a la que acababa de ver.


El escenario cambiaba radicalmente, trasformándose en un campo de batalla plagado de ruinas urbanas y cráteres renegridos y humeantes salpicados por toda la superficie visible. Un grupo de Gue'las vestidos con extrañas armaduras hechas de metal liso y pulido, con ropas granates por debajo y fusiles alargados y de carcasa de madera cuyo diseño no había visto jamás. 


Estaban enfrascados en un intenso tiroteo con un equipo de guerreros de la Casta de Fuego, y los rayos láser anaranjados que disparaban no permitían que los Tau salieran de su cobertura. En determinado momento, uno de los Gue'las saltó por encima del muro tras el que se cubría y, empuñando lo que parecía un lanzallamas de diseño arcaico y (al igual que los fusiles de los otros Gue'la) carcasa de madera, corrió hasta llegar a la posición de los Guerreros del Fuego, a los cuales abrasó con largas e intensas llamaradas de su terrible arma.


Mientras los Tau en llamas corrían sin rumbo ni cohesión alguna mientras eran abatidos por los disparos de láser de los Imperiales, el escenario cambió de nuevo, aunque era visible que la nueva escena tomaba lugar en el mismo campo de batalla.  


Esta vez la imagen se centraba en un equipo de no menos de seis soldados Imperiales vestidos con armaduras completas y negras y uniformes grises, que se escondían tras una titánica columna derruída. Blandían robustos rifles láser con lo que parecían lanzagranadas bajo sus cañones y tenían multitud de portaequipos y granadas en sus cinturones y sobre sus petos y hombreras. A los pocos Dec'taa apareció una patrulla de auxiliares Kroot, que, alerta y con las armas preparadas y en ristre, se acercaban cada vez más y más a los Gue'la emboscados. En cuanto dieron unos pocos pasos, varias explosiones comenzaron a sacudir la formación Kroot, haciendo saltar por los aires miembros cercenados y cuerpos enteros por igual con cada explosión. Los supervivientes no tardaron en correr para ponerse a salvo de las minas trampa, pero fueron detenidos en seco por una controlada descarga de ráfagas láser que los abatió a todos y cada uno de ellos con una rapidez y precisión que casi resultaban intimidantes.


- Esos soldados son tropas de élite sin lugar a dudas- Pensé- Tanto los primeros como estos. Su técnica y sus estrategias son simplemente...perfectas.


Y, finalmente, comenzó a reproducirse una última grabación. Aparecieron de la nada mediante sus retroreactores tres armaduras de combate XV8, que disparaban sin tregua sus cañones rotativos de inducción y en cuyos proyectores de escudo rebotaban los disparos de láser de la infantería Gue'la (que eran los mismos que los de la secuencia anterior), que no tardó en estar enfocada por la cámara. 


Algunos soldados Imperiales cayeron por la abrumadora potencia de fuego de las armaduras de combate, pero la mayoría consiguieron ponerse a cubierto a tiempo para continuar su inútil tiroteo, ya que sus disparos eran detenidos por los escudos de las XV8. El combate prosiguió sin bajas en ningún bando durante unos Dec'taa hasta que, sin previo aviso, un gran estruendo sonó y una de las armaduras de combate estalló de golpe. Otro rugido más, otra XV8 que explotó. La última armadura fue abatida por una lluvia de granadas que algunos soldados Gue'la abatieron sobre ella con los lanzagranadas auxiliares de sus rifles. Un ruidoso vehículo Imperial a tracción de orugas cuya arma principal era un tremendamente largo cañón apareció tras los soldados, que lo siguieron, utilizándolo de cobertura cuando les era necesario.


El aparato se apagó, dejándome ahí confundido y aterrado. Al cabo de un rato reaccioné, alzando la cabeza. Ella me seguía mirando, esta vez con cierto brillo de compasión en sus negros ojos.


- Entiendo lo de las ejecuciones del KQL- Sacudí la cabeza con lentitud para despejarme- Pero los otros vídeos, los del combate...¿Qué son?


Irina rodó hasta mí, tomó la placa holográfica de mis manos y la devolvió a su lugar.


- Eso que acabas de ver es el frente Nametheriano- Explicó- Son imágenes sacadas directamente del campo de batalla, y algo me dice que esas no fueron retransmitidas por la Casta del Agua en los canales informativos- Se levantó y empezó a andar de un extremo a otro de la habitación- La defensa del mundo fortaleza de Nimeria está resultando un desastre para la Casta de Fuego, Keanu. Las fuerzas Imperiales son las que de verdad están ganando la batalla, no sólo en Nimeria, sino también en otros planetas de la frontera con Alraquis, donde los Regimientos y los civiles supervivientes tuvieron que refugiarse cuando el Imperio fue expulsado de Namether. En Alraquis, tanto civiles como militares tuvieron que estar internados en campos de refugiados y cuarentena para comprobar que no estaban influidos por los Tau. Pasaron años ahí, Keanu, años en campos de refugiados antes de volver a incorporarse a la vida normal en las ciudades y planetas de Alraquis. 


- Y ahora están iniciando la reconquista, ¿Me equivoco?- Deduje.


Ella negó con la cabeza mientras seguía andando.


- Para nada, has dado en el clavo. Los regimientos Nametherianos que sobrevivieron a la invasión tau, apoyados por algunos regimientos Alraquileanos también, y liderados por los mejores regimientos de los que disponemos han comenzado la reconquista, y ya han hecho retroceder al imperio tau en algunos planetas.


- ¿Mejores regimientos?


- El 1º de guardianes Namethianos, el 2º Regimiento SICOM y las fuerzas del Lácrima Sanctorum- Me aclaró- No los conoces, pero quién sabe si pronto lo harás. Tú y todos los habitantes de Oi'Doran. Pero, para que tengas una referencia, los primeros en aparecer en las grabaciones que te enseñé eran del 1º de guardianes Namethianos, y el resto pertenecían al SICOM. 


No sólo una gran movilización militar Imperial estaba iniciando la reconquista de Namether, sino que también eran liderados en vanguardia por regimientos de élite. Sin embargo, no dediqué muchos pensamientos a ese tema, pues había otro que me ocupaba e intrigaba mucho más, y era, ni más ni menos, lo que Irina me había mostrado sobre el KQL. Aquello era, sin lugar alguno a dudas de ningún tipo, real, y lo había experimentado personalmente además. 


Por un lado quería saber si lo que Irina decía era verdad, porque no quería creerla, y necesitaba pruebas. Y, por otro lado, si me negaba a unirme a la Resistencia, era muy probable que Irina me matase ahí mismo, pues sabía quiénes eran y dónde estaban, y no podía dejarme escapar con esa valiosa información. 


Haciendo de tripas corazón, miré a Irina a los ojos, que a su vez me contemplaba con los brazos cruzados y apoyada en un armario, excpectante. Tragué saliva, y, con gran esfuerzo murmuré:


- Nos uniremos a la Resistencia. 

Capítulo tresEditar

Encendí el canal informativo. Quería saber si salía algo de la explosión del día anterior, y asímismo ver si el KQL nos había identificado. Efectivamente, en las noticias estaba apareciendo el callejón en el que tuvo lugar la explosión, y, posteriormente, la escaramuza entre los miembros de la Resistencia y los agentes del KQL. 


Como en todas las noticias importantes, Por'Ol'Savon se encargaba del reportaje, y estaba en el callejón, recitando con fluidez frente a su drone reportero toda la información de la que la Casta del Agua disponía. Mientras hablaba, se mostraron varias imágenes y holo-grabaciones de la escaramuza, y también como quedó después el callejón.


Estaba absorto en la pantalla holográfica, y ni siquiera me sorprendí cuando salieron las caras de los dos rebeldes que fueron eliminados durante la refriega. Ambos eran hombres, uno de ellos rubio con el pelo largo, el otro calvo, pero los dos con rasgos propios de Oi'Doran.


- Estos son Fio'Kai y Por'Liam, dos de los insurgentes que resultaron abatidos por los agentes del Kir'Qath'Lissera durante el combate que tuvo lugar en el Distrito Mecánico- Explicó Por'Ol- Se ha abierto una investigación dedicada a descubrir posibles colaboradores con la Insurgencia Gue'la, y varios de los familiares y amigos de ambos terroristas han sido arrestados para ser sometidos a interrogatorio.


Tuve un escalofrío. Si habían capturado a Irina y al resto...probablemente Ruiha y yo acabaríamos también siendo fusilados en secreto, o quién sabe, algo peor. Yo no estaba seguro de si quería unirme a ellos, pero Irina ya lo había dado por hecho, y no había ninguna posible marcha atrás.


Expresiones y todo esoEditar

Unidades de tiempo Tau:


Un tau'cyr dura exactamente 297,74 días.


Un kai'rotaa dura, por tanto, unos 50 días.


Un rotaa son 15 horas terrestres.


Un dec, una hora y media.


Un Rai'kor es el equivalente al minuto Imperial, aunque se desconoce su duración exacta.


Y un Dec'taa es el homólogo del segundo Imperial, aunque, al igual que el Rai'kor, se desconoce su duración real.


Unidades de medida Tau


Tor'lek: Similar a un metro Imperial.


Oi'Doran: traducción literal: Brillo tranquilo. Hace referencia al clima soleado y apacible del planeta.


Shas'Kir'qath'lissera o, abreviado, Kir'qath'lissera/KQL: traducción literal: Escuadras de defensa, el Shas' es para denotar que pertenece a la Casta de Fuego. Son el equivalente a la policía actual, o a los Arbitres del Imperio, pero no tan cafres.


Fio'Oi'Doran' Keanu' Elan'Kais: El nombre Tau de Keanu. En Oi'Doran la sociedad humana es prácticamente Tau en todos sus aspectos, de manera que gran cantidad de la población humana tiene un nombre Tau. Examinado por partes, el nombre de Keanu es: Fio (pertenece a la Casta de la Tierra, pues se está preparando para ser mecánico), Oi'Doran (su mundo de procedencia), Keanu (su nombre, sin significado), Elan ( segundo nombre personal, significa fuerte), y Kais (tercer nombre personal, significa diestro)


Fio'Oi'Doran'o'Retha: El nombre de la academia en la que estudian Keanu y Ruiha. Literalmente, su nombre significa principal academia de la Casta de la Tierra de Oi'Doran.